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Epílogo

3 años después.

Observo a mi alrededor, las flores que cuelgan de los árboles, las cosas que aún permanecen en su sitio sin importar el paso de los años. Diría que nada ha cambiado, pero sería una mentira, porque en realidad todo lo ha hecho. La naturaleza del lugar ha evolucionado, incluso el ambiente ha cambiado, ahora se siente demasiado vacío.

Suelto un gran suspiro, al mismo tiempo que mi mirada se fija entre una especie de entrada que se forma a pocos metros de mí a causa de dos grandes y frondosos árboles Wisteria.

De un momento a otro, los pensamientos sobre ella llegan a mi memoria, provocándome un impulso de derrumbarme en el suelo y permanecer ahí, hasta que ya mi mente se pierda y no regrese jamás. Y mientras esas ideas me invaden, Jane aparece a lo lejos, con la enorme sonrisa que le vi durante dos años, y sin sus gafas.

Mi corazón se acelera a cada paso que da, quiero salir corriendo hacia ella, pero, en su lugar, estiro mi brazo derecho para poder tocarla cuando está a punto de llegar, sólo que justo cuando sus dedos se tocan con los míos, ella desaparece, provocando que sienta cómo algo golpea fuertemente mi pecho, y presionándolo a tal grado de sentir que me falta el aire.

Las lágrimas comienzan a descender por mis mejillas, llevo mis manos hacia mis sienes y elevando mi rostro, grito, grito de dolor, de ira, de impotencia.

Dicen que levantarse es más difícil que dejarse caer, y es cierto, estos últimos tres años, el hecho de levantarme del hoyo negro en el que me hundo cada día ha sido una total hazaña.

(Soundtrack sugerido: Trust Me-Antonio Pinto)

Sin importar qué, caigo de rodillas y comienzo a halar con fuerza el césped que se encuentra bajo mis pies, lo desgarra como siento que mi alama lo hace; me golpeo los nudillos contra la tierra una y otra vez a pesar de que pronto comienza a doler y sangrar. Para cuando me canso, me miro los nudillos ensangrentados, llevo mis manos hacia mi cabello y posteriormente las deslizo hasta llegar a la parte trasera de mi cuello. Termino sentándome aferrándome a mis piernas como si fuese un niño, gimiendo ante la impotencia de no poder hacer nada para cambiar el accidente.

-No puedo. Llevo mucho tiempo intentándolo, y ya estoy cansado, Jane. -hablo sorbiendo el agua que sale de mi nariz. -Es agotador intentar seguir cuando lo único que te ofrece la vida es quitarte a las personas que amas. No quiero seguir así.

Me paralizo por un momento, mirando hacia el suelo, tratando de no pensar en nada, cosa que resulta imposible.

Las palabras de la doctora Mackenzie me asechan, indicándome que debo marcharme o será un reto salir de aquí, y no precisamente del lugar donde estoy, sino del estado en que me encuentro, puesto que la última vez que viene, hace seis meses, entré en una crisis de la que tardaron días en hacerme reaccionar.

(Soundtrack sugerido: Goodbye Wanderer-Antonio Pinto)

-¿Por qué te sigues haciendo esto? -su voz se hace presente a mi lado, sacándome de mi ensimismamiento. Mi cabeza se gira lo suficiente como para verle los pies descalzos. Recorro su cuerpo, el cual lleva un vestido blanco con largas mangas aflojadas, hasta llegar a su rostro, que denota una total tranquilidad al mirarme. -Vienes todos los años, al mismo lugar y sigues lastimándote, sigues creyendo que despertarás y nada de lo que fue, sucederá.

» Tienes que dejar de causarte más dolor del que ya tienes, Aron -asegura posando su mano sobre mi hombro, cuyo toque, sabiendo que no es real, transmite calor.

Deja de mirarme sonriendo levemente de lado, su cabeza se gira hacia los árboles de donde creí haberla visto salir. Permanece en silencio, y honestamente no quiero hablar con ella, no hoy.

Quiero recordar, aunque eso duela como si me estuvieran desgarrando el alma.

Permanecemos en silencio, yo ya hecho un ovillo en el suelo y ella a mi lado, sentada abrazando sus piernas. Sabiendo que cuando me vaya de aquí, ella no volverá, y será aún más difícil verla donde ha permanecido este tiempo desde el accidente, de donde nunca saldrá, donde no puedo sacarla.

Es increíble cómo el tiempo sigue transcurriendo a pesar de que he sentido que se ha detenido. Las cosas, las personas, todo, ha cambiado, se ha renovado conforme el pasar de los días, el tiempo siguió su curso natural como era normal, y ahora, graduado de la Universidad, he vuelto como ella lo ha dicho, como cada año sin falta, siempre el mismo día sin importar qué.

