XXII. Diferente
Cuando Aron West pregunta si salto, no me imagino que se refiere literalmente a eso.
Lo primero que hace es guiarme a través de un camino lleno de hojas, totalmente desconocido e inquietante para mí, inclusive más extraño que mis propias pesadillas.
No sé a dónde nos dirigimos, quiero preguntar y, sin embargo, reprimo mi curiosidad pensando en que, si digo una palabra, tal vez lo arruine.
El camino sigue hasta que por fin se detiene.
Tras un montón de ramas se encuentra algo que en un principio no quiere que vea, así que se da media vuelta hacia mí y mirándome comienza a acercarse.
—Nunca he traído a nadie aquí, jamás le he enseñado esto a ninguna otra persona en el mundo, ni siquiera a mis padres, y no pensaba enseñárselo a ningún otro ser en este mundo, pero... Ahora estás tú y... Al menos contigo... No será tan malo mostrártelo.
Asiento, y en mi cabeza se cruzan miles de ideas, pero, siendo honesta, ninguna acierta y ni siquiera se acerca.
Aron abre paso entre las ramas que cubren lo que deseaba ocultar, y, cuando por fin se aparta, me deja observar la maravilla que hay.
Sólo puedo decir que Aron West es una persona increíble.
. . .
Aron.
Extraño. Inquieto, molesto conmigo, no lo sé.
En este momento es demasiado confuso definir lo que siento, porque tener a Jane Hale en mi lugar favorito en todo este lugar, es... Extraño.
Resultó inesperado cuando la pregunta "¿saltas?" salió de mis labios, porque, a) sólo a mí se me ocurre cuestionar eso, y b) ¿por qué jodida razón se me ha ocurrido traer a Jane Hale aquí, justo a una parte que forma parte de mí y que no he dejado que averigüen mis padres.
Justo ahora veo como admira Jane todo a su alrededor. Claro que, no es la gran cosa este lugar, y no piensen que les describiré un paisaje como sacado de un cuento de hadas porque no es así, esto no es ficción, esto es la realidad.
Tampoco menospreciaré este pequeño espacio que he creado para mí, y que ahora, aunque me esté resultando estúpido mostrárselo a ella, quiero compartirlo.
Jane comienza a avanzar por la inmensa capa de hojas de otoño y otras más-que ya están verdes-que he colocado en el suelo. A nuestro alrededor, hay dos enormes árboles frondosos que parecen una especie de sombrilla y, que, a mi imaginación, quedaban bien colocándoles una pequeña alfombra que le rogué a mi madre que comprara para la clase de Evelyn. Claro que, nunca se la di y por suerte mi madre nunca preguntó lo que hice con ella.
Ahora se encuentra debajo del árbol que está en el centro, con una especie de cortina que hice con ayuda de las hojas, así como también coloqué varios cojines y un dibujo gigante de estrellas que no salieron tan bien como me hubiese gustado.
—¿No preguntarás si yo lo hice? —cuestiono acercándome a ella con timidez.
Se gira sorprendida por mi pregunta y en lugar de responder sólo acomoda sus lentes en su rostro y baja la mirada; sus ojos recorren el suelo cubierto de hojas mientras mueve sus labios y los muerde.
El silencio es algo a lo que ya me estoy acostumbrando entre ella y yo, pero algo dentro de mí se niega a dejar que eso suceda, algo simplemente no quiere estos malditos silencios, aunque no sé precisamente el motivo de ello.
—¿Por qué me enseñas esto, Aron West? —habla sin levantar su rostro.
—Sólo hay una razón, Jane Hale: porque quise hacerlo —respondo con determinación. —Y creo que no sería tan mala idea vernos a los ojos, ¿no crees?
Y lo hace. Levanta su rostro y me mira al rostro, claro, que son fijar sus ojos en los míos.
—Esto se torna cada vez más incómodo, ¿no crees? —dice frunciendo las comisuras de sus labios.
—Y ambos nos estamos poniendo nerviosos. Y antes de que preguntes el por qué, ambos estamos repitiendo el "no crees"—aclaro formando media sonrisa en mi rostro.
