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|Capítulo 6| OHMAMI

Recomendación:
Escuchar la canción de cada capítulo ya que las he escogido acorde a la situación.

-Me siento como si acabase de atracar un chino -rió la pelirroja.

Chase a su vez siguió con las carcajadas frunciendo el ceño y alzando una mano como diciendo; ¿qué coño dices?

Alejandra podía sentir el ardor sobre bajo sus mejillas y cuello, incluso coquilleándole bajo el pelo. No sabia si era solo la adrenalina o una mezcla de esta con el alcohol que aún le recorría la sangre.

-¡Oh,no! -las carcajadas iban cada vez en aumento, y no sabían cuál era el más afectado. -¡No un chino de verdad... -la nariz se le arrugaba cuando reía, y los ojos se le achinaban. Eran unas carcajadas sordas, pensó Chase, y se encontró a sí mismo pensando que era adorable -O sea sí, pero no una persona china, aquí llamamos chino a las tiendas de...

Chase se estaba perdiendo en medio de un trabalenguas. Si bien su castellano era decente, no estaba listo para entender la forma precipitada de Alejandra al formar oraciones entre carcajada y carcajada.

-¿Has visto como ha electrocutado al otro?

Alejandra reía tanto que Chase se preguntó si realmente era esa su verdadera faceta, o si estaba tan acostumbrada a la seriedad como para nunca permitirse reír como una niña pequeña.

-¿Qué miras? -cuestionó la bailarina limpiándose las lágrimas provocadas por la risa con el lateral de su dedo índice.

Se acababa de esparcir gran parte del rímel por debajo de los ojos y la nariz. Chase no lo pensó bien, y milésimas de segundo después ya se había inclinado sobre ella, su pulgar acariciando la piel de sus párpados, quitando el exceso de pigmento. Alejandra había cerrado los ojos, y el pelinegro pensó que tal vez, sólo tal vez tenían una conexión. Como cuando alguien comprende lo que quieres decir incluso antes de que lo pienses..., pero Alejandra no solo leía sus gestos, si no que se acoplaba a ellos como una segunda piel al cuerpo humano. Como las venas...

-Eres preciosa cada vez que haces esto... -susurró él notando su propio estómago retorcerse.

-Cuando hago ¿qué? -quiso saber ella.

Chase cerró los ojos exhalando por la nariz, deleitándose con el aroma a champú, humo y alcohol que impregnaban el pelo de su copiloto.

-Cuando te ríes -confesó sin atreverse a abrir los ojos aún. No aún..., quería disfrutar un poco más de la sensación. -. Cuando no estás pendiente de que alguien te vea... Estás siempre preciosa, pero cuando te ríes, me haces sentir que todo está bien.

-¿Sigues borracho?

Él abrió los ojos de par en par notando como el hechizo del momento parecía haberse roto. Chase se esperaba cualquier cosa menos tanta falta de romanticismo por parte de alguien que parecía sacada de una novela rosa antigua.

-Posiblemente -sonrió con un suspiro, dejando la mano que la había estado acariciando sobre el reposacabezas. -. Eso ha sido muy...

-Bonito -finalizó la pelirroja. -. Ha sido muy bonito. Gracias.

Chase asintió, y se percató de que las carcajadas se habían desvanecido, y ahora todo su ser suplicaba porque volvieran. Alejandra carraspeó atrayendo su atención.

-Lo de antes..., de las venas -recordó ella mordisqueándose el labio cabizbaja. Estaba retorciéndose los dedos sobre el regazo. -¿Es algo tuyo...?¿O...?

