10. Why?
No comprendía como aquel pequeño no podía herir lo. Lo veía y sentía ternura y compasión. Antes pensaba en matarlo, acabar con su vida. Lo lastimó y golpeó. Lo hirió. Él perdonó todo, lo perdonó.
¿Cómo podía darle “Mercy ”?
Comenzó a conocerle. Noto el gran parecido que tenía con su hermano. La nostalgia lo invadió. Blue sabía que algo del homicida no estaba bien, le pregunto que sucedía. El contrario no respondió. El de pañuelo celeste insistió varias veces, pero parecía no dar resultado, hasta que...
—Te pareces a él. —dijo.
Creo que sabía a lo que se refería.
¿Acaso aquel esqueleto vivió una ruta genocida?
Se entristece por el mayor e intenta abrazarlo. Pero el asesino se aleja, no parecía dar signos de confianza... aún. Suelta un largo suspiro. Pero, ¡hey, no se rendirá! Después de todo, por algo se llamaba “El magnífico Sans ”.
Dio varias vueltas por su casa, buscando de nuevo la cocina, no podía creer que se perdía en esta. Después de todo, es la misma casa. Al fin la encontró, y sacó varios utensilios y platos de este. Haría alguna comida que le subiera el ánimo, pero, ¿cuál?
¿Le gustará la ketchup? ¿O la mostaza? ¿La miel, mayonesa u otro condimento? No estaba seguro, ¿quizá el chocolate?
Vaya lío se formaba en su mente. Bueno, sea lo que sea, lo mejor sería hacer un pastel de chocolate, ¡unos cupcakes!
Esperaba que le gustarán.
—¿Qué coño haces? —pregunta una voz a sus espaldas.
—¡Lenguaje! —el contrario rueda los “ojos ”, pero no le toma importancia—. Y hago unos cupcakes muy especiales que de seguro te animarán. ¿Quieres ayudarme?
Ok, ese chico es raro, esta dentro de la casa de un asesino, del cual, fácilmente podría matarlo, ¡y ni siquiera esta asustado!
O bueno, eso es lo que él cree.
—Eres raro.
—Uh, ¿gracia-
—No es un cumplido, idiota.
—¡Deja de decir groserías!
No permitiría que un niñato le levantara la voz nuevamente. Con su magia agarró su alma, e hizo que se acercara a este. Lo veía tan indefenso, vulnerable.
¿Cuántos días soportará sin comer?
[...]
No podía dormir, no podía estar tranquilo sin que estuviera a su lado él. Esperaba la impaciente noticia que su hermano ya regresaba, sin embargo, nunca llegaba, en su lugar, venían falsas esperanzas.
¿Porqué aquel idiota tuvo que llevárselo? ¿Porqué a él?
Observó la cocina, tan vacía. Agarró de la mesa la miel, la observó y la bebió. A lado del refrigerador está un calendario y se fijó en cuantos días Blue no aparecía.
10 malditos días.
Maldijo en voz baja. Si tan sólo supiera abrir un jodido portal, quizás podría ayudar.
Pero, ni él ni su hermano sabían de eso.
Inútil, así se sentía.
Soltó un suspiro largo y agotador.
Tendría que esperar, otra vez. Odia esperar, pero no tenía otro camino.
Repito, no podía abrir un portal, y eso de teletransportarse a otro Au es de mucha energía.
Por el momento tenía que tomar la calma, y no volverse loco.
[...]
Gritaba y suplicaba que lo dejará ir, pero este lo ignoraba. No quería estar ahí, quería estar con su hermano,o por lo menos, salirse de donde estaba.
Pero no lo escuchaba.
En su pequeño cuerpo tenía rasguños y le dolían algunas costillas.
¿Cómo pasó todo esto?
Los primeros días actuaba bien, parecía que no quería hacerle daño. ¿Habrá alguien que le obliga a hacerlo?
Quizás... ¿El Papyrus de este universo?
¡No, no podía pensar así de los demás!
Probablemente se este equivocando, pero tampoco debe de conservar aquel negativo pensamiento sobre que es “malo ”.
Nadie es malo, sólo pretende serlo. Ser fuerte delante de los demás, cuando, en realidad, en cualquier momento se derrumbara por unas simples palabras.
—D-déjame salir... Por favor. —suplicó.
Pasó un buen tiempo desde que dijo aquello. Tres horas, para ser más exactos. Tendría que acostumbrarse al sitio en donde esta, quiera o no.
Y cuando creyó perder toda esperanza, alguien abrió la puerta.
—¿I-Ink?
—No me confundas con ése idiota, ¿quieres? Ahora, sal de ahí. —Dust se encontraba tras la puerta, la poca luz que había le cegaba las cuencas y, sin más, acató la orden.
Caminaba con la mirada abajo, sin pronunciar palabra, lo cual le extrañó al contrario, pues lo imaginaba hablando una y otra vez, sin detenerse.
Pero parece que se equivoco.
Le costaba dar pasos y en su rostro había una mueca de dolor. Vio los rasguños y golpes que él mismo había ocasionado.
Por alguna razón se sintió... culpable.
Pero no le importó. Simplemente ignoraría aquél detalle y ya está.
Él quería decir algo, pero las palabras no salían de su boquita. Quizás sea el miedo.
—¿P-por qué lo haces? —preguntó tímidamente.
Volteó su mirada a otro lugar, desinteresado. ¿Por qué más? Le gustaba ver como la sangre y el polvo hacían su aparición en aquellos cuerpos tan débiles. Oir los crujientes sonidos de los huesos al ser rotos, los gritos y gemidos de dolor que emitían los monstruos, ¿y cómo no? Los humanos también.
El como pedían piedad, así como él.
Lucía tan... tierno e indefenso.
¿Por qué no lo mató? ¿Por qué no hizo algo tan sencillo?
¿Por qué desobedecio a Nightmare?
—No te interesa. —respondió.
Pero el menor no parecía satisfecho por la respuesta que le dio el asesino, y siguió insistiendo.
—¡Ahg, cállate! Maldita sea...
Dust parecía molesto por la insistencia del esqueleto chico, y enserio no quería gritarle, pero no le dejo de otra.
El menor, apenado, susurro un “lo siento... ”, queriendo soltar lagrimitas.
—S-sé que suelo ser muy insoportable con los d-demás, pero así soy... —dijo—. P-perdón por eso.
A la mierda, ahora se sentía culpable, ¿es enserio?
Suspiró, frustrado. Caminó hacia la cocina, pues ambos esqueletos se encontraban en la sala. De un mueble saco un paquete de galletas, y volviendo a donde se encontraba el de UnderSwap, le tendió el paquete.
El menor, con un sonrojo bastante adorable, las recibió gustoso. Probó una, de avena era. No era su favorita, pero tampoco le era desagradable. Le ofrecía unas al esquizofrénico, pero este se negó, diciendo que no tenía hambre.
El ver como comía una a una las galletitas le resultaba adorable. Pero no debe tomarle cariño al esqueleto chico, pues sabe que tener una relación con él imposible será.
Y si fuera posible, no le importaba. Le daba igual aquello.
La noche cayó de golpe para ambos. Blue ya se encontraba dormido, pero Dust no. Observando el rostro y el pequeño cuerpo del menor estaba.
Y nuevamente se preguntó: ¿por qué no puedo hacerlo?
¿Por qué no puedo matarte?
¿Por qué?
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