Jane suspira y vuelve a morder su labio inferior para después formar media sonrisa fugaz en su rostro.
—¿Y vamos a saltar, Aron West?
Y esa única pregunta vuelve a formar una sonrisa en mi rostro.
. . .
Saltamos. Así es, has leído bien, Jane Hale y yo saltamos como dos niños pequeños.
En primera instancia, mi idea era poner a correr a Jane como una pequeña de cinco años, sin embargo, ella se opuso. "Esto no es clase de deportes" dijo frunciendo el ceño, y por primera vez la vi hablando con normalidad, como si estuviera acostumbrada a estar conmigo, pese a ello, ese acto desapareció demasiado rápido porque Jane Hale se percató de lo que había hecho y volvió a su estado de timidez.
Fue extraño, pero no importó después de cierto tiempo porque mi objetivo era enseñarle mi lugar favorito, compartirlo con ella y... Sí, hacerla sonreír un poco, pero para ser honesto, no lo cumplí del todo.
Jane Hale es alguien muy difícil de hacer reír y eso me gusta, porque para mí, las personas que se ríen sin motivo aparente, todo el tiempo por cualquier tontería que dicen los idiotas, es algo absurdo.
Estoy de acuerdo en que hay ocasiones que los seres humanos no tenemos un motivo claro por el qué reírnos, simplemente nos embarga esa sensación de cosquilleo y felicidad a la vez y nos provoca reírnos, pero, vamos, pasarse todo el tiempo riendo por cualquier idiotez o, por ejemplo, reírse cuando te dicen en el Instituto que tu trabajo de exposición es horrendo... ¡Por favor! Eso sólo es de personas sin cerebro.
Yo tenía una compañera así en octavo grado; no diré su nombre, pero sí les diré que se reía por cualquier tontería al igual que otra chica que se la pasaba haciendo lo mismo. En una ocasión, una profesora nos asignó un proyecto por equipos, el cual era elaborar un cartel sobre un tema en específico, y para mi mala suerte, los compañeros que tuve para realizar ese dichoso proyecto eran unos tarados, y sí, incluye a la chica risueña. Tuve que hacer todo yo solo porque si confiaba en ellos lo arruinarán como con cada trabajo que hacían, créanme que puse todo mi empeño en ese maldito cartel de mierda, y el resultado fue asqueroso; la profesora dijo que era un trabajo horrible, mal hecho, y lo único que hicieron los tontos de mi equipo fue reírse, reírse como si la profesora nos estuviese contando un chiste.
«¡Qué jodida razón tenían para reír por ello! ¿Acaso no entendían que estaba diciendo que nuestro, o más bien mi trabajo era una porquería!»
Así que por ello me gusta que Jane Hale no sea de las personas que se ríen por cualquier tontería o circunstancia que sucede. Jane Hale es diferente, y no lo digo como los idiotas protagonistas de miles de novelas clichés que hablan sobre lo diferentes que son sus amigas o novias, no, Jane es diferente a su manera, porque después de todo, todos somos diferentes, extraños e introvertidos a nuestra propia forma.
. . .
—¿Te gusta mi pequeño refugio bajo este árbol, Hale? —Mi pregunta la toma por sorpresa al sentarnos debajo de este, con los cojines alrededor.
Lo piensa por un momento y prefiere no decir nada, simplemente opta por observar todo a su alrededor como la primera vez que entró en la cafetería del Instituto. Ella no lo sabe, pero, aquel día en que llegó al Instituto y osó en sentarse en mi asiento junto a la ventana, decidí observarla. En primera instancia creía que era una tonta como todas las chicas de ahí, una chica que lo único que le interesa es la belleza, la moda y los zapatos caros, pero me equivoqué, porque por primera vez desde que estaba en el colegio, vi a alguien decidirse a marcharse de la cafetería, quedarse ahí es sólo para mezclarse con ellos o aceptar que se burlen de ti en tu cara, porque aunque ya lo hacen a tus espaldas, el tener cientos de miradas sobre ti es como estar en medio de una trifulca sin saber pelear y a la espera de que te masacren.
La vi desde lejos, y ella no lo notó.