Chase la observó por un momento, analizando y tratando de captar cada parte del rostro de Alejandra. Los ojos marrones con una forma curiosa, en la que el pliegue del lagrimal parecía estar cubierto, rasgando éste. No había conocido a nadie con aquella forma en los ojos, y era algo en lo que el siempre se fijaba. Como un fetiche, por muy extraño que sonase. Las gruesas y cortas pestañas pelirrojas cubiertas por el rímel corrido, la piel levemente bronceada por el sol veraniego... El pelo pelirrojo teñido, aún que con raíces algo más claras, y dejaba a la vista que era pelirroja natural ¿por qué se lo teñiría entonces? Tenía una cara curiosa, bonita tal vez, pero no era una belleza eclipsante pensó. Se había dado cuenta de que Alejandra era tan perfecta gracias a su carácter, a lo que proyectaba para que su público viese. Pero minutos atrás ella había bajado la guardia, y Chase pudo ver una pequeña ranura, tras ella a la verdadera Alejandra, o como a él le gustaba llamarla, Ale. Simple, sencillo y elegante. Posiblemente si alguien le hubiese dado ese nombre él ya lo habría asociado a una pelirroja.

-Mi abuela. Siempre nos lo ha repetido a Roy y a mí... Es una de sus historias favoritas.

-¿Hay una historia?

Chase asintió una sola vez, estaba con el cuerpo girado, el brazo derecho apoyado sobre el reposacabezas de su asiento y el otro sobre el volante. Movió este último para pasarse los dedos por debajo de la nariz.

-¿Me la cuentas?

Por alguna razón aquella pregunta simple provocó un vacío en el estómago de Chase, para después notar calma. Calma como la que deja una tormenta, asfalto y tierra mojada, hojas húmedas con gotas brillantes y perfectas, y un arcoíris.

-Sure -contestó finalmente con una sonrisilla traviesa. -.Pero voy a querer algo a cambio.

Alejandra alzó la cabeza y mechones pelirrojos cayeron sobre sus ojos. Sus pupilas oscuras provocaron una nueva sensación en la anatomía de Chase, y aún que fuese en la cabeza, no era precisamente en esa cabeza.

-Es una historia absurda. -agregó de repente sintiéndose patético.

-Pero crees en ella.

No era una pregunta. Por unos segundos se quedó absorto en su subconsciente, y entonces finalmente se reincorporó en el asiento. Alejandra aguardó con calma, expectante, como una niña pequeña que aguardaba a una obra de teatro. Y aún que tuviese sólo tres años más que él, en aquel momento Chase pensó que parecía sólo una adolescente en busca de emociones. La había mentido la noche anterior acerca de su edad, sí. Pero no fue can malicia, simplemente no quería darle datos sobre él... No quería que se encariñase con él. Sería injusto, y por muy narcisista que pudiese sonar, Chase temió que tanta cercanía acabase por enamorarla.

El muy idiota sabía que su auténtico miedo no era que fuese ella la que se enamorase, sino él. Porque Chase tenía una visión diferente del amor. Él sólo lo había sentido una vez en su vida, y quedó enamorado de ella al instante de verla. Hay quien lo llama flechazo, pero para él era el destino. Pensaba que el destino había puesto a Elise en su camino. Lástima que el mismo destino fuese el que la había apartado de él. El mismo que se la había llevado dejándolo con el corazón devastado...

Ni un nombre, ni una prueba, ni una fecha... Nada. Elise había sido su primer y único amor. Estaba seguro de que no volvería a amar a nadie como a aquella mujer, su mujer.

Volvió al momento presente con un suspiro pesado, y se obligó a esbozar una sonrisa ahuyentando a las urracas que revoloteaba por su cabeza.

Ella no era Elise, y eso por alguna extraña razón, no le molestaba.

Chase le guiñó un ojo apartándose el pelo de la cara con ambas manos forradas en gruesos anillos y comenzó a relatarle la historia que tantas veces su abuela le había contado de pequeño. Su historia favorita.

