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24 || Noche de chicas, y Finn

ANUNCIO: no he corregido el capítulo, estoy harta, es un capítulo eterno. Ahora sí, buena lectura :)

Aquella noche me fui a dormir con muchas cosas en la cabeza, pero sobre todo con una que no dejaba de dar vueltas por mis pensamientos, ¿Por qué Woody haría todo eso? ¿Sabría desde el inicio que yo estaba inmiscuida en el asunto? ¿Cómo le explicaría eso a mi papá?

Era su mejor amigo de la infancia, después de todo.

Giré en mi cama y suspiré agotada. ¿Los problemas terminarían algún día?

Me tomó al menos una hora poder conciliar el sueño, había mucho que hacer, y yo debía ir a mi último día de trabajo antes de las vacaciones.

Viernes por la mañana, me levanté un poco antes de lo común, por lo tanto me alisté antes que Finn se levantara. Pude jurar que incluso durmió más que otros días, así que decidí adelantarme, y preparar el desayuno. Su café de siempre y unos panqueques para los dos. Finn se levantó justo cuando estaba terminando de llevar todo a la mesa. Despeinado, y en medio de un bostezo, me saludó extrañado.

—¿Quién te obligó a levantarte? —preguntó mirándome. Yo me reí un poco y negué con la cabeza.

—Nadie, solo me desperté temprano y preparé el desayuno. Café sin azúcar. —Señalé la taza con pequeños dibujitos de tiburón—. Voy por mi avena —comenté caminando hacia la cocina.

Finn bromeó sobre lo raro que era para él verme despierta antes que él, así que solo lo ignoré y puse un poco de música mientras desayunábamos.

Aquel día, por alguna extraña razón, ambos estábamos de mejor humor, aunque el mundo alrededor se caía a pedazos. Al terminar de comer, él ofreció lavar los platos, y yo acepté, porque debía buscar mis cosas para volver a trabajar. Kevin me envió un mensaje, comentando que ya me estaba esperando en el estacionamiento para partir.

—¡Gracias, Finn! ¡Te veo al regreso! —chillé corriendo por el pasillo.

—¡Que tengas un buen día! —gritó de vuelta.

Yo cerré la puerta con una sonrisa y me encontré con Sam, que salía también del trabajo. Le pregunté si quería ir conmigo, ya que a veces no coincidíamos, porque ella entraba un poco más tarde.

—Yo voy contigo hasta el fin del mundo. —Mi mejor amiga me dio un beso en la mejilla y corrió junto a mí hasta el elevador.

Sam y yo conversamos un poco sobre lo que había sucedido el día anterior. Ella sabía todo lo que estaba sucediendo, así que solo añadí la parte del plan que ella no sabía. Kevin nos llevó a View mientras yo conversaba con ella, Sam lamentó no haber podido ayudarme, pero incluso quienes tenían más poder sobre ello, no pudieron hacer nada al respecto. Andrew y Woody eran una plaga y solo causaban problemas.

—Gracias por traernos, Kevin. ¡Te quiero! —le dije, luego sacudí la mano en forma de saludo, y él saludó también.

—¡Gracias, Kevin! —añadió Sam, Kevin asintió un poco y nos sonrió.

Cerré la puerta del auto y caminé junto a mi mejor amiga al interior del edificio, me despedí de ella también cuando el elevador nos dejó en el piso de su oficina, Sam me comentó que View estaba organizando un proyecto grande sobre un nuevo videojuego, así que ella tenía mucho trabajo por hacer.

—¡Trabaja mucho! No te distraigas —bromeé un poco y lancé un beso al aire. Sam se rio y negó con la cabeza mientras las puertas del elevador se cerraban. Presioné el botón que me llevaría a mi piso y sonreí al ver a mis amigos listos para un nuevo día. —Buen día, grupo —saludé dejando mis cosas sobre mi escritorio. Encendí la computadora, y antes de sentarme, asomé la cabeza para verlos mejor. Adam aún estaba despertando, Veronica tenía dos tazas de café vacías sobre su mesa, y Sara entró saltando desde la sala con una dona de colores.

Ellos era tan diferentes.

—¡Buenos días, rayito de sol! —saludó Sara con una gran sonrisa—. Este día te veo más radiante que otras mañanas, ¿Sucedió algo en especial?

Yo negué con la cabeza.

—Deben ser las vacaciones, están a unas horas de distancia. ¿Qué harán ustedes? —pregunté.

—Dormir —dijo Adam.

—Me apunté a un curso de pastelería —añadió Sara emocionada.

—Sacrificar vacas en algún lugar descampado, probablemente —mencionó Veronica escribiendo algo en su computadora.

Todos la miramos confundidos, ella se rio y encogió los hombros.

—Creo que iré a visitar a mi familia. —Nos dedicó una media sonrisa—. Ellos tienen muchas vacas —murmuró y tomó un poco más de café. Yo rodé los ojos riendo y me dirigí a la sala para buscar algo de tomar.

Tomé una botella de té helado y volví a donde todos estaban. Adam y Veronica estaban discutiendo sobre lo malo que era sacrificar vacas mientras Sara se comía su dona, en medio de los dos que peleaban. Pestañeé un poco antes de sentarme a trabajar.

Esos tres estaban locos, pero me alegraba pasar el día con ellos, me distraían de los problemas.

