|Capítulo 9| NOW
Tengo insomnio y prefiero distraerme con algo así que creo que ya es hora.
Atentos a la jugada.
Tumbada boca arriba en la cama, las luces de los faros de los coches pasando por la calle se filtraba entre la suave cortina de su piso, como el foco de un faro avisando a los navegantes.
Estoy cayendo otra vez; es lo único que llevaba horas en su cabeza, dando vueltas, giros vertigosos y piruetas peligrosas. Y cómo ella misma bien sabía, no era la primera vez. Un punzante dolor de cabeza le atravesaba la sien como una lanza con punta de plata, esta envenenada y expandiendo el dolor.
Aún recordaba los empujones que había recibido la madrugada anterior, los tirones de personas desesperadas y flashes que la cubrían como a una superestrella. Aunque ella nunca pensó en lo agobiante que aquello podía llegar a resultar. Salió magullada, y viva... de milagro. En cuanto el taxi aparcó frente a su apartamento subió a toda prisa como si el diablo mismo la estuviera persiguiendo... Y ya en la puerta tuvo miedo. Mucho miedo. ¿Y si Xander se encontraba en el interior de la vivienda? ¿Y si...? No. No había nadie.
Ahora, tumbada a la espera de una alarma a las nueve de la noche, para ir a trabajar al club... Porque ella iría de todas formas. No importaba lo mal que podría llegar a estar mentalmente. Su trabajo era lo primero. Estiró el brazo sobre su pecho desbloqueando el teléfono; apenas eran las siete y media.
Suspiró concinte de que no dormiría, y se levantó de la cama sentándose sobre esta. Llevaba solo unas bragas blancas y la camiseta desgastada de AC/DC que compró por Amazon hacía ya tiempo. La prenda estaba rota por varias partes por la estúpida manía de enrollar el dedo en la tela y girarlo por ansiedad.
Chase había estado en aquella cama hacia dos noches, y el aroma seguís impregnado en el ambiente a pesar de haber cambiado las sábanas. Las había tirado directamente y se había encerrado con llave por dentro en casa.
No quería pensar. No quería pensar en Chase, ni en Xander, ni siquiera en Galia... Volvió a sacudir la cabeza como cada vez que un mal pensamiento cruzaba su mente, y por puro instinto encendió el teléfono que tenía el WiFi apagado, llamando a la única persona que no le colgaría.
Tamborileó con las uñas sobre su muslo con nerviosismo, y al tercer tono una voz dulce y entrañable contestó.
-¿Alex?
Esbozó una sonrisa suspirando con alivio. La única persona que la llamaba así...
-Hola, abuela.
La anciana al otro lado parecía estar concentrada.
-¿Cómo estás, cariño? -el ruido al otro lado de la línea parecía ser metálico, y supuso que su abuela estaría dejando de lado las agujas con las que solía tejer. -. Hace mucho que no me llamas, empezaba a estar preocupada. ¿Te has enfadado conmigo por algo?
Se le oprimió el pecho y tuvo que contener un sollozo.
-Claro que no, abuela... -sonrió al suelo tratando de controlarse. No era necesario precupar a May, ella ya estaba mayor y tenía bastante con lo suyo. -. He estado trabajando mucho, pero tenía que haber sacado algo de tiempo para llamarte. Lo siento mucho.
Mentira no era.
May resopló.
-Cielo, trabajas demasiado y te va a acabar pasando factura. ¿Qué te digo siempre?
-Manda a la mierda todo y duerme por ocho horas. -recetaron ambas a la vez para después reír.
-¿Alex?
-¿Huh?
La abuela se tomó unos segundos.
-¿Estás bien?
-Claro que sí, abuela. -apretó el móvil entre los dedos con demasiada fuerza. -¿A que no sabes qué? Soy la empleada del mes, me han dado hasta una placa.
-¡Felicidades, cariño! Más vale que te suban el sueldo en la farmacia, eh. O si no ya iré yo a decirles un par de cosas a esos explotadores.
En su familia May era la única que no sabía a lo que realmente se dedicaba Alejandra, y aún que no sabía si su abuela la dejaría de lado al igual que el resto... prefería que las cosas siguieran de esa manera.