"Una historia comenzaba, el relato de un hombre hada.
Pues escaso era el caso que en su aldea fue un fracaso.
Huyendo de un lugar eterno bajando al mundo de ensueño.
Y en un bosque sin vida, encontró a su prometida.
Humana y hada serían, cargando con un secreto.
Primogénito existía, el bebé pues su amuleto.
Cuando su traición hallaron, a uno de ellos decapitaron.
Fueron sus venas del cuello, las que su pulso atrajeron.
Y la humana devastada, por perder a su hombre hada,
suplicó a la luna de pleno que su amor sería eterno.
Y la quinta noche en vela, el hombre volvió a su vera.
Ambos absortos quedaron, pues el vínculo que tenían nunca traicionaron.
Y al mirar sus carnes hayaron, una marcas que formaron.
Pues gruesas venas oscuras, los unían sin censuras.
Humana y hada serían...
Humana y hada sobrevivían...
Humana y hada sabían..., que su amor en las venas latía."

• ────── 🕷 ────── •

-No me creo que me hayas liado para hacer esto... -negó Chase con un suspiro quejumbroso.

-¡Anda! -aplaudió la pelirroja con sarcasmo tocando a la puerta trasera del local con los nudillos. -Alguien está aprendiendo cada vez más expresiones.

-¿Estás siendo condescendiente conmigo, venenosa?

Chase alzó una ceja y Alejandra esbozó aquella sonrisa viperina muy consciente de lo que provocaba en él.

-¿Yo? Para nada.

Tras contarle aquella historia, que más bien era un poema pensó ella, una idea cruzó su mente. Chase se iría en algún momento y ella era consciente de aquello, pero quería conservarlo en el recuerdo. Que si algún día tuviese nietos poder contarles la aventura que vivió con aquel chico de ojos oceánicos. Pero sobre todas las cosas quería guardar un pedacito de Chase en ella, tenerlo para los días en los que se sentía sola, algo para recordar al chico que pudiendo aprovecharse de su desnudez prefirió abrazarla. Un desconocido que aceleraba su corazón... Un desconocido que se iría, al que seguramente nunca volvería a ver, que posiblemente haría su vida, se casaría o tal vez no, tendría hijos o tal vez no... Pero ella siempre podría decir que tenía un pedacito de aquel chico especial grabado en su piel. Un chico que no quiso llevarla a la cama, y por eso guardaría aquellos momentos en su mente. Porque las chicas como ella no habían nacido para ser protagonistas, más bien personajes secundarios, manchas o inexistentes en las historias de otros...

Como lo fue en la de Alexander Petrovik. Un amor no correspondido, ya que alguien más fue quien se ganó a aquel maldito loco sensual. Pero eso no le importaba a estas alturas, porque Alexander llevaba más de un año muerto, y ella ya había madurado. O al menos Xander la había obligado a madurar a base de... bueno, la había obligado sin más.

No sería protagonista en la historia de Chase tampoco, y lo tenía asumido. Pero ella también quería dejar una huella, decir; He estado aquí. Alguien me recuerda...

Algunos dirían que para conservar algo de Chase podría guardar una camiseta, o pedirle uno de sus anillos, incluso unos gallumbos o un calcetín e ir por ahí con él gritando "¡Alejandra es una venenosa libre!" .Pero no. Ella quería ese tatuaje, y Chase había aceptado tener uno a juego. No podían echarse atrás ya que había sacado de la cama a su tatuadora, y en aquel preciso instante ésta abrió la puerta con su habitual cara sin expresión y el pelo rubio casi blanco cayendo por su espalda.

-¡Hola! -Chilló la pelirroja. -¡Lo siento, enserio! Pero ¡Es una urgencia!

-Si te ha roto el culo ése -señaló a Chase con una sonrisa torcida -. Lo que buscas es un hospital.

-No me ha roto nada. -bufó la bailarina. -Pero he pensado en algo y no puedo esperar más.

-Cómo no... -negó la rubia con una carcajada grave. -Pasad, anda.

Alejandra asintió adentrándose un un aplauso sordo, y Chase la siguió escrutando el lugar con sigilo, como un felino alerta.

-Bueno, tu dirás.