La mañana se fue en redactar artículos que aún debía presentar después de vacaciones, así podría hacer méritos y pedir permiso para faltar unos días más. La vida era eso que pasaba mientras escribía artículos sobre la nueva tecnología que aplicaba a los videojuegos. La mayoría de artículos estaban destinándose a ese tema, supuse que tenía que ver con el gran proyecto del que me había hablado Sam por la mañana.

Llegó la hora del receso en la tarde, y mientras la mayoría de personas salían en fila para almorzar, yo me di una vuelta por la oficina de mi jefa, Ophelia.

Me preparé psicológicamente antes de entrar, pero esa pregunta debía hacérsela ese mismo día. No habría otra oportunidad.

Toqué la puerta con algo de timidez, esa mujer era una caja de sorpresa, jamás sabrías con qué estado de ánimo la encontrarías. Y en ese caso, era uno de crisis, estrés y nervios.

—¡Pasa! —gritó.

—Buenas tardes, Ophelia. —Miré a mi alrededor, todo estaba en perfecto orden, todo menos su escritorio. Ella, como siempre, peinada y con el traje perfecto, pero su mesa era un desastre. Había papeles por todos lados y tres bolígrafos distintos sobre tres hojas diferentes.

—Hola, Bee. Me encantaría conversar contigo, pero estoy un poco ocupada. Dímelo solo si es urgente, si no lo es, por favor pasa por aquí antes de irte —dijo, estaba leyendo unas guías, y a la vez escribía algunas cosas en su computadora.

—Oh, lamento interrumpir. Volveré después, no te preocupes —contesté moviendo las manos. Ella asintió mientras tomaba un poco de café y alzó un dedo en forma de aprobación. Luego firmó un papel.

—Muchas gracias, Bee. Te lo agradecería —habló. Yo asentí rápido y salí de ahí.

Tomé una gran bocanada de aire al cerrar la puerta. Había ensayado mucho para lo que dije ahí dentro, así que tendría que volver a ensayarlo para el momento en que tuviera que hablar con ella de nuevo.

Resoplé y caminé hacia la sala, en donde me esperaba una ensalada de fideos con verduras que la abuela de Sara nos había preparado. A veces ella nos enviaba comida sin contexto alguno. Prometí que en algún momento iría a agradecerle en persona el gesto.

—Me va a decir que no —anuncié llegando a la sala. Tres pares de ojos giraron a verme. Adam tenía los cachetes llenos de fideos y reí porque parecía una ardilla.

—¡Deja de burlarte de mí! —Se quejó—. ¡¡Tengo hambre!!

—¿Por qué te va a decir que no? ¿Y a quién te refieres? —cuestionó Sara. Ella le dio un golpecito a la silla que habían reservado para mí y me senté frustrada.

—Quiero pedirle permiso a Ophelia para faltar unos días más luego de las vacaciones. No puedo hablar mucho de ello, pero el viaje durará un poco más de tiempo. El caso es que reuní toda la energía que tenía para ir a hablar con ella, y me dijo que vuelva después porque está muy ocupada —me quejé y apoyé mi frente sobre la mesa—. Ahora debo ir de nuevo. Hablar con adultos sobre cosas serias, sin sufrir un ataque de estrés no es muy generación Z de mi parte.

Los tres se rieron y Sara me dio una palmadita en la espalda.

—Vamos, Bee. Come con nosotros. Ya te enfrentarás al monstruo de la adultez más tarde —me dijo.

—Sí, esta ensalada está buenísima, ¡Pruébala! —habló Adam emocionado. Incluso hizo un bailecito mientras comía más. Luego cerró los ojos y suspiró—. Dios, qué bueno está esto, ¿Me puedo casar con una ensalada de fideos?

—No lo creo, es un poco raro —contestó Veronica, luego comió un poco más.

—Sacrificar vacas también, ¿Sabías? ¿Qué te parece si nos casamos nosotros? —Adam se irguió y alzó las cejas con rapidez. Sara y yo nos reímos.

—Jamás en tu mísera vida —dijo rápido. Veronica rodó los ojos y nos miró—. ¿Y ustedes qué? ¡Coman ya! —Llamó nuestra atención.

Sara y yo obedecimos y empezamos a comer. Nada tan efectivo como Veronica gritándonos como si fuese nuestra madre. Terminamos de comer entre bromas. Yo aproveché que Adam estaba molestando a Veronica por enésima vez en el día, y salí de ahí para cepillarme los dientes. Fue un breve momento el que estuve fuera, y cuando regresé, todos estaban discutiendo sobre quién sería el primero en morir en una apocalipsis zombi. Me asombraba la capacidad que tenían para alargar el momento de volver a trabajar.

—Yo creo que sería Veronica, pero al final sobreviviría porque los zombis le tendrían miedo —comentó Adam. Veronica tomó un poco de agua y lo miró con una ceja alzada.

—Yo creo que no serías tú, porque eres igual de imbécil que un zombi, y te confundiría con uno de los suyos —respondió contenta con su respuesta, Adam jadeó indignado y estiró el labio inferior.

—Yo creo que sería yo, porque tengo poco instinto sobreviviente —añadió Sara triste—. Espero que nunca tengamos un apocalipsis zombi, amigos.

—Pienso lo mismo que Sara. A menos que vaya acompañada de mi mejor amiga, ella pertenecía a un club de supervivencia de zombis en la universidad. ¿Por qué me están mirando así? —cuestioné observando a mis amigos. Adam alzó las cejas, haciéndome entender que alguien estaba detrás de mí. Giré despacio, imaginando quién podía ser.

