Soledad, eso era lo único que conocía. Tenía a dos amigos, niños con los que creció, pero que las mentoras siempre gustaban separar.
Mauro era relajado, alegre y soñador. Siempre preguntando por las Evas y cuándo tendría una. Christopher tenía una bonita sonrisa, era aventurero y a veces algo rebelde, como si en sus genes no estuviera la sumisión que todos aparentaban tener.
Sin embargo, él sabía que tenía algo más. Sí le atraía la idea de tener a una Eva, pero era justamente eso lo que le causaba estrés, el hecho de que supieran que no solo le causaba curiosidad las chicas, sino también los chicos. Al menos eso sentía.
Nunca les habían dicho si eso podía pasar, así que estaba confundido. Creció sintiéndose raro y perdido, pero dejándolo de lado lo más que pudo. A veces creía que lo había dejado atrás, que era solo una etapa, pero bastaba ver la sonrisa de su amigo para replantearse las ideas.
Temía cuando las preguntas en los exámenes eran acerca de sus amigos. No creía estar respondiendo nada fuera de lo normal, después de todo, probablemente lo que sentía era normal. Solo se parecía mucho a lo que le habían explicado cómo se sentiría con una Eva.
Pensó que quizá tomar la decisión férrea de simplemente olvidarlo y aparentar, iba a solucionarlo.
Pero no pasó.
Christopher se acomodó, girando en el colchón, pero chasqueó los dientes y bufó, girando de nuevo.
—¿Todo bien? —dejó la tableta translúcida en la que leía sobre las Evas.
El chico miraba con molestia hacia la pared.
—¿No sientes que le pasa algo raro a tu cuerpo?
Miró al costado, meditando.
—Eh... Depende de a qué parte te refieres, supongo.
—Yo sé a qué parte —se burló Mauro desde la otra cama—. El amigo de ahí abajo.
Christopher se sentó veloz y le lanzó una almohada ocasionando que el chico soltara una carcajada.
Tomas arqueó una ceja sonriente.
—¿Qué?
—Hace lo que quiere a veces —renegó el ojiazul—. No sé qué pasa.
Tomas creyó que era el único al que le estaba pasando algo raro también. Tenían como doce años, tampoco era que pasara seguido, pero al parecer también les molestaba.
Fue entonces que los drones aparecieron frente a ellos, con cierto aire amenazante.
—No hablar sobre tu cuerpo —dijeron.
Los chicos resoplaron.
—Claro —murmuró Tomas volviendo a tomar la tableta.
No entendía qué de malo tenía que hablaran de sus cuerpos, si todos estaban pasando por lo mismo.
Luego de eso, terminaron separando a todos los chicos, cada uno en una habitación. Era un proceso para todos, así que no pensaron que fue porque hablaron. De todas formas, el verse alejado de ellos no le preocupó.
Eso en parte le había hecho ver que quizá lo que el sentía también era lo usual, solo que simplemente nadie hablaba de ello.
De todas formas, todos estaban más y tan interesados en tener a una Eva, conocer cómo se sentía ser querido por una, sentir ese calor, que en realidad todos los demás temas siempre quedaban de lado.
Pasaron unos años más y esperaba en verdad lograr ser compatible con una chica primero, por ser mayor unos meses. Pero luego de haber recibido una X en un par de pruebas extrañas sobre figuras y demás cosas abstractas, la preocupación le abrumaba.
Había estado todo bien. No entendía.
—¿Dices que va a haber una prueba sorpresa o algo así? —le preguntó a Chris.
El chico asintió.
—Eso dijo mi dron.
—Sí bueno, el mío dijo algo similar, es solo que no sé de qué va.
—Descuida, vamos a estar juntos. Solo hay que cuidarnos las espaldas.
Y su sonrisa con los hoyuelos en las mejillas.
Tomas le correspondió el gesto y asintió.
Pero... Cuando hicieron la prueba, todo fue más allá de lo que hubieran esperado. Primero corrían perdidos en un bosque, luego apareció un tigre, un animal que ya no existía, pero que, con su tecnología, sí podía lastimarlos.
¡¿Por qué los lastimaba?! ¡Siempre les habían dicho que eran valiosos y no iban a dejar que les pasara algo malo!
Estaba dispuesto a proteger a sus amigos, tal y como habían quedado, sin embargo, Christopher se decantó por proteger a las mujeres que aparecieron, que eran obviamente falsas también, y Mauro lo siguió como siempre lo había hecho.
De todas formas, iba a protegerlos, así que le disparó al animal sin pensarlo.
***
Despertó sin el dolor de la herida que el tigre le había hecho en la espalda. Estaba curado, pero en una enfermería diferente a la que conocía. No había el cielo falso con nubes en el techo, ni las falsas mariposas en la pared.