Los días siguientes simplemente la miraba de reojo y trataba de no prestarle mucha atención, ya que, al fin y al cabo, otra rara en el Instituto no me interesaba en lo más mínimo.
Ahora sé que se piensa las cosas cuando duda en si está bien o no lo que saldrá de sus labios, eso lo sé porque la última vez que el profesor Jackson la cuestionó sobre un ejercicio y la hizo pasar a la pizarra, bueno, optó por asignarme como su tutor de francés.
—¿Por qué te lo piensas tanto, Hale? Sólo di lo que piensas, vamos, no estamos en el Instituto o con otras personas, sólo somos tu y yo. — Y así es como me doy cuenta de lo que estoy diciendo, y de la forma tan poco común de actuar.
Es cierto, no estamos en el Instituto, sólo somos Jane Hale y yo en un bosque, debajo de un árbol enorme al que he llamado mi refugio, pero he aquí el problema, sólo somos ella y yo, ¿comprenden? ¿Qué hace de diferente eso? La respuesta es simple, ninguno de los dos ha tenido amigos, ninguno había hecho una llamada antes por teléfono, a ambos nos molestan los mismos idiotas, y ahora estamos aquí, solos, así que díganme, ¿es que no es ya lo suficientemente incómodo?
Lo más extraño es que me encuentro hablando de lo más normal con ella—o al menos así me siento—, como si la conociera de hace mucho tiempo, cosa que no es así, sin embargo, no quiero sentirme nervioso, no quiero ser el chico tímido que siempre he sido, porque como dije, ya no quiero estos interminables silencios entre ambos.
Jane sigue callada, con la cabeza gacha y sus ojos posados en una sola dirección: las hojas a nuestro alrededor.
—Por qué no...
—Es extraño, Aron—habla antes de que siga preguntando por qué no responde.
—¿Qué es extraño?
—Todo esto—dice sin levantar el rostro y casi en susurros. —La llamada, el que me defendieras de Graham e Ivan, el que quisieras impedir que me arrojara de ese acantilado, y esto. Todo es sumamente extraño, y nuevo.
» No sé qué decir o hacer —acepta girando su rostro hacia mí, pero sin mirarme directamente a los ojos.
Me veo a mí mismo hace tantos años y me estremezco en sólo pensar en aquel niño al que... No quiero ni imaginármelo.
—Te confieso que anoche creía que el más nervioso sería yo, pero, al parecer la pequeña charla que tuve con mamá me ayudó un poco y... Perdón por hacerte sentir incómoda, Jane.
Frunce el ceño, y abre sus labios para hablar; cuando pienso que se va a quedar callada, me mira y me topo con sus ojos color avellana oscuro que se alcanzan a apreciar lo mínimo a causa de los vidrios de sus lentes.
—No es que... No es sólo que esté nerviosa por ti o por todo esto, es sólo que...
» Aron, tú esperas que me abra contigo como un libro al que leerás, esperas que de pronto seamos los mejores amigos y...
—No, Jane—la interrumpo negando con la cabeza. — Yo no espero que me cuentes toda tu vida así, de la nada, y mucho menos espero que de un día a otro seamos los mejores amigos. ¿Sabes lo que espero?
Bueno, lo que espero, Hale, es... ¡Mierda! Ni siquiera sé qué espero de esto o de ti, simplemente no lo sé, pero creo que ahora le veo sentido a la estúpida frase que siempre me dice mi madre, y que ahora no suena tan estúpida.
»"Lo bello de la vida es no saber qué te depara mañana"
Ahora dime, Jane, ¿tú qué esperas de esto? ¿Qué esperas de mí?
Aguardo a su respuesta, y, a decir verdad, ésta no tarda demasiado.
—Nada, Aron, porque al igual que tú, no sé qué es lo que espero, y... Hace años que dejé de esperar algo de alguien —admite con un tono diferente en su voz, es como si le guardara rencor a alguien.
—¿Te puedo preguntar algo? —inquiero con cierta dificultad en mi voz.
—Siempre y cuando no sea algo de lo que no quiero hablar, supongo que está bien.
—Entonces serán dos cosas. La primera...