Dominic.

—Hola, Bee. ¿Podemos hablar? —Me regaló una pequeña sonrisa. Mis amigos de forma automática, empezaron a conversar sobre lo mucho que adoraban trabajar, y que debían volver a sus escritorios para seguir con su amada profesión.

Ellos, que habían estado hablando sobre apocalipsis por el puro arte de la procrastinación. Ellos me abandonaron, pero en su defensa, no sabían nada de lo que había sucedido. Para ellos, aún estábamos saliendo como siempre.

Yo me levanté de la silla y aclaré la garganta un poco antes de hablar. Asentí y caminamos hasta el balcón. No tenía una gran vista porque el edificio estaba en mantenimiento. De hecho, la ventana tenía una tela encima y se veía poco de la ciudad.

Dom se acercó a mí despacio y suspiró justo frente a mí. Tomó mi rostro con ambas manos y sonrió.

—Hola —saludó. Yo tragué saliva. Me dio un pequeño beso en la frente y ladeó la cabeza cuando me alejé.

—Hola, Dominic —respondí. Él frunció un poco la boca y bajó la mirada—. Quería hablar contigo.

—Dime, ¿Estás bien? —Me rasqué la nuca y pensé bien lo que tenía que decir—. Sé que las cosas no han estado bien desde lo que sucedió con tu tío y no quería presionarte.

—Sí, pero no es solo eso —interrumpí mirándolo a los ojos. Su mirada no delataba culpa, ni siquiera vi en él una pizca de maldad. Solo estaba confundido, sus ojos brillaron y yo me sentí mal.

Estaba sucediendo de nuevo, y no volvería a dejar que me manipularan.

—¿Qué es, Bee?

—Esto, no lo sé. Tú y yo, lo que sea que tengamos, Dominic. Ahora mismo estoy muy confundida, y la verdad, no estoy lista para tener una relación —dije seria, aunque por dentro estaba teniendo una crisis nerviosa. Por fuera, nada malo estaba sucediendo.

—Lo entiendo, Bee. Está bien. —Asintió mirándome a los ojos, sujetó mis hombros con ambas manos de forma suave —. Lo importante es que estés bien. Tal vez no es el momento. Probablemente en otro tiempo, u otra vida. —Sonrió de lado—. Solo quiero saber una cosa —me dijo sereno, mi boca se cerró de golpe, tenía miedo de lo que pudiese preguntar, y su silencio me ponía aun más nerviosa. —Dime por favor que no estás en peligro, que te alejas de mí por cuestiones sentimentales, y no porque hay algo más. —Sus manos quisieron dirigirse a mi rostro, pero al final desistió.

Me tensé de nuevo. ¿De dónde había sacado eso? Tomé todo el aire que pude antes de empezar a hablar, y negué con la cabeza.

—Solo soy yo, Dom. No pasa nada más —aseguré mirándolo a los ojos, rogando que no me conociese lo suficiente para que crea lo que estaba diciendo. Finn me hubiese descubierto en menos de cinco segundos.

Dominic ladeó el labio y asintió. Me creyó.

—¿Puedo darte un abrazo? —preguntó, me tomó desprevenida, así que no lo pensé mucho cuando le dije que sí. Él se acercó a mí y me rodeó con sus brazos, pero yo estaba quieta, hice el amago de corresponder, pero no pude. Sabía que algo había cambiado, y es que ya no confiaba en él como antes. Y eso me dolió.

Suspiré y me alejé en cuanto pude, Dominic se rascó la nuca y rio un poco.

—¿Qué pasa? —cuestioné.

—Es que venía a decirte que me invitaron a otro evento en un museo, y pensé que podríamos ir en tu semana de vacaciones. Tal vez podrías acompañarme aún, ya sabes, como amigos.

—No creo poder, Dom. Viajaré a Galí para visitar a mi padre. Hace mucho que no lo veo, y quiero aprovechar el momento para verlo. Además, también me gustaría ir al lugar de la postal de mi madre. De hecho, quería pedirle a Ophelia un permiso especial para faltar algunos días más, pero no sé si me deje. Ya sabes, siempre hay trabajo —bufé.

—Deberías pedírselo, seguro que acepta. —Dom guiñó el ojo, yo negué.

—Lo dudo, estaba bastante estresada cuando la vi hace un momento. —Puse mis labios en un sola línea y encogí los hombros—. En fin, ya veré qué hago.

—Sí, yo debo buscar a Tyler, creo que me está esperando en el estudio. Tenemos mucho material por editar —comentó jugando un poco con sus dedos—. Uhm, solo espero que las cosas entre nosotros estén bien. Ya sabes que me gustas, pero además de ello, creo que eres una gran persona, y tu trabajo es excelente. —Se señaló, y luego a mí—. Esto jamás interferirá en el área laboral. Sabes que cuentas conmigo cuando lo necesites —repitió mirándome, luego me regaló una sonrisa y yo correspondí.

—Lo sé, gracias, Dominic —contesté. No di más vueltas al asunto, no quería que siguiese hablando. Hubo un pequeño silencio en medio de ello, luego él asintió y retrocedió un poco antes de salir por fin de la sala. Solté todo el aire que tenía cuando por fin estuve sola, mis amigos entraron en busca de un poco de chisme, pero cuando les conté que todo había terminado, se pusieron tristes, y yo debí fingir que también lo estaba.

