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y al fin abrio los ojos.....

Izuku Hatake no era alguien que pasara desapercibido. No porque buscara llamar la atención, sino porque su presencia era imposible de ignorar.

La sala recreativa de los dormitorios estaba en calma. Las luces cálidas proyectaban sombras suaves en las paredes, mientras el leve murmullo de la televisión y el sonido ocasional de un control golpeando la mesa indicaban que algunos estudiantes aún mataban el tiempo antes de dormir. Afuera, la noche ya cubría la academia con su manto oscuro.

En uno de los sillones más apartados, cerca de una de las lámparas de lectura, Izuku estaba recostado con una pierna sobre la otra, sujetando con una mano un libro de pasta roja y letras doradas, Icha Icha Paradise. Con la otra, giraba despreocupadamente una página, como si la historia fuera lo único que le interesaba en ese momento.

Su cabello blanco y desordenado contrastaba con la sobriedad del lugar. Bajo la tenue iluminación, los reflejos plateados de su melena parecían moverse con cada leve inclinación de su cabeza. Sus ojos, normalmente apagados y fríos, recorrían las líneas con un aire sereno. Aún con la mascarilla cubriendo la mitad inferior de su rostro, su semblante transmitía una tranquilidad absoluta, como si el caos del día no pudiera tocarlo en este momento.

El negro de su camiseta ancha se fundía con la sombra del sillón, pero sus brazos eran otra historia. La luz resaltaba los intrincados tatuajes que cubrían su piel desde la muñeca hasta el codo, figuras de bestias y símbolos desconocidos en tinta oscura, moviéndose sutilmente con cada giro de página. Su postura era relajada, pero su presencia seguía siendo intimidante.

A su lado, sobre la mesita baja, descansaba un vaso con agua a medio terminar y su teléfono boca abajo, ignorado. A pesar de que había otros en la habitación, ninguno se atrevía a interrumpirlo. No porque diera miedo exactamente, sino porque había algo en él, en su forma de existir, que hacía que los demás dudaran antes de siquiera dirigirle la palabra.

El sonido del papel deslizándose bajo sus dedos fue interrumpido abruptamente por un golpe seco contra la puerta. Izuku no alzó la vista de inmediato, pero sus ojos dejaron de moverse entre líneas.

La calma de la sala recreativa se hizo añicos cuando Kyoka Jiro irrumpió en la habitación como una tormenta. Su mandíbula estaba tensa, los ojos afilados como navajas y sus audífonos vibraban con un ligero tic de impaciencia. Se paró en el umbral, con los puños apretados y la respiración agitada, buscando a alguien con la mirada.

Jiro: ¿Dónde está Kaminari? -soltó, con una mezcla de enojo y ansiedad en la voz.

El silencio que siguió fue delatador. Izuku lo notó de inmediato. Algunos chicos se removieron en sus asientos, demasiado interesados de repente en la televisión. Un par de chicas bajaron la vista, fingiendo estar absortas en sus teléfonos. Otros simplemente se quedaron tiesos, atrapados en la tensión del momento.

La boca suelta de Denki lo había metido en problemas otra vez. Todos sabían que tenía una cita con Jiro, pero ella estaba aquí, y él... no.

Uno a uno, los chicos comenzaron a negar con la cabeza. Algunos lo hicieron nerviosos, con una ligera tartamudez en la voz. Las chicas lo hicieron con más seguridad, pero evitaban hacer contacto visual con Jiro, lo que solo la irritaba más.

Izuku, por su parte, no se movió. Solo cerró su libro con un movimiento pausado, dejó caer su brazo sobre el reposabrazos del sillón y finalmente la miró.

Izuku: Arriba. -Su voz fue tan tranquila que contrastó con la tensión en el aire-. Pero no te va a gustar lo que encontraras.

Y con eso, volvió a abrir el libro, pasando la página con absoluta indiferencia.

El aire se volvió más denso.

Un par de segundos después, las miradas de todos estaban sobre él, cargadas de fuego y juicio.

Kyoka frunció el ceño, su desconfianza evidente.

Kyoka: ¿Qué quieres decir con eso? -preguntó, cruzándose de brazos.

Izuku no se molestó en mirarla. Solo pasó la página con calma, su tono tan neutral como si estuvieran hablando del clima.

