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21. Eso siempre es un "no".

«No, solo debe estar bromeando conmigo. Si, solo es eso», no dejaba de repetirme una y otra vez mordiendo mi uña nerviosa.

Miré como todos tomaban sus cosas y se marchaban del lugar, aún no salía Jericho y eso me ponía mas ansiosa que nunca. Si me miraba o me decía algo para llamar mi atención, entonces era cierto.
Mis pies se movían sin cesar, a veces no me daba cuenta pero esta vez estaba muy consciente de ello.

—¿Nos vamos? —me preguntó con algo de rencor, acomodándose una bufanda invisible en el cuello. Sabía que lo había hecho por costumbre y cuando se dio cuenta fingió que sobaba su cuello.

—Bueno —le respondí seca. No quería hablar con él ni mucho menos saber cual fue la excusa que le había dado Rollins para que éste aceptara con el favor.
Me puse de pie mientras Jericho buscaba la salida, le llevaba una distancia considerable para no hacer el ambiente más tenso y terminara golpeándolo como lo había hecho temprano. Hundí mis manos en los bolsillos lentamente mirando su caminar característico, pero me daba gracias y eso disminuía mi rencor considerablemente.

Llegamos al estacionamiento, el chofer le abrió y él subió sin siquiera saludarlo. Al momento de hacerlo conmigo, le devolví el saludo y le dí las gracias cuando estuve dentro, el hombre no podía estar más contento. Creo que no lo habían tratado bien en años, se podía leer en su frente.
Miré al rubio con descaro, él sabía que lo hacia y por obvias razones me ignoraba.
Supongo que era el momento de hablar.

—¿Por qué me llevas? —me dejé de rodeos.

—Le debía un favor a Rollins.

—¿Ah, si? ¿te refieres a todas las llamadas gratis desde su teléfono? —reí sin ganas—. Vaya favor.

—Mira —se acomodó—, tanto tú como yo sabemos que no nos llevamos bien.

—Mucha razón, viejo.

—Pero no te golpeo porque sencillamente tú me recuerdas a una persona que estimo muchísimo.

—Grave error, ella te golpearía.

—¿Ella? ¿Cómo sabes que es mujer?

—Y-Yo... lo... lo supuse —me puse nerviosa. —Eres un hombre y de la forma en que lo dices, suena como a una mujer. Es fácil de detectar. Un hombre como tú no anda rogando a otros hombres, ¿o si?

—Mm... —su mirada era de incredulidad—. Si, es una mujer, ¿por qué crees que me golpearía?

—Si tengo razón es a ella a quien estabas llamando todas esas veces y no te contestó. Entonces es obvio decir que ella esta enojada, no se necesita ser listo.

—¿Eres detective acaso? —me miró como si tuviera rayos x y se hubiera dado cuenta de mi verdadero yo.

—¿Sabes qué? Olvídalo, solo estaba devolviéndote el favor pero no eres capaz de darte cuenta de ello —me giré hacia la ventana, esa estuvo cerca. Incluso más que cerca.

Tomé los audifonos de mi bolsillo y sin más, me fui a mi mundo como en muchas otras ocasiones, era lo que me caracterizaba. Ya no más charlas.




.

—Eres un maldito infeliz.

¿Ah, si? Entonces quiere decir que se divirtieron por montones —se comenzó a reír.

—Oh si, mírame. Ahora tenemos una cita para tomar el té con la reina de Inglaterra —dije sarcástica—. ¡Me pondré un gorro a ver si él lleva el mismo! —exclamé eufórica fingiendo que estaba entusiasmada—. Por supuesto que no, idiota.

—Eres demasiado irascible, por el amor de Dios —se sorprendió, pero estaba claro que no le gustaba y lo ocultaba con ese hablar.

—Es lo mismo que yo te pusiera en una jaula con tus dos ex novias, que claramente ambas te quisieran matar. —me levanté de la cama, recordar la noche anterior había sido vergonzoso, aún más cuando llegó el momento de "despedirnos"—. Ni un milagro te salvaría, porque yo no te abriría la puerta.

Vaya, que diabólica —rió.

—Deja de reírte —dije con los dientes apretados—, si lo vuelves a hacer iré a tu casa y te haré lo que tus ex novias iban a hacer en la suposición que te dí.

Mm... bien, y terminamos teniendo sexo salvaje.

Lo tendrás, pero en tu imaginación cuando te deje noqueado —sonreí y me puse algo de ropa cómoda, tal vez no salga de casa por hoy. Estiré la cama y me volví a subir en ella con el teléfono en altavoz, así tomé el control del televisor y comencé a ver vídeos.

Aparte de irascible eres agresiva.

Por supuesto —reí. Y de repente, me encontré con un vídeo de la WWE donde él caminaba con muletas—. Oye... —lo toqué y comencé a ver.

—Dime.

Tuviste otra lesión con la rodilla.

Así que ya te informaste —suspiró.

—No sueles pasar desapercibido en las redes sociales —tomé el celular—. Tu pierna es peluda.

Pero tiene sus encantos.

No me digas, ahora esperas que yo haga algo contra Samoa Joe. ¿No es así?

Bingo.

No me cae bien pero no ha hecho nada contra mi, y sé que solo estaba siguiendo ordenes que le había dado su jefe. Porque otra razón te hubiera atacado.

