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"Las aventuras de los Midoriya y los Bakugo, verdaderos primeros encuentros."

La menor de los presentes contemplaba al tren alejarse desde la estación del pueblo, Masaru Bakugo dejo un minuto a ambas familias con el equipaje mientras negociaba el costo del taxi que los llevaría hacia a casa de playa que habían rentado durando una semana. La primera impresión de la peliverde con respecto al pueblo y al aspecto que ofrecían la estación y las primeras casas, cuyos techos se asomaban tímidamente entre los árboles, fue que aquel lugar parecía una maqueta, una maqueta construida en miniatura para los coleccionistas de trenes eléctricos, donde si alguno se aventuraba a caminar más de la cuenta terminaría cayendo de la mesa. Ante tal idea, compartida por su hermano, los mellizos comenzaron a contemplar una interesante variación teoría de Copérnico respecto al mundo cuando la voz de su madre, junto a ellos, los rescato de sus ensoñaciones cósmicas.

― ¿Y bien? ¿aprobado o suspendido? ― Pregunto la, entonces, esbelta peliverde

―Es pronto para saberlo. ― dijo la chica que pronto cumpliría trece años.

―Parece una maqueta. Como esas de las jugueterías. ― Complemento su hermano, feliz ante tal idea.

―A lo mejor lo es. ― sonrió su madre. Cuando lo hacia Izuku podía ver en su rostro un reflejo pálido de su melliza. ―Pero no se lo digan a Bakugo-san, el escogió el lugar, ahí viene.

Masaru llego de vuelta escoltado por dos fornidos hombres, poco más altos que él, ambos lucían frondosos bigotes y boinas negras. Como si ese fuera el uniforme de su profesión.

―Estos son el señor Takeda y el señor Miyagi. ― dijo el castaño con una gran sonrisa. ― El señor Takeda llevara a algunos en su Taxi y el señor Miyagi llevara el resto. ¿De acuerdo?

Sin esperar la aprobación familiar, los dos fornidos hombres se dirigieron a la montaña de maletas y cargaron con varias de estas sin el menor asomo de esfuerzo. La única niña presente observo el reloj de su muñeca, sin embargo, un presentimiento la interrumpió. En aquel momento la peliverde tuvo la certeza de que alguien la miraba. Girando rápidamente la cabeza pudo ver cómo, entre los barrotes de una de las ventanas de la estación, un gran gato atigrado la contemplaba fijamente, como si pudiera leer sus pensamientos. El felino pestañeo y de un salto que evidenciaba agilidad impensable en un animal de aquel tamaño, gato o no gato, se acercó hasta la pequeña _____ y froto su lomo contra los tobillos de la hermana de Izuku. La niña se arrodillo para acariciar el animal, que maullaba suavemente. La niña lo cogió en brazos y el gato se dejó arrullar mansamente, lamiendo con dulzura los dedos de la pequeña, que sonreía hechizada ante el misterioso encanto del minino. La peliverde, con el gato en brazos, se dirigió junto con su mellizo al lugar en donde se encontraban ambas familias.

―Acabamos de llegar y ya has cogido un bicho. A saber, lo que llevara encima. ― Dijo Katsuki, la única verdad era que temía que el gato lo arañase como aquel al que la pecosa alimentaba en casa.

―No es un bicho, es un gato y está abandonado. ― replico la niña. ― ¿mamá?

―Cariño, ni siquiera hemos llegado a casa. ― comenzó la mujer de cabellos verdes.

La niña forzó una mueca lastimosa, a la que el felino contribuyo con un maulló dulce y seductor.

―Puede estar en el jardín. Por favor. ― dijo ella mientras daba pequeños saltitos.

―Es un gato sucio y gordo. ―añadió Katsuki. ― Señora Midoriya no deje que se salga otra vez con la suya.

La niña dirigió hacia el rubio una mirada penetrante y acelerada que prometía una declaración de guerra a menos que este cerrase la boca. Katsuki le sostuvo la mirada unos instantes y después se volvió, con un suspiro de rabia y un ligero sonrojo, alejándose hacia donde los taxistas se encontraban cargando el equipaje. Por el camino se cruzó con su padre, a quien no se le escapo el semblante enrojecido de Katsuki.