Izuku: El mundo de cada persona muchas veces se reduce a aquellos en quienes confía -dijo, su voz rasposa pero firme-. No soy particularmente amigo de nadie aquí, pero tampoco soy una basura que tapa la indecencia y la traición de las personas.

Kyoka lo miró, sin saber si estaba exagerando o si realmente debía preocuparse.

Kyoka: Si tienes dudas... -continuó Izuku, girando otra página-, te recomiendo visitar la habitación de tu mejor amiga.

Ella parpadeó, confusa.

Kyoka: ¿Momo?

Izuku no respondió. No necesitaba hacerlo.

Un segundo después, Kyoka giró sobre sus talones y salió disparada hacia las escaleras. El silencio en la sala fue reemplazado por sus pasos apresurados subiendo los escalones de dos en dos, seguidos de un golpe seco contra una puerta.

Y luego, los gritos.

El estruendo de la puerta al abrirse de golpe sacudió los dormitorios.

Kyoka: ¡¿QUÉ MIERDA ESTÁS HACIENDO, DENKI?!

El sonido de algo cayendo, posiblemente un adorno o una lámpara, retumbó. Luego, una voz tartamudeante y nerviosa respondió:

Denki: ¡Kyoka, no es lo que parece!

Kyoka: ¡¿No es lo que parece?! -repitió ella con una risa amarga-. ¡Te encuentro en la cama con Momo y me dices que no es lo que parece! ¡¿QUÉ MÁS DEBERÍA PARECERME?!

Denki: ¡Yo... yo...!

Kyoka: ¡CÁLLATE!

Desde la sala recreativa, todos los presentes escuchaban con los ojos abiertos como platos. Nadie se atrevía a decir nada, solo tragaban saliva mientras el caos arriba se intensificaba.

Momo: Jiro, espera... -la voz de Momo era apenas un murmullo, pero se notaba la culpa goteando de cada palabra-. No queríamos que lo descubrieras así...

Kyoka: ¡¿Ah, sí?! -se burló con rabia-. ¡¿Querían decírmelo después de cuánto tiempo, eh?! ¡¿Cuándo tuviera un maldito anillo en mi dedo?!

Un golpe seco resonó. No parecía un puñetazo, más bien algo siendo estampado contra la pared.

Denki: ¡Tienes que entender...!

Kyoka: ¡¿ENTENDER QUÉ?! -estaba desatada-. ¡¿QUE ME ENGAÑASTE CON MI MEJOR AMIGA?! ¡¿QUE MIENTRAS YO COMO UNA IDIOTA TE ESPERABA CON ILUSIÓN, TÚ TE LA ESTABAS COGIENDO EN MI PROPIO MALDITO DORMITORIO?!

Más sonidos de forcejeo, tal vez Kyoka había empujado a alguien en su furia.

Momo: Jiro, por favor, baja la voz...

Kyoka: ¡¿QUE BAJE LA VOZ, MOMO?! ¡CÓMO SE NOTA QUE LA MIERDA NUNCA TE AFECTA A TI!

El alarido final de Kyoka dejó en claro que la confrontación estaba lejos de terminar, pero abajo, la tensión se había vuelto sofocante.

Algunos intentaban mirar a otro lado, fingiendo que no eran parte de la audiencia de la desgracia ajena. Otros parecían al borde de intervenir, pero nadie tenía el valor de hacerlo.

Hasta que uno de los chicos, uno que probablemente tenía más boca que cerebro, murmuró lo que muchos pensaban:

Mineta: No debiste meterte en su relación, Hatake...

Y fue entonces cuando Izuku cerró su libro con un chasquido seco.

Todos en la sala se estremecieron.

El peliblanco alzó la vista con una calma inquietante.

Izuku: Eso no era una relación -dijo, su voz firme pero sin necesidad de elevarse-. Y si alguien tiene algo en contra de mi opinión, puede decírmelo de frente.

El silencio descendió como una lápida.

Nadie se atrevió a responder. Nadie osó contradecirlo.

Porque Izuku Hatake no era solo alguien con una actitud de mierda y una lengua afilada. Era uno de los tres más fuertes de la clase, junto con Bakugo y Todoroki.

