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Capítulo 6: Un club

Desde que tenía uso de razón, Sasuke había vivido sumergido en una burbuja de miedo, dudas y rechazo. Exiliados los de su especie a un frío y profundo abismo, estaban condenados a vagar en soledad. A temprana edad entendió que jamás podría ser un tritón normal. Las sirenas de cola negra no solían tener descendencias, más que nada, porque la reproducción en ellas era completamente diferente a cualquier otra especie de sirena existente. La verdad era que llegaron al límite de la extinción.

La evolución de la naturaleza era interesante como mínimo. Para evitar algo así, hicieron falta siglos de evolución, pero a día de hoy, tanto sirenas como tritones de cola negra eran óptimos para quedar embarazados. ¡! Ni siquiera eso era igual a otras sirenas.

¿Alguna vez la gente se ha preguntado cómo se reproducen las sirenas? ¡Por huevos! Como un pez. Las hembras dejaban sus huevos en un banco de arena y piedras para que el macho pudiera pasar sobre ellos y fertilizarlos.

Las sirenas de cola negra no ponían huevos, sino que daban a luz como los delfines. Desde tiempos inmemorables, buscaban marineros con los que se acostaban antes de devorarlos. Sin embargo, este hecho que podía resultar tan negativo para los hombres, también requería un gran sacrificio por parte de las sirenas. ¡La mitad de su energía vital iría al niño! Lo que quería decir que perdían poder. Una pérdida completa suponía la muerte. No muchas sirenas de cola negra deseaban dar a luz ni tener descendencia.

Perder poder suponía un gran riesgo. A veces, los cánticos fallaban y no se hipnotizaba completamente a las víctimas de las que se alimentaban y, sin alimento, morían.

La energía vital se consumía más rápidamente, lo que provocaba que debieran alimentarse más veces. A Sasuke le gustaba imaginárselo como un recipiente. Llenaban el recipiente con cada comida, con la energía de las víctimas hasta llenarlo por completo, el problema era que los que habían dado la mitad de su energía vital, sólo podían llenar hasta la mitad. Ni más ni menos. ¡Era un asco!

Súcubos, dar y quitar energía vital, era a lo que se dedicaban, aunque rara vez la ofrecían.

Ninguna ciudad era segura para los de su especie. Al principio, los otros tritones y sirenas tuvieron miedo de ellos. ¿Cómo no tenerlo cuando arrebataban la vida? Pero cuando descubrieron que podían darla también, que podían dar energía vital y sanar a personas al borde de la muerte que aún no hubieran cruzado el umbral, entonces empezó la cacería. Todos deseaban obtener alguna sirena de cola negra para que algún familiar cercano o amigo, no muriera, aunque eso dejaba a los cola negra viviendo en la penuria a mitad de su energía. Dar dos veces... suponía la muerte.

Sasuke siempre se preguntó cómo podían obligarles a dar esa energía. Él no lo haría voluntariamente por gente desconocida sabiendo que luego debería malvivir. Por desgracia para él, fue una lección que aprendió rápido. Una de las medidas era amenazar a la sirena o tritón de cola negra con hacerle algo a su familia. A veces funcionaba, otras recurrían a métodos de tortura. Pero sin duda alguna, la medida más utilizada y devastadora era el amor. Por mucho miedo que tuvieran de ellos, todos intentarían enamorar a alguien de su especie para utilizar su poder cuando lo necesitasen.

Sasuke miró sus manos. A veces temblaban por el hambre. La sensación de vacío en su estómago no desaparecía aunque comiera algo, necesitaba energía. ¡Odiaba tener que salir a cazar! A los de su especie no les importaba demasiado. La sociedad no les trató bien y, por tanto, dejaron de contenerse. La naturaleza reponía energía vital por sí sola con un buen descanso, pero ellos requerían robarla. No era fácil contener el hambre voraz. Una vez empezabas a succionar la vida, parar era realmente complicado.

Incluso con los años que Sasuke practicó para evitar terminar con la vida, de niño quitó demasiadas y en la actualidad, pese a controlar algo mejor, a veces, todavía le era imposible frenar a tiempo antes de matar a la victima. ¡Era un monstruo! Así se consideraba.

- Ey, Sasuke. ¿Sales o qué? – preguntó uno de los compañeros.

Al salir de su trance, Sasuke apartó la mirada de sus manos. Sentado en el banquillo del vestuario, se dio cuenta de que debía darse prisa en cambiarse. Sus compañeros ya estaban saliendo al campo o cerrando las taquillas.