Pienso lo que le preguntaré, y lo primero que se me cruza por la mente es saber por qué las personas con las que vive dicen ser sus padres y ella se esfuerza en decir que son sus tíos, pero no se lo pregunto, porque eso sería incomodarla y no quiero.
Así que le pregunto otra cosa.
—¿Qué más te gusta hacer, además de leer y dibujar?
—Escuchar música—responde casi de inmediato.
—¿Y qué cantantes te gustan?
—No muchos, digamos que... Me gustan las canciones tranquilas, y... Hay un grupo en especial.
—Ah, ¿sí? ¿Y cuál es, Jane? —Pido saber con demasiada curiosidad.
—Emm... Coldplay, mi grupo favorito de entre todos los que existen es Coldplay.
—¿Y puedo saber el motivo de ello?
—Haces demasiadas preguntas, Aron West, pero... Coldplay simplemente me gusta porque... Ellos tienen una manera diferente de cantar, sus letras son... Es difícil de explicar.
—¿Cuál es tu canción preferida de Coldplay, Hale?
Esboza media sonrisa, pero responde.
—Si revelas tu canción preferida a alguien, estás relevando una gran parte de ti, ¿lo sabías? —. La pregunta que me pide contestar me deja pensando por un momento, y sé que lo ha dicho porque quiere que cambie lo que he dicho y le pregunte algo más, pero en lugar de eso hago lo que no se espera.
—Mi canción preferida es Under The Water—digo con toda franqueza. — Y... Me encanta un grupo de finales de los sesenta porque me parece muy... Ameno escuchar su música.
—Clocks. Es mi canción favorita de Coldplay, y antes de que preguntes el por qué, te sonará extraño, pero es porque cuando tenía nueve años la escuché en una película animada que Elizabeth compró; desde entonces me gustó, pero no sabía el nombre de la persona que cantaba dicha canción, hasta cinco años después que en un vídeo en YouTube supe que el grupo se llama Coldplay, y desde entonces me gustan.
» ¿Y de qué cantante o grupo es Under The Water?
—Aurora. Es una cantante excepcional, yo... Me encantan todas sus canciones.
Silencio. Aquí está de nuevo, pero esta vez no dejaré que se así.
—¿Sabes? A mí también me gusta Coldplay —le digo demostrándole una sonrisa sincera, a lo que ella se sorprende. — Y...
—No me digas que también es tu grupo favorito, West—articula frunciendo el ceño.
—No—aseguro—, sin embargo, siempre que quiero sentirme bien los escucho; es como si me llevaran a otro lugar y, muchas veces escribo historias con sus canciones.
—¿En serio?
—De verdad —aseguro. Y es cierto, no lo he dicho con la intención de que tengamos similitudes.
—Yo los escucho todo el tiempo—afirma mordiéndose el labio inferior—. Es lo que siempre escucho cuando voy en el autobús.
—Vaya—digo levantando ambas cejas. — Es bueno saber que sabes de buena música, ya que considero que...
No les diré demasiado lo siguiente que conversamos, porque siendo honestos, ustedes mismos tienen que ir descubriendo poco a poco a Jane Hale, de la misma forma que yo.
Lo que sí les diré es que Jane Hale y yo no somos tan diferentes después de todo, y lo que más me gusta es que odia el sol tanto como yo, por qué, es lo que deben estar preguntándose, y se los diré; me gusta que odie el sol tanto como yo porque ambos concordamos en que de alguna u otra forma el sol quema como el fuego, ofrece calor sí, pero es una enorme esfera de calor a miles de kilómetros de la tierra que cuando ofrece más calor que otras temporadas, te hace sudar como nunca y te mantiene pegajoso y oloroso si no te duchas, lo cual es asqueroso y horrible porque es imposible dormir, en cambio, el frío es diferente y... En lo personal, es como nosotros: fríos.
Tal vez no lo entiendan, pero, no tienen que entenderlo todo, con lo único que basta es con que Jane Hale y yo ahora sabemos un poco más de ambos.
. . .
Jane.
Las horas transcurren y con ellas un poco de charla entre Aron West y yo.
