41. Devie.
Colby Lopez.
Ya eran las nueve de la mañana y había despertado una hora antes por los constantes saltos de Devin.
Era como los perritos cuando tenían pesadillas, y tenerla en mis brazos no servía de mucho. No se movía tanto como hace un par de horas, pero aún así lo hacía y al final terminó dandome la espalda.
—No me sueltes... —susurró tomando mi brazo e hizo que la abrazara por la espalda. Al sentir que no me movía a ella y solo recargaba mi mano en su cintura, su cuerpo se corrió hasta quedar pegado a mi pecho, sus pies también lo hicieron.
Estaba dormida aún, esta seguro.
"Tranquilo Colby, solo es un abrazo. No entres en pánico. Controla tus emociones."
Me repetí todas las veces que podía, la tenía cerca y mi estómago se volvió un lío.
"¡No te acerques a ella, no huelas su piel y no comiences a imaginar cosas!"
Lo hice.
"¡Idiota, ya te condenaste!"
Acomodé mi cabeza suavemente sobre la suya y pude ver como una sonrisa pequeña se formaba en sus labios, pero tenía los ojos cerrados.
—Te quiero, Levi —susurró.
Aún lo quería y eso me hacía tan mal como le hacía mal a ella. La compadezco, sé lo que se siente encariñarse de una persona aún cuando te hace daño, amarla como un maldito idiota hasta el final de los tiempos porque no conoces otra manera. Porque es tu única manera de amar.
—Olvídalo... —le susurré al oído pensando que eso pudiese funcionar.
Traté de cerrar los ojos y poder seguir durmiendo, pero volvió a saltar y la apreté un poco más fuerte sin hacerle daño. Tratando de transmitirle mi protección y mi fuerza para seguir luchando contra todos esos recuerdos.
.
—Colby —escuché un susurró, al parecer me había quedado dormido pero no quería abrir los ojos—. Colby —insistió—. Vamos, sé que estas despierto —se quejó. No le respondí, hasta que hizo un sonido con su boca y cubrió mi nariz.
—¿Qué quieres?
—Tengo hambre.
—¿Por qué no has ido a comer? —abrí los ojos, ambos estábamos de lado, mirandonos. No recordaba haberla soltado.
—Porque no es mi casa y tengo educación —levantó la vista—. Además, eres el dueño. Eres el hombre y yo soy la mujer, deberías servirme.
—¿Tu madre era feminista?
—No, al contrario. Pero yo lo soy y eso es algo que deberías saber hace mucho tiempo.
—Tienes razón —bostecé—. Aún así no te sirvo —le dí la espalda intentando volver a dormir.
—¿Ah, no lo harás?
—No comencemos tan temprano, por favor... —rogué y cubrí mi cabeza con la almohada.
—Mm... tuve una buena noche, me sentí bien. Creo que te dejaré libre hasta medio día —sentí como se sentaba y segundos después se levantaba—. ¿Tienes galletas?
—¿Por qué insinuas que yo como ese tipo de cosas?
—Supe que te gusta comer como un hombre real, no te importa llevar una dieta estricta ya que luego te mantienes en forma haciendo crossfit. Añado que también te gusta ir por la carretera buscando lugares donde venden comida real, te gusta viajar solo y si alguien quiere estar contigo tiene que acostumbrarse a tus horarios. Por eso lo decía —salió del cuarto.
Y luego Chris me preguntaba porque la amaba.
Me volví a acomodar, girándome hacia el lado donde antes se había acostado Devin y ese aroma meloso me invadió por completo. Era tan dulce y suave, uno muy distinto al jabón que yo tenía en el baño o el champú que le había lavado el cabello, era un olor propio.
Tomé su almohada y me aferré a ella intentando dormir de nuevo, por lo menos media hora más. Estaba en el lugar donde quería estar, y ella estaba conmigo aunque fuese por un par de días mientras la ayudo a sentirse mejor, será un trabajo difícil en el cual tendré que soportar sus constantes discusiones, sus quejas, sus chistes, sus lágrimas, su depresión, sus berrinches y todo lo que hace que ella sea Devin.
