
24
Ese último día de viaje, Jimin y Yoongi se encontraban recorriendo el abandonado pueblo.
En medio de su camino, el castaño casi grita de pánico justo después de explorar una casa se encontró con un enorme pedazo de brazo esquelético.
-Parece que lo neutralizaron bastante rápido.
Yoongi movió los pies con cierta rapidez, siguiendo las deformidades en el suelo pastoso, hasta toparse con una gigantesca grieta en el suelo.
Un escalofrío le tomó al pensar en que esas cosas decidieron un día normal surgir del suelo como si nada.
Todavía, en esas pequeñas noches donde ninguno de los dos podían dormir, seguían charlando y dando vueltas en el asunto.
¿Por qué estaban bajo el suelo, y por qué justo en ese momento decidieron aparecer?
Nunca nadie los descubrió. Debieron surgir del mismísimo infierno.
-Es aterrador pensar en lo que está bajo nuestros pies, ¿No?-Tener a Jimin susurrando detrás suyo mientras se perdía en sus pensamientos no le ayudaba a tranquilizarse. Yoongi dió un salto y se aferró a su camisa del susto-Lo siento. Te perdiste... Otra vez.
El pálido solo asintió, dando pasos para alejarse de ese hueco y volver la vista al monstruo destrozado al frente.
-Al menos sirve de abono, supongo-Tratando de estar tranquilo, Yoongi rozó con los dedos las flores que crecieron sobre las cosquillas rotas en el suelo, acercándose a ese rostro sin vida, de su boca surgían enredaderas y algunos dientes de león crecían dentro de los dos cuencos en sus orbes-Tomale una foto.
Jimin sentía mucha curiosidad por esa fascinada mirada, muerta y perturbada que yacía en el rostro de Yoongi cada vez que se topaban con esos escenarios.
Él tenía tanto miedo de ellos, pero al mismo tiempo parecia amar ver la vida que se aferraba con tanta insistencia tratando de devolverlos a la tierra, donde debieron pertenecer siempre.
Tenía que admitir que era una vista desastrosa pero bonita. Tal vez reflejaba un poco el estado de sus sentimientos, o al menos lo que anhelaban; ¿Podía haber un poco de belleza en ese mundo todavía?.
Yoongi quitó la mirada de esos ojos huecos cuando oyó el click de la cámara, con una mueca de disgusto al darse cuenta que Jimin había tomado una foto de él justo al lado de esa cosa-Eso fue de muy mal gusto.
-¿Qué?, Es artístico-Él castaño agita la foto un poco, con una sonrisa al ver ese precioso perfil pensativo.
-Pretencioso.
Jimin puso los ojos en blanco.
La conversación se detuvo en cuanto escucharon algo, claro y conciso. Una gallina.
Y por la mirada que obtuvo de su pareja, Yoongi sabía perfectamente qué hacer.
Sacando el arco y flecha que sobresalía de su mochila, el pálido ajustó su postura para apuntar al objetivo.
Frunció un poco los labios con culpa, las provisiones se estaban acabando, y pasó tanto tiempo desde la última vez que consumieron carne...
Incluso había olvidado ese sabor.
Disparó. Yoongi pasó saliva, sintiéndose un poco mal al instante. Por su parte, no había asesinado más que conejos o algún que otro huevo de codorniz. Pero todas las veces fueron contadas. Por primera vez, estaba experimentando algo extraño en el pecho al respecto.
Nunca consideró bueno el permitir que sus sentimientos se interpongan ante la supervivencia. Su cerebro y cuerpo están bajando la guardia, y en el fondo eso le disgusta.
Es vulnerable de su parte. Ser vulnerable no es opción.
La mano ajena en su omóplato lo devolvió al mundo real. Estaba atardeciendo ya, sus extremidades se ponían pesadas del cansancio, predispuestas ya a caer ante el sueño.
Todo en él estaba experimentando cosas nuevas. Siempre se mantuvo alerta, con insomnio y probablemente bajo algún bloqueo emocional. Pero ahora, todo aterrizaba sobre sus hombros.
No te relajes, idiota. De dijo a sí mismo, agitandi el rostro e inhalando.