No hablamos demasiado si eso es lo que creen, tampoco nos contamos secretos ni nada parecido, simplemente nos hacemos preguntas sobre lo que nos gusta y cosas comunes.
Al final, ambos sabemos que a los dos nos gusta el color azul y el negro, las canciones tranquilas o aburridas como las llaman algunos, amamos leer y odiamos el sol.
Lo último que hacemos es regresar al auto de Aron y ahí es donde introduce un disco de Los Creedence, el grupo de finales de los sesenta que tanto le gusta.
No niego que no están nada mal, de hecho, terminan por gustarme las pocas canciones que él me muestra, y no sé si es mi imaginación, pero, estoy casi segura que Aron West tuvo la ligera idea de invitarme a bailar, sin embargo, no lo hizo, y me siento aliviada por ello.
Mentiría si digo que Aron West y yo reímos sin parar, porque la realidad es que sólo charlamos y saltamos por un camino de piedras que Aron hizo en medio de un arroyo que pasa por el bosque. Él fue el que río un poco más que yo, y yo... No me tiré ya que sí sonreí, sin embargo, no de la forma que creen; si acaso sólo fueron medias sonrisas.
La tarde ha caído y pronto la noche se asomará, por lo que recogemos las cosas que Aron West ha traído y lo subimos a la camioneta.
—Hmm... Creo que prefiero irme atrás—digo después de acomodar todo.
—¿Segura? —Cuestiona con las cejas levantadas.
Asiento sin hablar y él no hace otra cosa más que cerrar la especie de barrera de la camioneta y después subir al asiento del piloto.
No tardamos mucho tiempo en llegar a casa de mis tíos, y cuando lo hacemos, Aron me ofrece su mano para bajar de la camioneta, sin embargo, casi tropiezo y caigo encima de él.
—¿Estás bien? —Inquiere sin soltarme. Sus manos se encuentran en mis brazos y, a decir verdad, esto es sumamente incómodo.
—Sí, Aron, gracias—hablo tratando de zafarme de su agarre, él lo entiende y es cuando me suelta. —Gracias, por lo de hoy. Fue... diferente y... Gracias.
—Gracias a ti, Jane, por haber venido. Creo que al menos dimos un gran paso, ¿no lo crees? Ya no dejamos que esos silencios interminables se apoderaran hoy de nuestra conversación—aclara sonriendo, pero sin mostrarme sus dientes.
—Eh... Antes de que te vayas, yo...
Quiero preguntarle algo, aunque si lo pienso mejor, no sé ni siquiera qué quiero preguntar.
¿Saben? Uno de mis defectos es que a veces abro la boca sin saber lo que diré y después cabo en mi cerebro por una buena excusa.
—¿Quieres decirme algo? —Pregunta Aron tratando de mirarme a los ojos, sólo que se lo impido y miro hacia otro lado.
—Creo que sí, pero... ¿Me creerías si te digo que se me acaba de olvidar?
Se ríe, se ríe por lo que acabo de decir y muerde su labio inferior al mismo tiempo en que me observa.
—Supongo que a veces tienes memoria de Doris.
Frunzo el ceño porque no entiendo a qué se refiere. ¿Quién es Doris?
—¿Quién es Doris? —Pido saber confundida.
No responde, en su lugar sólo abre su boca y suelta un suspiro sorprendido.
—No puede ser, Hale—habla contorsionando las facciones de su rostro. — No lo puedo creer, ¿nunca has visto Buscando a Nemo?
Sigo frunciendo el ceño porque no sé qué rayos sea eso.
—¡Diablos, Hale! —Exclama tratando de no gritar. — En serio tienes que verla, es... No verla es un crimen—asegura colocando ambas manos a los costados de mis brazos.
Están frías, pero no provocan que me dé escalofríos, al contrario, creo que se siente bien. — No permitiré que te vayas a mudar sin que veas esa película.
—Aún falta bastante tiempo para eso—afirmo.
—Lo sé, pero mientras eso sucede, quiero que mi amiga vea las películas que no ha visto, porque... ¿Qué otras películas no has visto?
—Hm... No lo sé, no me gusta mucho la televisión.