Solo me sentía aliviada.

Las horas de trabajo que quedaban luego del receso, se hicieron eternas. Necesitaba con urgencia que el tiempo pasase más rápido, porque no podía seguir preparándome psicológicamente para algo que sucedería en cuatro horas más. Cuando la hora llegó, me despedí de mis amigos, que decidieron juntarse en un bar para tomar algo por el inicio de las vacaciones, y caminé directo a la oficina de Ophelia.

—Bee, pasa, por favor —pidió, ofreciéndome una sonrisa. La Ophelia que vi por la mañana, era distinta a la que veía en ese momento. Estaba trabajando, pero se veía más relajada. Se acomodó los lentes que se le habían resbalado hasta la punta de la nariz, y suspiró, dejando una hoja firmada al otro lado de la mesa.

—Quería hablar contigo sobre una cosa personal —comenté acercándome a su escritorio, luego de cerrar la puerta detrás de mí—. Quería pedirte un permiso especial para faltar un corto tiempo luego de las vacaciones. Entenderé si la respuesta es no, pero uhm, no estoy pasando por un buen momento familiar, ni emocional, e iré a visitar a mi padre a Galí, que es donde vive ahora mismo. Sé que te estoy tomando por sorpresa, pero quiero que sepas que no fallaré con mi trabajo. Tendré acceso de internet la mayor parte del tiempo, además, he adelantado algunos artículos, así que será menos trabajo. Admito que me me apena pedirlo, pero necesito un poco de tiempo para solucionar mis asuntos, espero no incomodar. ¡De hecho! —recordé buscando mi teléfono en el bolso, luego envié algunos documentos en la nube de nuestra oficina—. Ya he adelantado bastante trabajo, esto es lo que tenemos que presentar la próxima semana —acoté. Ella revisó la nube también, y me miró asombrada. Yo sonreí un poco, intentando convencerla.

Ophelia entrecerró un poco los ojos y pareció pensarlo mientras jugaba con su bolígrafo. Me ponía nerviosa que no diese alguna respuesta. Estaba lista para su negativa, así que no tenía que pensar tanto. ¡¿Por qué lo pensaba tanto?!

—Bee, me lo pensaría dos veces si fueses otra persona, pero considero que eres un gran aporte para la empresa. Eres una de mis mejores redactoras, y solo lo digo para no sonar a que tengo una favorita. —Guiñó el ojo y yo me reí—. Puedes no venir los días que necesites, con la condición de que sigas enviándome tus trabajos con puntualidad como siempre lo haces. Este mes no tendrás que hacer entrevistas, te enviaré todos los temas de artículos que no necesiten de ello. Eso sí, a tu regreso, necesito hablar contigo de algo importante —dijo, luego volvió a su modo serio y siguió trabajando en la computadora.

—Uhm, ¿No puede ser ahora? —casi susurré mirándola. No podía esperar semanas para saber lo que tenía para decirme. Eso era como decirle a alguien que tenías un chisme para contarle, y luego desaparecer un par de horas sin decir nada.

—Negativo —respondió rápido—. Ahora, si me disculpas, y sin ánimo de ser grosera, fuera de mi oficina. Tengo trabajo que hacer —me dijo, y aunque su rostro gritaba seriedad, supe por su voz que estaba bromeando.

—¿Eso quiere decir que me quieres? Dijiste que era tu favorita —me animé a bromear también. Jamás en mi vida había bromeado con ella. Ophelia ocultó una sonrisa y agitó la mano con desdén.

—Fuera de mi oficina —repitió.

Me reí y asentí rápido, agradeciendo el permiso que me había dado para faltar. Sonreí al cerrar la puerta de su oficina, podía admitir que me sentía más aliviada que antes. Lo peor ya había pasado, y además de todo, me dijo que sí.

Tomé mi teléfono y le envié un mensaje a Kevin, avisando que iba de camino al estacionamiento, y que Ophelia me había dado el permiso que necesitaba para faltar, él contestó que estaba feliz por mí. Presioné el botón del elevador y esperé un momento hasta que las puertas se abrieron. Revisé que tuviese todas mis pertenencias conmigo, y presioné el botón que me llevaría hacia Kevin. Pero cuando estaba cerca de llegar, las puertas se abrieron.

Alcé las cejas al ver a la persona que estaba frente a mí, y me sorprendí de verla en el trabajo, ya que casi nunca nos encontrábamos.

—Buenas tardes, señorita. He reservado toda mi tarde y noche para ti. Estoy cansada de no tener un día de chicas con mi mejor amiga —dijo Sam, entró al elevador, y presionó el botón para que las puertas se cierren. Yo le sonreí y la abracé—. Hoy salí temprano para estar contigo. ¿Qué te parece?

—Me parece perfecto, Sam. Yo también necesitaba una noche de chicas. El trabajo nos está separando, y eso me parece una falta de respeto.

—Lo sé, qué feo es ser adulto —respondió negando con la cabeza. Ambas nos reímos, porque aunque el trabajo sí consumía nuestro tiempo, no lo hacía de formas desgastante como lo hacía The Orb en su momento. Ambas estábamos felices con nuestros puestos, y eso nos ponía contentas.

