|Capítulo 4| DEVILISH
Recomendación:
Escuchar la canción de cada capítulo ya que las he escogido acorde a la situación.
Llevaban un tiempo incalculable en completo silencio, simplemente mirándose el uno al otro, dejando que las miradas dijesen todo lo que las palabras no podían.
Chase Moondeer.
Seva le había dicho el nombre del sujeto misterioso horas atrás. No necesitaba conocerlo, ni quería tampoco. Pero esa espina que llevaba clavada en su ser y mente toda la noche y parte del día la trasladaron a un universo duélico. Un lugar donde sólo existían su desconocido y ella.
Y entonces se le ocurrió una magnífica idea. Su teléfono se encontraba en el interior de la barra, bajo uno de los estantes. Era seguro ya que Samuel lo cuidaría con su vida si fuese necesario. Consciente de cada uno de sus movimientos se inclinó bajo la atenta mirada del chico y recuperó el móvil.
Chase la observaba con atención, los ojos entrecerrados le indicaban que ya había bebido mucho, y la cicatriz que atravesaba su párpado era una línea blanquecina. No podía negar lo atractivo que le resultaba. Tecleó en la pantalla con rapidez y al extenderle el artilugio para que leyese la traducción, una lenta sonrisa se dibujó en los labios de éste último.
Memorizó la frase: Te invito a la próxima si me cuentas cómo te has hecho esa cicatriz.
A su vez el chico palpó los bolsillos traseros y delanteros hasta sacar su teléfono, y en el traductor escribió:
Me estaba haciendo una paja y caí de cara.
Alejandra se mordió el labio inferior tratando de contener la risa.
-¿Hablas en serio? -cuestionó en español.
El pelinegro amplió aquella sonrisa tan peculiar y oscuramente sensual contra el vaso.
-Sure.
Esta vez se permitió reír negando con la cabeza y atrajo la atención de Samuel señalando la copa del chico.
-Se la rellenas a mi cuenta, y ponme un chupito.
-Claro, guapa. -asintió el barman con una sonrisa.
La pelirroja volvió nuevamente su atención a Chase. Algo en su aura la atraía de una manera inexplicable, como si la oscuridad absoluta la atrapase y envolviese cuando se aproximaba, y sin más; amenazaba con desintegrarla.
-Bien, yo no tengo ni puta idea de inglés, y está claro que tu de español menos... -murmuró más para sí. -. A ver si entiendes esto ¿Du you haces in the Spain?
Con un borboteo Chase se atragantó con lo poco que quedaba en su vaso, escupiendo el líquido sobre la barra y sobre sí mismo.
-Oye que tampoco hablo tan mal -se quejó con fingida indignación. -. Di tú algo en mi idioma, bocas.
Con un movimiento que derrochaba elegancia el chico se limpió los labios y la barbilla -de la cual aún caían gotas- con el dorso de la mano.
Alejandra pensó que debía de tomarse aquello como una muestra de humor, sin embargo cuando los ojos de Chase se clavaron en ella ni siquiera le hizo falta mirar la pantalla mientras escribía. Al tenderle el teléfono leyó la traducción:
Vuelve a llamarme bocas y te pondré a cuatro para que lo gimas.
El ardor entre sus piernas fue instantáneo y abrasador. Como si una oleada de fuego puro se hubiese abierto paso hasta su intimidad.
-Joder -murmuró notando la sangre fluir a un ritmo anormal por sus venas. -. Manda huevos con el que no entendía...
Chase chasqueó la lengua y el cabello oscuro ondeó por la brusquedad. No estaba segura de tener o no una alucinación. Él no hablaba, no hacia ningún gesto exceptuando el lento aleteo de sus pestañas. Eclipsada por un halo inhumanamente electrizante, como ramificaciones cruzándose y enrevesandose dentro de sus venas. La pelirroja pensó que era imposible, antinatural provocar tales emociones sin tocarla, sin hablarle; sólo con la mirada.
