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Capítulo 17

Desayunamos en silencio. Él me miraba sonriente, y a pesar de su hematoma en la mejilla y su labio partido, se veía muy sexy.

Después de eso, él se fue a casa. Aún tenía que cambiarse y explicarle a su padre lo de su rostro. Luego iría al instituto y nos encontraríamos allí.

Iba caminando hacia la fuente del instituto, cuando una Carter alterada me miró. Yo fruncí el ceño, no entendía que era lo que le pasaba. Me paré junto a ella y le pregunté:

—¿Qué tienes?

—Vamos, tienes que verlo —me dijo, levantándose.

—¿Ver qué cosa?

Me tomó del brazo y me llevó a rastras por toda la escuela hasta que llegamos al gimnasio y vi que alguien le estaba pegando al saco de boxeo. Golpeaba con tanta fuerza y rabia que casi pensé que lo rompería. Entonces Carter me susurró:

—Tienes que hablar con él. —No estaba entendiéndola para nada.

Se fue y me dejó en el gimnasio.

Me acerqué al chico y pude ver los moretones en su espalda y en sus costillas. Entonces supe a lo que Carter se refería. Este seguía golpeando el saco sin ninguna protección en sus nudillos y pude ver la sangre.

—¿Jamie?

Él se volteó rápidamente y mi corazón dio un vuelco. Tenía un ojo morado, había un corte en su pómulo derecho, su pecho estaba con hematomas por todos lados. Sus ojos me miraron y había rabia en ellos. Quería pensar que se lo merecía. Que él se había buscado esta golpiza, pero era mi mejor amigo, y aunque ayer lo había odiado por las cosas que me dijo, no podía evitar que me doliera verlo así.

—Supongo que esto —dijo, señalando su rostro—, debe hacerte feliz.

—Yo... yo...

—Debo admitir que tu noviecito da buenos golpes —dijo con amargura.

—Sabes que tú tienes la culpa —declaré en voz baja.

—Tienes toda la razón. —Se volteó y golpeó el saco—. Es mi culpa haberme enamorado de ti. —Volvió a golpearlo.

—Si tan solo... —comencé y me detuve.

—Si tan solo, ¿Qué? —Me enfrentó—. Dímelo.

—Si me hubieras dicho esas palabras hace seis meses, las cosas serian diferentes. —Se sorprendió.

—Dime que no sientes nada por mí. —Exigió—. Dime que ya no me quieres.

—Es imposible que deje de quererte. —Sus ojos brillaron—. Solo que estoy enamorada de Graham.

Jamie golpeó el saco una vez más y lo escuché gruñir.

—No voy a rendirme. —Un golpe—. Ya lo verás —Otro golpe.

Me marché y lo dejé solo en el gimnasio. No veía la hora de llegar a la universidad. De quitarme todo este gran peso de encima. Hacer mi vida y dejar de preocuparme por mi mamá, por mi papá y por Jamie. Quería llegar al campus y empezar a vivir tranquila con Carter, teniendo a Graham a solo una hora de distancia. Quería que Jamie me dejara en paz, que volviera a su vida con Sarah como siempre había sido.

Fui a la clase de música, pero no tenía cerebro para eso. Me perdí en los acordes, no acertaba ninguna nota, y desafiné la guitarra. Intenté afinarla, pero no pude ni con la primera cuerda. Me quedé allí, con la guitarra en las manos, jugando con ella en un rincón y esperé a que la hora pasara.

Después de fallar en clase, la profesora me dio la guitarra para que la afinara en casa. Era como un tipo de castigo por haberla arruinado. Me dirigí a mi casillero para tomar mis libros de física, pero la verdad no quería asistir a ninguna clase.

Iba caminando por el pasillo, cuando Sarah me detuvo.

—¿Viste lo que le paso a Jamie y a tu novio? —¡Ay, no! Esto no era bueno.

—Sí, lo sien... —me interrumpió.

—Fueron asaltados por unos ladrones —¿Ladrones?—. Anoche cuando Jamie vino a casa, estaba mucho peor. Me dijo que estaba hablando con tu novio, cuando los ladrones aparecieron.

—Graham no me dijo na... —Volvió a interrumpirme.

—Qué lindo de su parte. —Sus ojos parecieron soñadores—. No quiso preocuparte. Pero sí que les dieron una golpiza. Tuve que curarle las heridas a Jamie y ponerle bolsas de hielo en los peores golpes. Casi le fracturan una costilla. —Sonó preocupada.

—De verdad siento todo esto —le dije a Sarah—. Pero ahora tengo que ver a Graham.

—Por supuesto, ve con tu chico. —Me sonrió y no pude sentirme más culpable.

Corrí por el pasillo en busca de Graham y entonces lo vi en una conversación animada con el equipo de baloncesto. Me acerqué por su espalda y tomé su mano. Me miró desconcertado, pero luego se relajó. Entrelazó sus dedos con los míos y luego se dirigió a los chicos.

—Oigan, nos estamos viendo —dijo alegremente—. Si hay oportunidad de un juego amistoso no dejen de llamarme.

—Por supuesto, hermano —dijo uno de los chicos, creo que su nombre era Owen—. Y cuídate ese golpe —dijo señalándole el hematoma.

—Claro que sí.