-Alex, ¿crees que puedo venir a visitarte?
Eso le dejó un nudo en la garganta.
-Abuela, no creo que...
-Te echo mucho de menos, cariño, y quién sabe cuánto tiempo me quede... No quiero irme sin verte una última vez.
Aquello le terminó de partir el alma.
-¡No digas eso! -gimoteó. -. No te vas a ir a ningún lado.
-Alex, estoy ya vieja -rió May -. No pasa nada. Al menos yo lo tengo asumido, no como Manoli.
Manoli era su hermana, la de May. Ambas eran mellizas, pero mientras una tenía una obsesión por tejer mantas y calcetines, la otra se paseaba por bares hasta las tantas y bebía como si fuese parte de una competición a muerte.
Ambas siguieron hablando hasta que Alejandra se percató de la hora.
-Sí las cosas siguen bien, te prometo que te compraré un billete para Madrid -aseguró la pelirroja -. Y pasaremos juntas Navidad ¿Qué te parece?
May se dio por satisfecha, y con eso Alejandra se despidió de su abuela y colgó.
• ────── 🕷 ────── •
Atravesar la puerta del club se le estaba haciendo cuesta arriba. Había salido de su propio apartamento por la parte trasera y tuvo que pedirle a Mike, su vecino del bajo que le hiciera el favor de llevarla al trabajo en coche. Mike era su única amistad en el edificio, un chico dominicano de veintitantos que se pasaba el día grabando en su estudio casero. Alejandra había escuchado un par de sus maquetas y lo cierto era que tenía buena voz, pero abusaba del autotune.
La pelirroja dejó la bolsa con la ropa y el neceser frente al espejo con bombillas blancas, y apoyó ambas manos soltando todo el aire que tenía en los pulmones.
-Que sí, tía, que era ella... -susurró alguien.
-Ha pegado un braguet...
Alejandra se dio la vuelta con la sangre ardiendo en las venas. Ambas bailarinas cuchicheaban, pero cuando la miraron el interior del camerino se quedó en silencio.
-¿Queréis un autógrafo? -bufó cruzándose de brazos. -. Aprovechad y os firmo las tetas.
Una de ellas frunció el ceño y abrió la boca para decir algo pero intervino una tercera.
-¿Qué coño miráis? -las reprendió Alba -¡Venga! ¡Venga! ¡Venga! -aplaudió metiéndole prisa -¡Venga, coño!
Ambas salieron una tras otra y la castaña se quedó observando a Alejandra con la preocupación clara en su mirada.
-¿Qué? - preguntó la pelirroja de mala gana.
Alba alzó ambas manos.
-Se dice gracias, inculta de mierda.
Alejandra esbozó una sonrisa sentándose.
-Oye, Wolf... Sabes que no me meto en tu vida ni nada de eso. Pero ¿Qué ha sido eso del cantante ese?
La pelirroja se mordió el labio inferior sin mirarla.
-No vayas por ahí...
Alba la ignoró acuclillándose, y apoyando los codos en los muslos de la bailarina.
-He visto las noticias. Estás en una puta portada, amiga... Ese tío no es un buen partido Alejandra.
Alba era de las pocas personas que la llamaban por su nombre. Prosiguió.
-Esa clase de tíos solo buscan una cosa. Se dedican a eso. Buscan chicas guapas, las engatusan y luego las llevan a dios sabe donde exprimiendolas...
La bailarina sabía a qué se debía la preocupación de la camarera, y lo cierto era que aún que Alba bailó un tiempo en el club, también tuvo un pasado oscuro. Tanto que nunca le llegó a contar como acabó ahí.
-Mira, mi niña -suspiró regalándole una sonrisa. -. No sé que te ha prometido, pero no es verdad ¿vale?. Eres demasiado inteligente como para caer en los engaños de un proxeneta o dios sabe lo que sea ese tío.
Alejandra dudó un momento pero asintió.
-No voy a volver a verlo de todas formas.
Y por alguna razón eso le dolió. ¿Cómo era posible si apenas lo conocía?
