Capítulo 12
29 de agosto 2011
Narrado por Liam:
El sol brillaba con fuerza aquel día, reflejándose en la piscina como pequeños destellos de luz. Todo estaba preparado para celebrar mi cumpleaños número 18: una fiesta tranquila, solo los chicos y algunos amigos cercanos. La banda tenía un día libre, algo raro en medio de las giras y compromisos, y lo habíamos aprovechado al máximo. Pero lo que realmente hacía que este día fuera especial era Bella.
Desde que había llegado, no podía apartar los ojos de ella. Estaba radiante, sonriendo, riendo con los chicos, moviéndose al ritmo de nuestras canciones que sonaban en el altavoz. Y en su bikini azul, parecía resplandecer más que el mismo sol. Cada vez que la veía bailar, con su cabello suelto moviéndose al compás de la música, no podía evitar sentir una mezcla de admiración, deseo, y algo mucho más profundo que no podía poner en palabras.
Nos habíamos acercado tanto en tan poco tiempo que todo con ella parecía fácil, natural. Pero al mismo tiempo, había algo en su presencia que me hacía sentir una dulce ansiedad, una tensión en el pecho que solo quería liberarse. Estaba enamorado de ella , lo sabía. Y cada vez que la veía, ese sentimiento se intensifica.
Zayn, siempre observador y con su peculiar sentido del humor, se me acercó mientras yo la miraba desde una tumbona, con una sonrisa que lo decía todo.
—Hermano, no puedes seguir así —dijo, dándome un ligero golpe en el brazo—. ¿Cuánto tiempo vas a seguir babeando por ella sin hacer nada?
—¿De qué hablas? —respondí, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
Zayn soltó una risa burlona, mientras sacaba un cigarro y lo encendía.
—Vamos, Liam. Es evidente para todos. La forma en que te mira... y cómo la miras tú. Hay algo ahí. Y déjame decirte, ella nunca va a poner pegas. Está loca por ti. Todos lo sabemos.
Me mordí el labio, desviando la mirada hacia ella. Era cierto , lo sentía cada vez que Bella me sonreía o cuando nuestras manos se rozaban por accidente. Había química entre nosotros que era imposible ignorar. Pero aún así, había algo en mí que me hacía dudar, que me mantenía cauteloso. ¿Y si das el paso y las cosas no resultan como esperabas?
Zayn, como si leyera mi mente, me dio una palmada en la espalda.
—Hazlo, tío. Confía en mí. No tienes nada que perder y todo por ganar. Mirala, está más feliz que nunca. Y lo estará aún más si te acercas.
Suspiré, pero no pude evitar sonreír. Zayn tenía razón . Bella me había mostrado en más de una ocasión que sentía lo mismo que yo, aunque ninguno de los dos lo hubiera dicho en voz alta todavía. Además, había algo en el ambiente, en esa noche cálida y en la forma en que nuestras miradas se habían cruzado durante todo el día, que me daba el valor que necesitaba.
La fiesta continuó, las risas y la música llenando el aire mientras el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. Las luces de la piscina brillaban con un resplandor suave y, poco a poco, las personas empezaron a marcharse. Al final, solo quedamos los chicos, Bella y yo, disfrutando de la paz que llegaba con la noche.
— ¿Quieres dar un paseo? —le preguntó a Bella en un susurro, acercándome mientras todos los demás estaban distraídos.
Ella me miró con esos ojos brillantes que siempre me dejaban sin aliento y asintiendo, sonriendo.
Nos alejamos de la piscina y caminamos en silencio hacia una pequeña terraza que daba vista al agua. El sonido del viento suave y el susurro lejano de las olas contra el borde de la piscina crearon una atmósfera perfecta. Todo parecía mágico.
—Me encanta verte tan feliz —dije finalmente, rompiendo el silencio, mientras nos apoyamos en la barandilla.
Bella se giró hacia mí, con una sonrisa juguetona.
—¿Feliz por estar en tu cumpleaños o por bailar como loca con tus canciones?
Me reí, sintiendo un calor en el pecho al verla tan desinhibida y libre.
—Por ambas cosas, supongo. Pero, sobre todo, porque te tengo aquí.
Bella me miró, sus ojos encontrándose con los míos de una manera que hizo que el mundo a nuestro alrededor pareciera detenerse. Sabía lo que venía , lo podía sentir en la tensión que había entre nosotros, de la manera en que su cuerpo se inclinaba levemente hacia el mío, en cómo sus labios parecían temblar ligeramente.
—Liam... —dijo, su voz suave—. Creo que llevamos evitando esto demasiado tiempo.
—Lo sé —respondí, acercándome un poco más—. Es solo que... no quería arruinarlo.
—No vas a arruinar nada.
Ese fue el momento en que el último vestigio de duda se desvaneció de mi mente. Me acerqué más, sintiendo su respiración mezclarse con la mía, y cuando nuestros labios finalmente se encontraron, fue como si una corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo.
El beso comenzó suave, dulce, como si ambos estuviéramos probando el terreno. Pero pronto se volvió más intenso, más urgente. La necesidad de estar cerca de ella, de sentirla, era abrumadora. Bella respondió con la misma pasión, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello, mientras yo la atraía más hacia mí.
Nos alejamos lentamente de la terraza, sin dejar de besarnos, hasta que encontramos una pequeña cabaña donde el equipo solía guardar las toallas. El lugar estaba oscuro y silencioso, pero no nos importaba. Era nuestro pequeño refugio en ese momento, solo nosotros dos, sin nada más que la noche y el deseo que compartiéramos.
— ¿Estás segura? —le susurré, mirándola a los ojos, queriendo asegurarme de que esto era lo que ambos queríamos.
Ella me asintió, acariciando mi rostro con una ternura que me hizo sentir completo.
—Más que nunca.
Con esas palabras, cualquier duda que pudiera haber desaparecido. Todo en ese momento fue mutuo, cada toque, cada caricia, cada beso. Nos entendimos sin necesidad de palabras, y lo que siguió fue un instante de pura conexión, de intimidad. Estar con Bella, de esa manera, fue más que físico. Fue como si finalmente todas las piezas encajaron, como si nuestras almas se reconocieran en ese instante.
Cuando finalmente nos quedamos tendidos juntos, con nuestras respiraciones entrelazadas y el sonido lejano de la fiesta muriendo a lo lejos, supe que ese momento no lo olvidaría nunca. Bella no era solo alguien especial en mi vida; era la persona con la que quería compartir cada parte de mí.
—Feliz cumpleaños, Liam —susurró ella, acurrucándose a mi lado.
La abracé con fuerza, con una sonrisa que no podía borrar de mi rostro.
—El mejor cumpleaños de todos.
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