Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Prefacio

Informe
Los ocho capítulos serán publicados cuando hayamos conseguido el objetivo.
Mientras tanto espero que disfrutéis de este peculiar prefacio.

A LEER!

Fuego. Sus actuaciones y números sobre el escenario contenían la esencia de una brasa que asciende hasta convertirse en una llamarada ardiente. Cautivando a todo el público, ya fuesen hombres, mujeres o cualquier alma libre que se deleita con un talento natural. Su talento. De la misma forma en la que ese fuego crecía con cada suspiro arrancado del alma, caricias sin tacto y objeciones obscenas camufladas tras la dulce y débil tela que cubría su cuerpo, descendía.

Alejandra Lobos se había convertido en la bailarina exótica más solicitada del Diamond en tan sólo meses. Llevaba más de dos años entregando su alma al diablo y su cuerpo a las masas, pero seguía perteneciendo a una sola persona. A sí misma. Y eso... Eso había forrado su mirada oscura con un hierro tan duro que nunca nadie se había atrevido a propasarse.

—Buena suerte, Wolf. —susurró Galia. Su compañera.

Alejandra alzó la mirada enfrentando los ojos esmeralda de la morena. E incluso entre las largas pestañas postizas pudo distinguir la envidia.

—La suerte es para perdedores con tiempo para la fe, ternura. —con un esbelto dedo acabado en garra difuminó el carmín sobre sus labios. —Yo no necesito a la suerte. —aquella sonrisa demoníaca se ensanchó tanto que el diminuto cuerpo de Galia tembló levemente. —Ella me necesita a mí.

Galia desvió la mirada con disimulo hacia uno de los tocadores tras la pesada cortina de terciopelo. Nunca le había agradado la pelirroja. Alejandra era una mujer obstinada, extravagante, narcisista e incluso cruel en ocasiones con el resto de bailarinas. Y Galia era consciente de lo competitiva y rastrera que su compañera de oficio podía llegar a ser, de darse la ocasión. Todas, realmente, sabían que interponerse entre Alejandra y la fama en el club, era cruzar un camino lleno de afiladas espinas.

Wolf. El derivado en inglés de su apellido. Alejandra lo había escogido como nombre escénico y artístico por la inteligencia del animal. Aún que bien sabían sus compañeras que una zorra habría sido un apodo más adecuado.

Finalmente la pelirroja se irguió de la silla asignada a su enorme trasero, y sin apartar la mirada de Galia, le dedicó a ésta una sonrisa burlona. Consciente de la semilla de inseguridad que plantaría en la mente de la novicia.

Sus caderas se contornearon con una sensualidad capaz de arrancarle el aliento al cura más apegado. Sus pechos abundantes en carnes dejaban poco a la imaginación tras un sujetador rojo de tela transparente. Los pezones duros sólo indicaban lo excitada que se encontraba en aquellos momentos, completamente lista para la obra de arte que estaba dispuesta a llevar a cabo.

Tan hermosa y joven. Malditamente excitante y sensual para acaparar las miradas de hombres y mujeres dispuestos a entregar riquezas a cambio de contemplar los movimientos de una diosa. Y no. Ella nunca se había sentido menospreciada, utilizada o como un objeto. Le gustaba la reacción que provocaba en los presentes. Adoraba ver la lujuria en sus miradas siendo conscientes de que nunca podrían siquiera rozarla. Ninguno de esos bastardos merecía olfatear el tanga empapado por la gula. Porque su tanga siempre estaba empapado, y a diferencia de distintas creencias, olía a éxito. Sus fluidos eran éxito y dulzura. Elixir para dioses.

No importaba la competitividad. No importaba lo que todos ellos pensasen. Porque las únicas personas que habían disfrutado de su hermoso cuerpo sudoroso, subida a horcajadas sobre ellos y ellas, habían alcanzado el mismísimo cielo para acabar descendiendo al infierno con un clímax casi doloroso.

Bailar sobre un escenario no cumplía con el propósito de excitar cuerpos curiosos. Bailar sobre ese escenario, le  otorgaba el poder de alimentarse de la superioridad.

En cuanto sus tacones altos con punta de dragón chino trastonaron contra el suelo pulido la música se apagó y dio paso a silbidos y aplausos. El Diamond no permitía que los clientes tocasen a sus bailarinas. A diferencia de otros, el respeto hacia las diosas del escenario era inquebrantable. A menos que ellas quisieran, claro.

Pensaba ganar dinero. Había acudido a la noche cuando esta proclamó su presencia. Ella misma era la niebla en la penumbra.

El silencio fue roto sin piedad por el clarinete oriental y aquella sonrisa lubna que tan bien su nombre representaba, iluminó la oscuridad. La luz roja la enfocó de lleno sin inmutar la postura de la bailarina. La piel brillante por el sudor. Largas piernas de gruesos muslos prácticamente desnudos. Las mariposas de su estómago se transformaron en tejones furiosos que aclamaban sangre. Y debía admitir lo excitada que se encontraba.

El ritmo turco se apoderó de sus curvas y cruzó ambas piernas apagando la quemazón entre éstas.

