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XXXV. Verdad

(Soundtrack sugerido: 9 crime-Damien Rice)

Los siguientes días se tornan una pesadilla que jamás creí volver a vivir. El padre de Aron ha logrado reanudar el caso del maltrato infantil que vivía con La Bruja y El Ogro, así que tomando en cuenta el tiempo que ha transcurrido, deciden interrogarme de nuevo, al igual que a mis padres, porque tomar evidencia de las marcas en mi cuerpo, así como deciden tomar el dictamen médico de la doctora Mackenzie.

Por orden del juez, también hacen que hable con otro psicólogo que debe tomar la depresión que he tenido desde hace años, los ataques de ansiedad que surgían con frecuencia en mi infancia, y que ahora se han estado presentando de vez en cuando debido al regreso de las pesadillas.

Aron no me ha dejado ni un solo momento a solas, ha estado al pendiente de cómo me siento, me ha acompañado a los juzgados cada vez que han necesitado de mi presencia, e incluso se ha quedado en casa y ha sido testigo de mis pesadillas, cuya realidad se vuelve mejor cada vez que él me envuelve en sus brazos al despertar.

El día de hoy es el último día del dictamen, ella ha sido llamada a presentar una declaración que simplemente ha sido sínica, porque ha aceptado con una enorme sonrisa en los labios lo que su esposo y ella me hacían, por ende, y dadas las pruebas de mi maltrato, el juez ha declarado una condena de varios años en prisión, así como una orden de restricción, ya que, como era de esperarse, los años encerrada no serán demasiados.

Me encuentro aguardando a que la doctora Mackenzie salga, ya que La Bruja ha solicitado hablar conmigo, así que mi psicóloga, como lo prometió, estará conmigo, así como Aron y mis padres.

—Pueden pasar —indica la voz de mi psicóloga acercándose a nosotros. Aron presiona mi mano y nos levantamos juntos, mientras que mi corazón no deja de latir más rápido cada vez.

Entramos a la habitación, donde ella está sentada frente a una mesa, sonriendo. Mi cuerpo reacciona de inmediato y provoca que de un paso hacia atrás; Aron presiona aún más mi mano y lo acepto, porque aunque estoy decidida a hacerlo, el que tenga su agarre es algo reconfortante, y me permite no salir corriendo ahora mismo de la habitación.

—Cuánto tiempo ha pasado, querida. O, debería decir: hija —dice arqueando una ceja, como si estuviera jugando conmigo de una forma bastante cruel.

—No soy tu hija —recalco con la mayor firmeza que mi voz me lo permite, y quedándome de pie a una distancia razonable, porque si avanzo un poco más, temo que me derrumbe y entonces ella me someta. —Jamás lo fui.

—¿Qué quieres hablar con Jane, Olivia? —inquiere papá por detrás de mí. —Lo que tengas que decir, dilo de una vez.

—Sí que te conseguiste un sequito interesante, hijita. Debo decir que estoy sorprendida de que alguien como tú tenga pareja, porque, es lo que es este muchacho, ¿no es así?

—¿Qué quieres? —cuestiono, pero esta vez mi voz parece flaquear y se puede notar que se ha quebrado, lo cual le provoca sonreír más, ya que es como cuando era niña, y por lo que veo, esto es un juego que no ha olvidado, después de todo, es su favorito. Yo soy el ratón atemorizado y ella el gato que se entretienen con su comida antes de devorarla.

—Bien —dice recargando su barbilla encima de sus manos enlazadas. —Supongo que debes querer saber por qué regresé, así que te lo diré.

» Volví porque, después de todos estos años, no he dejado de pensar en una persona.

Su mirada se dirige hacia George, quien ahora está a mi lado, y cuyo rostro de confusión se hace notar.

—Sí, George, no puedes decirme que se te ha olvidado lo que sucedió aquella noche de tu cumpleaños, donde tu hermano hizo que bebieras hasta que ya no tuviste conciencia de tus actos, y terminaste en mis brazos.

