Epílogo.
Los días son tan cortos que para él son horas. Hace poco fue a molestar en la mañana a Cross, y sin darse cuenta ya estaba anocheciendo. Y gracias al cansancio, tenía las cuencas cansadas al igual que el cuerpo, y llegando a casa lo primero que haría sería comer y dormir.
Las pesadillas desaparecieron poco a poco, hasta quedar en “flash back's ”. El temor persistía, pero no tanto como antes. Eso le alegraba, de cierta forma. El pasado no es algo que se olvida, y Dust lo tenía claro.
Agarró el hot dog del frigorífico mientras escuchaba hablar a su hermano. Soltaba quejas y Dust decía chistes malos para seguir provocando la poca tolerancia de Papyrus. Sonrió burlón al ver que sí funcionó.
Extrañaba aquellas conversaciones, las extrañaba tanto. Sin embargo, cada acción tiene su reacción. Todavía le dolía, pero ya estaba acostumbrado.
Recordó la vez en que su universo estaba lleno de monstruos, de habitantes llenos de alegría. No sabía si sentir nostalgia o desagrado. Había pasado mucho desde la compañía de alguien. Y no se refería a la compañía de sus colegas estúpidos. No. Se refería a un compañero amistoso. Alguien ingenuo y perseverante. Alguien como su hermano, antes de su muerte.
Dio un último mordisco al hot dog y lo acabo. Fue a la cocina por una botella de ketchup. La mesa, las sillas, las camas, todo estaba lleno de polvo. Podrido y casi a punto de caer. No le importó. Observó todo el desastre que había ocasionado, y supo que debía ordenar algo y se enojó por eso. Y se enojó aún más al no encontrar la ketchup.
Esperaba quedarse sin alimento, pues no ha salido desde hace un tiempo. Se quedó un momento allí, esperando. Vio la salida y pensó que alguien pequeño, entusiasmado y azul entraría por allí. No entendía por qué pensó en eso, pero lo hizo. Se quedó quieto cinco minutos hasta que finalmente salió de casa, con un sentimiento se nostalgia y confusión.
Vio por todos lados. Sintió que alguien le llamaba. Hizo caso omiso y siguió su camino. Abrió un portal al universo que hace unas semanas Error le recomendó mucho. Y no para atacar, lo cual se le hacia raro. Error lo golpeaba porque decía que, por no recordar a cierto esqueleto, el llamado “Fandom” lo hostigaba con preguntas tontas y le querían a obligar a hacer algo que podía pero no quería hacer por flojera. Además, Ink le reprendería por eso más tarde.
No entendía nada, asintió mintiendo que iría luego. Nunca fue.
Hasta ahora.
No era tan diferente al suyo, exceptuando a los habitantes vivos y el ambiente menos tétrico a lo que acostumbraba.
No tardaría nada ahí. Sólo robaría unas muchas botellas de ketchup y algo de comida. Ocultó su rostro un poco más al sentir la incomodidad de la gente y se fue a los lugares poco habitados por los monstruos.
Escuchó una voz chillona familiar. Recordó algo. Recordó la pañoleta azul con la que despertó, atada a su mano esquelética; comida quemada o sabrosa; quejas y regaños; regalos con un gran significado; dulces y un cuchillo y sangre y huesos. Se quedó inmóvil un momento, procesando, y luego ya no escuchó su voz. Al dar un paso alguien más bajo que él lo abrazó.
—¡Te extrañé! —repetía el menor. No podía distinguir si en su voz había tristeza, alegría o temor.
No supo qué hacer. Recibía un abrazo de alguien que se le hacia muy familiar y al mismo tiempo no. Rodeó sus brazos por el pequeño cuerpo y no hizo nada. Temiendo que quizás, algún compañero lo viera y se burlara, se apartó lentamente de él. El contrario se resistía, pero aceptó y lo observó de pies a cabeza.
Iba a hablar, pero lo interrumpió una tercera voz. Llamando , según Dust, al menor.
—¡Blue, Blue! ¿Dónde estás? Debemos ir con Alphys
Blue le pidió a Dust que se callara. Ambos se escondieron más, logrando que la voz del sujeto con la voz (igual de familiar) se alejara.