El teléfono le temblaba en la mano y no estaba segura de la razón.
¿Te ha gustado mi número?
Chase se volvió a relamer los labios, los entreabrió como si fuese a decir algo y una vez más los cerró, confundiendo por completo a la mujer frente a él.
Esta vez ella fue quien trató de emitir sonido alguno, percibiendo la antipatía en el chico. Pero su teléfono comenzó a sonar, y al mirar la pantalla un número oculto atrajo su mal augurio.
-¿Quién es? -preguntó temblorosa.
-¿De verdad pensabas que no iba a encontrarte, mi niña? -inquiso una voz que conocía demasiado bien.
Sus rodillas flanquearon y como si acabasen de atraparla en el ojo de un huracán colgó. Ya no notaba la presencia de Chase, ni la de nadie en la sala repleta de gente.
Era él.
Había escapado y venía a por ella.
La bilis le subió por segunda vez en la noche, y con torpeza se adentró en los vestuarios vacíos. No se quitó la ropa y había olvidado por completo a Sharpey alrededor de su cuello. Le faltaba el aire.
En algún momento entre una inhalación y otra debió de sentarse en el suelo, y mientras todo lo ocurrido seis meses atrás volvía a su mente, un chirrido se abrió espacio en sus oídos.
-¿Wolf?
No reconoció la voz. Sólo trataba de concentrarse, de respirar. Quería retener el poco aire que se filtraba hacia sus pulmones.
-¡Wolf!
Los ojos verdes de Galia aparecieron como luciérnagas en medio de la oscuridad, y aún desenfocada reconoció sus facciones.
-Me... -sentía como si alguien hubiese rasgado su garganta. -. Me va a matar.
-¡¿Qué?!¡¿Quién?!
Galia palmeó su rostro sin éxito.
-¡Wolf!¡¿Quién te quiere matar?!
Nada. No había reacción humanamente posible ante lo que acababa de desatarse en su cabeza.
Estaba muerta. Murió el día que él le arrebató la vida, y creyó volver a resucitar cuando lo encerraron, pero volvía a estar libre. ¿Lo estaba?¿Había sido una alucinación?
-¡Alejandra, por favor!¡¿Quién quiere matarte?!
No contestó. No le hizo falta. Galia envolvió en sus pequeños brazos el cuerpo de la pelirroja, y ésta pudo ver a la pitón arrastrarse por las baldosas del suelo.
-Sh... Ya está. Ya está...
Todo debía de ser una pesadilla. ¿No? Porque no tenía ni pies ni cabeza la situación.
Alejandra no habría sabido contestar el tiempo que ambas permanecieron en el suelo. Ella sobre el regazo de la morena mientras esta le acariciaba el cabello. Estaba mal, muy mal. La había encontrado y querría hacerla pagar.
-Galia -susurró en algún espacio entre sus pensamientos.
-¿Huh?
Alejandra tragó en seco sin pensar mucho lo que diría.
-Lo siento -susurró con la mirada perdida en el pie del lavamanos.
-No tienes que...
-De verdad lo siento -repitó sin emoción en la voz. -. Te he tratado como a una mierda cuando mereces mucho más.
Pero Galia no dejó de acariciarle el rostro y el pelo en ningún momento.
-A veces las personas somos mezquinas con los demás por miedo. -susurró cuando Alejandra alzó la cabeza. -Yo tampoco debí dejarme caer.
-No caíste. Te arrastré.
Una sonrisa triste se dibujó en el rostro de la morena. Sus ojos esmeralda no tenían brillo alguno.
-Me dejé arrastrar -dijo frunciendoblos labios y encogiéndose de hombros. -. Me dejé arrastrar porque me gustas.
Alejandra apretó los ojos con fuerza y nuevamente lágrimas resbalaron sin control de sus ojos.
-No llores. Eso sólo hace que estés más bonita, y no me pones fácil querer odiarte.