(Soundtrack sugerido: The Night We Met-Lord Huron)

El viento golpea mi cara, cierro los ojos e imagino que estoy de vuelta con ella, en aquella noche donde el tiempo nos concedió unas horas que parecieron eternas, y cuya eternidad habría deseado durara sólo un poco más, porque a su lado, las horas transcurrían como si fuesen segundos, y siempre nos era insuficiente.

Desearía haber tenido más tiempo, más oportunidades que las que se nos presentaron, desearía haber sabido que todo se terminaría tan rápido como empezó. No cambiaría el hecho de conocerla, a pesar de pensarlo en muchas ocasiones, porque si pudiera alterar eso, alteraría el enorme amor que le otorgué y que sin importar los acontecimientos, aún sigo dándoselo; es sólo que de tener la oportunidad, me la llevaría lejos, en donde pudiéramos perdernos para siempre, uno donde nadie pudiera saber nuestros nombres, quiénes habíamos sido y, donde únicamente importara lo que seríamos, juntos.

Desearía tantas cosas, que jamás me alcanzará el tiempo para poder enumerarlas, y la única que quiero en este momento, es que ella esté aquí, a mi lado, de verdad, que no sea un producto de mi imaginación, o de lo que sea que causa que la siga viendo de vez en cuando.

-Te extraño, no tienes idea de cuánto lo hago -susurro ocultando mi rostro entre el césped que me acuna. -Seguir sin ti es un infierno día a día.

-Yo también te extraño, siempre lo hago, y desearía poder tocarte, estar contigo. -Por el rabillo del ojo, me percato que lágrimas comienzan a salir, siguiendo el camino por sus mejillas hasta perderse en sus labios o caerse para mojar el césped.

-¿Por qué te marchaste?

-Porque de nueva cuenta, como hace años, cuando éramos niños, alguien más tomó la decisión por nosotros -asegura -, y no sabes cuánto daría porque fuese diferente.

Es lo último que decimos. Cierro los ojos de nuevo y me pierdo en el sonido que emiten los pájaros, el viento en mi rostro, el recuerdo de cada momento a su lado, y el deseo que tengo día a día: que todo sea una pesadilla.

. . .

-¿Estás seguro que deseas ir? -inquiere mi madre detrás de mí, mientras observo la nieve caer, copo a copo uniéndose a los árboles, al césped y a todo lo que nos rodea.

(Soundtrack sugerido: Repeat Until Death -Novo Amor)

-No lo estoy -admito tragando saliva -, pero, tengo que ir. Debo... Mi corazón necesita estar con ella, aunque eso signifique que me siga lastimando al saber que está... -No puedo terminar la oración, porque hacerlo significaría aceptar algo que me he negado a hacer desde que sucedió, y entonces, el dolor sería aún más insoportable de lo que ya es.

-¿Después de tanto tiempo?

-Siempre estará con ella.

Me giro hacia ella, quien ya se encuentra más cerca, y me proporciona un abrazo, en donde me ofrece su apoyo, su amor y su fortaleza, puesto que esta última la necesito más que nada en el mundo.

Para cuando llega el taxi, le indico hacia dónde dirigirnos, recargo mi sien en la ventanilla permaneciendo en silencio. El conductor no busca hacerme conversación, lo cual agradezco.

De la misma forma que ocurrió cuando llegué hace días, al recorrer cada calle, nuestros recuerdos se hacen presentes. En cada tienda, en cada esquina, incluso en el centro comercial donde alguna vez trabajé en la librería, y donde solía ir a adquirir nuevos libros porque ya no tenía qué leer.

Antes de llegar a mi destino, le pido al conductor que se detenga, y compro un ramo de flores, después de todo, y a pesar de que en el fondo una voz me suplica que de marcha atrás, otra me pide a gritos que anhelo ir, poder estar donde ella se encuentra.

Una vez terminado el camino, pago el taxi y me quedo de pie frente al terreno, en donde hay varios árboles en la fachada.

-¿Listo? -giro mi cabeza hacia ella. Me sorprende que esté aquí, sobre todo ahora. Ella jamás me acompaña aquí.

No le respondo, sólo comienzo a avanzar presionando con fuerza el ramo de flores, ya que a cada paso que doy, mis pies comienzan a pesar cada vez más, queriéndose aferrar al suelo.

Obligándome a terminar mi recorrido con ella a mi lado, por fin llego a su lugar, en donde un viento helado me recorre la columna vertebral, haciendo que mi cuerpo tiemble.

Suspiro profundamente, y a continuación, subo la palma de mi mano derecha para tocar lo que nos separa desde hace tiempo.

-Hola, Jane.

(Soundtrack sugerido: Hands Of Love -Miley Cyrus)

Fin del primer libro

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