Capítulo 4
Narrado por Bella
30 de marzo 2011
El pasado me llama de nuevo, como un eco que nunca deja de resonar en mi mente. El día en que nos reencontramos, después de aquella fiesta, es uno de esos recuerdos que nunca desaparecen. La vida ya no era la misma desde que nuestras miradas se cruzaron por primera vez. Algo había cambiado dentro de mí, como si Liam hubiera dejado una marca invisible pero indeleble en mi alma.
Era el concierto de One Direction en Londres, uno de esos grandes espectáculos que paralizaban la ciudad. Las entradas habían sido imposibles de conseguir, pero, por alguna razón que aún me desconcierta, decidí ir. No tenía entradas, ni planes de colarme en el backstage. Solo quería sentirme un poco más cerca de él, aunque fuera desde lejos, aunque solo pudiera verlo brillar bajo las luces del escenario mientras cantaba para miles de personas.
Mi hermana, Emma, era la responsable de que estuviera allí. Ella consiguió las entradas, sabiendo que, aunque yo fingía que lo nuestro había sido un encuentro casual, en el fondo me moría por verlo de nuevo. "Solo una coincidencia más", me decía a mí misma mientras el estadio comenzaba a llenarse de gritos emocionados y las luces se atenuaban.
El lugar era un caos de energía. Miles de fans gritaban los nombres de los chicos antes de que salieran al escenario. El estadio vibraba con la emoción contenida, y en medio de todo eso, yo me sentía pequeña, perdida en una multitud de gente que compartía una admiración que, para mí, era mucho más personal.
Cuando las luces finalmente se apagaron y los primeros acordes comenzaron a sonar, todo el estadio explotó. La banda apareció en el escenario, y durante unos segundos, me quedé congelada. Mis ojos se enfocaron automáticamente en él. Liam estaba allí, exactamente como lo recordaba. Vestido con su estilo habitual, con una energía que irradiaba seguridad y confianza, pero con una sonrisa que todavía conservaba esa calidez que me había conquistado desde la primera vez.
Traté de mantener la compostura. Sabía que él no me vería entre la multitud; era imposible. Sin embargo, una parte de mí no podía evitar desearlo. Me perdí en la música, cantando junto a las demás chicas, intentando disfrutar el espectáculo sin pensar demasiado en lo que había entre nosotros, en lo que pudo haber sido.
Pero entonces ocurrió lo impensable.
En medio de una de las canciones, durante un pequeño interludio en el que los chicos hablaban con el público, mi corazón se detuvo. Lo vi mirar hacia nuestra zona. Al principio pensé que era pura coincidencia, que simplemente estaba dirigiendo su atención hacia la multitud de manera general. Pero luego, sus ojos se detuvieron, y el mundo pareció ralentizarse.
Liam me vio.
Lo supe en el momento en que su sonrisa cambió, transformándose en algo más personal, más íntimo. Su mirada se encontró con la mía, y por un segundo, me quedé sin aliento. El ruido del estadio desapareció. No había miles de fans gritando ni luces cegadoras. Solo estábamos él y yo, conectados de nuevo, como si el universo nos hubiera entregado ese momento en bandeja de plata.
Su expresión fue una mezcla de sorpresa y alegría. Levantó una ceja y, por un instante, casi pude ver los engranajes en su mente girando, reconociéndome entre la multitud. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras me preguntaba si todo aquello estaba realmente pasando o si simplemente me lo había imaginado.
Pero entonces, hizo algo que confirmó que no era mi imaginación.
Liam se inclinó hacia Harry, le dijo algo rápido al oído mientras señalaba discretamente en mi dirección. Harry sonrió y asintió con la cabeza. En ese momento, supe que Liam me había reconocido. Estaba tan sorprendida que apenas podía reaccionar. Me sentía como una espectadora en mi propia vida, viendo cómo todo se desenvolvía ante mí sin poder hacer nada.
Durante el resto del concierto, nuestras miradas se encontraron varias veces. Él, desde el escenario, cantando con toda su energía para el público, y yo, en la multitud, sintiendo que cada nota que salía de su boca estaba destinada a mí. Era surrealista, y al mismo tiempo, tenía perfecto sentido. Porque, en el fondo, sabía que nuestra historia no había terminado aquella noche en la fiesta. Había algo más entre nosotros, algo que ni el tiempo ni la distancia podían borrar.
Cuando el concierto terminó y las luces se encendieron, la gente comenzó a dispersarse. Emma me miró con una mezcla de confusión y emoción.
—¡Dios, Bella! ¿Viste cómo te miraba? ¡Liam Payne te estaba mirando toda la noche!
Intenté sonreír, pero mi mente estaba en otro lugar. Mi corazón estaba a punto de estallar, y una parte de mí no sabía qué hacer con todas las emociones que me invadían. Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró en el bolsillo. Lo saqué, con la esperanza de que fuera algo insignificante, un mensaje de mi hermana o una notificación al azar.
Pero no.
Era un mensaje de un número que no reconocía, pero no necesitaba hacerlo. Sabía perfectamente quién era.
"No puedo creer que estuvieras allí. ¿Puedes quedarte un rato más? Me encantaría verte."
Liam.
Mi corazón dio un vuelco, y por un segundo, no supe cómo reaccionar. Miré a Emma, que me observaba con los ojos bien abiertos, entendiendo de inmediato lo que había pasado.
—Ve —me dijo, empujándome suavemente—. No puedes dejar pasar esto.
Y no lo hice.
Minutos más tarde, estaba caminando por los pasillos del estadio, guiada por uno de los miembros del equipo. Las manos me temblaban y mi cabeza giraba con mil pensamientos. Al llegar a una puerta marcada como privado, respiré hondo antes de que se abriera, y allí estaba él. Liam. Más cercano, más real, y con esa sonrisa que me había cautivado desde el primer momento.
—Bella —susurró, como si no pudiera creer que estuviera allí, y dio un paso hacia mí—. No pensé que te volvería a ver.
Nos quedamos en silencio por un momento, mirándonos, hasta que finalmente rompí el hielo.
—Yo tampoco lo pensé... pero aquí estamos.
Y entonces, sin decir más, me abrazó. Fue un abrazo cálido, fuerte, como si en ese instante, todo el tiempo que habíamos pasado separados desapareciera. Estábamos de nuevo en ese lugar que solo nosotros dos entendíamos, donde las palabras eran innecesarias.
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