―¿Ya estamos de pelea? ― Pregunto Masaru Bakugo. ― ¿y esto?

―Esta solo y abandonado ¿nos lo podemos llevar? Se quedará en el jardín y yo lo cuidare. Lo prometo. ― dijo la niña mientras sonreía. ― al menos déjenlo un tiempo mientras nos quedamos aquí, cuando volvamos a casa puedes decidir si me lo quedo o no.

Esto último dicho por la peliverde iba dirigido a su madre, el hombre, atónito, dirigió la mirada a la madre de los mellizos y luego hacia el gato: ―Eso lo tiene que decidir tu madre, lo siento, pequeña. ― dijo el castaño.

― ¿y tú que dices Masaru? ― replico su mujer, Mitsuki Bakugo, con una sonrisa que evidenciaba que le divertía el dilema que había pasado de su amiga hacia su esposo.

―Bien, habría que llevarlo al veterinario y demás...

―Por favor. ― imploraron los gemelos al mismo tiempo, después de todo Izuku quería ayudar a su hermana menor...

Masaru y su mujer cruzaron miradas de complicidad: ― ¿Por qué no? ― inquirió Mitsuki, quería comenzar a disfrutar de sus vacaciones de verano. ― Pero tú te encargaras de él. ¿prometido?

El rostro de la peliverde se iluminó y las pupilas del felino se estrecharon hasta perfilarse como agujas negras sobre las esfera dorada y luminosa de sus ojos.

― ¡Vengas, andando! El equipaje ya está cargado. ― dijo la mujer de cabellos rubios.

La peliverde levanto al gato, al punto de que ambas miradas se encontraban, "nos estaba esperando" pensó la peliverde. La niña se llevó al gato en brazos, corriendo hacia el taxi. El felino, con la cabeza apoyada en el hombro de la niña, cerro sus ojos.

(...)

El primer día en la casa de playa quedaría en el recuerdo de _____ como una recopilación de imágenes insólitas. Para empezar, tan pronto como los taxis se detuvieron en frente de la casa y Miyagi y Takeda comenzaron a descargar el equipaje, Masaru Bakugo logro tropezar inexplicablemente con lo que parecía un tubo viejo y, tras recorrer una gran trayectoria dando salto para intentar mantener el equilibrio, aterrizo sobre la cerca blanca, derribando más de cuatro metros. El incidente se saldó con las risas de parte de las dos familias y un moretón por parte de la víctima. Los dos fornidos taxistas llevaron el equipaje hasta el porche de la casa y, considerando cumplida su misión, desparecieron dejando a las familias con el honor de subir el equipaje escaleras arriba. Cuando Masaru abrió solemnemente la casa, un olor cerrado se escapó por la puerta, como si un fantasma hubiese permanecido durante años entre sus paredes. El interior estaba inundado por una neblina de polvo que hizo estornudar a los gemelos y una luz tenue que se filtraba entre las persianas bajadas.

―Dios mío. ― murmuraron ambas madres, calculando las toneladas de polvo que habia por limpiar.

―Una maravilla. ― se apresuró a decir Masaru. ― se los dije.

Los gemelos cruzaron una mirada de resignación, ambos tenían sus narices rojas. Por su parte Katsuki contemplaba el interior de la casa con su típica sonrisa egocéntrica. Antes que ningún miembro de la familia pudiese pronunciar una palabra, el gato de _____ salto de sus brazos y con un potente maullido se lanzó escaleras arriba. Un segundo después, siguiendo su ejemplo, Katsuki, Masaru e Izuku entraron a la que sería su casa por un par de semanas: ― Por lo menos a alguien le gusta. ― creyó la peliverde oír murmurar a Mitsuki

Lo primero que ambas madres hicieron fue abrir rutinariamente las ventanas y las puertas de par en par para ventilar la casa. Luego, durante un espacio de cinco horas, ambas familias se dedicaron a convertir en habitable aquella casa de vacacione. Con la precisión de un ejército especializado cada miembro emprendió una tarea concreta. Katsuki preparo las habitaciones y las camas. Inko con plumero en mano hizo saltar castillos de polvo de su escondite e Izuku, siguiendo su rastro, se encargó de recogerlo mientras más atrás su hermana menor trapeaba. Mientras tanto Mitsuki organizaba el equipaje y pronto la concina. Masaru se encargaba de buscar ya activar la fuente principal de luz y agua caliente, incluyendo esto la instalación de ciertos dispositivos electrónicos necesarios, lo cual no resulto tarea fácil, después de todo su esposa era la experta en eso. Finalmente, las familias se reunieron en el porche y, sentados en los escalones de la casa de playa, se concedieron un merecido descanso mientras admiraban el tinte dorado que iba adquiriendo el mar con la caída de la noche.