Acaricio la sucia tela de su ropa. Murmuró lo mucho que lo extrañó, algo que Dust no escuchó.
—¿Te conozco?
Blue hizo una pausa.
—Creo que no.
Un silencio. Dos, tres, cinco minutos pasaron para que Dust se diera cuenta del bonito rostro del menor. Cuencas celestes que le invadía una enorme paz y alegría, muy familiar. Sonrió inconsciente. Blue imitó la acción, sólo que, a diferencia de él, sus cuencas se formaron una estrella.
Sintió algo raro. Le gustó que le sonriera y luego lo odió. La sensación la tuvo de pies a cabeza. En todo su esqueleto. Imaginó que ambos vivían varias aventuras, salidas y escondidas, tanto que pensó que era real.
En cuanto Blue, tuvo el suficiente tiempo, cuando sonrió, en ver los colmillos del contrario. Lindos. Por su estatura consideró que lo podía abrazar durante todo el día y no se cansaría. Su mirada transmitía misterio, y en sus cuencas había locura algo de amor.
Quizá escondía una maldición.
Un secreto.
Mala suerte.
Envidia.
Un alma marchita.
Una promesa, incumplida.
Lo quería averiguar. Era muy curioso con otras personas.
Él estaba seguro de eso. Ink le advirtió mucho sobre meter las narices en donde no debía. Siempre tachaba de inmorales y salvajes a los Au's corrompidos, como solía decirle él. Solía enfadarse mucho con él por eso.
Dust apartó un poco a Blue, indicando que ya tenía que irse. El segundo nombrado estaba triste, pero comprendía, el primero sólo quería alejarse de él. Lo hacia experimentar muchos sentimientos. Extrañas sensaciones que no entendía hace mucho. Sensaciones que probablemente le gustaban pero que no quería tenerlas ya. Le gustaba aquel pequeño. Le gustaba como si lo conociera de toda la vida. Y quizás así fuera. Un sueño, otra oportunidad, un mensaje. No sabía. Se volvería blando y los traumas lo atacarían de nuevo. Aquel humano o humana volvería, y estaría dispuesto a enfrentarlo. Cueste lo que cueste.
Pero ahora.
—Me tengo que ir. —mencionó incómodo.
—Eres de Dusttale, ¿cierto? Te visitaré.
—No lo hagas.
—No te pregunté, te estoy avisando.
Dust pensó que el menor estaba igual de loco como él para visitarlo. ¿Acaso no veía el polvo que tenía en sus short?
—¿Si quiera me conoces, niño?
—Primero, ¡no soy un niño! Soy un adulto —reprochó, a lo que a Dust le pareció tierno y divertido—. Segundo, creo que sí te conozco. Recuerdo haber hablado contigo, en mis sueños, supongo. Te veías tan feliz. Quiero vuelvas a estar contento.
Dust no podía negar que igual lo había visto de vez en cuando, cada que atacaba un Au. Mas nunca se dignó a hablar con él, por alguna razón tonta que nunca entendería. Verlo en sus sueños tampoco le pareció raro, o no demasiado. Había hablado con él, reído y juraría que besado. O quizás no y sólo exageraba.
Sonrió burlón, mostrando esos colmillos que tanto le gustaban a Blue.
—Me gustaría ver que lo intentaras, niño —e hizo énfasis en la última palabra, sólo para molestarlo.
Abrió un portal y se fue. Poco después llegó el hermano de Blue, preocupado.
Los siguientes días se hicieron costumbres las visitas del arándano. La primera vez lo encontró en su sala, con la ventana rota y varios tacos. La segunda lo vio afuera de su casa. Y la tercera acompañó durante todo el día.
Le daba ternura. Y a pesar del odio y desagrado que sentía, empezó a cambiar su opinión poco a poco. Los días con Blue se hicieron rutina, tanto que cuando no lo veía se le hacía raro.
Las extrañas sensaciones permanecieron hasta el primer beso. Hasta volver a iniciar todo y darse cuenta de lo que poco importaba la opinión de terceros o cuartos, pues ambos se amaban.
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Fin ajshahsahau ♡
¿Quieren un Curiosidades?
*Si
*Nel
*Actualiza más seguido pndeja >:v
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