Sam jamás fue una persona que se enojara si no tenía ganas de hablar, ella siempre respetó mi espacio y mis ganas de no hablar con nadie cuando lo necesitaba. Ambas nos alegrábamos por los logros de la otra, y nos apoyábamos cuando se daba la oportunidad. No podía haber encontrado a una mejor amiga que Samantha Campbell.

—¿En qué piensas? —preguntó, yo la miré y alzó una ceja.

—En lo afortunada que soy de ser tu amiga —respondí sin pensar mucho. Ella sacó el labio inferior y se lanzó para abrazarme de nuevo.

—¡¡Te amo!! —me gritó.

El elevador se abrió en medio de su grito, un muchacho alto y apuesto apareció frente a nosotros y sonrió de lado. Yo entrecerré los ojos al notar la mirada que ambos compartieron y lo observé entrar con nosotros. Aclaró la garganta, y luego se colocó al lado de mi mejor amiga. Él también se dirigía al estacionamiento.

—Buenas tardes —nos dijo, muy educado. Ambas lo saludamos también, Sam estaba ocultando sus ganas de reír. Ni siquiera tenía que mirarla para saber lo que estaba haciendo.

Los tres bajamos en completo silencio, y él se despidió de nosotras cuando las puertas se abrieron.

«Buenas tardes», nos dijo.

«Para buenos, estás tú», respondió Sam.

Salimos del lugar entre risas, era un compañero suyo de la oficina, y la razón por la cuál solía desaparecer algunos días sin contarme nada. Por fin le había puesto un rostro a «saldré con unos amigos».

—¿Por qué no me habías dicho nada de él? —le pregunté mientras íbamos hacia el auto de Kevin, Sam resopló un poco.

—No pensé que sería nada serio, pero las cosas están yendo hacia un camino que no pensé que encontraría.

—¿El camino de las relaciones serias? ¿Tener un novio, tal vez? —reí un poco. Sam jamás fue de tener un compromiso con alguien, de hecho, nunca conocí a alguien al que podía llamarle novio.

Mi mejor amiga fingió que vomitaba.

—Ay, por Dios. Qué asco, creo que me estoy enamorando. Necesito que me curen —comentó siguiéndome, yo rodé los ojos.

—Ya hablaremos mejor de eso, ¿Qué vamos a hacer hoy? —cuestioné abriendo la puerta del auto—. Hola, Kevin, mira quién nos acompaña hoy.

—¡Hola, Kevin! —saludó mi amiga, él nos sonrió.

—No lo puedo creer, ¿La estoy viendo dos veces en un día? ¿Está enferma? —preguntó. Ambas nos reímos ante su respuesta. —¿A dónde vamos?

Sam le preguntó a Kevin si nos podía llevar al supermercado. A mi amiga se le ocurrió que podía comprar algunas cosas para preparar algo de comida, y mientras hacíamos las compras, recordamos que Finn estaba viviendo conmigo. Se volvería una noche de chicas y Finn.

Al llegar a casa, no encontré a Finn en la cocina, así que supuse que estaba en su habitación. Sam comentó que iría preparando las cosas mientras yo buscaba a nuestro amigo.

Toqué la puerta despacio, no respondió, pero abrió la puerta rápido. Ladeé el labio al verlo, no estaba llorando, pero sabía que estaba triste. Él suspiró, y pude notar que tenía una de las cartas en su mano. Había estado leyéndolas de nuevo.

—Hola, Bee —Finn aclaró la garganta cuando su voz se quebró—. Perdón, hola, Bee. ¿Necesitas algo?

—Sí, necesito que salgas de ahí, y vengas a acompañarnos. Sam y yo hemos decidido hacer una pijamada, y estás invitado. Vas a salir de tu habitación ahora mismo, y vendrás a pasar un rato con nosotras. Tengo cosas que contarles —dije sin dejarlo pensar mucho. Lo empujé un poco y entré a su habitación, luego estiré la mano y él se quejó un poco antes de entregarme la carta. —Dame eso —pedí. Él me la dio a regañadientes y sonreí. La coloqué junto a la caja de las demás cartas y coloqué mis manos sobre sus hombros. —Yo sé que estamos pasando por un momento difícil, pero leer eso no te hará nada bien. Sé que tampoco ayudará tanto olvidarlo, pero al menos pasarás un buen rato. Después de esto, tendremos unas buenas vacaciones lejos de todos, ¿Está bien? Ven con nosotras, tengamos una noche de chicas y Finn.

Finn pasó de estar serio a reírse con lo último que dije. Su risa me sacó una sonrisa y presioné sus mejillas, haciendo un sándwich de Finn con mis palmas. Me quedé ahí un poco más de tiempo del que debía, así que me alejé cuando noté lo que estaba haciendo.

¿Qué clase de hipnotismo había sufrido en esos breves segundos?

—Eh, sí. Voy con ustedes en un segundo —me dijo, aclaró la garganta de nuevo y se movió torpemente por la habitación.

—Sí, yo... Voy a ver a Sam —comenté, saliendo en reversa de su habitación—. Te esperamos.

Al estar en el pasillo, y justo antes de encontrarme con Sam, me golpeé un poco el rostro mientras decía un inaudible «¿Qué?»

¿Qué me había sucedido? No lo sabía, pero lo dejaría pasar.

—¿Te gusta Finn? —interrogó Sam. Yo giré a verla confundida, ya que no me esperaba eso—. ¿Qué tienes? ¿Por qué tienes esa cara?