-Es lo mejor. -asintió irguiendose -. Si necesitas algo, lo que sea, sabes que puedes contar conmigo.
Y tras aquello se fue entre las cortinas rojas de seda.
Alejandra aquella noche salió al escenario con el corazón en la garganta, pero él no estaba ahí. Por alguna razón eso la alivió y decepcionó a partes iguales.
Bailó, enamoró al público y se retiró con el pensamiento de ser una reina, de la misma forma que llevaba meses tratando de creérselo.
Esa noche Alejandra vomitó todo el estrés que había acumulado, y se quedó dormida con un brazo sobre la tapa del váter.
###
Seis días.
Había sido una semana dura, más de lo que se atrevería a admitirle a nadie, incluso a May.
Frente al espejo del baño acarició la tinta del tatuaje que ahora parecía haberse sumergido bajo la piel tomando un tono verde oscuro. Quedaban pequeños trozos de línea secos por haberlo descuidado, realmente era un milagro que no se hubiese infectado.
Alejandra se había pasado la semana concentrada en el trabajo de noche y sus estudios de día. Unos estudios que había aplazado y vuelto a retomar un millar de veces. Pero no podía seguir de aquella forma y ella misma lo sabía.
El cuerpo día fue cuando perdió por completo la esperanza en cuanto a Chase. No había vuelto a aparecer por el club y para la pelirroja aquello fue un doloroso alivio. Era algo que supo desde el principio; El pelinegro se iría, se esfumaron, desaparecería... en algún momento. Y ocurrió. Pero se había llevado con él lo más preciado de Alejandra; sus reglas. Y sin ellas... estaba perdida, de la misma forma que se había perdido el control de todo.
Se dedicó a untar el tatuaje reseco en ciertas zonas con Bepanthol y se cubrió con un jersey de manga larga y cuello alto blanca. Septiembre había entrado pisando fuerte y a día dos las lluvias eran ya parte de la rutina de los madrileños. Aún faltaban ocho horas para que Alejandra entrase a trabajar y optó por desviarse un poquito del camino.
Había estado buscando información sobre Chase durante toda la noche, al igual que la anterior, y la anterior... Pero nada era indicio de, eso, nada...
Ahora avanzaba por el pasillo del súper con un pequeño botecito ovalado de vaselina de fresa, una mascarilla facial de frambuesas y algo para las ojeras.
-¿Algo más? -preguntó él chico de la caja. Ella negó. -. Son cuatro noventa y nueve.
-Dame el bote de lubricante intese. -Dijo de repente.
-¿El de Durex?
-¿Cuánto vale?
El chico lo pasó por la caja.
-Ocho noventa y nueve.
-Vale si, pónmelo.
Tras salir del supermercado sabía perfectamente a dónde iría.
El Retiro estaba repleto de familias cuando avanzó entre la gente con la bolsa en el sobaco. No tuvo que desviarse mucho cuando llegó a unas escaleras que descendían bajo tierra, apartadas en un callejón.
En cuanto empujó la puerta de metal, parpadeó varias veces para que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad, y entonces los grafitis pintados con spray de neón la acogieron. Justo en la entrada dos chicas; una con el cabello rubio platino casi blanco y otra con el pelo muy corto y de punta de estaban liando de una forma poco apta para menores. Alejandra pasó junto a ellas con una mueca de diversión hasta dar con el centro de todo aquello.
-¡Pero mira nada más lo que han traído las aguas!
Ella se da la vuelta justo a tiempo para que unos brazos la rodeen. A pesar de no gustarle el contacto físico, sonrió al reconocer a Beltrán. El chico de ojos azules y piel pálida la observaba desde lo alto.
-¿Qué haces por aquí, pececillo?
-Hace ya un huevo que no te veo el careto de mierda -rió ella con malicia.
Beltrán le devolvió el gesto guiándola, colocando una mano sobre su espalda.
-Joder, tronca, lo que te has perdido. Cuánto hace ¿un año?
-Halaaa, exagerado. Un par de meses.