Caminamos lejos de los chicos. Tenía que hablarle de la mentira que había dicho Jamie. No dije nada en el camino, no sabía cómo empezar, o qué palabras decir. Nos dirigimos a las gradas de la cancha de baloncesto y nos sentamos. Sus ojos me miraron confundidos. El corte de su labio estaba empezando a cerrarse y lo acaricié.

—Pensé que estarías en la clase de física.

—Tenía que hablar contigo —dije.

—Ya estoy aquí —Sonrió—. ¿Qué me querías decir?

—Jamie. —Sus ojos miraron a otro lado—. Le dijo a Sarah que habían sido asaltados.

—Es un cobarde —dijo con acidez.

—¿Casi le fracturaste una costilla? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Me detuve.

—No quiero que vuelvas a pelear. —Le pedí reprimiendo las lágrimas—. Ni con Jamie, ni con nadie.

—Evelyn...

—Dime que no volverás a pelear. —Tomé sus manos y las puse en alto para que viera sus nudillos agrietados—. No quiero ver tus manos así otra vez. —Las bajé—. Tampoco tu rostro ni tu cuerpo.

—No puedo prometerte eso —dijo y una lágrima rodó por mi mejilla. Él la limpio—. Pero lo intentaré. —Sostuvo mi rostro entre sus manos—. ¿Sabes por qué?

Negué con la cabeza.

—Porque te amo.

Puso sus labios sobre los míos, besándome con suavidad. Luego me abrazó y yo le devolví el abrazo sin fuerza. No quería lastimarlo. Sabía que debía seguir dolorido.

—¿Qué dijo tu padre cuando te vio así?

—No mucho, pero cuando le dije que pase la noche contigo... —se ruborizó. Nunca había visto a Graham ruborizarse—, empezó a hablarme de otras cosas.

—¿Qué otras cosas? —pregunté. Ya tenía una idea, pero me encantaba este Graham ruborizado.

—Olvídalo. —Negó con la cabeza sonriendo—. Oye, pienso que si no vas a la clase de física, tendremos que ocupar el tiempo en otra cosa.

—¿Qué tienes en mente? —pregunté arqueando una ceja.

—Bueno, la camioneta está en el estacionamiento —dijo.

—La trajiste. —Sonreí.

—¿Quieres dar un paseo? —preguntó con una sonrisa ladeada.

—Vamos. —Me levanté y tomé su mano.

*****

Después de la pelea, Jamie dejo de buscarme. Todo se estaba convirtiendo en un ciclo. Él me hería, luego peleábamos y al final dejaba de buscarme. En realidad no me quejaba. El drama que estaba viviendo con él, al fin se estaba disipando.

En esas semanas pasaron cosas. Mi padre por fin se había largado de la ciudad. No tuvo la delicadeza de despedirse de Sammy. No quería odiarlo, pero odiaba que dejara a Sammy de lado, como si no le importara. Supimos que se había ido porque el muy cobarde llamó a mamá desde el aeropuerto. Cuando mi pequeño hermano se enteró, no hubo quien lo sacara de su cuarto. Estaba tan deprimido que ni siquiera quiso salir a jugar esos días con su amigo Rick. Mamá tuvo que meter un permiso en su escuela para poder justificar sus faltas. Intenté hablar con él varias veces, pero no quería escuchar a nadie. Al final lo dejé. Supe que cuando llegara el momento él mismo vendría a nosotras.

Mamá no le dio mucha importancia. De hecho se la veía más alegre y risueña y me daba un poco de aversión saber por quién se trataba. Los padres de Graham de verdad se estaban divorciando y con esto David pasaba más tiempo con mamá. La invitaba a comer y la acompañaba a casa. Quería hablarlo con Graham, pero sabía que en el momento en que lo mencionara empezaría a bromear como siempre lo hacía cada vez que veía a su padre en mi casa.

Por otro lado, Emma ya casi no asistía a clases. Sabíamos que todo esto se debía a su novio, pero no podíamos ayudarla. Carter y yo habíamos pensado un par de veces en hablar con su madre, pero nos odiaría por el resto de su vida. Con los exámenes finales a solo una semana, era imposible que lograra pasarlos y graduarse. Ya era un caso perdido. Cuando intentábamos hablar con ella, esta se ponía a la defensiva y nos gritaba. Lo intentamos un par de veces, hasta que al final nos hartamos de sus gritos y dejamos de llamarla. Era algo que simplemente no podíamos arreglar.

Con el tiempo los golpes de Graham sanaron, así como los de Jamie. Como dije, dejó de buscarme, ya no hablábamos, no había mensajes del teléfono de Sarah, no había visitas, solo desapareció de mi vida (no literalmente). En los pasillos del colegio me ignoraba, no había siquiera una mirada. Y lo peor de todo es que me sentía mal porque aún lo quería. Es estúpido, lo sé. Pero, ¿cómo olvidas a alguien a quien has querido toda tu vida? No es así de fácil.

Graham sabía que para mí no era nada fácil. Sí, lo amaba, estaba enamorada de él, solo que aún no podía olvidar a Jamie por completo. Era un imbécil, pero aun así lo quería. Esto era estúpido, no debería estar hablando de esto. Debería estar pensando en los exámenes finales y en la mudanza. Ya tenía todo planeado; mis cosas ya estaban listas para guardar en cajas. Mi madre se sentía un poco triste, pero no lo demostraba. Mi padre había acordado pagar la residencia y con un trabajo a medio tiempo, tendría suficiente para mantenerme.

Pronto me iría y comenzaría una nueva etapa...


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