El pasar tiempo con mis pensamientos era vida, pero no cuando era interrumpido.
—¡Kevin, cállate! —le grité al sentir que ladraba, sabía que era a Devin ya que solo lo hacía cuando no conocía a esa persona en mi casa que no fuese yo. Pero no se detuvo hasta que le silbé y este apareció hasta subir en la cama quitandome toda la inspiración.
No me quedó de otra que intentar levantarme e ir a comer algo con ella, tenía miedo dejarla sola, tal vez si existía esa falta de confianza—. No, no me lamas —sonreí cuando su lengua áspera mojaba mi rostro.
Me puse de pie y fui por ella, miré la cocina pero no estaba allí, en el baño tampoco, así que fui a la sala y ahí estaba mirando todo el decorado de la casa, supongo que era mejor que ver las malas noticias por la televisión.
—Si que soy una horrible persona —tomó una galleta y la miró—. Que hasta a los animales les caigo mal. ¿Tú también me vas a odiar, galleta? —la miró con indiferencia—. Nah —la metió en su boca.
Era tan adorable cuando hablaba sola.
Me apoyé a un costado y ella siguió inspeccionando hasta que se dio cuenta de mi presencia.
—Creí que seguirías durmiendo —limpió su mano en la camiseta—. ¿O tenías temor de que muriera de hambre y fueses a la cárcel?
—Vamos a comer —le hice una señal con la cabeza y caminé de vuelta por el pasillo, no tenía una respuesta para su pregunta, se notaba que aún pensaba en lo de anoche.
—Oye, que descaro —comentó con un poco de humor en su voz—. ¿No sabes que hay una mujer presente?
—No creo que te excites —entré a la cocina.
—Pero me estas dando una mala impresión —metió a la basura la envoltura de la galleta—. Tus acciones demuestran mucho tu personalidad.
—¿Me lo dices a mi? —reí—. ¿Qué hay de ti? Mírate, no hay diferencia.
—No señor, si la hay —se sentó—. Dejo más a la imaginación al usar una camiseta.
—Que es mía, eso se puede confundir para otra persona que no seas tú y yo —apoyé los codos sobre la mesa. Me encantaría que le gustara usar siempre mi ropa y no tuviera que preguntarme si puede usarla.
—Discrepo —cedió.
Me acerqué a la frutera recordando que le gustaba el plátano y se lo pasé, ella sin cohibirse lo tomó y comenzó a comerlo con mucha normalidad.
Ver eso me hizo sentir un retorcijon en el estómago, ¿por qué demonios estaba pensando en algo más? Que mente tan pecaminosa.
Dejé de lado esa imagen y me dediqué a preparar el desayuno que tanto me había pedido al despertar. Me sentía cómodo en ropa interior, no sentía vergüenza porque me viera de esa forma como me causaba frente a otras personas.
—¿Cuándo podré irme a mi casa? —sacó el tema a colación.
—No será hoy si eso quieres saber —la miré y ella estaba mirando mi trasero, pero fácilmente lo disimuló al darse cuenta que la miraba.
—¿Por qué haces esto?
—Porque me preocupo por ti, sea como sea, te guste o no te guste. Voy a estar contigo, aunque no me quieras cerca —saqué el pan del tostador y le unté mantequilla—. ¿Entiendes?
—¿Qué hay de mis cosas entonces? No pasaré todos los días con ropa tuya si eso es lo que tienes planeado.
—Mandaré a Chris por algunas cosas, ¿feliz?
—No —se cruzó de brazos.
—¿Qué necesitas? ¿el sol? ¿la luna? ¿las estrellas? —pregunté algo molesto, no quería que se fuese, pero al parecer mi comentario la había hecho sentir mal. Estúpido Colby Lopez.
