Entre tiempo(one shot)
Tsuna veía como el entrenador daba indicaciones. Escuchaba a la tribuna alentar al equipo o insultar al árbitro por cobrar o no alguna falta. Pero el solo tenía ojos para un jugador. Lo veía correr de un lado a otro de la cancha. Recuperar balones. Bloquear pases y lanzar tiros y lo que presenciaba lo tenía muy frustrado. Y no lo tomen a mal, no es que le desagradara Reborn todo lo contrario. Lo adoraba, y el anillo de compromiso que ahora llevaba colgando en su cuello era la prueba perfecta de ello. Lo que lo tenía frustrado era que mientras el azabache recorría de punta a punta el campo a Tsuna le toco permanecer en la banca, además de no poder lucir su sortija en su dedo como corresponde, por culpa de los tramposos seguidores del equipo que enfrentaban. El hubiese querido cobrarse personalmente la fractura de su muñeca por todos los dioses. Además de que quería demostrar al mundo que no solo era la pareja de Reborn para la vida si no que también era su mejor complemento en la cancha y así todos esos idiotas dejaran de observarlo como si estuviese disponible. Una de las mayores razones por las que quería terminar ya la universidad era para poder realizar su boda y así todos esos imbéciles dejaran de guardar esperanzas de salir con su novio.
Un silbato lo saco de sus pensamientos homicidas. No podía creer que ya había terminado el tercer cuarto. Y cuando observo el marcador la frustración paso a ser enojo y no del leve.
Cuando el equipo ya se estaba acomodando en la banca y esperando indicaciones el ojimiel se acercó a un azabache de rizadas patillas
- ¿se puede saber que estás haciendo Reborn? -
- no sé de qué hablas Tsuna. – y desvió la mirada del castaño para centrarse en algún punto del campo de juego
-Reborn no te hagas el tonto conmigo-
-Vamos Tsuna estamos jugando lo mejor que podemos. -
- lo mejor que podemos mis huevos Arcobaleno- ante el uso de su apellido Reborn trago grueso, había olvidado el pequeño detalle de que su dulce prometido se volvía más peligroso que león salvaje enjaulado cuando había un partido de por medio
- escucha bien azabache de pacotilla. Ni siquiera estas intentando marcar como sabes hacerlo. Tus tiros son imprecisos y si lo que quieres es una lesión en la muñeca para que haga juego con la mía solo avísame idiota, que con gran gusto y placer te de la dejo igualita, pero no vayas por la cancha haciendo cortes y bloqueos tan peligrosos y con los que lo único que vas a lograr es alguna fractura de hueso o peor aún que te cobren las faltas a ti y terminen echándote.- Reborn arqueo una ceja ante la mención de que era peor que perjudicara el juego a que lo lesionaran pero aun así guardo silencio hasta que el castaño terminara de regañarlo- escúchame bien Reborn o sales a jugar como dios manda y ganas este partido o te juro que te pateo el culo de aquí hasta la casa del abuelo y frente a toda mi familia cancelo la boda. -
El rostro pálido de Reborn le dejo claro a Tsuna que su prometido capto perfectamente el mensaje. Así que sin más palabras se dio vuelta y se fue hacia el otro extremo de su área de descanso.
El azabache muy tarde entendió que esta vez metió la pata y hasta el fondo. Debió imaginar que Tsuna no se tragaría lo de una mala racha o que el otro equipo los superaba en habilidad. Conocía muy bien la capacidad del equipo y más aún la suya, era su compañero de juego después de todo.
Bien, tendría que recuperar los veinte puntos que regalo (solo porque le parecía divertido ver la cara de fastidio y frustración de su castaño), bajo ninguna circunstancia permitiría que su matrimonio fuera cancelado, le costó lagrimas sudor y sangre conseguir el visto bueno de la familia y no iba a tirar todo su trabajo a la basura, además si eso sucedía tendría que convertirse en asesino serial pues había varios imbéciles que creían tener una oportunidad con su cielo y estaban al acecho, ante cualquier rumor de separación se aventarían sobre su chico. Al ver el yeso en la mano de Tsuna recordó otro punto fuerte para dejar de hacerse el tonto, debía cobrarse la herida que tenía su ojimiel. Porque, aunque los culpables ya fueron atrapados Reborn estaba seguro de que la idea fue de los jugadores que ahora enfrentaban. Después de todo Tsuna era el alma del equipo, no solo por su habilidad en el campo también por los maravillosos discursos motivacionales que les daba, y si no lo creen vean lo que logro con él en menos de 2 minutos. Se dio vuelta y vio a todo su equipo sonriéndole con burla pues todos escucharon las amenazas, esos malditos traidores disfrutaban mucho ver como se doblegaba ante el castaño.
Definitivamente su ojimiel sí que sabía cómo cambiarles los ánimos.
El silbato volvió a sonar dando inicio al último cuarto y Reborn se la paso acertando tiros desde fuera de la zona de tres puntos mientras el resto ayudaba con dobles o a liberar camino. Para cuando ya solo quedaba 1 minuto no solo habían eliminado la diferencia si no que ahora llevaban la delantera por 30 puntos.
Ante esa perspectiva Tsuna solo podía sonreír con gran satisfacción y algo de burla hacia la banca contraria. Mientras que los integrantes de esta lo miraban con odio. Creyeron que sacar al eslabón más “débil” del dúo dorado de Vongola sería suficiente para ganar y pasar a la siguiente ronda. Vaya error, eso solo hizo que el castaño liberara la frustración de tener que ver los próximos partidos desde la banca sometiendo a todos los miembros del club, su prometido, el entrenador el asistente y el preparador físico incluidos, a entrenamientos extenuantes bajo amenaza de mucho dolor si perdían el partido.
Todos creían que el joven por ser un doncel de buena familia era un dulce de miel, amable y educado, y eso era así la gran mayoría del tiempo excepto cuando se trataba de básquet pues su carácter era más terrorífico que el del mismísimo lucifer mucho más variado y colorido que el de un barrabrava durante un superclásico. Y si aún tienen dudas de eso solo pregúntenle al azabache que a pesar de conseguir la victoria y además por una aplastante diferencia de puntos aún tuvo que resignarse a ser castigado por la ley del hielo. Bueno al menos seguían estando comprometidos. Ahora solo debía conseguir los postres favoritos de su ojimiel para compensarle el mal rato.
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