11:00
Ji Min está en el baño del colegio, encerrado en uno de los cubículos. Tiene la tapa del inodoro cerrada y sobre ella se sube para quedarse escondido. Revisa sus anotaciones con mala caligrafía y espera el momento preciso.
Lee en su mente y mueve los labios en silencio.
-Ellos, antes de salir al patio en la hora del recreo pasan por los baños. La otra niña tiene gimnasia, se va a los vestuarios; se acomoda mucho el pelo para verse bien creyendo que la miraran, así que se tarda un poco.-
Alza la mirada encontrándose con las puerta llena de dibujitos y algunas malas palabras. Luego escucha pasos adentrándose allí y hasta deja de respirar para poder oír mejor.
-Después de clase ven a casa, tengo un juego nuevo que es genial.
-¡Pero mis padres no me dejan!- se queja uno de ellos- Ya sabes que como me saqué tan malas notas... Todo culpa del rarito ese.
Ji Min sabe perfectamente que se refiere a su persona y por esto sonríe. Le ha dado los apuntes incorrectos, mal hechos, y se lo han creído.
-Ya ves... Habría que darle unos golpes para que se entere de quiénes somos-fanfarronea mirándose al espejo creyéndo que su cuerpo es como el de un fisicocultirista.
La imaginación del castaño lo lleva a reír por tal ridiculez y se tapa la boca. Deja luego caer lo que lleva guardado dentro de su cuadernito y muy discretamente pasa arrastrándose por debajo del cubículo para pasar unos dos o tres más al lado mientras que los niños se ríen a carcajadas. Cuando llega al último, provoca un leve golpe y los dos se giran asustados precisamente al que tienen a sus espaldas. La puerta de éste se abre apenas por la vibración que Ji Min generó, dejando que sus ojos se encuentren con lo que yace en el suelo con olor a lejía.
-¿Qué es eso?
Se acercan a recoger aquello, curiosos. Uno toma entre sus dedos lo que parece ser un conjunto de fotos sacadas con una polaroid, todas ellas sujetas por un clip de plástico.
-¡Mira, que asco!
Las fotos son de aquella niña. Pillada en los vestuarios mientras que se cambia, se la ve con su ropa deportiva interior en diferentes poses; tomando sus zapatillas, colocando sus medias, doblando su camisa para meterla en la taquilla... Todo esto mostrando su gran cuerpo del que de inmediato ambos chicos comienzas a burlarse, señalando cada parte de su estómago, brazos y piernas que creen que se ven gigantes.
Han encontrado oro sin haberlo buscado.
-Es esa niña... La gordita- le dice el más alto, meneando las fotos en su mano como si fuera un avión -¿Pero qué hace esto aquí? ¿Quién le sacaría esas fotos? Se ve horrible- saca la lengua, haciendo una expresión de asco.
-¡Que importa! ¿Sabes lo que significa esto?
Sí, Ji Min lo sabe, es justo lo que estaba esperando.
Desde el último de los cubículos se asoma por debajo de la puerta muy discretamente. Ve cómo los chicos se marchan sin saber exactamente a dónde irán, pero está seguro de que no pasarán por sus aulas, por lo que acomoda su pequeña mochila y tras ver que en el baño ya no hay nadie, sale rápidamente a los pasillos.
Sube las escaleras para ir hacia el aula. Tiene mucho cuidado de que nadie lo vea. Abre la puerta y se mete entre los pupitres buscando esa mochila de marca deportiva de la que tanto todos hablan. La encuentra en la cuarta fila junto a la ventana, la abre y luego saca de la suya su polaroid vieja y gastada que no tiene más rollos. Deja allí el aparato fotográfico y la cierra nuevamente. Se ríe de lo que acaba de hacer y sale de allí.
Vuelve al pasillo que le corresponde y finge estar dando vueltas mientras abre su aperitivo; una bolsa de crackers con sabor a queso crujen en el silencio del piso. Camina lentamente mientras mira por la ventana hacia el patio. Todos corren y gritan como locos mienttas se la pasan bien.
-Ji Min- escucha una voz femenina, dulce y armoniosa que lo llama. Se gira y ve a su tutora - ¿No sales al patio? - El castaño niega con la cabeza mientras sigue masticando. Ella sonríe - Tan tranquilo como siempre... Por cierto, debo felicitarte por tus buenas notas en los exámenes de matemáticas. Sigue así.
Tras aquella felicitación traga sus galletas y vuelve a dibujar una sonrisa, una adorable y simpática que le derrite el corazón a la mujer. Ella, que sólo está de paso por ahí se marcha tranquilamente y el menor vuelve a mirar hacia el patio.
Espera ansioso a que empiece el show.
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