Se levantó y miró a su alrededor.
Un dron descendió en su campo de visión.
—Nos alegra que despertaras. Eres bienvenido al Edén eterno.
Sintió un leve peso en el estómago.
—¿Eterno? ¿Q-qué es eso?
—Sentimos mucho que no hayas pasado con efectividad algunas pruebas.
—¿Qué significa? —El estómago ya le pesaba como el plomo al sentir que quizá habían descubierto su "problema".
—Vas a entrar a tu nuevo hogar, tu eterno hogar.
Desolación, eso fue lo que sintió.
—N-no... ¿Y mi Eva? Tiene que haber una para mí.
—Lo sentimos mucho. Tu perdida también es nuestra.
—No. No. —Se puso de pie y la máquina retrocedió—. No. Solo háganme compatible con una Eva y van a ver que estoy listo. ¡Por favor! —La máquina retrocedió más—. ¡No puedo quedarme aquí para siempre, no pueden hacer eso! —La voz se le entrecortó y se dio cuenta de que tenía lágrimas en los ojos.
Se las limpió con amargura.
—Estarás seguro y feliz aquí.
—¡No!
—Nos vemos.
—Quiero hablar con mis amigos, por favor.
El dron se detuvo y giró para regresar.
—Tus amigos han pasado con éxito las pruebas y van a ser compatibles con sus Evas pronto. Es mejor que no los distraigas.
—Christopher debe estar preguntando por mí. ¿No lo van a dejar verme?
El dron desplegó una imagen del chico. Él solo estaba leyendo de espaldas hacia el dron que lo vigilaba.
—Tu amigo está alistándose para salir de aquí. Si es tan importante, deja que sea feliz y libre.
Tomas apretó los puños, su labio inferior tembló contra el superior y sacudió la cabeza.
—Chris... —¿No iba a verlo nunca más? El dron volvió a girar—. Espera. No. No te vayas...
—Todo va a estar bien. Vamos a cuidar de ti.
Quiso llamar a la máquina de nuevo, pero se fue por la puerta que quedó abierta para que él saliera.
Apretó los dientes y tomó la ropa que estaba a su lado bien doblada y tibia, ya que tenía una bata blanca.
La abrazó contra su pecho, pensando en que quizá esa iba a ser la única sensación de calor que iba a sentir al final, que no iba a tener a una Eva. Nunca.
Lo único que tenía eran sus amigos. No tenía una madre que lo abrazara. No sabía de dónde venía.
¿Para qué lo crearon si iban a dejarlo de lado?
¿Para qué lo crearon si nadie iba a quererlo...?
Cayó de rodillas, aferrado a las prendas cuya temperatura empezaba a bajar. El frío que venía iba a durar el resto de su vida, y estaba seguro de que iba a ser larga. Muy larga.
Tenía mucho miedo. Miedo al olvido. Miedo al vacío.
***
No contó con que iba a poder saber de las noticias en aquel lugar también. Pudo escuchar cuando Mauro salió compatible, y también cuando Christopher lo fue.
Apretó los labios, recostado en su cama, mirando a la pared.
—Se van. Ni siquiera han pensado que estoy a unos niveles abajo de ellos...
Su dron que lo acompañaba solo vigilaba.
—Este lugar es enorme. ¿No quieres ir a tomar todos los bocadillos del comedor?
—No. —Se cubrió con la manta por completo—. Déjame.
No iba a verlos nunca más. Ni siquiera había podido despedirse de ellos, y ellos no habían ido a visitarlo ni una sola vez. Aunque también era probable que no pudieran.
—Niño —le habló un hombre. En ese lugar había unos muy pocos hombres. Obviamente mayores que él, de pasadas generaciones, y ese, que era el más anciano, trataba de mantenerlos unidos a todos—. Ya sabes que nos traen pudin de vainilla cuando un Adán sale al exterior. ¿No vienes? Siempre te anima.
—No esta vez...
El hombre suspiró y se fue a sentar al borde de su cama. Vestía elegante y de blanco. Decía que quizá su Eva ya lo esperaba en otra vida. El Edén había tomado su material genético, así que él no se sentía desperdiciado.
—El chico... ¿Era tu amigo? —refiriéndose a Christopher, el nuevo Adán anunciado.
—Sí.
—Va a ser feliz. Eso debería hacerte feliz. Yo fui feliz con cada uno de mis amigos.
Tomas frunció el ceño.
—Sí, supongo.
Suspiró y se sentó.
—Eso —celebró el anciano tomando su mano entre las suyas.
Tomas sonrió y negó.
—Nunca te rindes, ¿verdad?
Lo siguió hasta el comedor y vio a los drones bajando de la abertura del techo con las bandejas con pudin.
—... ¿No te lo has preguntado? —murmuraban otros.