―Creo que ya está bien. ― dijo Masaru, cubierto de hollín.

―En las habitaciones de arriba hay arañas. ― explico Izuku mientras jugaba con sus dedos. ― enormes.

―Se parecían a ti. ― dijo, observando a Katsuki mientras reía al observar lo enojado que se miraba.

―Puedo usar mi Quirk para ponerlas en el jardín. ― explico Inko con una sonrisa.

―No, tranquila Inko, Katsuki las matara. ― el mencionado observo a su madre con el ceño fruncido. ― Y no explotes nada, mejor dicho, no uses tu quirk.

―Bueno, seré un héroe así que es normal que me toquen las misiones heroicas. ― dijo el chico con una sonrisa egocéntrica. ― ¿las mato o solo las amenazo un poco? Les puedo retorcer una pata.

El niño fue golpeado en la cabeza por su madre, haciéndolo enderezarse y entrar a la casa dispuesto a acabar con sus antiguos inquilinos. Enfilo la escalera que conducía al piso superior donde estaban las habitaciones. Desde lo alto del ultimo peldaños, los ojos brillantes del gato de la niña que le gustaba lo miraba fijamente sin parpadear. Con un escalofrió Katsuki cruzo frente al felino, que parecía guardar el piso superior como un centinela. Tan pronto se dirigió a una de las habitaciones el gato siguió sus pasos.

Katsuki examino detenidamente el suelo en busca de los pequeños seres peludos que Izuku había mencionado. Después de la sección de limpieza el piso había quedado realmente limpio haciendo que Katsuki solo tardara unos minutos hasta localizar al primer miembro de la familia arácnida. Desde uno de los rincones, observo como una araña de considerable tamaño avanzaba en línea recta hacia él, como si se tratase de un matón enviado por os de su especie para hacerle cambiar de idea. El insecto debía medir cerca de media pulgada y tenía ocho patas, con una mancha dorado sobre su cuerpo negro. Katsuki alargo su mano hacia una escoba que descansaba en la pared y se preparó para catapultar al insecto hacia la otra vida. "esto es ridículo, soy demasiado genial para matar arañas, debieron mandar a Deku." Pensó para sí mismo mientras manejaba con sigilo la escoba en modo de arma mortífera. Estaba empezando a calcular el golpe letal cuando, de pronto, El gato de ____ se lanzó sobre el insecto y, abriendo sus fauces de león en miniatura, engullo a la araña y la masticó con fuerza. Katsuki soltó la escoba y miro atónito al gato, que le devolvía una mirada malévola.

―Vaya con el gatito. ― susurró

El animal se tragó la araña y salió de la habitación, presumiblemente, en busca de algún familiar de su reciente aperitivo. Katsuki se acercó a la ventana. Su familia y la de Izuku seguían en el porche. La menor de los gemelos le dirigió una mirada inquisitiva.

―Yo no me preocuparía más por arañas. ― dijo el con una sonrisa egocéntrica, la peliverde suspiró con alivio, después de todo a ella le daban miedo las arañas.

―Kacchan, eres genial. ― dijo Izuku mientras sonreía con admiración.

―Mañana iremos a la playa de enfrente, así que, deben dejar todo listo. ― dijo Mitsuki mientras revolvía el cabello de los gemelos.