Si alguien tenía los cojones de enfrentarlo, que diera un paso adelante.

Nadie lo hizo.

Izuku, satisfecho con la falta de reacción, se acomodó en el sillón y volvió a abrir su libro, pasando la página con tranquilidad.

Arriba, los gritos continuaban.

Abajo, solo había hipocresía y conversaciones moralistas en bocas que no tenían derecho a juzgar.

El peso del silencio seguía hundiendo la sala, tan espeso que apenas y dejaba respirar. Pero no todos estaban dispuestos a dejarlo así.

Sero y Mineta intercambiaron una mirada antes de dar un paso al frente. El primero parecía incómodo, como si estuviera pisando hielo delgado. El segundo, aunque nervioso, tenía la determinación de alguien que sabía que su amigo estaba en la mierda y que, por más jodido que fuera, alguien tenía que defenderlo.

Sero: Vamos, Hatake... -suspiró, rascándose la nuca-. No puedes simplemente ponerte en plan de juez y verdugo.

Mineta: Sí... o sea, lo que hizo Denki estuvo mal, pero... -trató de sonar convincente, aunque su voz tembló un poco cuando Izuku giró lentamente la mirada hacia él-. No puedes tratarlo como si fuera el peor ser humano del mundo por cometer un error.

Izuku no dijo nada al instante. Solo dejó que su mirada recorriera a los dos, evaluándolos con la misma calma con la que alguien observaría a dos insectos atrapados en una tela de araña.

Arriba, Kyoka seguía desahogándose, su voz desgarradora rasgando la calma del pasillo y filtrándose por cada grieta de los muros.

Kyoka: ¡Tiraste TODO a la basura, Denki! ¡AÑOS de amistad, SEIS MESES de relación! ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ, MALDITA SEA?!

El golpe de algo contra la pared hizo que algunos en la sala recreativa se removieran en sus asientos. Nadie se atrevía a subir. Nadie tenía el derecho de interrumpir eso.

Izuku, por su parte, simplemente volvió la mirada a los dos que habían osado abrir la boca.

Izuku: ¿Un error? -su voz era tranquila, sin ira, sin burlas. Solo una pregunta sin emociones.

Mineta tragó saliva.

Mineta: Bueno... sí.

Izuku inclinó la cabeza levemente, como si estuviera considerando su respuesta con un mínimo de interés.

Izuku: Interesante -cerró su libro con calma-. Supongamos que lo fue.

Su tono era relajado, pero el aire a su alrededor se sentía más pesado, más denso.

Izuku: Un error es olvidar una fecha importante. Un error es decir algo estúpido sin pensar. Un error es tropezar con una piedra en el camino.

Izuku: Pero mentir, engañar, jugar con los sentimientos de alguien a quien se supone que quieres... eso no es un error.

Mineta apretó los dientes.

Mineta: ¡Vamos, Hatake, no lo jodas más! ¡Ni siquiera lo estás viendo desde su lado! ¡No sabes por qué lo hizo!

Izuku lo miró con una expresión ilegible.

Izuku: Ah, claro -dijo con ironía-. Porque seguramente había una excelente razón para follarse a la mejor amiga de su novia.

Sero: ¡No es eso! ¡Mira, sé que lo que hizo está mal, pero tampoco puedes reducir todo a una cuestión de blanco y negro! ¡Las relaciones son complicadas, las emociones lo son!

Izuku entrecerró los ojos.

Izuku: Complicadas -repitió, como si estuviera probando la palabra en su boca.

Sero: Sí.

Izuku lo miró por unos segundos más, antes de soltar un suspiro bajo.

Izuku: Dime algo, Sero... si tú tuvieras una novia, alguien en quien confías, alguien con quien compartes tu vida, ¿qué pensarías si, mientras tú le eres fiel y la respetas, ella se mete en la cama con tu mejor amigo?

Sero se tensó.

Sero: Eso no...

Izuku: No qué -lo interrumpió con frialdad-. ¿No dolería? ¿No te destrozaría?

El silencio de Sero fue suficiente.

Izuku: No hay un gris en esto. Denki traicionó a alguien que lo amaba y confió en él. No intenten justificarlo.

Mineta frunció el ceño.

Mineta: Pero...

Izuku: Pero nada -lo cortó con una calma escalofriante-. No pueden defender lo indefendible.