—Tu vida tan simple y sencilla —me miró—. Donde tienes a tu familia, amigos y familiares cerca porque nunca te van a dejar solo. Porque eres tan importante que todos asistirían a tu funeral si algún día llegases a morir, ya que no juzgarían el motivo de tu muerte y llorarían mares deseando que volvieses. Quiero tu sencillez, tu alegría, tu forma de ver las cosas, tu humor, tu ironía.. tu vida tan simple y sencilla.
Soltó más de lo que quería soltar por lo que me di cuenta y eso me hizo sentir aún peor. Como podía ser tan insensible frente a unos días que sabía, iban a ser delicados.
Suspiré y me acerqué a ella dejando todo lo que hacia.
—Te aseguro que será como antes —tomé su rostro en ambas manos y besé su frente.
—No seas tierno, no me hagas más vulnerable —exclamó—. No quiero que me veas llorar, no me abraces, no me hagas sentir importante para alguien más porque tarde o temprano todo eso desaparece y no quiero hacerme ilusiones falsas.
—Devie... —susurré apoyando su cabeza en mi pecho y acariciando su cabello. Ese apodo me había llegado a la cabeza anoche mientras dormía.
—Hace mucho que no me llaman así, desde... Dan-ny.
Ese era el motivo entonces.
—Yo lo haré —besé su cabeza—. Solo yo veré como te desmoronas todas las noches después de ser una persona completamente distinta por el día y uniré los pedazos con "super glue".
—¿Dónde sale la vaca loca?
—Si, donde sale esa jodida vaca —reí sin llegar a ser un sonido exagerado y me separé un poco de ella—. ¿Estable otra vez?
—Creo —miró mis ojos—. Gracias por soportarme, tienes más paciencia de lo que creí.
—Oye, por eso preferí traerte conmigo y no dejar que Chris decidiera llevarte. Nadie tendrá más paciencia que yo contigo.
—¿Es una promesa?
—Lo es.
—De acuerdo —limpió su nariz, no pude resistirme y le dí un beso justo ahí. Luego me alejé volviendo a retomar mis acciones con el desayuno.
Pusé todo sobre la mesa, le serví después de todo y me senté frente a ella. La dejé dar el primer bocado para poder ver su reacción y al ver que le gustaba procedí a comer. Podía notar como se sentía incómoda, como forzaba la situación a sentirse incómoda y rogaba porque algo nos interrumpiera, para su suerte mi celular comenzó a sonar desde la habitación.
Me disculpé y fui por él.
—Dime —atendí a Chris.
—¿Cómo está Devin?
—Bien, tuvimos una noche difícil pero nada grave —quité un trozo de comida de mi diente mientras me sentaba en la cama.
—¿Durmieron juntos? —esa pregunta sonó algo molesta, pero no mucho.
—No, como crees. Tuvo pesadillas, pude escuchar como se quejaba.
—¿Y la llevaste a tu habitación?
—No, tranquilo —reí—. Ella...
"Ella fue quien se acostó conmigo"
Mi cabeza pensó con orgullo.
—Ella tomó una taza de té y volvió a dormir.
—¿No te contó como fue?
—Todo sigue tan fresco en sus recuerdos, entiende que fue anoche y eso le sigue afectando. Ella aún lo ama después de haberlo matado.
—Dev... —suspiró y se quedó en silencio—. Iré para allá, necesito conversar con ella.
—De acuerdo.
—No le hagas nada.
—Viejo, ¿dónde quedó esa idea de que la querías ver junto a mi? donde me tenías confianza.
—Le haces algo y te rompo los huevos —colgó.
—Que agresivo —me quejé y me levanté de la cama, volviendo a la cocina con Devie—. Era Chris, viene en unos minutos para conversar contigo —comenté al sentarme de nuevo al frente de ella, pero había dejado de comer—. Te comes todo.
—Pero ya no tengo hambre.
—No prepare todo esto para que lo rechazaras, mira, ni siquiera te has comido la mitad —apunté—. Ese imbécil que estaba contigo ni siquiera se encargaba de que comieras.