—¿Qué sucede?
—Ah, anciano Omar —lo llamaron—. Estamos hablando sobre la posibilidad de que esos chicos se encuentren con sus posibles progenitores.
—Eso no pasa. —El hombre sabía muchas cosas. El estar muchos años ahí le había servido para escuchar, averiguar, indagar y más—. Las máquinas del proyecto Eva te pone lejos de tu familia si es que la tienes. Pero muchos también son creados.
—¿Y usted? —quiso saber Tomas.
El anciano bajó la vista y asintió mientras tomaba un par de pudines.
—Supe que tuve una madre y un padre.
—¿Por qué el Edén no los contactó?
—Tranquilo. Nosotros le pertenecemos al Edén. Si no podemos servirle a una Eva, no hay otro propósito. ¿Para qué los contactaría?
—¿Cómo se enteró de que tenía padres?
El hombre sonrió. Miró con curiosidad hacia la compuerta de donde bajaban los drones, y Tomas entendió.
—Claro que imagino que han de tener más vigilancia ahora que en ese entonces. —Apretó los labios en una leve sonrisa. Las arrugas a los costados de sus ojos celestes—. Fue divertido causarles todo ese caos. Pero te aconsejo no intentar saber, creo que es mejor...
Entonces Tomas recordó las palabras de Christopher. "Quizá eso es mejor".
Entendió que podría ser más doloroso saber que tenía padres y que lo habían dejado ahí, que saber que era creado en el Edén.
Suspiró y asintió.
***
El tiempo pasó, el anciano Omar empezó a pasar más tiempo en su habitación. Eso preocupó a los más jóvenes, pero sabían lo que pasaría.
—Es el misterio de la vida —murmuraba uno—. Cuando uno se hace viejo casi no lo nota, y estás bastante bien, hasta que de pronto... ya no lo estás.
Tomas bajó la vista.
—Esto es cruel.
—No es cruel, es la naturaleza haciendo su trabajo.
—Me refiero a que no deberíamos estar aquí encerrados.
—Tenemos todo. No les servimos, pero aun así nos dan todo. No entiendo tu punto.
El chico negó.
—Es que todos ustedes lo ven como si nos hicieran un favor, pero no es así. Pueden hacernos compatibles con una Eva, es solo que no les da la gana intentar, solo hacen lo que esas máquinas dictan.
El hombre suspiró.
—¿Sabes al menos por qué estás aquí?
Tomas apretó los labios.
—N-no. Hice algo mal en alguna prueba.
—¿De casualidad no... sentías atracción por alguno de tus amigos?
El chico lo miró con algo de sorpresa y regresó su vista a la mesa, parpadeando confundido, tratando de pensar.
Sí. ¿Era eso en serio?
—Pero también estaba ansioso por tener a una Eva, cuidarla, sentir ese calor que siempre nos dijeron que nos harían sentir.
—Supongo que eso no es suficiente. No podemos fallarles en nada.
Tomas bufó en frustración.
—Claro...
—Por cierto. —El hombre lo miraba detenidamente—. Te pareces un poco a alguien de mi generación. De hecho, si tuvo un hijo, tendría tu edad.
—Quien sabe soy su clon más bien —se burló el chico.
Rio entre dientes y asintió.
—Quién sabe. Omar ya asume que tienen a un clon suyo listo para ser incubado y prepararlo para una Eva. Cuando llegue el momento, también tomarán tu material.
Tomas fingió una sonrisa apretando los labios y volvió a mirar hacia la habitación del anciano con leve tristeza.
Esa noche algunos se reunieron alrededor de la cama del anciano, observando a los drones cuidar de él.
—Tienen la tecnología para reparar su cuerpo —murmuró Tomas—. ¿Por qué no lo hacen?
—Porque no tiene una Eva. ¿Para qué? Ellas deciden, además, si te curan o no.
El chico apretó los puños. Cruzó los brazos y llevó una mano a cubrir su boca por la preocupación.
—Niño —dijo el anciano—. Tranquilo. Veré a mi Eva en mi siguiente vida. Solo nací en el momento equivocado.
Tomas negó sintiendo el nudo en su garganta.
Su amigo le puso la mano en el hombro.
—He visto esto antes. Va a estar bien —le consoló con una amable sonrisa—. Ve afuera si gustas. Nosotros lo vamos a acompañar.
El chico, sin embargo, negó.
—Voy a avisarle a las mentoras. Solo resiste, por favor —le pidió a Omar.
Salió de prisa y fue hacia el salón principal. Ahí tenían juegos, las paredes eran televisores, pero todo estaba vacío. Buscó en las esquinas hasta que vio a uno de los drones que vigilaban.
—¡Hey! —le hizo señales con los brazos—. ¡Deben venir, alguien necesita ayuda!
