
Capítulo 11: Mitos
En el autobús, Sasuke acabó durmiéndose. Por las ventanillas, tan sólo la oscuridad entraba. Era muy tarde cuando regresaban, pero Naruto, sentado al otro lado del pasillo, mantenía sus ojos abiertos y mirando a Sasuke.
Con la cabeza apoyada sobre su brazo y el cristal del autobús, dormía plácidamente. Era asombroso el rostro angelical que tenía y el secreto tan oscuro que guardaba. En ese momento, Naruto se preguntó cuánto debía sufrir internamente cada vez que debía alimentarse. No era fácil mantener el control constantemente.
Desvió la mirada hacia su ventanilla y trató de recordar dónde había escuchado sobre ese extraño don para robar energía. Estaba seguro de que lo estudió, o al menos, lo leyó en algún lado, pero... no podía recordar esa materia. Siempre había tenido profesores particulares, quizá no lo leyó, quizá no lo estudió, pero recordaba vagamente esa información. Podría ser que alguno de sus profesores lo comentase y él lo olvidase.
Durante la hora que estuvo en ese autobús metido, Naruto no dejó de pensar en ello y finalmente, cuando las luces de la ciudad aparecieron en su campo de visión, cayó en algo. Unas sirenas que jamás pisaban las ciudades, sirenas y tritones de los que uno debería mantenerse lo más alejado posible... los cola negra.
Monstruosas criaturas de un atractivo sin igual y que robaban la vida de todo aquel que se cruzase con una de ellas. Las criaturas más temidas del océano. Atraían a los marineros con sus preciosos cánticos, los hundían, a veces los violaban y luego... se alimentaban de su energía.
Miró hacia Sasuke con cierto temor y entonces, éste abrió los ojos mirando fijamente a Naruto. La oscuridad se cernió sobre ellos. Como de una película de terror, Naruto sintió su corazón acelerarse. Pasaban bajo un túnel y no podía ver a nadie. Ni una luz estaba encendida. Si fuera una película, estaba convencido de que al salir del túnel, él estaría despedazado, sin embargo, cuando la luz de las farolas regresó, