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Capítulo 7.

Sentado frente al tablero pienso en aquella proposición, en esas palabras que todo el mundo trata de grabar en mi cerebro. Respiro profundamente colocando mi dedo índice y pulgar en el puente de mi nariz; tengo jaqueca.

Pienso en lo que ha sido el último día, definitivamente lo mejor que me ha pasado ha sido haber hablado con Stella. Sonrío. Vale, tal vez esa salida no vaya a más pero eso no significa que no pueda tratar de conquistarla. Desde Alana no he tenido una relación formal, tan solo salía con algunas mujeres que Theo me metía bajo los ojos y por supuesto... a veces se llegaba a más, pero ninguna de esas mujeres tenía el encanto de Stella. Aunque aún me sigo preguntando, ¿qué coño tiene Stella que me tiene como un imbécil? Porque así me debo llamar ahora, Imbécil Anderson, lo soy, ¡vamos! Estuve en el juego de acosador por el teléfono de Stella por un buen tiempo.

Mi móvil me distrae, mi corazón se acelera cuando leo el identificador de llamadas, es la dueña de mis recientes pensamientos. Aclaro mi garganta antes de contestarle.

—¿Hola?

—Hola, Blake. ¿Cómo te encuentras?—su dulce voz hace mis manos sudar. Si, definitivamente imbécil.

—Todo bien, Stella, algo sorprendido por tu llamada.

—Si. Llamo porque voy a tener que cancelar lo del viernes.

¡Mierda! ¿Es en serio?

—Oh—no logro formular ninguna otra palabra, pero esa simple expresión muestra como m estoy sintiendo en este momento.

Mal, muy mal.

—Discúlpame, tengo una emergencia de bodas, pero... ¿Tal vez podríamos reunirnos el jueves?

—¿El jueves?—Una nueva esperanza nace en mi pecho—. ¡Claro, por supuesto! Bueno... quiero decir... sí, claro, por supuesto.

—Genial... entonces...

—El jueves...

—¿Te parece a las doce en Azahar?—pregunta ella.

¿Azahar? ¿Le gusta la comida árabe? Otro punto para Stella.

Todas las mujeres con las que he salido no compartieron mi amor por la comida árabe y, que ahora ésta señorita esté aportando a mi restaurante favorito, me sorprende, demasiado.

—Es perfecto, Stella.

—Bueno, te dejo, debes estar algo ocupado.

—No lo estoy, créeme, solo estoy sentado frente a la consola radial pensando—trato de evitar que me cuelgue aunque un pensamiento viene a mi cabeza acelerándome un poco—. ¿Tú estás ocupada?

—¿Consola radial? Y no, hablé hace un rato con Sam en Skype y ahora estoy viendo un aburrido programa de televisión.

—La televisión es aburrida—menciono sin pensar.

Y siempre lo ha sido. De todos los medios de comunicación existentes hasta ahora, en mi opinión, la televisión es la que menos tiene mi aprobación. No me malinterpreten, veo películas e incluso puedo confesar que soy uno de esos fanáticos de las series que están de moda, pero nunca escogería aquel aparato sobre la radio.

—A veces lo es—concuerda ella—. Entonces, ¿por qué tienes una consola radial frente a ti?

Sonrío, ella está siguiendo la conversación.

—Trabajo en la NY FM.

—¿Eres locutor?—la forma en que lo pregunta me hace estremecer.

¿Soy realmente un locutor? Muchas veces pienso que no lo soy, aunque mi periodo al aire fue corto, igual fui reconocido por diferentes personalidades y algunos fans cuando me encontraba por las calles de Nueva York. Decido responder con la verdad.

—Lo soy... aunque no estoy activo actualmente—esas últimas palabras las pronuncio con dolor.

—Oh, eso es una respuesta muy interesante. Ya tenemos un tema de conversación para el jueves.

La figura de Liam Harris aparece a un lado de mí sobresaltándome. Ese imbécil era demasiado silencioso y cauteloso, siempre que lo veía pasaba a mi lado en silencio, con su particular sonrisa que pareciera esconder un secreto muy oscuro. Pero era un buen chico, me ayudaba en mucho. Liam es el locutor que abre y cierra mi programa musical de las noches, yo le doy el guion y el chico se desenvuelve muy bien. Empezó en la emisora como un simple becado, al igual que yo, quizá por eso le di una oportunidad y lo escogí para que fuera mi locutor asignado. Me gusta su trabajo, sabe lo que hace y lo realiza con toda la paciencia y ánimos del mundo.

—Mi programa empezará en veinte minutos... si quieres, sintoniza el canal. Tal vez no sea el tipo tras el micrófono, pero al menos sabrás que yo escogeré toda la música que colocaremos durante las próximas dos horas. Así dejas de lado el aburrido televisor.

Liam sube su ceja inquisitivamente. Es raro que yo diga a las cuatro voces que aún trabajo en una emisora, de eso se encarga Richard y la gente de publicidad.

—Mmm... me parece bien, Blake.

—Entonces... ¿Nos vemos el jueves?

—Nos vemos el jueves—asegura ella—. Te dejo, sé que estás ocupado. Estaré escuchado lo que coloques esta noche.

Y sin quererlo sonrío como idiota. De nuevo. ¿A quién quiero mentirle? En este momento adoro sonreír como idiota porque fue gracias a esa mujer.

—Adiós, Stella.

—Adiós, Blake.

Ella cuelga antes de que yo lo haga; embobado, observo la pantalla del móvil leyendo una y otra vez su nombre: Stella Foster. ¿No podría ser más sexy ese nombre? Queda con ella completamente.

—Siento interrumpir tu masiva concentración con el aparato tecnológico pero tengo dos dudas—La voz de Liam me despierta de mi ensoñación. Dije que era un buen chico y que me agradaba su trabajo además de tener una sonrisita esconde secretos. Eso es solo una fachada, ese muchacho es demasiado entrometido—. Primero, ¿es cierto que cambiaron los días del programa? Y segundo, ¿Blake Anderson, mister gruñón, tiene una cita?

—Richard pidió que estuviéramos de lunes a viernes, lo rechacé, ya tengo demasiado trabajo con el programa de las mañanas. Con respecto a lo otro, eso no te interesa pequeño Liam.

—Estoy feliz por ti. Nunca te he visto ligar con alguna mujer.

—Eso es porque no me interesan en este momento.

Su cara de incredulidad me hace retener una carcajada.

—¿Eres gay?

—No, Liam—niego con paciencia. Muchísima paciencia—. Pensé que me ibas a reclamar sobre que no aceptara el programa semanal.

—El programa no es el tema principal en este momento. Quiero que me des información jugosa sobre aquella mujer... ¿Esta buena?

—Entra a la cabina, Liam.

—Pero Blake...

—Si no entras a la cabina ahora, hablaré seriamente con Richard para que el programa sea conducido nuevamente por Freddy—le interrumpo antes de que siga hablando estupideces.

—Freddy está en California.

—¡A la cabina!

—Está bien, está bien. Pero chico, si te paseas al frente de esa mujer con esa cara de trasero arrugado, tu pene no tendrá diversión por otros años más.

Si tan solo supieras como esa mujer mantiene su ceño fruncido, ella si tiene cara de trasero arrugado... un muy lindo trasero arrugado. ¿Ahora qué coño estoy pensando?

Luego de que le doy una mala mirada al muchacho, él por fin se digna a entrar en la cabina. Solo faltan cinco minutos y una idea loca acaba de pasar por mi cabeza. ¿Sería extraño dedicarle una canción a Stella? Tal vez sea muy atrevido considerando que ella es algo seria y según Theo, delicada con el sexo masculino. Pero esta noche me trato bien... demasiado bien. ¿Por qué no me salió con malos comentarios luego de que la invitara a salir hace unos días?

Esa mujer es un enigma... pero uno que me gustaría descifrar.

Tal vez podría dedicarle el programa, ¿o sería demasiado? Presiono el botón del micrófono que conecta a la cabina para comunicarle mi petición a Liam.

—Necesito que hagas una dedicación.

—¿Perdón?—me mira desde su asiento dejando los papeles de la planificación de lado.

—Toma lápiz y papel, haremos una modificación con la introducción.

—¿De acuerdo?—contesta aún con duda.

—Después de dar la bienvenida menciona que esta noche tendremos una radioescucha especial y que el programa será dedicado cien por ciento a ella.

—¿A la mujer que activó tu pene nuevamente?

—Vas a hacer que te golpee, Liam.

Suelto el botón del micrófono ignorando la sonrisilla picarona del locutor. Inhalo profundamente, espero que no sea demasiado.

Cuando mi reloj marca las siete y cincuenta y ocho preparo el tablero y mi computador con las pistas. Pendiente al reloj en mi muñeca izquierda, coloco mi mano derecha totalmente expandida para empezar el conteo regresivo.

Cinco.

Cuatro.

Tres.

Dos.

Uno.

Estamos al aire.

Liam con su carismática voz hace el particular saludo del programa, a su propio estilo. En el guion está escrito otro saludo pero luego de que en el primer programa él no lo siguiera no le reclamé, lo dejé pasar. El chico quiere ganar experiencia como yo lo quise hacer en algún momento y como no afecta en nada al programa, lo dejo ser.

—Antes de escuchar las maravillosas canciones de hoy, tengo que mandarle un caluroso saludo a nuestra radioescucha especial. No sé cómo te llamas cariño, mi jefe no me lo quiso decir, pero él está detrás del tablero feliz porque sabes que escucharás cada canción que ha escogido para la noche de hoy. Anderson está ansioso de verte el jueves. Ahora sí, ¡comencemos!

Voy a matarlo. Voy a jodidamente matarlo.

Conozcamos a Liam, un híbrido de Bart Taylor xD Nahh mentira, pero Liam es mi nuevo crush literario, al igual que Theo.

Disculpen por no haber actualizado el jueves, he estado disfrutando mis vacaciones al máximo así que... estaba fuera de casa ese día.

Sin más que decir, espero que les guste un montón el capítulo :)

Saludos

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