El pelinegro le dedicó una mirada cargada de curiosidad a la tatuadora, y por alguna extraña razón un calorcito se instaló en su estómago. El misterio parecía rodearla, y supuso que sería por el local, o tal vez por los tatuajes que cubrían su brazo izquierdo... incluso se atrevería a decir que le resultaba familiar.

-Más vale que no me mires así porque te parezco fea -bromeó con picardía, y Chase negó chasqueando la lengua. -¿Uno más raro no había?

Alejandra emitió una carcajada, y la rubia la siguió, pero no sin antes lanzarle a Chase otra mirada de las suyas. Una que no parecía tener forma de descifrar.

-¿Nos hemos visto antes? -preguntó el pelinegro frunciendo levemente el ceño.

Alejandra quien ya se hubo sentado sobre la camilla y había empezado a explicarle a la tatuadora lo que quería, lo miró confusa. La rubia por el contrario quien estaba poniéndose unos guantes negros de látex tardó unos segundos en contestar, con calma.

-Te habré tatuado alguna vez.

-No. Te conozco de otra parte. -apuntó confuso.

Ella lo ignoró por completo! Y tras explicar la pelirroja lo que tenía en mente se pusieron manos a la obra. Chase sería el siguiente así que tomó asiento en uno de los sillones forrados de cuero rojo desgastado. El relleno se salía en algunas zonas.

En algún punto entre trazo y trazo los tres se habían enzarzado en una conversación que dejó varias sonrisas y carcajadas entre Chase y Alejandra. Y alguna que otra sonrisa disimulada por parte de la rubia.

***

Alejandra llevaba ya casi cuarenta minutos sobre la camilla, y aún que las líneas del cuello no le habían dolido casi, al descender por la clavícula cada vez el escozor era mayor.

Para distraerse decidió preguntar:

-¿Qué tal va eso del libro?

La rubia se encontraba concentrada en la máquina y aguja sobre su piel, la música fluyendo de fondo en el hogareño estudio.

-Bien.

-¿Qué es eso del libro? -quiso saber el pelinegro desviando la atención de su móvil. Alejandra se percató de que su amiga no causaba curiosidad solo en ella.

-Es escritora.

-No. -nego ella con calma. -Soy tatuadora.

-Nunca lo admite. Creo que le da vergüenza que sepa la gente las cosas guarradas que escribe.

Alejandra la había conocido hacía ya tres años, cuando un día entró al que por ese entonces era el club de Petrovik. Tenía una extraña relación con todo el mundo, y aún que nadie parecía saber de su origen, todos tenían lo mismo en común; la sensación de familiaridad.

-No saques trapos sucios, o la próxima historia que escriba será la vuestra. -señaló la otra chica.

Alejandra emitió una carcajada, aún que la rubia no se estaba riendo.

-Vaya chollo tu novio eh -empezó Chase carraspeando -. Le harás tatuajes gratis día sí y día también.

-No hago nada gratis sin una intención. -negó un esa sonrisa -Además, prefiero ser la que admira desde lejos.

-¿Qué admiras?

-El amor -se encogió de hombros.

-¿Cómo se admira el amor si no lo vives?

No sabía muy bien porqué lo preguntaba.

-Creándolo -sentenció con un guiño. -. Cuando no puedes ser protagonista acabas creando a los tuyos propios.

Los minutos pasaron y ya estaba casi terminado el tatuaje cuando tras varias discusiones sobre cosas triviales la tatuadora había retado a Chase a bailar al ritmo de una canción de reggaetón que estaba sonando. El pelinegro no parecía para nada la clase de chico que bailaba, y mucho menos aquellos pasos. El ambiente era tan alegre que Alejandra se permitió coger el móvil y grabarlo.