—Eso fue un error, Olivia. A causa de eso perdí a Maggie —habla papá tensando los músculos de su rostro.

—¿Qué tiene que ver esa historia con Jane, Olivia? —pide saber mamá. —Dilo de una vez, si no quieres que te proporcione los golpes que he querido darte desde que te conocí.

—Oww... Una madre sustituta para la querida Jane, qué tierno.

—No tiene nada qué decir, sólo está haciendo que perdamos nuestro tiempo —dice la doctora Mackenzie tomándome de un brazo. —Vámonos, dejemos que la lleven donde debe estar.

—Aguarde —la detengo. —Sólo estás jugando con nosotros, aún después de tanto tiempo, lo sigues haciendo. Sólo que ahora no entiendo a dónde tratas de llegar.

—Sí que lo recuerdas.

—No puedo olvidarlo, pero, te prometo, que sí puedo no hacer que venga a mi memoria nunca más a partir de hoy. Escupe lo que tengas que decir, sólo hazlo, déjame vivir en paz.

—¿Sabes? Creo que te concederé eso como regalo de graduación. — Su sonrisa se estrecha aún más, mientras que sus manos permanecen entrelazadas, pero, ahora pareciera como si fuese a rezar. —Verás, todos los años de maltrato que te dimos Marcus y yo, fueron con un único propósito: hacerle recordar día a día a George, que tú habías pagado las consecuencias de haberse osado a estar con la tonta chica que su hermano amó, y el no haberme amado.

—Tú estabas con Marcus, y yo amaba a Maggie. Ella y yo nos conocimos en la escuela, mientras que Marcus la vio en un centro comercial. Yo nunca le quité a nadie, ella y yo nos enamoramos, y te dije que lo sentía, pero, no te podía amar. Además, te hiciste novia de mi hermano tiempo después —le recuerda papá.

—Porque quería estar cerca de ti, ¿no lo entiendes? Quería... —sus ojos se pierden en sus recuerdos amargos, provocando que mire a George con odio. —Jane no es tu sobrina, ella no es hija de Marcus, es tuya. ¿Entiendes? La sobrina que tanto has protegido y que sigues intentando proteger de mí, es tu hija.

Mis labios se abren al escucharla, mi corazón comienza a acelerarse y si no fuera por Aron, caería.

—Es producto de la noche en que nos acostamos, George, aquella noche por la que te dejó Maggie. Jane es producto de lo peor que me ha pasado, porque ni siquiera con Maggie abandonándote, te fuiste conmigo. Preferiste irte de la ciudad y no volver jamás, así que tuve que quedarme con tu hermano, y decidí hacer pagar a tu hija en tu lugar. Debiste de haber sido mío, y como no fue así, Jane tenía que pagar, después de todo, ella siempre fue como tú, siempre has estado en ella, incluso en su rostro.

—¡Estás loca! —George se abalanza de un momento a otro hacia ella por encima de la mesa, arrojándonos hacia un lado para poder tener mejor acceso. Cuando reaccionamos, ella ya se encuentra en el suelo, y George tiene las manos rodeándole el cuello con fuerza, provocando que su rostro esté tan rojo que parece costarle respirar. —¡CÓMO TE ATREVISTE A HACERLE ESO! ¡MALDITA, PERRA!

La doctora Mackenzie y Aron intentan quitárselo de encima, sólo que cuando lo logran, George arroja con demasiada fuerza a la psicóloga, quien se golpea la cabeza contra la pared. Aron grita que los guardias entren, pero, para cuando ya están dentro, siento cómo me hala de un brazo y el filo de una navaja se posa por la piel de mi cuello.

—Apártense todos o le cortaré el cuello —asegura con determinación. George trata de acercarse pero, ella lo detiene. —Dije que nadie se acerque.

» Quieres asesinarme, después de que te he dado una hija, ¿así es como me pagas?