Para robarse mi momento.

No todo gira entorno a ti, Rollins.

Si lo es, cuando yo salgo al ring.

Vale, egocéntrico —rodé los ojos—. Supongo que vas a estar fuera por un largo tiempo.

Si. Pero no te hace mal venir a verme de vez en cuando.

Ya veremos.

Eso siempre es un "no".

Bien, iré esta tarde. ¿Feliz?

Un poco.

No te consentiré, está muy lejos de que eso suceda.

Sabes que puedo hacer que Chris te transporte toda la semana —cantó.

—No entiendo como puedes ser tan despreciable, cuando te pedí estrictamente que solo me buscaras cuando necesitaras un trabajo sucio.

Las cosas cambian y como no puedo subir a un ring, mis pedidos serán a domicilio.

Eres un tramposo.

Nunca dije que sería justo.

Cállate —colgué. Y yo pensando que él era diferente. Que error más grande.





.
Colby Lopez.

Esto no estaba saliendo como yo esperaba, cada vez se convertía en una mierda más pestilente que la última. Era estúpido pensar que debía ser como ella para poder congeniar, supongo que fue una medida desesperada... en una situación desesperada.

—¿Cómo te fue anoche? —le pregunté esta vez a Chris que había llegado a mi academia y solo me había visto sentado con la pierna en alto.

—Es algo más complicada de lo que recordaba —se sentó a mi lado—. Está enojada y es demasiado terca cuando se lo propone.

—¿Qué esperabas? No cumpliste con tus promesas, que para ella significaron tanto cuando para ti no fueron nada.

—Traté, realmente traté —miró sus manos—. Pero los días, las semanas, los meses y los años se hicieron polvo en mis manos sin darme cuenta.

—¿Ni siquiera una vez lo hiciste?

—No —pasó una mano por su cabello—. Y no me duele cuando ella me golpea, más bien me duele cuando veo su rostro al hacerlo. Me parte el corazón.

—Supongo que antes no era así...

—No, ella estaba llena de alegría ¿sabes? —sonrió mirando nuevamente abajo—. Era optimista, soñadora, daba su brazo a torcer... sus ojos eran dos estrellas brillantes que resplandecían aún en días en que solo había oscuridad. Era detallista, no había nada que se le escapara, su juventud era alegre... —llevó una mano a su mejilla y rió suavemente sorbiendo su nariz—. Supongo que ahora esa alegría es triste y falsa.

—¿La querías?

—Era como su padre, imagínate ese sentimiento.

—Ya comprendo —hablé en voz baja, entonces no era conveniente contarle sobre la muerte de su compañera de vida—. Pero aún hay tiempo de arreglar las cosas, por eso me estás ayudando en esto.

—Pero déjame decirte, que lo estás haciendo muy mal —se giró a mi después de limpiar su rostro.

—¿Qué? Es lo mejor que hago.

—Jugando su juego no harás que ella se acerque más a ti, Colby.

—Fue una decisión desesperada en una situación desesperada... —me encogí de hombros recordando una frase que había usado hace muy poco—. Sabes que mis intenciones son buenas.

—Quieres ayudar, eso lo entiendo, pero si te pones en plan de ella eso no va a funcionar. Solo harás que se sienta sola aún más.

—Lo intenté con las buenas palabras pero ella me trató como un saco de mierda, ¿qué esperabas que hiciera?

—Seguir insistiendo relajadamente, no te costaba nada.

—Muy tarde, ya lo hice y ahora tienes que ayudarme.

—Bien, yo seré tu guía —me miró a los ojos—, pero si me entero que quieres hacerle daño o solo para jugar con sus sentimientos, eres hombre muerto. ¿Está claro?

—Mas claro que el agua —asentí. Me propuse ser un punto de apoyo para ella, tratar de hacer todo lo posible para ayudarla, incluso si eso significaba tragar mi maldito orgullo.

—De acuerdo —se acomodó—. He de creerte porque la tienes en tus manos y no haces nada para lastimarla, solo para molestarla.

—El trato esta hecho.

—¿Te puso reglas?

—Tres.

—¿Cuales?

—Uno. No meterme con sus vicios, no puedo decirle nada si la veo con una botella o un cigarrillo.

—Espera un minuto, ¿es alcohólica y viciosa? —gritó. No debí haberlo dicho—. ¡Demonios!

—Trataré de disminuírselo, no te preocupes.

—¡Soy un idiota!

—Tranquilo, no es tan grave. Al menos me dejó encargarme de ella cuando no reconociera ni su nombre.

—Eso es bueno, supongo, pero no le quita la gravedad.

—Dos. Debo mantenerme alejado de ella en el trabajo, solo acercarme si necesito que haga algo por mi.

—¿No lo harás, verdad?

—Lo intentaré, eso es lo único que puedo hacer por el momento; intentar todo con ella —me encogí de hombros—. Tres. No debo interesarme en su vida, ella arregla sus asuntos aún cuando este en aprietos.

—¿Y si es grave?

—Tiraré a la mierda esa regla sin importar que suceda después.

—Me gusta esa respuesta —sonrió de lado—. No eres tan malo después de todo.

—Por supuesto que no, digamos que yo... soy la chica nerd que se enamora del chico rudo en toda historia de amor.

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