Chase movía las caderas y los brazos como si la sangre latina corriese por sus venas, y debía de admitir que lo encontraba demasiado sexy, con el pelo ya revuelto y algo húmedo por el sudor, la sonrisa de oreja a oreja que dejaba entrever unos pequeños colmillos naturales, los hoyuelos en sus mejillas, el corte en el labio y la camisa desabotonada hasta la mitad. Entonces se le ocurrió la magnífica idea de pasar aquella grabación a Tik Tok, con un poco de suerte lo haría viral en la aplicación de videos, y se reirían juntos. Pensó que no le importaría, y en caso de que así fuese lo borraría. Tenía pensado decírselo antes de subirlo incluso pero entre una cosa y otra acabó siendo una completa despistada.

Subir.

-No tendrás miedo a las agujas ¿verdad? -bromeó la rubia cuando Chase ocupó el lugar de Alejandra. -Mira que los que más os quejáis sois los tíos.

-Eso ha sido machista por tu parte -puntuó Chase con diversión.

-Machista para nada. Pregunta donde quieras y verás que las mujeres tenemos más aguante. Venimos preparadas de fábrica para el dolor.

Chase volvió a reír, y mientras la máquina volvía a ponerse en marcha Alejandra se acercó al espejo de cuerpo entero observando su reflejo. Estiró el cuello y con acarició las finas líneas negras dibujadas sobre sus propias venas, un simulacro de lo que Chase le había contado.

"Ambos se amaban tanto que la luna les brindó una segunda oportunidad, a cambio marcando sus cuerpos en zonas opuestas, para que espalda contra espalda lucharan contra el mundo."

Le había explicado Chase. Y aún que no fuese amor lo que a ellos les habia unido, bien cierto era que ambos habían estado espalda contra espalda esta noche.

-Es precioso. -señaló la bailarina.

Un enredo de venas oscuras que subía por el lateral izquierdo de su cuello hasta ocultarse tras su oreja, y descendía a su vez por la clavícula y parte del hombro. Chase por el contrario lo llevaría en el lado derecho.

-¿Cómo se os ha ocurrido? -quiso saber la rubia.

Algo en Alejandra le decía que ella ya lo sabía, de alguna forma... ¿podía ser eso?

-Una larga historia. -dijo sin más.

-Algún día me la podríais contar juntos. -dijo mirando a Chase, quien se quedó perdido en su mirada. -¿No?

-Nosotros no... -empezó Alejandra, pero la otra chica subió el volumen de la música amortiguando su voz.

La letra parecía ser una burla, y tras ver la sonrisa en el rostro concentrado de la tatuadora, Alejandra quiso tirarle su zapato.

"Quiero disimular que no me sé tu nombre. Yo quiero conocerte como corresponde..." Cantaba una voz masculina.

Al menos Duki salvaba la canción, pensó la pelirroja. Tini nunca le había gustado en realidad.

-¿Te duele? -le preguntó al pelinegro, quien tenía una mueca graciosa en la cara. -No te hagas el duro, puedes llorar.

Chase le enseñó el dedo corazón, acto que le arrancó una sonrisa disimulada a la tatuadora. Alejandra acarició los dedos del pelinegro sin apartar la mirada de la suya.

Como en otras ocasiones a lo largo del día, cada vez que sus miradas se encontraban todo parecía desvanecerse alrededor. La canción acompañaba el momento y Chase inclinó la cabeza entrecerrando los ojos.

-¿Qué? -quiso saber ella en un susurro.

-Estás preciosa con ese tattoo.

La sonrisa que esbozó parecía calentar cada parte de su pecho. Y temió por un instante. ¿Qué le estaba pasando? El alcohol ya había desaparecido en gran parte de su sistema y cada vez estaba más consciente.

-Tu también.

Chase alzó una ceja con diversión.

-¿También estoy preciosa?

La rubia emitió una carcajada involuntaria.

-No, pero te queda... bien.

-Si vais a follar usad condón. -bromeo la rubia. -No queremos fetos a estas alturas de la historia.

Ambos la miraron extrañados, pero a ella no parecía importarle una mierda.

