13. Lies
No sabía por dónde empezar. Su mirada de reproche exigía una clara explicación de su estado. Supo que esta vez no podía mentirle con facilidad y le pediría la verdad toda la bendita noche. Así que se acercó a él y lo cargó, plantandole un beso en su cráneo.
Sí, estaba feliz de volver a verlo. Su tacto y su voz adorablemente chillona era algo que con el tiempo comenzó a extrañar. Incluso los constantes reclamos y regaños que Dust recibía por alguna acción o decir una mala palabra.
Observó de nuevo las cuencas del pequeño, y estas le suplicaban que contase toda la verdad, lo cual le resultaría difícil. Los primeros días de su oficialmente relación como pareja se le complicaba revelar algunos hechos de su pasado, pues temía que se alejara. Hasta el día de hoy no ha dado señal de querer irse de su lado, lo cual agradece en silencio y con leves caricias.
Ambos estaban dentro de la casa del asesino, vaya, qué raro sonó. Dust con las heridas ya sanadas y con una gran cantidad de curitas por todas partes. Blue lo abrazaba con fuerza, como si temiera que, al soltarlo, desapareciera. Aunque sabía que no era así. El mayor miraba con gran importancia una mancha de sangre y recuerdos nada agradables viajaron por su cabeza. La advertencia que él le dio, y viceversa. Tenían sus propios cuchillos cerca del cuello de los dos, y fácilmente podrían matarse, en un ciclo continuo y desesperante para Dust.
Sintió el pequeño jalón en su sudadera blanca, y volteó a ver las grandes y bonitas cuencas de su amado, bueno, bonito es decir poco, según Dust.
—¿Qué pasó? —preguntó desesperado.
—Peleé con Nightmare.
No era una verdad completa, pues sí luchó contra él. Hasta cierto punto, ya que al poco tiempo se retiró excusándose con tener que buscar más sentimientos negativos, cuando en realidad iba a visitar a aquel Sans del café, o quizás ir con Cross, no estaba seguro. Nightmare era muy bueno mintiendo.
—¿Sólo con él?
—Sí.
Y gracias a él aprendió un poco sobre el bello arte de mentir y engañar, entre otras cosas útiles que aprendió en sólo una clase.
Se sentía mal al no poder decirle a su amado lo que pasó en el tiempo que estuvieron separados. Su bebé le repetía con frecuencia que siempre era bueno decir la verdad. No lo culpaba, él tenía una perspectiva diferente a lo que era el mundo en realidad. Siempre risas y alegría. Eso era una fea falacia.
Blue sabía que ocultaba algo. La manera tan ida en la que estaba su polvito era algo normal, aunque esta vez fue diferente. Se veía... ¿aterrado? ¿Con miedo, quizá? No estaba seguro. Sentía que aquella expresión en su rostro era la misma cuando despertaba de una pesadilla, y él se quedaba a su lado intentando calmar los sollozos del mayor. Probablemente sus traumas regresaban más fuertes. O era algo importante que no quería decir.
Sea lo que sea, luego seguiría insistiendo. El homicida tenía en sus cuencas un cansancio extremo. Y allí la intriga lo invadió, ¿acaso no había dormido bien? Dust era alguien que, pese al lugar y hora, dormía como un tronco. Era un vago hasta los huesos, jé.
En fin, se acercó y le plantó un beso en el pómulo izquierdo, después lo abrazo para quedarse así acostados en el lecho polvoriento.
—Tengo que volver. —comentó con un infantil puchero.
Dust supo que tenía que regresar a su casa. Bostezó.
—¿Ahora? —El contrario negó.
—No sé. En dos horas... creo.
Dust envolvió entre sus esqueléticos brazos al menor. Este se acomodó y besó el pómulo del contrario, sonrojándose.
Acarició su cráneo, y temió por la vida de su pequeño. No podía dejarlo solo, pero tampoco podía arriesgarlo a que se quede a su lado. Quizás uno de sus amigos lo protegería, pero ellos tienen sus propios rollos.
Ahora se arrepiente por no haber pasado más tiempo con él antes. Negando en algunos casos su amor por él, y otras restándole importancia al asunto.
¿Por qué cuando ya tenía una pareja estable todo se iba a la mierda? No comprendía muy bien el amor. Él era más de lanzarse e improvisar. O al menos en estos casos.
Suspiró con pesadez. Dust!Papyrus le hablaba y Dust asintía sin escuchar. Le estaba reprendiendo de nuevo por enamorarse de un esqueleto tan débil e innecesario. Ese cuento ya lo había escuchado una vez, no hacia falta una segunda ni tercera. Blue no decía nada, era casual ver eso y oír peleas entre ambos.
El arándano estaba callado. No comprendía por qué pero sabía que algo andaba mal. Guardaba silencio por la razón que no tenía pruebas para reprender al mayor sobre eso. Por el momento quería pasar tiempo con Dust, disfrutar de esas dos horas aproximadamente. Swap!Papyrus no era idiota (o no siempre), sabía que tarde o temprano se daría cuenta de que no estaba en casa durmiendo. Por el momento, no le interesaba eso. Unas horas a solas con el contrario era suficiente. Más tarde hablaría con su hermano sobre dejarlo ir.
Soltó un largo bostezo. Estaba agotado. Era demaciado tarde, pero no quería dormir. Debía estar despierto para volver a su hogar y pasar un buen rato con su “polvito”.
—Duérmete. —comentó Dust, leyéndola la mente.
Blue se apartó de su lado. Sonriendo con ganas y después soltó tu típica risa, y aún así se veía cansado.
—¡Mwehehe! ¡No te preocupes! ¡Yo, el magnífico Sans, no necesita dormir!
Dust rió leve. —Duerme. Después tendrás que irte.
Blue hizo un puchero adorable. Quería quedarse hoy, y mañana, y todos los días y noches, pero no podía. Su hermano por razones obvias no permitiría que se fuera de la casa. Por suerte, aún no lo ha visto irse del hogar por la ventana o, cuando no está haciendo nada, por la puerta.
No dijo nada. Se recostó en el polvoriento lecho (el cual no comprendía por qué se enpolvaba rápidamente si lo limpia a cada segundo), y chocó su dentadura con el pómulo morado del contrario.
Lo que Blue pensaba era en una noche tranquila con el amor de su vida. Abrazados y mostrando su cariño. Durmiendo juntos como siempre lo habían hecho, atesorando aquel simple recuerdo. Despertaría viendo las misteriosas y bellas cuencas de su amado. Luego de eso arreglaría las cosas con su hermano y esta vez sería diferente, le entendería y los presentaría, sin ningún inconveniente. Estarían juntos y felizmente casados. Con dos bellos hijos (porque a pesar de no decirle nada se eso a su “polvito” ya lo tenía pensado), y un lindo final feliz.
Lo que Blue no sabía es que nada de sucedería. Nada. Sólo el amor que ambos se tenían. Que tendrían un final y sin creer que así acabaría todo.
No obstante, podría intentarlo. Intentar arreglar las cosas que lo más probable nunca sucederían. Pero ese era el trabajo de Dust, y él quería que su pequeño tuviera lo mejor.
Se acomodó mejor y envolvió entre sus esqueléticos brazos al menor. Esperando que esta no fuera la última vez.
Y jurando a ver visto unos horribles ojos color vino.
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:)
Nos vemos dentro de un año, bai los amo ✿
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