Esa noche, Jimin se permitió prender una fogata para azar la carne.
A la distancia, ambos eran capaces de observar aquellas bases que Jungkook mencionó, quizá el ver luces generó en el castaño la suficiente confianza para sentirse seguro a la intemperie.
Después de todo, son áreas despejadas y rodeadas por las fuerzas militares... Cualquier mínimo temblor, ellos serían los primeros en enterarse.
-¿Cuándo fue la última vez que encendiste una fogata?-Yoongi mantenía una sonrisa suave, que se volvió más acentuada al ver ese adorable brillo en los ojos de Jimin. Ya no quería pensar en armas, ni en lo que se encontraba más allá de las zonas seguras o iba a explotar.
-No lo he hecho desde la última vez que acampé-Jimin se sentía realizado. Al fin, después de tanto tiempo, podía experimentar alguna actividad sin morir de miedo por ser descubierto.
Gracias al cielo, la mayoría de los lugares (en buen estado) mantenía conexión eléctrica. O en tal caso, debía crear fuego dentro de aparcamientos o sitios donde al menos, no exista tanto riesgo de morir atrapado en un incendio.
-Supongamos que estamos acampando como lo harías tú normalmente-Yoongi recuesta su espalda contra el tronco, bastante acostumbrado a las superficies duras, con la mirada directamente al cielo-¿Las estrellas se veían tan brillantes como ahora en ese tiempo?
-No tanto...
Jimin también se perdió en esa vista. Antes, estuvo alejado de la sociedad, pero las luces al horizonte opacando las estrellas habían sido un recordatorio constante de que había un lugar al que volver.
Ahora, todo era tan oscuro, y desconectado. Como si fuera un largo sueño del que ya no iba a despertar.
Seguía siendo surrealista a su modo.
-¿Crees... Que alguna vez nos hubiéramos visto si nada de esto ocurría?-Con un diminuto suspiro, el menor se sento frente a la luz naranja que despedía aquel fuego.
-No-La respuesta de Yoongi fue tan rápida que Jimin hizo una mueca de disgusto, los ojos gatunos ahora estaban sobre él, apoyándose sobre su codo, mirándolo a través de la pequeña fogata que los separaba-Nunca, jamás de los jamases nos hubiéramos encontrado.
-Le quitas el encanto.
Yoongi exhaló una risita muda, casi tonta. Sus encías y dientes podían admirarse con un brillo diminuto. Para el castaño ya era difícil, incluso extraño, imaginar una realidad donde no lo conociera.
-Extraño mucho mi antigua vida-El menor se levantó, caminando hasta él, a lo que el pálido rápidamente se sentó para darle un espacio a su lado-Pero también estoy indeciso, porque eso significa no conocerte.
-Lo piensas demasiado-Jimin siempre fue curioso, y Yoongi más que nadie lo sabía. Física o mentalmente, se la pasaba explorando. Todo el tiempo, tenía una duda, alguna teoría, o idea que hablarle. Esa parte de él que consideró tan molesta, ahora es divertida-Estoy aquí.
-¿Qué te digo?, Tengo mucho tiempo libre-Jalandolo suave por su cabello negro y desastroso, el castaño lo empujó a reposar la cabeza contra sus muslos, solo para peinarlos.
Los ojos de Yoongi comenzaron a cerrarse de pura relajación.
-Ya no lo tendrás cuando empecemos a cultivar...
La sonrisa de Jimin se volvió tan incontrolable que sus ojos se volvieron finas líneas curvas, levantando la comidita de sus gruesos labios con emoción.
Seguía con miedo. Pero, incluso si lo encontraban todo destruido, ya no quería irse de allí.
No quería seguir miserablemente.
Y era curioso como de cierto modo, los papeles se invirtieron.
Ni siquiera cayó en cuenta, de cuándo fue el momento en que Yoongi se volvió tan sensible.
-No te duermas, aun no esta lista la cena...
-Despiertame, ¿Sí?
Jimin no podía negarselo cuando le agitaba así las pestañas, siguió acariciando su cabello en silencio, admirando las chispas naranjas del fuego alzarse.
Les esperaba otra larga caminata. La última antes de llegar a su destino.
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