-Eres rara ¿te lo han dicho? -preguntaron ambos al unisono.

Ella se encogió de hombros, y Qlejandra volvió a mirar a Chase. Era como caer..., caer..., caer..., Cada vez más profundo. Y sabía que debería de tener miedo, pero llevaba todo el día tratando de autoconvencerse a sí misma de que solo era un desconocido pasando por su vida.

Chase se irá...

Se irá...

-Bueno, esto ya está -finalizó la otra chica -. Quiero mi dinero. Y un extra por despertarme.

Alejandra puso los ojos en blanco y se palpa los bolsillos de los vaqueros. Sacó un billete de cien y otro de cincuenta euros.

-No tengo más.

Chase hizo lo propio sacando su cartera, pero la rubia negó con la cabeza.

-¿Sabéis qué? Invita la casa -dijo con un guiño. -.Pero quiero que me dediquéis el primer orgasmo de la noche.

-De eso nada. Es tu trabajo, coge esto y mañana me paso para darte el resto.

Chase quien ya estaba en pie abotonándose la camisa negó.

-Pago yo.

-Que no -insistió la pelirroja apretando los dientes. -. Ha sido idea mía. Mañana te vengo con el resto, lo juro.

La rubia se pasó una mano por la cara con hastío.

-Solo quiero que os larguéis para volver a la cama. -finalizó. -Venga, fuera los dos.

-Per...

-¡Que me quiero ir a la puta cama, pesados de los huevos!

Alejandra se encogió al mismo tiempo que Chase emitió una carcajada grave.

-Bueno, vale...

Cuando ya estaban en la puerta y Chase abrió ésta, la bailarina se giró:

Se mordió el labio y volvió hacia la camilla quedándose de pie.

-Alexandra... -nombró a la rubia.

Ésta alzó la mirada de la pequeña bandeja metálica. Alejandra rodeó la camilla y sin saber muy bien porqué la abrazó. No eran tan amigas, y tampoco sabía mucho de la otra, pero un inmenso cariño la recorría cada vez que se encontraban. Alejandra se planteó el haberla conocido en otra vida.

-Gracias. -susurró conta el hueco del cuello de la otra.

Al principio rígida y después devolviéndole el abrazo. Cuando se separaron Alejandra vio su reflejo en las pupilas de la rubia. No sabía muy bien porqué le estaba agradeciendo, pero sabía que no era por el tatuaje gratis.

La rubia esbozó una sonrisa casi maternal, y asintió.

-No me las des -guiñó -... aún.

Alejandra frunció el ceño de nuevo confusa, y como si acabase de salir de un trance se dio la vuelta encontrándose con Chase apoyado contra el marco de madera.

• ────── 🕷 ────── •

Chase escuchaba con atención sonriendo divertido a medida que avanzaban por el estrecho callejón madrileño, dejando atrás el estudio.

-A lo tonto han quedado de puta madre. -señaló la pelirroja acariciando el parche que le había colocado sobre el tatuaje. -Y con significado y todo -murmuró dirigiendo la atención al de Chase, que sobresalía por el cuello de su camisa. -Ahora sí. No vas a olvidarte de mí en la vida, amiguito.

Chase esbozó una sonrisita pícara al situarse frente a ella, impidiéndole avanzar. La pelirroja siguió todos sus movimientos con la mirada; La forma en que Chase la empujaba contra la pared del callejón desierto, las venas de su mano visibilizarse aún más al apoyar éste contra la pared, y sus ojos..., ojos azules. Nunca había sentido precisamente atracción por los ojos azules. Le parecían vacíos, acuosos, como el fondo de lago en un pantano... agua de charca los llamaba su madre. Pero los de Chase eran distintos, tan oscuros que parecían negros en la penumbra, y tan claros en el sol que perfectamente podrían ser dos piedras preciosas perfectamente pulidas.