Y es cierto, no me gusta verla demasiado porque cuando vivía con... Con el ogro y la bruja malvada, cada vez que encendía la vieja televisión para ver caricaturas... Digamos que lo único que decían era que si quería ver televisión entonces debía pagar por verla y... Y para ello tenía que limpiar toda la casa, cosa que no es tan malo, sin embargo, ellos hacían que la limpiara de rodillas y no podía levantarme hasta que sangrara, entonces era cuando me obligaban a levantarme, me metían a la fuerza a una tina con agua helada que preparaban y obligaban a que me quedara ahí por un buen rato. Eso lo hacían para que aprendiera a que la televisión era un lujo que yo no merecía por ser una bastarda, una mierda de persona que no merecía tener nada.
Por eso no me gusta demasiado verla.
—¿Has visto Coraline? —La voz de Aron me trae de nuevo al presente. Espera una respuesta, pero sólo niego con la cabeza.
—En serio necesitas ver esas películas, y yo te haré verlas.
—¿De verdad?
—Así es, Jane. ¿Te gustaría venir a mi casa después de la escuela mañana?
—Ah... No puedo. Yo... Tengo que salir con George y Elizabeth —aclaro recordando que debo ir a ese nuevo psicólogo, con quien tuvimos que aplazar la cita.
—Hmm... Entonces creo que tendrá que ser este fin de semana que viene porque no puedo los siguientes días.
Y eso me recuerda que no podré darte clases de francés más que una hora y media.
—Está bien, Aron.
—Bien, creo que ya debo irme, tus padres se están asomando por la ventana. Pero primero, vamos a mostrarles que estás sana y salva.
Avanzamos hasta llegar a la puerta y rápidamente Elizabeth abre; al vernos nos ofrece una sonrisa.
—Hola, chicos. ¿Se divirtieron?
—Sí, señora —acepta Aron. —Es difícil hacer reír a Jane, pero creo que sí nos divertimos.
—¿En serio? —Cuestiona con ternura en su rostro. — Eso es hermoso. Es genial que se hayan divertido un poco.
—Sí, y, ah... Ya me tengo que ir porque mis padres deben estar esperándome, así que... Hasta mañana, Jane —se despide ofreciéndome su mano, a lo que yo la estrecho. —Hasta pronto, señora Hale.
—Adiós, cielo—se despide Elizabeth con un gran abrazo y un beso en la mejilla de Aron.
George sale a acompañarnos y con un estrechamiento de manos se despide también de él.
Cuando Aron se ha ido, entro en la casa dispuesta a subir a mi habitación, y pese a mis deseos, ambos me detienen.
—Jane...—comienza Elizabeth. — Sé que no te agrada contarnos cómo te fue, pero... ¿Al menos podrías decirnos qué hicieron y si en verdad te divertiste?
No soy buena hablando de cómo me siento, sobre todo con ellos, no obstante, hoy ha sido diferente y no quiero ser grosera con ellos.
Me doy media vuelta y bajo de nueva cuenta las escaleras. Juntos nos dirigimos a la sala y entonces comienzo a contarles lo que pasó este día. Les aclaro que el bosque a dónde me llevó Aron es muy especial para él, y que es muy lindo y pacífico.
Sonríen cuando les menciono que saltamos como niños y que charlamos un poco, aunque después vienen las preguntas como: ¿Es seguro ese lugar? ¿No hay animales salvajes? ¿No los puedes llevar a la cárcel por estar en un bosque?
Así que les aclaro que el padre de Aron hizo una especie de acuerdo para que su hijo pueda ir a ese bosque cuando quiera, y, sobre todo, que no hay animales salvajes.
Esta noche los dejo felices, hoy Elizabeth y George tienen una enorme sonrisa en el rostro por mí, y es la primera vez que me siento bien por hacerlos sentir todo menos tristeza.
Hoy ha sido totalmente distinto a todos los días de mi horrenda vida, pero... Mañana dudo que sea de este modo, porque mañana tengo que ir a un nuevo psicólogo, y cuando me haga recordar todo de nuevo... Esto quedará en el olvido.
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