—Porque no era mi padre y tú no deberías intentar serlo.
—Mientras estés aquí, actuaré como tu padre te guste o no. Porque quiero verte sana y fuerte —dejé el celular a un lado—. Así que ahora toma el utensilio, porque quiero verte hacerlo.
—Pero Colby... —hizo un sexy puchero.
—Pero nada —me crucé de brazos, no iba a caer—. No me voy a levantar de esta mesa hasta ver que has dejado el plato vacío.
—Vale —me hizo caso y comenzó a comer de nuevo, no fue tan difícil.
Tomé la taza de café que tenía cerca y le dí un trago sin quitarle los ojos de encima, sabía que la estaba poniendo nerviosa y eso me gustaba. Sus movimientos eran algo temblorosos, estaba encantado de ver esa escena pero la puerta fue tocada cuando le faltaba tan poco para terminar.
—No acabas hasta que te comas esa tostada —advertí saliendo de la cocina. Me acerque a la puerta, la abrí y lo primero que hizo Chris fue mirar que traía puesto. Debí haberme cambiado.
—¿Por qué andas así? —pasó a mi lado.
—Es mi casa.
—Pero hay una mujer presente.
—Te lo dije —se asomó Devin, Chris la miró y luego a mi. Era hombre muerto.
—¿Por qué ella trae tu ropa? —su mirada en mi me estaba quemando—. ¿No que no habían dormido juntos? —esa pregunta me la hizo entredientes, solo yo pude escucharla.
—Se dio una ducha y no tenía ropa limpia —me defendí.
—Él me bañó —añadió la pequeña mujer.
—No me ayudas —me puse detrás de ella cuando Chris intentó tomarme del cuello. Devin rió.
—¿La bañaste? ¿la tocaste? ¿la miraste? —se acercó lentamente ya que ella estaba delante de mi, estaba rojo de la furia—. ¿Y además dormiste con ella?
—Y me ha prestado su ropa —respondió por mi.
—¡No, yo te rompo los huevos! —intentó pasar hasta donde estaba yo pero no pudo y Devin solo reía.
—Esta bien, mucha diversión —lo alejó de nosotros—. Yo te explico.
—¡Cuando te quite las manos de las caderas! —apuntó, ni siquiera me había dado cuenta que lo estaba haciendo.
—Tranquilo —me quitó las manos—. Colby solo quiso ser amable conmigo, en ningún momento tuvo las malas intenciones o mirarme de otra manera. Incluso me hizo desayunar todo, ¿crees que si solo le importara cojerme se preocuparía por lo que yo hiciera o no hiciera con mi salud? Por supuesto que no y él se preocupa —dio unos cuantos pasos cerca de Chris—. No tiene malas intenciones, créeme.
—Mm... —me siguió mirando.
—Que no.
—Está bien —bufó—, pero si te veo obligándola a hacer algo que no quiera, estás muerto —me apuntó otra vez.
—No me guardes rencor por acciones que tu mal interpretas —me encogí de hombros.
—Eres hombre, eso es lo que fácilmente se puede mal interpretar con las buenas acciones que haces por una mujer inocente.
—¿Inocente? —preguntó Devin—. Chris tengo veinte años, soy bastante adulta para comprender este mundo y saber que decisiones cuales son las correctas y cuales no. No estuviste conmigo cuando lo necesitaba por eso aprendí a conocer las cosas y a las personas, no me trates como a una niña.
—Está bien.
—Ahora, si quieres conversar podemos hacerlo en la sala pero deja tranquilo a Colby —ofreció. Chris me miró y le mostré la lengua.
—¡Pero mira como me tienta, le voy a pegar! —parecía niño pequeño quejándose. Devin me miró y yo negué levantando ambas manos—. ¡Lo voy a acusar con su mamá!
—Está bien Chris, luego le tiraré las orejas por ser un niño malo —lo hizo caminar hasta la sala—. Colby, ponte un pantalón —ordenó.
—Bueno.
Y así era como una mujer podía controlarnos.
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