Los murmullos que antes rondaban en la sala habían desaparecido. Todos los que habían estado observando ahora solo podían mirar la escena sin atreverse a decir una palabra.

Arriba, Kyoka todavía gritaba, y cada palabra que salía de su boca hacía que el aire se volviera aún más insoportable.

Kyoka: ¡TANTOS MOMENTOS QUE FUERON ESPECIALES PARA MÍ, PARA TI SOLO FUERON MENTIRAS! ¡¿CUÁNTO TIEMPO LLEVABAS ENGAÑÁNDOME, EH?! ¡¿CUÁNTO, DENKI?!

Denki: ¡Jiro, por favor, déjame explicarte...!

Kyoka: ¡NO QUIERO OÍR NADA!

El golpe de algo rompiéndose hizo que algunos en la sala recreativa se sobresaltaran.

Izuku miró de reojo hacia las escaleras, luego desvió la mirada de vuelta a Sero y Mineta.

Izuku: Es curioso -dijo con una mueca apenas perceptible-. Antes de que todo esto explotara, ninguno de ustedes se preocupó por su amigo.

Sero frunció el ceño.

Sero: ¿De qué hablas?

Izuku: Me refiero a que nunca lo aconsejaron. Nunca le dijeron que estaba haciendo algo estúpido. Nunca le dijeron que se detuviera. Solo ahora, cuando la mierda ya tocó el ventilador, intentan defenderlo.

Mineta se quedó en silencio.

Izuku: No es por él. Es por ustedes. Porque ahora que todo se fue a la mierda, su grupo de amigos se está desmoronando. Porque prefieren quedarse con una mentira cómoda antes que enfrentar la realidad.

Los dejó callados.

Frustrados.

Izuku, satisfecho con la falta de respuesta, simplemente volvió a abrir su libro y pasó la página con calma.

Arriba, Kyoka seguía gritando.

Abajo, solo había hipocresía disfrazada de lealtad.

La conversación no había terminado. Aunque Izuku los había dejado sin palabras, ninguno de ellos quería aceptar la realidad sin luchar.

Sero fue el primero en intentar retomar el control.

Sero: Vamos, Hatake, hablas como si fueras un santo. Como si, en su lugar, tú no hubieras hecho lo mismo.

Izuku ni siquiera levantó la mirada de su libro.

Izuku: No me compares.

Mineta: ¿Por qué no? -insistió, intentando sonar desafiante-. Momo y Kyoka son completamente diferentes. Momo es hermosa, sofisticada, inteligente... mientras que Kyoka es más... ya sabes, ruda, cerrada, más difícil de tratar.

Mina: No digas eso así... -intervino, aunque su tono no sonaba completamente en desacuerdo.

Hagakure: Pero... tiene un punto. No digo que lo que hizo Denki esté bien, pero... es obvio que entre Kyoka y Momo hay una diferencia...

Izuku chasqueó la lengua.

Izuku: ...

El silencio en su voz fue como el filo de una cuchilla. Cerró su libro de golpe, y cuando levantó la mirada, todos sintieron cómo el aire se volvía más denso.

Su ojo izquierdo, que siempre había tenido ese tono verde característico, ahora resplandecía con un rojo profundo. Tres aspas giraban lentamente alrededor de su pupila, como si fueran un engranaje en movimiento.

Mineta sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Mina y Hagakure dieron un paso atrás sin darse cuenta.

Izuku: Así que, según ustedes, ¿porque una es más refinada que la otra, eso justifica la traición? -su voz era baja, pero cada palabra resonaba con peso.

Sero intentó recomponerse.

Sero: No estamos diciendo eso...

Izuku: Claro que lo están diciendo. Lo disfrazan de una excusa elegante, pero al final lo que intentan justificar es la misma mierda.

Mineta se armó de valor para insistir.

Mineta: Solo digo que... es fácil hablar cuando no estás en esa situación.

Izuku entrecerró los ojos.

Izuku: ¿Así que ahora me acusan de hablar desde la ignorancia?

Mina: No de esa forma...

Izuku: Entonces explícame.

Hagakure: Solo que... bueno, si estuvieras en su lugar, con una chica increíble como Momo que te da atención, te mira con esos ojos... ¿de verdad dirías que la rechazarías?

Izuku permaneció en silencio por un momento.

Izuku: Sí.

La respuesta fue rápida. Corta. Certera.

Sero frunció el ceño.

Sero: ¿Así de fácil?

Izuku: No es fácil. Es respeto.

De nuevo, silencio.

Izuku: Entiendan esto: Kyoka y Momo son dos personas completamente diferentes, pero ambas valen lo mismo. Sus diferencias no hacen que una sea más valiosa que la otra. Sus personalidades no cambian el hecho de que traicionar a una es un acto de mierda.

Su sharingan giró lentamente en su ojo izquierdo.

Izuku: No intenten defender lo indefendible. No intenten hacerme dudar de algo que está claro. No soy como ustedes. No voy a justificar el engaño con deseos o instintos básicos.

Izuku: Si yo estuviera en su lugar, respetaría a cualquiera de las dos. No porque sea mejor que él, sino porque sé lo que es perder algo valioso. Y porque, aunque no lo crean, todavía hay personas que no cambian su lealtad por una cara bonita o un cuerpo atractivo.

Mineta tragó saliva.

Mineta: ...

Hagakure desvió la mirada, sintiéndose extrañamente avergonzada.

Mina, por otro lado, apretó los labios.

Mina: No todo es tan simple, Izuku...

Izuku: Lo es, si tienes principios.

Los dejó sin palabras.

Otra vez.

Arriba, Kyoka seguía gritando. Su voz, sin embargo, ya no tenía la misma furia desatada de antes. Ahora sonaba más quebrada, más desgarradora.

Kyoka: ¡Los odio... LOS ODIO A TODOS!

Silencio.

Kyoka: ¡Te quería como a una hermana, Momo...!

Otro golpe seco.

Nadie en la sala recreativa se atrevió a moverse.

Izuku, sin embargo, solo soltó un suspiro bajo y volvió a su libro.

Izuku: Espero no encontrar un cadáver arriba -comentó con indiferencia.

Algunos lo miraron con incredulidad, pero él solo se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia su habitación.

Izuku: Ya es tarde. Me voy a la cama.

No esperó respuesta.

Cuando se fue, dejó un ambiente tenso, una sensación amarga y un vacío en la conversación que nadie supo cómo llenar.

La verdad pesaba más que cualquier excusa.

Y ellos lo sabían.
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Izuku llego a su habitación, sin prisas, sin mirar atrás. Cerró la puerta con un suave golpe y apagó la luz. La habitación era simple, funcional. Una cama de aspecto sencillo pero cómoda, una mesa de trabajo donde descansaban algunos papeles y un par de libros abiertos, como si aún estuviera sumido en algo más que el trabajo de la escuela. El ambiente era tranquilo, sin complicaciones, un contraste total con la tensión que acababa de dejar atrás en la sala recreativa.

Con un suspiro cansado, se deshizo de la mascarilla que siempre llevaba puesta, dejando al descubierto el rostro parcialmente cubierto por el cabello plateado. Caminó hacia el baño, sin prisa, sintiendo cada paso como un alivio que no lo alcanzaba del todo. La ducha fue rápida. El agua caliente le ayudó a relajarse, a despejarse, pero no pudo evitar pensar en todo lo que había sucedido. Nada cambia, pero todo se complica. Pensó mientras se enjabonaba el rostro. Esta gente... no entienden lo que es el respeto, lo que es realmente perder algo valioso. No importa cuántas veces lo diga, ninguno lo entenderá hasta que ya no haya vuelta atrás.

Al salir de la ducha, se secó rápidamente y se puso una camiseta gris, cómoda, y unos pantalones cortos. Ya no le quedaba energía para mucho más. Se dejó caer en la cama sin pensarlo demasiado. El cuarto estaba en silencio, solo el sonido lejano de los gritos de Kyoka aun resonaban en su cabeza alcanzaba sus oídos, como un eco distante de la tormenta emocional que acababa de presenciar.

Izuku: Mañana será otro día, y probablemente

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Hasta aquí llega el primer capítulo de esta historia. Espero que lo hayan disfrutado. Si fue así, no olviden dejar su estrellita y compartir sus pensamientos en los comentarios. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! Bye bye

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