—Suéltala, por favor —suplica Elizabeth, quien por fortuna, no tiene a Teddy en brazos. Mi hermanito se ha quedado en casa con una niñera.

—No. Ella es mi boleto de salida, así que dejarán que me marche con ella, o lo único que tendrán será una Jane desangrándose, y después de todo, George ya no tendrá su querido tesoro. Eso fue lo que me dijiste el día del accidente, ¿recuerdas? Que Jane lo era todo para ti. Incluso en ese momento preferiste a alguien más antes que a mí.

» Usted, deme un arma y deshágase de las de sus compañeros, ahora —le ordena a un oficial, el cual cumple con lo que le pide, mientras Aron observa todo a su alrededor.

Está pensando en hacer algo, pero sé que no podrá hacerlo; no es tiempo para intentar nada.

Niego con la mirada cuando nuestros ojos se cruzan.

Olivia me empuja hacia la salida, le pide las llaves al oficial junto con el arma, y una vez afuera, con el arma apuntándome la cabeza, hace que los encierre en la habitación.

Seguimos caminando hasta que nos topamos con otro oficial, cuya reacción es tardía y cuando está a punto de sacar su arma, Olivia ya le ha disparado.

Con la amenaza de disparar, nos dirigimos al estacionamiento, en donde me empuja hacia un auto que han dejado con las llaves y aunque trato de zafarme de ella, lo único que logro es que me propicie un golpe en el rostro, provocando que mi mejilla derecha y mi labio, comiencen a sangrar.

Enciende el auto aún apuntando con el arma y avanzamos a una velocidad horrenda.

Pronto, mi cabeza comienza a suponer con todas mis fuerzas que el padre de Aron ya ha debido hacer que los policías persigan al auto en el que vamos, supongo que ha sacado a Aron y a mis padres de la habitación, y supongo que sin importar la velocidad a la que el maldito auto va, puedo arrojarme de este, sin importar que ella se marche, sin importar que acaba de decir que el padre que siempre quise, y que siempre fue mi progenitor, ha estado viviendo conmigo desde los 8 años.

Pienso en las posibilidades de lograrlo y en las de fallar al intentarlo, pero, si no es ahora, no será nunca, y prefiero morir en el intento, así que para cuando veo la oportunidad de tomar la manija de mi puerta, el arma me apunta en la sien.

—No te atrevas a hacerlo, niña.

—Ya tienes un auto, puedes irte —le aseguro. —No tengo que ir contigo.

—¿Y qué si quiero hacer que George siga sufriendo?

—Estás enferma, y no voy a dejarte hacer eso.

Sin importar que el arma se puede disparar, tomo el volante al mismo tiempo que ella lo sostiene con una mano, y cuya reacción provoca que el auto serpentee.

—¡Suelta el volante, niña! —grita furiosa.

Sin soltarlo, le doy un golpe en las costillas con mi codo izquierdo. Gime del dolor que le causa y hala mi cabello para hacer que deje el volante. No funciona, así que intenta tomar el arma de nuevo, pero, hago que se caiga a sus pies al mismo tiempo que trato de esquivar los autos que se encuentran a nuestro paso.

Lo siguiente que ocurre era de esperarse, porque nadie cede, y tal vez es lo mejor, tal vez, era el destino que lo tenía preparado y cuya interferencia ocurrió hace años, por lo que ahora ocurre de nuevo para asegurarse que terminó su trabajo y que la muerte reclamará las personas que debieron dejar de existir en aquel accidente.

Un camión viene hacia nosotros, cuando Olivia trata de girar el volante hacia la dirección contraria, pero cuyo derrapamiento es inevitable.

No sé con exactitud qué ocurre después de que el auto deja de dar vueltas hacia una dirección desconocida, tal vez nos volcamos, tal vez sólo nos estampamos contra algo, lo que sí sé es que un fuerte golpe me hace cerrar los ojos y perder conciencia de todo.

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