—¿Qué preguntaste antes? —cuestioné.

—Que si viene Finn —respondió un poco perdida. Sam colocó las papas en la freidora de aire y giró a mirarme para reírse—. Ya sabes, a la pijamada, uhm, lo habíamos invitado. ¿Qué te pasa? ¿Qué escuchaste?

Yo pestañeé un poco y solo negué con la cabeza.

—No, no pasa nada. Finn viene en un segundo —comenté arrugando la nariz—. ¿En qué te ayudo?

—Qué rara eres, abejita. Prepara las palomitas, voy por mantequilla —anunció caminando hacia la nevera.

Me recosté sobre la puerta antes de empezar con lo que Sam me había pedido. Las cosas se habían puesto raras por uno segundo, pero intenté no pensar en ello y seguir con mis deberes.

Sam decidió que si haríamos una de nuestras noches de chicas, lo haríamos a lo grande, compramos mascarillas, buscamos un par de buenas películas y buena comida alta en grasas, sodio y carbohidratos. Ah, y azúcar.

A Finn no le molestó ponerse las mascarillas con nosotras, y de hecho se quedó medio dormido mientras yo se la colocaba.

—Buenos días —reí dándole un par de golpecitos en la mejilla cuando terminé con mi trabajo.

—Ah —dijo cuando despertó, miró a ambos lados y se rio también—. Creo que me dormí.

—Espero que no seas un abuelo, y no te duermas en medio de la película —habló Sam, buscando en la plataforma qué podríamos ver—. Uh, ¿Qué tal una película de Christopher Riddlefly? Una película de Christopher Riddlefly jamás será un error cinéfilo —comentó, presionando el botón para ver la película, sin preguntarnos si queríamos verla también.

—Bueno, supongo que eso significa que la veremos si opción a reclamo —habló Finn riéndose y se recostó en el sofá, a mi lado—. ¿Él no salió en una película de acción hace poco?

—Correcto, Finn. Y hay rumores de que será el próximo Jonah Crow, es decir Mr. Raven.

—¿El superhéroe? —pregunté, Sam asintió orgullosa.

—Y no les voy a decir quién, pero alguien ya pidió en su trabajo entradas para el día en que la película se estrena. Mi jefe me dijo que eso va a demorar al menos dos años, pero a mí no me importa, yo solo quiero asegurarme de ver a mi niño en pantallas grandes. —Me reí y negué con la cabeza. Me parecía increíble cómo antes era yo quién le conseguía entrar a lugares especiales, y en ese momento, era Sam quien lo hacía gracias a View—. Y tampoco les voy a decir quién, pero al parecer también hay planes de un videojuego para Mr. Crow, adivinen qué empresa está en negociaciones por los derechos —Alzó las cejas rápidamente.

—Sam, deja de dar secretos de tu trabajo —le dije, ella giró a mirarme indignada y me calló con un dedo.

—Ustedes dos son personas de confianza, ni siquiera lo he hablado con Kyung-Seok, y eso que él trabaja en la misma empresa. Para que vean que los quiero. —Sam nos señaló.

Mis ojos brillaron al dirigir mi mirada a mi amiga y alcé las cejas.

—Ah, mira tú, tenía nombre el del elevador. —Crucé los brazos.

—¿Me estoy perdiendo de algo? —Finn se reincorporó en el sofá para escuchar también.

—Oh, nada. Que hoy conocí a la persona que me está robando el amor de Samantha —bromeé y tomé un par de papas para comerlas. Debía mantenerme quieta por la mascarilla, pero tenía hambre.

—Bueno, pero cuenten bien el chisme —Finn se quejó, giré a ver la escena que tenía a mi izquierda. Estaba cruzando las piernas y reposaba el brazo en el sofá, además de las mascarilla. Su pijama de abuelito no ayudaba.

Sonreí al verlo.

—No hay nada que contar. ¡Uy! ¡Qué bien! ¡Mi mascarilla ya está lista! ¡Me voy a lavar la cara! —chilló mi amiga, se levantó del lugar y corrió al baño.

Huyendo de nosotros.

—¿Qué fue eso, Bee?

—Oh, nada, es que Sam jamás estuvo enamorada y no sabe cómo actuar frente a todo eso que está sintiendo. Cree que soy su mamá y la molestaré con ello. —Suspiré—. Ya vuelvo, voy a hablar con mi hija.

Me levanté, huyendo también. Porque lo anterior había sido extraño, y de pronto, hablar de amor con él, se estaba tornando extraño.

Sam y yo hablamos mucho sentadas en el baño de mi casa, le hice comprender que no estaba mal si empezaba a sentir cosas por el muchacho, ella quería dejarse llevar, pero también le tenía miedo al compromiso, y era algo que tendría que solucionar antes de dar el siguiente paso. Si es que lo daba.

Aquella madrugada, nos fuimos a dormir alrededor de las cuatro, porque Sam nos obligó a ver la saga completa que protagonizaba Christopher Riddlefly.

Lo había dicho antes, y lo podría repetir, ninguna fan como mi mejor amiga. Lo tomaba como un trabajo completo, además de trabajar en animación junto a View.

Increíble.

Cuando desperté el domingo, en las últimas horas de la mañana, tenía a Sam casi sobre mí en la cama, porque no le dio la gana de ir a su casa cuando la pijamada terminó. La empujé un poco cuando empezó a roncar, y salí de mi habitación con destino: el baño.

Fue una buena noche, después de todo.

Me miré en el espejo y pude observar lo limpia y suave que estaba mi cara, y lo horrible que estaba mi cabello. Me reí y caminé hacia la ducha, nada que un buen baño no arreglara.

Tendría toda la tarde del sábado y la mañana del domingo para arreglar mis cosas para el viaje, pero además de ello, había descuidado un poco el orden de mi habitación, así que me tocaría dar una limpieza profunda antes de irme.

Y eso incluía a la morsa que dormía en mi cama.

—¡Buenos días, alegría! ¡Buenos días, señor sol! —grité elevando las persianas de mi ventana para que la luz entrara un poco. Sam dio un par de vueltas por mi cama y se tapó el rostro con la almohada. Yo rodé los ojos cuando empezó a quejarse.

—¡Cinco minutos más!

—¡Ni uno más! ¡Tengo que limpiar mi habitación! ¡Levántate, Lázaro! —Le golpeé con la otra almohada y ella se rio, deslizándose hacia el suelo para rodar por ahí.

—¡¿Por qué estás tan feliz?! ¡Tú nunca despiertas de buen humor!

—¡Pues eso va a cambiar! ¡Hay muchas razones para sonreír! —chillé levantando las sábanas y las lancé al suelo. Luego las almohadas. Lancé todo.

Sam, que tenía todas las cosas que lancé sobre ella, se volvió a quejar.

—Ya está, no puedo más. Es mucha alegría para mí. Tengo sueño. ¡Me voy!

Mi mejor amiga se levantó mientras yo me reía, me dio un abrazo y me pidió que guardara un poco de energía para el viaje. Y lo cierto, es que la noche anterior me había cargado la batería de la felicidad al cien por ciento.

¿Estar triste por un señor que me quería arruinar la vida? Por supuesto que no.

Se me había desactivado el modo triste, y no quería volver a activarlo en un buen tiempo.

Demoré un par de horas en limpiar todo, pero estuve satisfecha con el resultado, el problema es que tuve que volver a ducharme.

No había calculado bien eso de bañarme por la mañana, y luego limpiar mi habitación.

—Al fin —susurré sentándome en el suelo y me apoyé sobre el cofre de mi madre. Sonreí acariciándolo un poco y lo abrí. Hacía mucho que no lo revisaba.

Me encontré con sus cartas, su diario, algunas de sus pertenencias que dejó, y por primera vez, no lloré. Solo sonreí tranquila.

Tomé su lista de cosas por hacer, junto a su diario y el cuadernito donde estaban las hojas para escribirle cartas, solo me quedaba una hoja por escribir. Todo eso se iría conmigo a Galí, además de la postal.

—Bee, ¿Debo llevar ropa de invierno, o de verano? —preguntó Finn, asomando la cabeza. Yo giré a verlo y sonreí.

—Por lo que nos dijo Javier, yo creo que de las dos. Puede hacer mucho frío, o mucho calor. ¿Recuerdas cuando viajamos? Creo que depende de la zona en la que estemos, y durante el viaje iremos a varios lugares.

Finn agradeció y volvió a su habitación. Ambos estábamos arreglando nuestras maletas, aunque pasaríamos por su casa por un poco más de ropa. Finn no quería ir a su casa y encontrarse solo con su papá, así que me pidió que lo acompañase.

Eso fue el sábado por la noche, y gracias a Dios no lo encontramos, él seguía en la heladería trabajando. Estaba «trabajando» más de lo normal.

Todo se veía sospechoso desde que supimos la verdad. Era duro fingir que lo queríamos cuando lo teníamos de frente.

El domingo por la tarde, decidí ir a visitar a mi madre, justo antes de partir hacia el aeropuerto.

Quise contarle lo que íbamos a hacer, incluso le prometí hacer una videollamada cuando estuviese en el lugar de la postal. Ella no respondió, pero me miró. Fue suficiente respuesta para mí.

—Te veo al regreso. —Deposité un beso sobre su frente y sonreí acariciando su mejilla. Ella alzó su mano, como intentando tomar la mía. Saqué el labio inferior al darme cuenta y la tomé—. Yo también te amo —le dije. Sonreí y le di otro beso más en la frente.

Me despedí del señor Bullock y de las enfermeras a mi alrededor, todos me desearon un feliz viaje, y yo también deseé que lo fuese.

Al llegar al estacionamiento, como de costumbre, Kevin y Finn estaban viendo el stream de Seren. Reí un poco al verlos, porque era chistoso verlo intentar traducir lo que ella estaba diciendo. Jamás le atinaban a nada. Kevin incluso me comentó que le había enviado unos bits saludándola.

Al parecer, enviar bits con cheers, eran mensajes con un valor monetario que leía el saludo del fan en voz alta. Me pareció una cosa bastante interesante, además la voz que leía los mensajes era chistosa.

—¡Kevin, muchas gracias por esos bits! ¡Y gracias por el apoyo, aunque no entiendas lo que digo! Perdón por hablar tan rápido. ¡Y dile a tus amigos que tengan un buen viaje de mi parte! —La chica se rio. Le estaba hablando en inglés a Kevin.

—¿Dijo mi nombre? —preguntó Kevin asombrado, Finn asintió.

—Y nos deseó un feliz viaje —acoté feliz—. Yo sabía, desde el día en que dejó a Ryu en la ruina, me cayó bien. Qué reina —añadí acomodándome en el asiento—. Buenos, ¿Nos vamos?

Kevin asintió y encendió el auto para partir. Suspiré viendo la casa de reposo mientras nos alejábamos de ahí. Por la mañana me había despedido de mi abuelo, Perla, y Terrence. No me quedaba mucha más gente de cuál despedirme. A mis amigos del trabajo les había dicho adiós desde el viernes, aunque de todos modos, me enviaron un mensaje en el grupo que teníamos.

—¿Estás bien? —preguntó Finn. Yo lo miré y asentí.

—Sí, es solo que hoy vi a mi mamá diferente.

—¿Diferente?

—Sí, solo... Estaba distinta. —Ladeé el labio y me recosté en el respaldar del asiento.

Al llegar al aeropuerto, Finn y yo entramos junto a Kevin, dándonos con la sorpresa de encontrarnos con mis amigos en el aeropuerto.

Adam, Veronica, Sara, Sam, Nick, Chase, Bianca, Quinn, y Billy. Y Rob, claro.

¿Qué hacían todos ahí?

Chase estaba sujetando un cartel que decía «No te fuiste y ya te extraño. Te quiero, Finn. (A ti también, Bee)». Me reí al leerlo.

Del otro lado, Sara estaba teniendo un ataque al tener cerca a Nick, Veronica tenía una maleta también. Adam estaba susurrando algo a su lado, y pude ver cómo Veronica le pegó en el brazo.

—¿Pensaste que se irían sin despedirse de nosotros? ¡Eso jamás! —dijo Nick corriendo hacia mí para abrazarme.

—¡Es que no me contestaban las llamadas! —chillé abrazándolo también. Todos se unieron al abrazo en medio de un «awww».

—Buen viaje, Bee y Finn. Ojalá regresen comprometidos —susurró Chase mientras la bola de amigos nos abrazaba. Entrecerré los ojos y alcé la cabeza para buscarlo.

No lo encontré.

—¿Y ustedes? —pregunté mirando al grupo de View. Sara me regaló una sonrisa.

—Veronica también viaja a ver a su familia, así que decidimos despedirlas a las dos.

—Sí, mi amorcito se va de vacaciones sin mí —dijo Adam, Veronica frunció el ceño.

—Vuelve a llamarme así, y te quedas sin hijos, Adam.

—Sí, mi amor.

Veronica rodó los ojos.

El grupo se unió para conversar un poco más, y luego de alrededor de media hora, Finn me avisó que era momento de entrar.

La despedida no fue tan triste, de todos modos, no nos estábamos yendo toda la vida. Solo serían un par de semanas.

Al menos eso creían.

Después de papeleo y por fin registrar las maletas, entramos a la zona de embarque, yo me dormí en cuanto me senté en esa silla, y Finn prometió que me despertaría cuando fuese hora de subir al avión.

Largos minutos después, llamaron al grupo dos, que es donde nos tocaba entrar a nosotros.

—Que tengan un buen viaje —saludó la encargada. Yo le sonreí, y caminé por el pasillo de camino al avión.

Y el vuelo fue largo, y aburrido. Vi un par de películas, dormí, leí, escribí un poco para los artículos que tenía que avanzar. Las quince horas más largas de mi vida. Solo quería llegar a la casa de los Robles, y no levantarme.

Al llegar a Galí, pasamos por migración, que era un caos. Más que la primera vez que viajamos. Salimos de ahí dos horas después. Yo estaba cansada y Finn solo me animaba a seguir.

—¡Vamos, Bee! Mira, lo bueno de esto, es que ya salimos. Solo tenemos que buscar a Luca, dijo que estaría cerca de las escaleras. Sígueme —pidió tomando mi mano para guiarme hasta ahí.

Caminamos por un pasillo, y por fin llegamos a las escaleras que Luca comentó. Javier dijo que no podría ir a buscarnos, pero Luca dijo que lo haría, ya que tenía que buscar a una integrante de la familia de los Robles.

—¡Luca! ¡Aquí estás! —dije. Él nos sonrió y nos dio un abrazo a los dos.

—Bienvenidos de nuevo, amigos. Les presento a mi... A Alelí. Alelí Robles —presentó a la muchacha. Sonreí al ver como los ojos de Luca brillaron. Ella era bonita, él era bonito. Ambos se veían bonitos juntos.

Así que ella era la razón por la cual la estadía en Galí se había extendido.

—¡Hola, bienvenidos! —nos saludó contenta—. ¡Uh! ¡Mi hermana! ¡Perdón! —gritó corriendo, alejándose de nosotros de inmediato. Di la vuelta para ver hacia quién fue.

Dándome con la sorpresa, de que la hermana que llegaba a visitar a su familia, era nada más y nada menos, que Veronica.

Veronica Robles.

DIOS. ES UN CAPÍTULO DE 6.5K

NO SE TERMINABA MÁS, DIOS MIOOOOOOOOOOOO

pero bueno.

HOLIIIIIIIIII

¿Qué tal?

Qué bueno, yo estoy bien también.

Estoy subiendo capítulo todos los días, menos los viernes JAJAJAJAJAJAJAJAJA

en fin

en finn

sjhskhskjshkjshskhs

ya perdón

Aquí andamos, desactivando el modo triste :D

espero que les guste el capítulo <3

TKM DÍGANME TKM TAMBIÉN

BAAAAAAI <3

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