Al día siguiente, poco antes del amanecer, la hermana de Izuku pudo oír como una figura envuelta en la bruna oscura le susurraba unas palabras al oído. La niña se incorporó de golpe, con el corazón latiendo con fuerza y la respiración entrecortada. Estaba en su habitación junto con Izuki, sin embargo, parecía que el realmente no había escuchado lo mismo que ella. La imagen de aquella silueta oscura murmurando en la penumbra que había soñado se desvaneció por unos segundos. La peliverde extendió su mano hasta la mesita de noche y encendió la lámpara que Masaru había dejado la noche anterior. A través de la ventana, las primeras luces del día despuntaban sobre el bosque. Una niebla recorría lentamente el campo de hierbas salvajes y la brisa abría claros a través de los cuales se entreveía siluetas humanas de lo que, la pecosa pensaba, era un jardín de estatuas. La niña tomo su reloj de muñeca que su madre le había regalado. Las esferas de lindas lunas sonrientes brillaban como láminas de oro. Faltaban apenas unos minutos para las seis de la mañana.

La peliverde se vistió en silencio y bajó la escalera, sigilosamente, con la intención de no despertar ni a su hermano o al resto de su familia. Se dirigió hacia la cocina, donde los restos de la cena de la noche anterior permanecían en la mesa de madera. Abrió la puerta que daba al patio trasero y salió al exterior, el aire frio y húmedo del amanecer mordía la piel de la hermana de Izuku. La peliverde cruzo el lugar sigilosamente hasta la puerta de la cerca y, cerrándola a sus espaldas, se adentró en la niebla en dirección a lo que ella creía que eran estatuas. El camino a través de la niebla se le hizo más largo de lo que esperaba. Desde la ventana de su habitación el trayecto parecía ser más corto. Sin embargo, mientras que caminaba entre las hierbas, la niña tenía la sensación de haber recorrido más de trescientos metros cuando, de entre la penumbra, emergió una cerca de lanzas que se encontraba rodeando a lo que, a simple vista, parecía una casa abandonada. La peliverde no pudo evitar decepcionarse al no ver ninguna estatua, sin embargo, decidió investigar para ver si más tarde podría llevar a su hermano a aquel lugar.

Una cadena oxidada rodeaba los barrotes de metal ennegrecido, sellada con u viejo candado que el tiempo había teñido de un color mortecino. La peliverde apoyó el rostro entre las lanzas de la puerta y examinó el interior. La maleza había ido ganando terreno durante los años y confería al lugar el aspecto de invernadero abandonado. _____ pensó que probablemente nadie había puesto los pies en aquel lugar desde hace mucho tiempo. La peliverde observo alrededor para intentar ver si alguien se encontraba por allí, al notar que no había nadie no tardó mucho en usar un quirk para romper la cerradura. La pecosa empujo con fuerza el portón, observando como este ceñida con pereza hacia el interior. Cuando la apertura fue lo suficientemente amplia como para permitirle entrar la peliverde descansó un momento y entro al recinto.

El lugar parecía más grande de lo que había pensado, sin embargo, esto no fue lo que llamo la atención, si no, ciertas sombras que se asomaban desde el jardín trasero de la gran casa, la cual no era mucho más grande que la que Masaru rentaba frente a la playa. La niña se acercó lentamente, pasando por el lado de las rejas que había pasado anteriormente para entrar, encontrándose allí con dos personas, una de ellas era un chico, no menor de quince años, junto con quien parecía un hombre niebla con un traje formal. El de en ese entonces cabello negro gruñía desesperado, no lograba controlar su Kosei.

―Joven Tomura, debe tener el control total de su particularidad si es que quiere que esa persona lo convierta en su sucesor. ― el mencionado resopló.

Un resignado y molesto pelinegro desvió su mirada mientras mantenía el ceño fruncido, al hacerlo sus brillantes ojos escarlatas se encontraron con los brillantes y grandes ojos esmeraldas de la hermana de Izuku, esta, asustada, se sobresaltó al mirar los ojos llenos de furia del pelinegro, Durante un segundo la peliverde sintió que el aire frio del amanecer le quemaba la garganta y pudo notar el palpitar de su corazón en las sienes. Lentamente, como si temiese a que el adolescente se le lanzara encima, rehízo su camino hasta la reja del recinto sin dejar de mirar a sus espaldas a cada paso que daba. Cuando hubo la puerta le pareció como si la casa de playa estuviera muy lejos. Sin pensarlo dos veces echó a correr y esta vez no miro atrás hasta llegar a la cerca del patio trasero, cuando lo hizo, la casa se encontraba de nuevo sumergida en la niebla.

