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Capítulo 32

Narrado por  Bella

7 de julio 2012

Volver a Londres después de la gira era como regresar a otro mundo. El tour había sido un torbellino de ciudades, escenarios y emociones, y tanto Liam como yo estábamos agotados, pero felices. Al cruzar la puerta de nuestra casa, sentí el alivio de la familiaridad: el suave aroma a lavanda del difusor, el sillón cómodo donde tantas veces nos habíamos quedado dormidos juntos y nuestras fotos, en cada rincón.

—Bienvenida a casa, Bella. —Liam cerró la puerta detrás de nosotros y me abrazó por la cintura, besándome la frente.

—No hay lugar como nuestra casa, ¿verdad? —susurré, sintiendo cómo su sonrisa crecía contra mi piel.

—Oh, casi lo olvido. —Liam metió una mano en el bolsillo y sacó una pequeña cajita aterciopelada, de esas que suelen guardar anillos de compromiso.

Lo miré, sorprendida y casi sin aliento. Mi corazón empezó a latir rápidamente y solté, casi en un grito:

—¡No puede ser! Liam, somos muy jóvenes para casarnos, ni siquiera he pensado en nada de eso, y... —mi voz temblaba de nervios, y las palabras salían atropelladamente.

Liam se echó a reír, sujetándome con suavidad por los hombros.

—Espera, espera —dijo entre risas—. No, Bella. No es lo que piensas. Solo es un anillo... es un regalo, porque hoy cumplimos un año desde que te pedí que fueras mi novia. No pretendía asustarte así.

Mis mejillas se sonrojaron mientras me llevaba una mano al pecho, recuperando el aliento. Me sentía tonta y, a la vez, emocionada. Él me mostró el anillo: era un aro sencillo, con una piedra pequeña pero brillante, y en su interior llevaba grabada la fecha en que todo había comenzado.

—Oh, Liam, es precioso... —le susurré, sintiéndome abrumada de amor. De repente, me sentí terriblemente culpable por no haberle comprado nada.

—Siento no tener nada para ti —admití, bajando la mirada, pero él me levantó la barbilla con ternura.

—Tú eres mi regalo, Bella. —Sus palabras se sintieron tan sinceras, tan directas, que mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

El ambiente se transformó en un instante; la dulzura dio paso a una intensidad profunda que llenaba cada rincón de la habitación. Liam acarició mi mejilla y acercó su rostro al mío, besándome con suavidad, pero a medida que el beso avanzaba, se tornó más profundo, más urgente. Sentí sus manos recorrer mi espalda, mientras me pegaba a él, como si la cercanía no fuera suficiente.

Me llevó al sofá, y me tumbó suavemente, sus labios bajando desde mi cuello hasta mis clavículas, mientras mis manos se deslizaban por su cabello y sus hombros. Mi respiración se volvió pesada y entrecortada, mientras él me susurraba palabras dulces y promesas de amor que me hacían estremecer. Entre caricias y risas, nuestras miradas se cruzaron, y en ese instante entendí cuánto significaba todo esto para los dos.

Después de un rato, ambos nos quedamos en silencio, agotados y abrazados, con mi cabeza apoyada en su pecho mientras sentía el ritmo constante de su corazón.

—¿Crees que alguien más tenga una relación tan perfecta como la nuestra? —susurré, jugueteando con los botones de su camisa.

—No, ni de lejos —respondió, dándome un pequeño beso en la coronilla.

Entonces, la puerta se abrió de golpe, y Emma y Zayn aparecieron, con una expresión nerviosa y emocionada en el rostro.

—Hey, chicos, tenemos que contarles algo —dijo Emma, tomando la mano de Zayn—. ¡Estamos juntos! Y... también hemos pensado en vivir juntos.

Liam soltó una carcajada. —¡Copiones! Justo cuando pensábamos que éramos los únicos locos —bromeó.

Nos reímos juntos y luego les felicitamos, sabiendo lo que significaba para ambos dar ese paso.

—¿No es increíble? —dijo Emma, abrazándome mientras Zayn hablaba en voz baja con Liam.

—Sí, es que... sabía que algo había entre ustedes, se notaba a kilómetros de distancia. —Le sonreí, feliz por mi hermana y mi amigo.

Un rato después, Harry y Louis llegaron y, como siempre, empezaron a bromear entre ellos, empujándose y lanzándose comentarios que hacían que el ambiente se llenara de risas y chispas. No podía evitar notar las miradas entre ellos, como si una especie de complicidad especial los uniera de una manera que ni ellos mismos entendían del todo.

—¿Quieren dejar de discutir y sentarse ya? —dije, riéndome mientras se acomodaban en el sofá.

—Vamos, Bella, no nos eches el sermón —respondió Louis, sonriendo y guiñándome un ojo.

—¡Es que siempre están así! —exclamé, mientras todos se reían. Aunque, en el fondo, sentía que esa "discusión constante" era solo una manera de disimular algo más profundo.

Por último, apareció Niall, con una gran bolsa de comida, que claramente había decidido traer para unirse a nuestra improvisada reunión.

—Aquí está el irlandés que faltaba —bromeó Liam, dándole una palmada en el hombro.

—Sí, me di cuenta de que nadie pensó en traer comida, ¿verdad? —respondió Niall, sonriendo y poniendo la bolsa sobre la mesa.

—Eso es porque tú siempre traes comida, así que ya sabemos que no necesitamos preocuparnos —dije, provocando risas de todos.

Nos acomodamos en la sala, comiendo, bromeando, hablando de las aventuras de la gira y de los planes futuros, riendo y compartiendo recuerdos. Nos sentíamos como una familia, una familia peculiar, quizá, pero una a la que todos pertenecemos. 

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