Pero no hubo movimiento alguno del aparato. Él gruñó y se acercó, subiendo a un sofá sin importarle estar pisando el fino mueble para alcanzar al dron.
—¡Oigan! —Finalmente el dron bajó su lente para enfocarlo y eso le dio esperanza—. Sí. Necesitamos ayuda aquí. Por favor, mi amigo está mal, el dron dice que tiene falla renal. Por favor, ayúdenlo.
Nuevamente, la pequeña máquina solo regresó su lente hacia el frente a la inmensa habitación.
Tomas chasqueó los dientes y agarró al dron para llevarlo hasta donde estaba el anciano, iniciando una alarma en la oficina de la líder.
Como ella no estaba, los drones del Edén salieron de sus bases y entraron en un corredor que se abrió solo para ellos. Bajaron a velocidad siguiendo la señal del caos.
Tomas hizo que el dron enfocara al anciano.
—¿Ven? Necesita ayuda.
—¿Qué haces? —le increparon.
Los drones dorados del Edén aparecieron y se pusieron a su alrededor.
—Por favor, libera al dron.
—¿Qué? Necesito que llamen a las mujeres, no ustedes, máquinas.
—Por favor, libere al dron.
Y otra alarma se encendió.
—Tomas, solo suéltalo. Son casi las dos de la mañana, ninguna guardiana va a venir.
El chico empezó a respirar agitado, impotente al ver al anciano sonreírle con ternura.
—Así es como se hace el caos —lo felicitó con voz débil y rió en silencio.
Cerró los ojos y se dejó descansar.
Tomas, con lágrimas en los ojos, apretó los labios y bajó la vista, soltando al dron cámara, rendido. Avanzó lento hasta la cama y se arrodilló al pie de esta. Recostó los brazos y el rostro en el colchón.
—Si es que tenía padres, espero no hayan tenido descanso. Espero que sus conciencias les hayan molestado hasta el fin de sus días.
El otro hombre sonrió apenas.
—Las cosas no son así. Si es que tenemos padres, nos retiraron del cuerpo de nuestras madres sin que ellas llegaran a vernos siquiera. Le pertenecemos al Edén, eso no es culpa de ellos.
Tomas apretaba las sábanas con sus manos.
***
—¿Cómo que puedo salir?
Estaba pasmado mirando a la líder, la mismísima líder frente a él. La anciana sonreía, aunque no era una sonrisa muy real a su parecer.
—Alguien pide por ti. Ella es muy especial.
Tomas sonrió con algo de ilusión.
—¿Eso significa que están buscando Evas para mis amigos también?
La mujer le sonrió con comprensión.
—No, lo siento. Ellos ya pasaron la edad.
El gesto de alegría se le esfumó al chico.
—¿P-por qué? Me han dicho que ahí afuera hay muchas Evas que también se quedan solas. No entiendo.
—Vas a estar bien, descuida. Pronto va a venir por ti, debes estar listo.
—Pero, pero... No.
—Drones. —Las máquinas se acercaron—. Guíenlo a su habitación aquí en este nivel para que se prepare.
Tomas supo que estaba demás insistir. Nunca los habían escuchado antes, ¿qué haría que lo hicieran ahora? Nada.
Isidora suspiró al verlo irse finalmente.
Aria había ido a insistir en que, al ser ya una Eva, tenían que darle a un Adán. Le habían ofrecido buscar uno nuevo porque Christopher ya no estaba disponible, pero la chica pidió a Tomas, específicamente.
—Sé que lo tienen aquí. Sé que está encerrado solo porque, según ustedes, no es útil. Pero si no lo dejan salir, voy a hacerlo público —había dicho la chica con determinación.
La anciana no pensó que podría llegar a saberse. Las mujeres eran discretas de todas formas, y era algo que pasaba tan pocas veces que solo unos pocos hombres lo sabían, o lo habían notado. Asumió entonces que Christopher, que era rebelde por naturaleza, había abierto la boca.
—No tenemos a nadie "encerrado", como lo dices —comentó con una falsa sonrisa—. Te aseguro que él es feliz. No somos una prisión, el Edén es su hogar.
—Lo quiero a él.
Isidora entonces aceptó, pues, ya que de todas formas dudaba que encontrarían a un nuevo Adán para la chica, y ya que se sentía ligeramente mal por haberle quitado a Christopher por las amenazas de Carmela, decidió concederle lo que pedía.
Y así, la puerta se abrió para Tomas.
El chico, muy nervioso, pudo ver el exterior del Edén en el horizonte, y en medio de toda esa visión, a una de las criaturas más curiosas que había visto.
Una chica.
Sonrió levemente tratando de contener las ansias, y se acercó.
—Buenas tardes, mi Eva.
***
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