Ella tomó asiento sobre uno de los sillones rotos de cuero sintético. El relleno se le salía por un lado. Beltrán hizo lo mismo con menos elegancia mientras encendía un cigarro sostenido entre el pulgar y el índice.
-Aquí todos hablan de ti. No pensabas venir a saludar ahora que eres famosa ¿eh?
Alejandra frunció los labios.
-¿Lo has visto?
-¿Quién no lo ha visto? Sales en todas partes, hermana. ¿Cómo es que no tienes a esas parias pegadas al culo?
Se refería a los fotógrafos, y lo cierto era que no había visto a ninguno desde hacía un par de días. Supuso que se habrían cansado.
-Esto es surrealista... -gruñó pasándose las manos por el rostro. -. ¿Me crees si te digo que sigo pensando que es un sueño?
Beltrán se dejó caer contra el respaldo observándola con los ojos entrecerrados.
-¿El qué?¿Que hayas salido con un famoso?
-No sabía que era famoso -musitó.
-Sí te sirve de consuelo creo que solo lo conocen los guiris, yo no he oído hablar de ese tío en mi puta vida. -Beltrán se encogió de hombros.
-Estas últimas dos semanas han sido una pesadilla.
Beltrán exhaló el humo.
-¿Qué pasa, reina? Cuéntamelo.
Alejandra sopesó las opciones, pero conocía a Beltrán desde hacía mucho.
-Creo que vuelvo a... tener problemas.
El rostro del chico se contrajo.
-¿Con...?
Ella asintió.
-Mi abuela quiere venir a verme...
-Joder. Que putada.
-No deja de repetir que se va a morir sin verme.
-¿Y tus padres?
Alejandra suspiró.
-Hace tres meses que no hablo con mamá. La última vez me llamó puta antes de colgar.
-Que les follen.
Ella asintió.
-¿Y ese tío? ¿Te gusta?
En momentos así Alejandra podía reconocer al que fue su único amigo en el instituto, o bueno, algo similar a un amigo. No fue hasta que dejó los estudios que empezaron a juntarse, cuando a ella los problemas la sobrepasaron de sobremanera.
-No lo conozco.
Beltrán alzó una ceja.
-No es eso lo que te he preguntado.
Alejandra sonrió con tristeza, y sus dedos ascendieron al cuello de su jersey.
-Lo he llevado a hacerse un tatuaje en común.
Beltrán abrió tanto los ojos que la pelirroja soltó una risita triste.
-Soy patética ¿verdad?
El chico negó con seriedad.
-¿Has vuelto al psicólogo?
-Me cobra cincuenta pavos por hora -se encogió de hombros.
-Alejandra, tienes que ir. No quiero que vuelvas a caer en eso, otra vez...
Ella alzó una mano acallándolo.
-No me des la chapa, anda.
-Lo digo enserio.
-Yo también. -Afirmó él.
Después de una conversación sobre cosas que ni ella misma recordaba, llegó el momento.
-Ni de coña. -Negó el castaño. -Vamos, es que ni de puta coña. Estás mal de la cabeza.
-Te lo voy a pagar.
-¡Que no es eso! -negó él -. Estoy flipando, tronca. Tu-tu-t-tu estás muy mal.
-Solo necesito...
-Mira, Alejandra... Soy tu colega y me tienes aquí para lo que sea, y lo sabes. Pero ni de coña te voy a dar...
-Por favor.
-No. Mira vete a casa ¿va? Tengo cosas que hacer.
Ella asintió poniéndose en pie. Beltrán quiso seguirla pero ella le dedicó una mirada tan fría que el joven desvió la suya.
-No hagas ninguna tontería. No quiero volver a pasar contigo por eso nunca más.
La pelirroja torció la boca con indiferencia.
-Que te follen.
Y sin más salió del pequeño espacio. Estaba subiendo las escaleras de nuevo cuando en el exterior alguien tiró de su brazo.
-¿Qué necesitas? -Preguntó un tipo con el cabello por los hombros y una chaqueta vaquera con cuello de lana.
Y fue ahí donde todo iba a irse a la mierda. Y lo peor, ella era consciente de ello.
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