-¿Quieres odiarme?
Galia suspiró sonoramente.
-Más que nada.
Alejandra se incorporó como pudo, las piernas aún temblándole al igual que el estómago. Comenzaba a dolerle horrores la cabeza. Galia la imitó algo incómoda por el repentino corte, y en cuanto la pelirroja la cubrió con sus brazos emitió un jadeo sorprendida.
-Espero que lo consigas. -susurró en su oído para terminar dejando un beso sobre su mejilla.
Y sin más se dio media vuelta, recogió con cuidado a la pitón, juntas saliendo del vestuario.
En el exterior había empezado una llovizna veraniega, y Alejandra disfrutó de las gotas que caían sobre su rostro. Llevaba a Sharpey en un transportín con paredes de plástico y agujeros lo suficientemente grandes para que el bicho pudiese respirar.
Alejandra pensó en la primera vez que vio los ojos sin brillo de Chase mirándola desafiante a través del cabello negro a ambos lados del rostro. En cómo había pegado su cuerpo al de él aquella primera vez bajo el escenario, con expresión arrogante en los labios.
-¡Boo!
El golpe la cogió sin previo aviso y por unos segundos avanzó desorientada hasta desplomarse en el suelo. El pelo sobre la cara le impedía ver a su agresor o agresora, pero una patada directa a su abdomen le arrancó todo el aire de los pulmones.
No necesitaba verlo porque al instante supo quién era.
Xander Molina.
Lo supo desde la noche anterior. Lo supo después de su llamada, y lo sabía en ese momento en el suelo. Tosió girando sobre sí misma cuando un segundo golpe la lanzó por el suelo aún más lejos.
Quiso gritar, llamar a alguien, arrastrarse y pedir ayuda como lo había hecho meses atrás, pero Xander no era idiota, y si estaba allí golpeándola era porque el madito cobarde había encontrado el momento perfecto. Un callejón oscuro y solitario de vuelta a casa.
Moriría a manos de su agresor, y está vez no había escapatoria.
-¿A dónde ibas, mi niña?
Alejandra quiso gritar, llorar incluso. Aquel apodo cutre le revolvía las tripas.
-¡¿A dónde coño ibas?!
Otro golpe, esta vez en el costado.
Recordó la primera vez y todas las demás. Recordó sus golpes, su maltrato, sus insultos... Alejandra recordó todo lo que ese desgraciado le había hecho durante toda una semana.
Y aún así consiguieron quedarse en golpes solamente. No llegó a más, no llegó a hacerle todo lo que pretendía. La policía lo había arrestado a tiempo. Lo habían encerrado en ese maldito centro psiquiátrico y todo... para nada.
-¡Habla, joder!
Fue un segundo. Un instante el que tardó en desplomarse sobre ella como si el mismísimo Dios le hubiese dado un puñetazo por sorpresa. Dejándolo KO.
Y ahí estaba. Con el mismo aura oscura que lo había rodeado desde el primer momento. Chase soltó la barra de metal con un estruendo.
-Hijo de puta...
La pelirroja quiso gritar aliviada. Salió gateando, sosteniendo su costado como pudo hasta que las manos de Chase tiraron de ella.
-Sube al coche, está en la calle principal.
Alejandra quedó estática ante el perfecto castellano. Pero Chase no parecía notar el cambio.
-¡Sube al puto coche! -aulló.
Sin volverse siquiera dio media vuelta y salió corriendo hacia el exterior. Lejos de su agresor y su salvador. Los golpes y gritos disminuyeron a medida que se alejaba.
• ────── 🕷 ────── •
Chase bajó del coche primero mientras su acompañante seguía temblando como un animalillo herido. Le tendió la mano para ayudarla y ésta se la cogió, con los ojos enrojecidos por las lágrimas que seguramente contenía, supuso él.
En aquellos instantes debía de estar lejos de la presente escena. Y por alguna razón a Chase le gustaba. No el hecho de que la hubiesen tratado de secuestrar, si no el tenerla tan cerca.
-Señorita Wolf -llamó él cuando los pies de ésta tocaron el suelo.
Chase notó como se le curvaban los labios en una sonrisa que de no ser por la tristeza en su mirada, habría ido directa a su corazón. Aquella mujer pelirroja tenía algo. Algo que nublaba su juicio y lo hacía sentir como en... casa.
-Me has mentido...
-No había razón para ser sincero contigo, cariño -reconoció él-. Aún que comprendo que te enfades. Yo lo haría en tu lugar.
-Me has salvado -repuso Alejandra con cansancio, y por alguna razón a Chase le sonó como un insulto. -. No tendría sentido que lance mi rabia contra ti.
La brisa azotaba su cabello, y bajo las luces anaranjadas de las farolas le recordó a un hada.
¿Un hada? Qué cojones...
-¿Y si quiero que lo hagas? -su voz había descendido un par de tonos, cada vez más grave -. Que desates esa ira en mi contra, digo.
Lo miró directamente a los ojos, y Alejandra se preguntó que aspecto tendría mirándola desde arriba. Se preguntó si seguiría conservando aquel halo oscuro y fúnebre.
-No soportarías mi ira, créeme. He tenido al mejor maestro -repuso alzandobel mentón desafiante. Y pensó en él. -No quieras meterte en mi vida.
-Quiero meterme en todo lo que te envuelva, Wolf -replicó Chase neutro -. Pero me conformo con que sean sólo mis dedos los que se metan por -finalizó la frase en su oído, y pudo notar su estremecimiento.
-Pero -la voz de la chica se había vuelto un desastre. -. Creía que...
Lo sabía. Sabía lo que provocaba en ella y lo estaba usando a su favor. Lo sabía porque ella en él provocaba exactamente lo mismo.
-¿Qué creías? -Chase arqueó una ceja.
-Déjame asimilarlo. Pensaba que no hablabas español, incluso que no te caía bien.
Algo en Chase se dulcificó ante sus palabras. Y se mordió el interior de la mejilla pensativo.
-¿Quieres que me vaya? Entiendo que después de... eso, quieras estar sola.
Chase se inclinó hacia ella, y sin sus tacones ya no era tan imponente.
El pecho de la pelirroja subía y bajaba agitado.
-Quiero -empezó, y Chase notó a su revoltoso amigo sacudirse. -. Quiero que te quedes y me dejes follarte hasta quedarte sin fuerzas. -su voz era una súplica. -Por favor. Lo necesito.
Chase soltó una especie de exhalación de sorpresa. Lo miraba con unos ojos tan ansiosos como desesperados. Sus manos cortaron la distancia en cuanto acarició el cuello de su camisa negra. Un gemido gutural y lastimero abandonó su boca, y él lo comprendió.
Aquella mujer estaba tan jodida que necesitaba el sexo para curar y regenerar su alma. De la misma forma que él.
Alejandra Lobo era un reflejo de sí mismo.
Inhaló hondo cuando los labios de ella se abalanzaron hambriento sobre los suyos, dulces y violentos. Las manos de la pelirroja capturaron las muñecas de Chase y éste gruñó en sorpresa. Cuando su espalda chocó contra algo duro ella se apartó inclinado la cabeza, y parecía una amazona salvaje.
-Mierda -rió sin gracia. -. Voy a destrozarte.
Nota de Autora:
Votar y comentar no cuesta nada, y a mí me ayuda tanto animándome a seguir escribiendo como para que el algoritmo de la aplicación me dé más reconocimiento.
Si has llegado hasta aquí y te está gustando agradecería que me lo hagas saber. Gracias.
Att: Mamá Pato.
P.d: Soy SIMP de mis patitos.
P.d 2: Gracias por hacerme sentir tan bien cada vez que actualizo.
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