Su mirada se iluminó mientras las caderas ascendían y descendían de un lado a otro y los brazos por encima de la cabeza impulsaban sus pechos. Ambos vibrando ante las miradas cavilantes y lascivas de todos los presentes. Todos en la sala privada debían de estar imaginando a aquella diosa sobre sus cuerpos. Pobres ilusos que nunca podrían siquiera ver más allá de un número. Más allá de lo que ella quisiese mostrar.

Alejandra formó olas con el abdomen y un ocho con el ombligo arrancó aplausos por todo el lugar. Había conseguido captar la atención de todo ser viviente que pasase la mirada por un cuerpo completamente válido e inhumano.

Con una sonrisa se inclinó sobre su propia espalda deshaciéndose del sujetador, y al volver a erigirse al ritmo ondeante, sus pezones apuntaban erectos y duros hacia todo el que quisiese ver la gloria.

Uno de los ayudantes de extendió los guantes. Y en cuanto la seda cubrió las suaves y delicadas manos, unas llamaradas se alzaron en estas. Llamas altas que arrancaron gritos y expresiones de horror. Pero estaba segura. No la quemarían.

Y entonces lo vio.

De pie al fondo del club,apoyado en una columna. La tenue luz del foco rojo le iluminaba la cara, de modo que no pudo escapar de su penetrante mirada... ni de su intensa atención. Y claramente él la estaba viendo.

Alejandra amplió su sonrisa al comprobar que lo tenía completamente hipnotizado. Durante ese instante era su presa. Todo suyo.

Chase Moondeer con el cabello oscuro cayendo a ambos lados de su rostro, los ojos negros bajo los focos rojizos y su imponente figura se relamió los labios. No podía creerse lo que estaba viendo.

Aquella mujer pelirroja era irreal. Y lo había visto. En medio de más de una docena de cuerpos se había fijado en el suyo. Chase no era idiota, sabía lo que provocaba en las personas, lo excitante que les resultaba a las mujeres y a los hombres.

Como un boomerang la mirada de Alejandra se centró sólo en él. En el desconocido del cual pronto sabía el nombre y la procedencia. Alzó una mano deslizándola entre sus pechos y la otra hacia el ayudante el cual colocó con pinzas una tarántula del tamaño de un puño sobre la tela de su guante. La bailarina dejó que las patas peludas del animal hubiesen por su brazo desnudo y se apoyase sobre el puente de uno de sus senos. La tarántula ascendió con rapidez mientras ella le indicó al desconocido que se aproximase.

Los ojos de éste abrasaron con un brillo nuevo, y con cada paso parecía someter a cada individuo del lugar.

Alejandra rodó por el suelo. Apoyó las manos por delante del cuerpo  mientras la tarántula se situaba sobre su mejilla con agilidad. Levantó el trasero para adoptar un ángulo retorcido siempre al compás de la música.

El sujeto ya con el escenario a la altura del pecho la devoraba con la mirada. La camisa negra remangada hasta los codos y un pesado collar de diamantes en forma de cruz parecía haber sido sacado del mismo cielo.

Desnuda de cintura para arriba se arrastró hasta cortar la distancia. Sus dedos contorneandose frente al cuerpo, los pechos a centímetros del rostro poderoso y burlesco del tipo. Los pezones de ella casi rozando los labios de él, pero nunca tocándolo.

Los ojos oscuros parecían dos pozos de petróleo a fuego vivo cuando la tarántula descendió hacia los labios de Alejandra. Y cuando el chico de cabello negro como el ónix la penetró con aquella mirada carente de alma, algo se retorció en la entrepierna de la bailarina.

Con un salto ágil, Alejandra se lanzó a horcajadas contra su cuerpo. Los fuertes brazos sosteniéndola y alzándola con un brinco. En ningún momento apartando la mirada el uno del otro. Una tensión palpable cargada de excitación se disparó cuando los pechos de la bailarina se encontraron apretados contra el cuello de él. Y entonces, con aquella tarántula en la boca Alejandra cerró sus fauces sin piedad aplastando al animal. La sangre similar al picor salpicó sus pechos y el rostro del joven hombre.

Éste guiado por su mirada echó la cabeza hacia atrás y la bailarina escupió a un lado el cuerpo del insecto carente de veneno. Con una agilidad insana clavó los dedos enguantados ahora sin basas en el cabello del tipo, y al abrir éste la boca, ella escupió la saliva mezclada con sangre en sus fauces.

Un acto que lejos de resultar repugnante había prendido, encendido mejor dicho, su anatomía. Sus piernas temblaron alrededor de su conquista, y de ni ser por los aplausos y la carencia de música estaba segura de que podría haberse corrido sobre la camisa del sujeto.

Con la misma sonrisa feroz bajó de sus brazos. Se dio media vuelta y desapareció a un lado del escenario sin volver la mirada atrás.

NOTA DE AUTORA.

Soy consciente de que esto no puede ser del agrado popular, así que te suplico abandonar la obra en caso de resultarte desagradable.

Si te ha gustado agradecería que me dejes tu opinión.

Como he dicho. Los ocho capítulos de la novela serán publicados si alcanzamos los 1K.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Nos leemos. *Se va dando saltitos*

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro