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15 || Los Kingston

Toqué el hombro de Finn al ver su rostro, sabía que no estaba cómodo con esa palabra por situaciones recientes. Él solo asintió sin decir nada. Yo miré a Dom, preocupada por la situación, él volvió hacia donde estaban todos, quizá pidiendo que lo acompañemos.

—Uhm, creo que podríamos ir a ver qué está sucediendo con su nieto, si no quieres acercarte, no hay problema —dije suave, Finn pareció pensarlo un poco, pero negó con la cabeza.

—No te preocupes, vamos a ver qué podemos hacer —respondió.

Volví a observarlo, para verificar que estuviese seguro de lo que decía. Lo vi tranquilo, así que asentí y caminé junto a él hacia donde estaban los demás. Algunos vecinos solo veían y se preguntaban entre ellos, qué había sucedido, otros se acercaron al muchacho.

Él se veía triste, pero parecía estar más calmado. Pude ver tristeza en sus ojos, además de miedo por no saber qué hacer. Ya no estaba llorando, aunque sus ojos se veían rojos y un poco hinchados.

—Ellos son Bee y Finn, las personas de las que te comentaba, Javier —dijo Luca señalándonos—. Chicos, les presento a Javier. Él es el nieto de Henry Kingston.

El chico en cuestión era bajito, o al menos así se veía entre mis compañeros presentes. De piel trigueña, ojos color marrón claro, cejas abundantes, una barba mediana y un pequeño bigote, además de un cabello negro, largo y un poco despeinado. Siendo que, lo que más resaltaba, era su mirada atribulada.

—Hola, Javier. Mi más sentido pésame —hablé primero, dándole la mano.

—Te acompaño en el sentimiento, Javier —dijo Finn, ofreciéndole su mano también.

Javier nos regaló una pequeña media sonrisa.

—Gracias a los dos —respondió—. Tengo entendido que ustedes iban a intentar entrevistas a mi abuelo, ya que no quiso hablar con Tyler y Dominic. Lamento que hayan venido hasta aquí —comentó un poco apenado—. El viejo era un poco desconfiado. Perdonen si no puedo estar más tiempo con ustedes, en un momento debo volver al hospital para saber qué debo hacer ahora. La verdad, no tengo idea de nada, no sé qué voy a hacer —suspiró cansado.

Podía percibir su acento no nativo, pero también se podía notar que había aprendido inglés junto a su abuelo, ya que hablaba bastante fluido.

—No pasa nada, lo entendemos, Javier. Pero necesito que te quedes unos segundos más —dije. Todos me miraron confundidos—. ¿Podrías? —Javier asintió sin saber qué más hacer—. Dom, quiero hablar contigo de algo.

Tomé su mano y lo llevé conmigo lejos de donde estaban tantos, le oí preguntarme qué estábamos haciendo, pero yo solo seguí caminando, lo suficiente para que ellos no escuchasen.

—¿Qué pasa? —cuestionó.

—Ya sé que no tenemos mucho que hacer aquí, pero Javier no sabe qué hacer. ¿No crees que los Kingston deben estar enterados del asunto?

Dom exhaló el aire que le queda, pareció meditarlo un poco antes de responder, y asintió.

—Sí, pensé en ello, pero también es un poco complicado inmiscuirse en estos asuntos. ¿Cómo podríamos proceder? ¿Crees que los Kingston quieran saber de esto?

—Bueno, si yo fuese ellos, querría saberlo. Querría saber qué fue de él luego que emprendió su viaje. Henry se fue sin saber qué había tenido un hijo... —Bufé un poco mirando el suelo—. El problema es que yo no soy parte de Kingston, y no sé si ellos querrían saber.

—Hagamos esto, hablemos con Javier sobre esta opción. Siento que ahora mismo, somos responsables de algún modo porque tenemos esta información. Los Kingston merecen saber qué sucedió con Henry, y poder despedirse de él si así lo requieren. Javier necesita ayuda, intentemos esto —propuso mirándome a los ojos. Yo sonreí un poco accedí.

Nos acercamos al nieto de Henry Kingston mientras discutíamos sobre quién se lo diría. Al final, quedamos en que yo se lo diría, puesto que «tenía facilidad de palabra», lo dijo él, no yo.

—Javier, ¿Podemos hablar a solas un momento? —pedí. Él, aún agobiado por la situación, fue amable y aceptó.

No lo iba a negar, estaba nerviosa. No sabía cómo reaccionaría, pero esperaba que lo tomara bien. Entendía que no era una escena fácil de digerir, no si la persona que lo adoptó, resultaba tener familia en otro país.

Por lo que me contó, Henry lo adoptó cuando era muy pequeño, y desde ese momento, se convirtió en su abuelo y también su mejor amigo. Henry no hablaba mucho de su vida privada, pero sí de sus aventuras como soldado. Y ahí entraba yo, una perfecta extraña, explicándole que su abuelo tenía toda una familia en Counterville, que no sabía nada de él.

Javier fue paciente y escuchó lo que tenía para decirle. Le expliqué todo lo que sabía, y las opciones que teníamos para ayudarlo.

No lo tomó mal, después de todo.

—Respeto a mi abuelo, y todo lo que hizo por mí. Supongo que tuvo sus razones para viajar hasta aquí. Además, si dices que nunca supo que tuvo un hijo, a ojos de él, solo se divorció de su esposa y decidió empezar una vida nueva. Siento que no tendría una razón para reclamarle algo. Muchas gracias por compartir esto conmigo. Ahora debo ir al hospital, pero puedo recibir a los Kingston en casa si deciden venir.

—Me tranquiliza oír eso, Javier. Gracias por escucharme. —Presioné los labios en forma de una línea y palmeé un poco su hombro—. Intentaré contactar con ellos de inmediato, y le pediré a Luca que te avise sobre cualquier novedad. No quiero quitarte más tiempo.

—No lo haces. Gracias a ti, Bee. —Asintió de forma leve.

Lo siguiente a ellos, fue pedirle el teléfono a Luca. Dom me dio el número de William para poder llamarlo. Javier comentó que iría a cambiarse antes de salir, así que tal vez, si teníamos tiempo, podría darle una respuesta antes de irse.

—¿Hola? —contestó desde el otro lado de la línea, y del continente.

—Hola, Billy. Soy Bee, no sé si me recuerdas, soy amiga de Nick.

—¡Oh! ¡Hola, Bee! Claro que te recuerdo, ¿Por qué me estás llamando de un número con prefijo telefónico distinto? ¿+59 no es el de Galí? —cuestionó confundido—. ¡Nick nos dijo hace unos días que estabas en tu casa! —Se rio un poco—. ¿Tú y tus amigos son así todo el tiempo? Chase nos envió una foto hace unos días, estaba con una chica en una zona de escalada al otro lado de la ciudad —comentó en un tono gracioso.

—Sí, un poco —contesté—. Y sí, estoy en Galí. Quiero hablar contigo de algo importante.

—Oh, ¿Estás bien? No suenas tan animada.

—Uhm, ¿Estás ocupado? ¿Estás en casa?

—Sí, estaba ensayando un poco, ¿Pasa algo? —cuestionó. Su tono alegre se convirtió en algo distinto, de pronto se oyó más serio.

—No sé cómo empezar con esto, es un poco complicado, Billy —reí un poco nerviosa. Sentí cómo mi cuerpo reaccionó y empecé a temblar un poco, incluso necesité un momento para hablar—. Me gustaría poder contártelo en persona, pero también creo que es importante decírtelo ya mismo. ¿Recuerdas a Dominic?

—Claro, él y Tyler me citaron para hablar de mi supuesto abuelo.

—Correcto, Henry Kingston. Tu abuelo.

—¿Sí es él? —cuestionó un poco asombrado—. ¿Él está ahí?

Retuve la respiración.

—Vivía aquí, sí —respondí.

—Oh, vivía —repitió un poco más desanimado. Miré a Finn en busca de apoyo, él ladeó un poco el labio y colocó su mano sobre mi hombro.

—El falleció hoy por la mañana, Billy. Lo lamento mucho. No tuve la oportunidad de hablar con él, pero necesito decirte algo más.

—¿Hay más? —preguntó agudizando un poco la voz.

—Sí. Además de darte la noticia, debo contarte esto. Henry adoptó a un muchacho como su nieto y él está de camino al hospital para averiguar cómo hacerse cargo de todo. No pretendo que ustedes se hagan cargo, pero sería de gran ayuda si apoyan a Javier con esto.

—Dame un momento, Bee. Hablaré con mi abuela y te llamaré en unos minutos. —Oí como Billy se levantó y empezó a correr.

—Está bien, te espero —respondí asintiendo.

Terminamos con la llamada y les dije a los demás que solo debíamos esperar.

En menos de cinco minutos, Billy devolvió la llamada. Me dijo que su abuela se haría cargo de todos los gastos, y que tomarían un vuelo hacia donde estábamos de inmediato. Llegarían al día siguiente por la mañana.

Hubo un problema con el tema de las transferencias, puesto que tanto dinero no llegaría tan pronto, así que Dom ofreció pagarlo hasta que pudieran arreglar el problema.

Si no hubiese vivido con Andrew, o no fuese amiga de Nick, me sorprendería de la facilidad con la que la gente millonaria hablaba de dinero.

Pero claro que eso solo lo pensé.

Javier se sintió aliviado cuando le contamos la noticia.

—Muchas gracias a todos, de verdad —manifestó conmovido, incluso volvió a llorar, pero le dio un gran abrazo a Dom cuando él dijo que lo ayudaría hasta que los Kingston llegaran a tierras Galianas.

—No te dejaremos solo, Javier. —Palmeé un poco su hombro—. Estaremos aquí hasta que los Kingston lleguen —aseguré.

—Es verdad, ahora vamos al hospital —comentó Dom, tocando su otro hombro—. Luca, ¿Puedes llevar a los chicos de regreso al hotel? —le pidió. El italiano dudó un segundo en aceptar.

—Yo voy con ustedes —añadió Tyler, yéndose junto a Javier y Dom.

No teníamos mucho más que hacer ahí, volveríamos al hotel hasta que ellos terminaran de hacer los papeleos. Los Kingston iban de camino al país que Henry decidió adoptar como su hogar, y no tocaba otra cosa más que esperar.

Luca, Finn y yo, nos subimos a su auto, y volviendo al hotel, empezamos a hablar de cosas varias.

Como el hecho de tener personas en común.

—¿Tu hermana se llama Bianca? —pregunté frunciendo el ceño—. Qué curioso, la novia de mi mejor amigo también. Además, es italiana.

Luca se rio.

—Qué graciosa coincidencia, ¿Verdad? Pero Bianca es un nombre común en Italia, no me sorprende tanto.

—Sí, aquí los nombres comunes son Rose, Lena... Nick también, en realidad. Así se llama mi mejor amigo —puntualicé recordando—, también lo es A...

—Espero, espera —Luca me interrumpió—. Es mucha coincidencia. El novio de mi hermana se llama Nick, pero, ¿Sabes qué no es común? Que él es famoso —susurró con una risilla. Parpadeé un poco y me di la vuelta para mirar a Finn, él se echó a reír, y yo me reí también—. ¿Por qué se ríen? ¿No me creen? ¡Tengo una foto con él!

—No me digas, es Nick Bucket, más conocido en el sucio mundo de la fama como Julien Garnier —dije obvia, él asintió de forma enérgica—. No puedo creerlo. Luca Rizzo, ¿Cómo no me di cuenta antes? —cuestioné divertida—. Tyler Collins, es primo de Nate. ¡El esposo de Abby!

—Mi hermana, así es.

—¡Es que ya me sonaba el apellido Collins! —declaré, cuando finalmente uní las piezas en mi cabeza—. Bianca ha hablado de ti antes, pero siempre habla de ti como un bebé. Pensé que de verdad eras un bebecito —reí.

—Siempre me hace lo mismo. —Negó con la cabeza—. Me insulta, o me trata como a un niño. No hay un punto medio—. No tengan hermanos, pésimo servicio —se quejó.

—Yo no tengo —dijo Finn.

—Yo tengo uno a medias —añadí.

—Pues yo tengo cuatro, y ahora también tienen pareja. Dos casadas, una con novio, y el otro se trae cosas con alguien, aún no estoy seguro. Se los regalo —nos respondió.

Todo el camino de regreso al hotel fue de muchas risas. Luca era divertido. Incluso Finn se animó a hablar un poco más.

Era guapo y gracioso. Pura envidia por esa persona que, sin querer, lo estaba manteniendo más tiempo del que debía estar en Galí.

¿Llegaría yo algún día, a tener un ser amado que no fuese un reverendo imbécil? ¿Conocería la respuesta a tal misterio pronto?

—Oye, Bee. Ten —Finn me llamó justo antes de salir del auto de Luca, ya que habíamos llegado—. Hace frío allá afuera, traje una chaqueta más por si la necesitábamos. —Sonrió suave, entregándomela.

—Me leíste la mente, me estaba congelando. Muchas gracias, Finn. —La tomé y me la coloqué con cuidado.

Nos despedimos de Luca de forma breve, él comentó que volvería al hospital por si los demás necesitaban ayuda. Finn y yo regresamos al hotel. A esperar, por si nos tenían noticias.

Al cabo de un par de horas, nos comentaron que la funeraria se estaba encargando de todo para llevar a Henry al tanatorio.

Él sería velado esa noche y la mañana siguiente, el tiempo suficiente para que los Kingston pudiesen llegar para acompañarlo también.

Javier nos invitó, dijo que se sentiría más cómodo si estábamos con él cuando la familia de su abuelo llegara. Decidimos ir, puesto que nosotros volaríamos a Counterville por la tarde. El tiempo suficiente para hacer todo lo que queríamos.

Finn y yo desayunos juntos, ya que Dom y Tyler se adelantaron para acompañar a Javier.

Al llegar al lugar, gracias de nuevo a Sebastián, tuvimos la oportunidad de observar a mucha gente en la sala donde Henry se encontraba. Era sorprendente la cantidad de personas que asistieron a verlo, y de lejos podía escuchar lo bueno que siempre fue con todos, aunque no lo conocían tanto.

—Recuerdo que una vez envió una donación de insumos bastante considerable a la fundación donde yo era voluntaria —comentó una de las vecinas de Javier—. Henry se encargó de conseguir un camión para llegar hasta la zona donde estaban los damnificados. Decenas de familias felices gracias a él.

Sonreí y caminé un poco más por la zona, no sabía en dónde posicionarme, ya que no conocía a nadie más que a mis compañeros.

—Llegaron. —Finn movió mi brazo de forma enérgica, yo giré a ver la dirección que él señalaba y alcé un poco las cejas. Tres personas vestidas de negro aparecieron frente a nosotros. Se llevaron la mirada de algunos, y era comprensible, ya que su presencia era imponente, incluso podía decir que llevaban el apellido bien en alto. Sí parecían de la realeza.

Al menos la abuela y la mamá de Billy. Billy caminaba más relajado.

Fue él quien me reconoció, yo agité la mano. Ellos tres caminaron hacia donde yo estaba.

—Bee, gracias por avisarnos —dijo Billy. Sonreí de lado y asentí—. Te presento a mi abuela y a mi madre.

Ambas me estaban mirando, estiré mi mano para saludarlas.

—Es un gusto conocerlas, a pesar de las circunstancias en la que nos encontramos. Siento mucho lo sucedido —comenté, las dos estaban calladas—. Uhm, Javier estaba por aquí hace un segundo, dijo que traería más café.

—Podemos esperarlo, cariño. Muchas gracias —habló Agatha. Su voz sonaba mucho más amable que su rostro, pero creí que su comportamiento se debía a la situación, y no por cómo era ella.

Dominic, Tyler, Luca y Javier llegaron con unas bandejas, todas con vasos de café descartables. Los repartieron entre los asistentes, hasta que Javier percibió la presencia de las tres personas que estaban junto a mí. Él golpeó un poco el brazo de Dominic para que él también los viese. Dom alzó las cejas, y luego de una pequeña conversación, se acercaron a nosotros.

De pronto me sentí en la obligación de presentarlos. Nadie estaba diciendo nada.

—Les presento a Javier, es el nieto de Henry —comencé a decir, alternando la mirada entre ambos grupos.

—Agatha —susurró Javier—. Mi abuelo me contó mucho de usted. Su reina.

Agatha le ofreció una pequeña sonrisa triste.

—¿Qué le sucedió, Javier? —preguntó con la voz en un hilo. Entendí que era difícil para ella hacer esa pregunta, porque, aunque se habían separado hace muchos años, ella jamás dejó de quererlo.

—Él estuvo muy extraño los últimos días. Se olvidaba de algunas cosas, salía a regar las plantas por la noche, cuando él solía hacerlo por la mañana. No quería tener contacto con la gente de afuera. Por eso mismo no quiso hablar con Dominic. Ayer por la mañana me envió a comprar fertilizante para sus plantas, y cuando llegué, él ya no estaba más —contó Javier. Podía notar que estaba intentando no llorar—. El certificado dice que la causa de defunción fue un ataque cardiaco, pero si les soy sincero, siento que hay algo más. Y les prometo averiguarlo. Esto no va a quedar así.

—¿Por qué piensas que hay algo más? —cuestionó Dominic, interrumpiéndolo. Yo lo miré y fruncí un poco el ceño. No era momento de ponerse en modo investigador.

—Porque conozco a mi abuelo, y él estaba actuando extraño —contestó Javier, serio. Dom solo asintió en silencio—. Gracias por hacerse cargo de todo esto, Agatha. Estaba perdido. —Negó con la cabeza. Ella tomó su hombro.

—No te preocupes por eso, Javier. Henry fue la mejor persona que pudo cruzarse en mi camino, jamás lo dejaría partir de otra forma. Es lo que merece, salir por la puerta grande, como el luchador que siempre fue. Y tú tienes las puertas abiertas en nuestra casa si algún día lo necesitas, lo digo en serio. Eres un Kingston y lo serás siempre.

Relajé el entrecejo y estiré un poco el labio. Agatha era una buena persona.

Estuvimos algunos minutos más, pero la hora de irnos de acercaba, aún teníamos que volver a Altagracia para llegar al aeropuerto. Así que nos despedimos de todos, intercambié teléfonos con Javier, y le dije que, si algún día necesitaba algo, que llamase y lo ayudaría con gusto. Y más si en algún momento él decidía viajar a Counterville.

Por el momento, decidió que se quedaría y estaría a cargo del negocio de su abuelo.

—Cuando vuelva a Counterville, quiero hablar contigo, Dominic. Creo que tengo algunas cosas que podrían servirte —comentó Agatha.

—Estaría agradecido con usted —respondió él.

—Adiós, Billy. —Agité la mano, y él hizo lo mismo.

—Hasta una próxima reunión con la banda —dijo con una pequeña sonrisa. Yo alcé una ceja, ¿él sería parte?

—¿Qué banda? —preguntó Agatha algo seria.

—Nada —contestó Billy, rápido, al recordar que su abuela estaba presente. Pero no logré escuchar mucho más, puesto que el grupo y yo caminábamos hacia la salida.

Y sin más que hacer en aquel lugar, volvimos a Counterville. Con más preguntas que respuestas resueltas, con la esperanza que la cajita musical de mi madre estuviese operativa antes de su cumpleaños, y a la espera de una llamada que dijese «Andrew fue arrestado», cosa que no sucedió, lamentablemente.

¿Hasta cuándo?

HOOOOOOOOLAAAAAAAAAAAAA

CÓMO ESTÁ MI GENTEEEEEEEEEEEE

SE DESACTIVA EL MODO FELIZ

ksjhkshskshkshkshs

La verdad es que este capítulo iba a ser más largo, pero al final decidí dejarlo aquí :D

Espero que les haya gustado, subiré otro pronto uwu

Los tkm

Baaaaai <3

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