Shigaraki sonrió al observar como la pequeña de doce años corría: ― ¿vio algo joven Tomura? ― Pregunto Kurogiri.

―Solo una cucaracha. ― dijo él.

(...)

El olor a mantequilla y tostadas inundaba la cocina. Katsuki miraba con desgana su desayuno mientras el pequeño Izuku servia algo de leche al gato de su hermana recién adoptado en un plato que el felino no se dignó a tocar. Katsuki observo la escena, pensando para sus adentros que las preferencias gastronómicas del animal iban más por las cosas que podía cazar, tal como había comprobado el día anterior. Masaru sostenía una taza humeante de café en las manos y contemplaba eufórico a los tres niños.

― ¿Están listos para ir a la playa? ― dijo Masaru con euforia.

―Espero hayas preparado bocadillos, Masaru. ― dijo Mitsuki, interrumpiendo su plática con Inko.

El rubio cenizo, rutinariamente, empezó a masticar una tostada mientras que la hermana de Izuku trataba de quitarse de la cabeza aquella imagen del chico de ojos escarlata. Sin esperar mucho la niña se levanto de la mesa, no sin antes agradecer por la comida, la peliverde junto con su mellizo subieron las escaleras para cambiar su ropa por trajes de baño.

(...)

La peliverde corría al lado de una gran roca, siendo perseguida por Katsuki e Izuku, su madre la había hecho dos coletas altas para evitar que su cabello se enredara, después de todo el cabello de la peliverde era algo difícil de manejar: ― ¡Deja de correr, maldita plana! ― la hermana de Izuku se detuvo.

― ¿Cómo me dijiste orangután? ― dijo ella, con un semblante oscuro que asusto a Izuku. ― ¡Aun estoy en crecimiento!

La peliverde, al querer ir a golpear a Katsuki termino por caer en una cueva que se encontraba detrás de ella, llevándose consigo a la persona detrás de ella. Al caer la chica termino amortiguando su caída con el chico que había tropezado: ― Oh, lo siento mucho. ― dijo la chica, levantándose de encima del albino para luego sonreír tímidamente.

―Ten mas cuidado, niña. ― dijo el de los piercings, creando fuego en su mano, iluminando el lugar. ― ¿No tienes una particularidad de vuelo o telequinesis?

La chica negó, después de todo apenas podía levantar objetos pequeños con su telequinesis: ― perfecto. ― dijo el albino, resoplando y comenzando a caminar mientras se alejaba de la peliverde. ― matare a Giran por traerme a este lugar, relajarse, vaya mierda.

La niña no tardó mucho en correr hasta el chico, sujetando su camisa blanca y haciendo que este se detuviera: ― ¿Qué haces? ― pregunto el de las quemaduras con el ceño fruncido.

―Mi mamá me dijo que si pasaba algo debía pedir ayuda de un adulto. ― el albino fruncio el ceño.

―A penas tengo veinte años, no exageres. ― dijo el chico. ― aléjate de mi, si te caíste puedes buscar la salida sola.

La peliverde suspiró: ― eso hago, pero vamos por el mismo lugar, que mal. ― dijo ella con una sonrisa, haciendo al mayor levantar una de sus cejas.

El hombre solo ignoró a la niña y siguió caminando, esta, queriendo hacer lo mismo, se adelantó al hombre, caminando con el rosto arriba y los ojos cerrados, al albino casi se le escapa una risa al ver a la peliverde hacer aquello, sin embargo, esto no duro mucho, después de todo sintió como algo peludo tocaba su pie, al bajar su mirada quedo helada al ver como una araña intentaba subir por su pierna. La peliverde levanto su mirada, gracias al fuego del albino logro ver como aún más arañas se encontraban en aquella cueva, incluso en la parte de arriba.

―No... ― dijo ella mientras las lágrimas inundaban sus ojos. ― ¡no!