- Ya voy – susurró al percatarse de que se había quedado completamente absorto en sus pensamientos.

Subir a superficie prácticamente lo hacían una vez en la vida, así que estaba dispuesto a probar todo lo posible antes de volver al mar. Con esa idea, se apuntó a la universidad para estudiar biología marina; con esa idea, se unió al club de ciencia e investigación, también estaba en el club de voluntariado debido a la culpa que sentía cuando arrebataba energía de los demás y por si no tuviera pocas cosas que hacer, se afilió al club de Taekwondo.

¡Si le contase a su hermano que hacía Taekwondo! Pensó Sasuke con una ligera sonrisa. Sabía lo que Itachi diría. ¿Para qué quiere una sirena saber hacer algo así? Ni siquiera tenían piernas para practicar dicho deporte, no le serviría para nada una vez regresase, pero, por eso mismo, llamaba su atención. Quería hacer algo que sólo pudiera hacer en la superficie. Movía sus piernas y le había ayudado mucho ese deporte para tener mayor equilibrio y mejor movilidad. Ya no era tan torpe como cuando salió la primera vez del agua y ni siquiera podía ponerse en pie.

Empezó a desvestirse y sacó su "Dobok" de la bolsa deportiva. Aprendía tantas cosas en superficie, como el motivo de que el pantalón y la casaca fueran blancas. ¡Simbolizar la pureza de las artes marciales! Su cinturón, amarillo con una raya verde, indicaba que estaba a punto de pasar de ser un iniciado a un nivel intermedio. ¡Era toda una proeza! Practicaba más que nadie y daba clases particulares con el maestro para lograr dominar todas las técnicas en el menor tiempo posible. ¡No tenía tanto tiempo como el resto de estudiantes! Y seguramente, jamás llegaría a ser un maestro de cinturón negro, ni siquiera creía llegar al rojo, que era la zona de peligro, la que indicaba que ya tenías control sobre técnicas de combate para sacar a tu oponente del camino.

- Buenos días, Sasuke.

Aquella voz detuvo sus dedos. Sonaba a su espalda pero no se giró. En su lugar, cerró los párpados y lanzó un gran suspiro de resignación. No podía creerse que estuviera escuchando la voz de Naruto. Él no estaba en ese club. Terminó de atar el nudo del cinturón y miró a Naruto.

- Naruto, ¿qué estás haciendo aquí?

- Vengo a practicar contigo.

- Sabes que es una clase de Taekwondo, ¿no?

- Sí. Eso me han dicho.

- ¿Sabes lo que es el Taekwondo?

- Un deporte que practicas.

- Un deporte donde se usan las piernas.

- Vale. Suena divertido.

Un sonoro suspiro en busca de la relajación. Sasuke no podía hacer otra cosa que intentar calmarse para no perder los nervios con ese chico.

- Naruto, no te lo tomes a mal, pero te he visto caminar. Te tropiezas con tus propios pies.

- Tú haces este deporte, creo que me las apañaré. No puede ser tan complicado.

- Como tú quieras – cerró la taquilla Sasuke para salir al Dojo.

Sus pies tocaron el tatami y se unió al resto de los compañeros para practicar. Naruto tardó como diez minutos en cambiarse y salió con el nudo del cinturón atado en un lateral en vez de en el centro. Sasuke suspiró de nuevo y apartó la mirada de él justo cuando el instructor tomaba cuenta del nuevo estudiante y trataba de explicarle lo más básico.

- Sasuke, sigue practicando la patada giro talón. Toma, es el programa de examen para cinturón verde.

- Gracias, sensei – agradeció Sasuke con una reverencia antes de tomar el papel y leer lo que le pedirían para pasar al siguiente nivel.

- ¿Qué es una patada de ciento ochenta grados circular? – preguntó Naruto a su espalda.

- Naruto, vuelve a tus ejercicios de principiante.

- Pero es que yo quiero practicar contigo.

- ¿Cómo vas a practicar conmigo? Tú eres cinturón blanco y yo casi verde. No te van a poner a entrenar conmigo, sino con los de tu nivel.

- Qué rollo. Yo quiero practicar contigo.

- No puedes. Te daría una paliza ahora mismo.

- ¿Qué es eso del examen para cinturón verde?

