Capítulo 9
Narrado por Bella
21 de octubre 2024
Estábamos en una pequeña cafetería a las afueras de Londres, un lugar acogedor con mesas de madera desgastadas por los años y una brisa suave que traía consigo el olor de los árboles cercanos. Bear estaba sentado a mi lado, moviendo nerviosamente sus pies bajo la mesa mientras miraba a Karen, la madre de Liam, con esa mezcla de curiosidad y afecto que siempre tenía cuando estaba con ella. A pesar de todo lo que había pasado, Karen había sido increíblemente comprensiva conmigo, incluso después de que finalmente le conté la verdad sobre Bear. Era su nieto, y aunque Liam ya no estaba, ella seguía siendo una parte importante de nuestras vidas.
Karen sonreía mientras observaba a Bear, como si lo estuviera viendo por primera vez, aunque ya habían pasado algunos meses desde que lo conoció. Cada rasgo de su nieto le recordaba a su hijo, y podía verlo en sus ojos, la forma en que a veces los miraba con nostalgia. Ella y yo habíamos quedado en vernos para tomar un café, y sobre todo, para que pudiera pasar tiempo con Bear. Sabía que lo necesitaba. Yo también lo necesitaba.
—Es tan parecido a Liam —dijo Karen suavemente, rompiendo el silencio. Su voz estaba cargada de emoción contenida—. No solo básicamente... tiene esa misma energía, esa curiosidad. Es como tener un pedacito de él aquí otra vez.
Sentí un nudo en la garganta al escucharla. Miré a Bear, quien ahora estaba absorta jugando con una servilleta, doblándola una y otra vez mientras murmuraba algo en voz baja. Liam. La mención de su nombre todavía me hacía estremecer, como si una parte de mí aún no pudiera aceptar que él ya no estaba.
—Lo sé... a veces me sorprende lo mucho que se parece a él —respondí, tratando de mantener mi voz firme—. Incluso tiene esa sonrisa traviesa que Liam siempre tuvo cuando estaba planeando algo.
Karen me miró, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas. Asintió suavemente antes de sonreír.
—Quiero comprarle un helado, ¿te parece bien? —preguntó, mirando a Bear con cariño.
—Claro, le encantará —dije, agradecida por la pausa en la conversación. Hablar de Liam siempre removía tantas emociones.
Karen se levantó y se dirigió al interior de la cafetería para comprar el helado, dejándonos a Bear ya mí solos por un momento. El aire alrededor se había calmado, y el murmullo de las conversaciones de fondo me parecía lejano, como si el mundo se hubiera vuelto más lento por un instante. Miré a Bear, quien ahora se concentraba en dibujar algo con un lápiz que había encontrado en la mesa, y me quedé pensando en todo lo que había pasado desde la muerte de Liam. A veces me sentía como si estuviera viviendo en una especie de limbo, atrapada entre los recuerdos y la realidad de seguir adelante sin él.
Fue entonces cuando un arrepentido golpe de viento sacudió las hojas de los árboles cercanos y se coló entre las mesas de la terraza. Las servilletas de papel volaron, y Bear levantó la mirada, sorprendido por la ráfaga inesperada. Alcé una mano para apartar el cabello de mi rostro, y justo en ese momento, algo aterrizó sobre la mesa, arrastrado por el viento. Un pequeño papelito, arrugado, que no estaba allí antes.
Lo tomé con curiosidad, pensando que sería solo una hoja más que había volado desde alguna mesa cercana. Pero al desdoblar, mi corazón dio un vuelco.
En el centro del papel, con líneas sencillas pero inconfundibles, había un dibujo: cuatro flechas. Mi respiración se cortó. Lo reconocí al instante. Era el tatuaje de Liam , el mismo que tenía en su brazo derecho, el que simbolizaba la fuerza, la unidad, y todo lo que él valoraba. Sentí un escalofrío recorrerme, como si una corriente invisible me envolviera.
—No puede ser —murmuré, mientras mis manos temblaban ligeramente al sostener el papel.
Miré a mi alrededor, esperando encontrar una explicación lógica, pero no había nadie prestando atención a nuestra mesa. Nadie parecía haber dejado caer ese papel. Volví a concentrarme en él, y con dedos temblorosos, giré el pequeño trozo de papel para ver si había algo más. Al hacerlo, mi corazón se detuvo por completo.
"Little things."
Las palabras estaban escritas con una caligrafía que conocía demasiado bien. La letra de Liam. Esa letra desordenada pero dulce, que había visto en cartas, notas y pequeños mensajes que me dejaba en nuestros momentos juntos. Reconocí cada curva de las letras, como si las hubiera visto ayer, como si el tiempo no hubiera pasado.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos. "Little Things" era nuestra canción, la que siempre me cantaba en privado cuando nadie más estaba cerca. Solía decirme que la letra le recordaba a mí, a las pequeñas cosas que él amaba y que nadie más notaba. Ver esas palabras ahora, en ese papel que había aparecido de la nada, me hizo sentir como si una parte de él aún estuviera aquí, tratando de llegar a mí.
—Mamá, ¿estás bien? —La voz de Bear me sacó de mi ensimismamiento.
Parpadeé, tratando de contener las lágrimas antes de mirar a mi hijo. Asentí lentamente, sonriendo a pesar de la confusión que me invadía.
—Sí, cielo. Solo... solo me he sorprendido un poco.
—¿Por qué? —preguntó, inclinándose hacia el papel en mis manos, curioso.
Antes de que pudiera responder, Karen regresó con el helado de Bear en la mano, rompiendo el extraño y silencioso momento. Me apresuré a guardar el papel en mi bolso, sintiendo una mezcla de miedo y alivio. ¿Qué estaba pasando? ¿Era una coincidencia? ¿O había algo más?
—Aquí tienes, cariño —dijo Karen con una sonrisa, entregándole el helado a Bear, quien rápidamente lo ganó con entusiasmo.
Karen se sentó frente a mí, sin notar el leve temblor en mis manos o la confusión en mis ojos. Traté de mantenerme tranquila, pero mi mente seguía dando vueltas al pequeño papel que acababa de encontrar. Algo dentro de mí me decía que no era una simple coincidencia, que de alguna forma, Liam seguía intentando hablarme.
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