Este último grito hizo que el quirk que había copiado al chocar con el chico incendiara casi toda la cueva, asesinando a todas las arañas en un instante, el sorprendido chico observo a la peliverde, con las cenizas de la araña que anteriormente había intentado subir su pierna, la niña se encontraba temblando mientras lagrimas caían de su rostro, resignado, el albino tomo a la temblorosa niña en brazos, sintiendo como esta rodaba su cuello con sus brazos. El de ojos color zafiro no tardó mucho en encontrar la salida de la cueva, al hacerlo, comenzó a buscar a la familia de la peliverde.

―Lo siento. ― dijo la niña mientras se aferraba al cuello del albino.

―Eres interesante. ― se limitó a decir el.

Al visualizar a un niño casi idéntico a la que llevaba en brazos el albino no tardó en bajar a la niña y revolver su cabello: ― Búscame en cuatro años. ― dijo antes de intentar irse, sin embargo, la niña lo tomo de la camisa.

― ¿Cómo te llamas? ― los grandes y brillantes ojos de la niña miraron al ojiazul con curiosidad. ― Te daré mi pulserita, para que no me olvides.

―Dime Dabi. ― dijo el, recibiendo la pulsera de la peliverde, para luego irse de aquel lugar.

Shinso suspiró: ― o sea que, ¿odia las arañas porque cayó en una cueva llena de ellas? ― Izuku negó.

―En realidad es porque cuando volvimos a la casa el gato estaba muerto, había comido una araña venenosa. ― respondió Izuki, entrando al lugar. ―Paso casi lo mismo en mi mundo, solo que llego con una picadura de araña en su pierna.

El hombre casi de inmediato se dirigió hacia la habitación de la peliverde.

Extra:

Dabi rasco su mejilla, metiendo un takoyaki a su boca mientras admiraba la pulsera dorada que había recibido cuatro años atrás, manteniendo una sonrisa en su rostro. Con agilidad el hombre coloco la pulsera en la pequeña caja que siempre guardaba.

―Creo que te apresuraste mucho en encontrarme. ― dijo el pelinegro mientras acariciaba la roja caja aterciopelada, escondiendo esta a un lado de su cama en la habitación que le habían asignado.

―Vamos, Dabi, ya casi anochece y sabes que cuando eso pasa los secuaces de Re-Destro aparecen. ― dijo Mr. Compress, entrando a la habitación mientras se recargaba en la puerta, teniendo en sus pensamientos a nadie más que la peliverde y sonriendo ante el recuerdo del beso que habían compartido noches atrás

Dabi observo al hombre con sombrero de copa, sin embargo, luego devolvió su vista hacia los Takoyakis que comía―No importa si llegamos tarde, de todos modos, ese hombre los matara. ― dijo el pelinegro mientras se levantaba de la cama. ― es curioso, ella tiene dos hermanos, un hermano que aspira a ser un héroe y un hermano peor que un demonio. ¿en que se convertirá ella?

El recuerdo del hermano mayor de la peliverde hizo temblar a Touya, después de todo se encontró con él una vez y lo único que pudo sentir al mirar sus ojos fue miedo a su muerte

Con recelo el hombre le dio un último vistazo a la caja en la que anteriormente había guardado la pulsera que le pertenecía a la peliverde, teniendo en mente que si ella no hubiera entrado al primer cuartel de villanos el jamás la habría encontrado o seguramente tampoco se hubiera enamorado de ella, después de todo ella quería ser una heroína. Agradecía que ella lo hubiera encontrado hace dos años, sin embargo, esa es una historia para otro día. El hombre metió el ultimo Takoyaki en su boca para luego colocarse su gabardina y salir del lugar.

Buenas noches hermosas criaturas.

Este es mi segundo capítulo del día wuju.

Lo hice para compensar el hecho de que no publique el fin de semana, espero les haya gustado.

Por cierto, en estos días intentare aclarar algunas cosas sobre el Izuku villano o Izuki como prefieran.

¿les gustaría una historia de él? Por cierto, cuando acabe el fic, ¿Qué historias quieren que publique? Déjenlo en los comentarios :D

¿si les gusta que publique diariamente? Si acaso quieren que deje de hacerlo lo hare.

Ya se acerca la primera vez de la rayis, ahí les dejo el dato. El capítulo ya está escrito.

Pregunta: ¿con que personaje de BNHA querrian perder su florecilla? 7u7

No siendo mas me voy.

Opiniones del cap aquí ―>

Lxs amo.

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