- Una prueba donde muestro que he sido capaz de aprender y utilizar correctamente los elementos que me han enseñado. Si la supero, me enseñarán otros movimientos.

- Novato, vuelve con los demás.

El profesor rompió toda conversación de ambos. Sasuke no pudo evitar sonreír al escuchar las quejas de Naruto mientras se marchaba. ¡Le gustaba ese chico! Pero no podía estar con él, en realidad, no debería estar con nadie. Sólo era un peligro para todos. Debía aguantar y alejarse lo posible de Naruto para poder olvidarle. Volvería al abismo del que salió y se uniría a su familia hasta que la muerte le encontrase.

¿Cuál fue su gran problema? Por un instante, mirando la espalda de Naruto, Sasuke se dio cuenta. Fue el amor. Enamorarse demasiado joven le hizo cometer la mayor de las locuras y aunque ese chico rubio atolondrado jamás descubriría sus sentimientos, Sasuke sabía bien que él fue el gran cambio de su vida.

Por amor hizo una locura, por amor estaba allí, por amor sufriría toda su vida y por amor moriría en soledad. ¡La vida de un cola negra no era un camino de rosas! Moriría lentamente y siendo olvidado por los pocos que le conocieran. Para el resto de las sirenas, ni siquiera sería un momento triste. Estaba condenado al olvido.

- Sa-su-ke – escuchó el susurro de las sílabas que componían su nombre cerca de su oído.

Se había vuelto a quedar absorto en sus pensamientos y no habían pasado ni tres minutos, pero Naruto volvía a estar tras su oreja susurrándole.

- Entrena conmigo. Enséñame. La patada no me sale bien. Es la décima vez que me caigo y empieza a dolerme el trasero – se quejó, a lo que Sasuke, pese al asombro inicial, sonrió ligeramente. No había nada que hacer con ese chico.

- Está bien, te ayudaré con el equilibrio, pero luego me dejas practicar lo que tengo que mejorar para mi examen.

***

Los dos caminaban en silencio bajo el precioso atardecer. Las bolsas de deporte colgaban de sus torsos. Sasuke miraba al frente, apresurando el paso para llegar a su casa y alejarse del rubio, en cambio, Naruto parecía ir reduciendo el ritmo de sus pasos y mirando los colores del atardecer.

- Me gusta mucho ver los atardeceres desde Isla Galli – susurró Naruto.

- Y escaparte de noche – se quejó Sasuke.

- Sí, eso también – sonrió con inocencia, aunque luego recapacitó en la frase de Sasuke –. ¿Cómo sabes que solía escaparme de noche?

- Lo he supuesto – intentó excusarse Sasuke para no dar a entender que llevaba años observándole en secreto.

- ¿Sabes lo que es vivir en un palacio? – preguntó Naruto – la gente en Náutica me miraba con admiración, todos creen que es genial vivir en un palacio y ser el futuro príncipe, pero en realidad, es un asco. Nunca he ido a la escuela, tengo profesores particulares. La diversión era algo no estipulado en mis horarios, sólo veía clases sobre protocolos, diplomacia, estudio sobre las costumbres, tradiciones y el día a día de cada especie de sirena y tritón para no meter la pata cuando tratase algo importante con ellos o sus reinos. Los días se hacían largos y aburridos. Mientras todos jugaban, yo tenía que estudiar, así que por las noches, cuando todos creían que dormía, me escapaba para ver los grandes barcos cargueros y las estrellas del firmamento.

- No lo sabía – susurró Sasuke – creí que tu vida sería, no sé... suponía que tendrías restricciones por ser el futuro heredero del reino, pero no que tuvieras tantas.

- No puedo salir sin escolta y, de hecho, estando aquí en superficie, es la primera vez que estoy solo – sonrió con un toque relajado – las normas dicen que las sirenas deben afrontar esta aventura en solitario, así que serán los únicos meses donde no tendré a otros tritones tras de mí todo el tiempo. Siento que tengo unos meses para descubrir quién soy o lo que me gusta antes de volver a ser lo que todos esperan que sea.

- Deberías ser siempre el que quieres ser y no lo que te obliguen.

- Claro... es fácil decirlo para un tritón de cola azul del ártico que no tiene sangre real – sonrió Naruto.

- Sí... supongo que es fácil.

Por extraño que resultase, la voz de Sasuke sonó triste, como si ocultase algo muy profundo, como si ocultase una difícil vida tras él. Naruto le observó en silencio mientras volvía a caminar.

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