Chase se había percatado incluso antes que ella de lo acelerado que se encontraba su corazón, y parecía divertirle la situación. El pelinegro se pasó la lengua por el labio inferior con disimulo.

-Cómeme -bromeó.

Ella tardó unos instantes en comprender sus palabras, y entonces esbozó una sonrisa a su vez.

-Puedo hacerlo. Pero tienes que pedirlo de una forma concreta.

-¿Ah si? -cuestionó Chase en un susurro aproximándose a ella, arrancándole el aliento. -Y esa forma concreta ¿qué implica?

-¿Cuánto tiempo vas a estar aquí?

Chase parpadeó con lentitud, el dilema claro en sus ojos, pero entonces bufó elevando una ceja.

-¿Importa?

-La condición es que seas mi chófer privado por una semana -puntualizó ella -. Así que sí. Importa.

-No te preocupes por eso, voy a estar aquí un tiempo más, pero no es justa tu condición. Tu ganas un chófer y yo sólo un beso?

Alejandra puso los ojos en blanco inclinando la cabeza.

-¿Quién ha dicho nada de un beso?

Ni ella misma sabía si era capaz de ir más allá, pero la adrenalina corría por sus venas acompañada de la mano por la excitación. Juntas estaban formando un confuso desastre en su cabeza, y en lo que no era su cabeza también. Chase lo notó, pero no contradijo su oferta.

El chico negó suavemente haciendo un gesto sencillo con el dedo índice frente a su cara.

-Las cosas no funcionan de esta forma, venenosa.

Venenosa...

Alejandra contuvo un suspiro atontado ante el nuevo mote que Chase le había puesto en el estudio. Tenía el pulso tan acelerado que en cualquier momento podría acabar hiperventilando.

El pelinegro acortó un poco más la distancia entre sus rostros y murmuró con voz lasciva y completamente audible:

-Te tengo una oferta mejor. Si ganas tú -su dedo índice se clavó unos pocos centímetros por encima del pezón de Alejandra -haré de esclavo para ti por una semana. Cosa que no va a pasar -su preciosa sonrisa traviesa se convirtió en una mueca salvaje que le recordó al gato de Alicia en el país de las maravillas. -. Pero si gano yo..., podré hacer contigo lo que quiera durante esa semana. Serás mía. Todo lo que quiera.

Alejandra tragó en seco aturdida sin saber si era por el tono, la proximidad o que su lado feminista se estaba retorciendo dentro de ella en aquel instante.

Chase apartó un mechón pelirrojo de los ojos de la chica, aguardando pacientemente la respuesta. Pero en cuanto percibió el cambio en los ojos de Alejandra parecía haberse puesto serio.

-Estás demasiado confiado -bromeó ella cogiéndolo por sorpresa, estrellando la espalda de Chase contra la pared en la que un segundo atrás había estado la suya. -. Y te aviso que yo no juego limpio. Dicho esto -se relamió los labios pegando su cuerpo al de él sin cortar el contacto visual. -. ¿De verdad quieres perder?

N.A.

¿Para qué escribir una novela si no puedes hacer cameos?

Bueno, ¿qué os está pareciendo?

A partir del próximo capítulo que...

SPOILER: +18 ejem... Sí, ya se que es lo que estáis esperando puerc@s

...las cosas van a ponerse intensas.

Sé que estoy tardando y lo lamento, de verdad. Ya he pedido disculpas como mil veces y aún así sé que eso no cambia nada. Prometí hacer algo y no lo he cumplido... Voy a intentar hacerlo lo más rápido que pueda.

Perdonadme.

Este ha sido un capítulo sencillo porque todos merecemos calma antes de que nos estalle la bomba en la cara (literalmente podría ser)

Tengo dos finales para esta novela, y haré una encuesta en instagram.no sabréis cuál es, pero dependiendo de a cuál votéis será el que le daré.

Ambos me gustan mucho aún que sean muy diferentes.

Nos leemos.

Att: Mamá Pato.

Cuack.

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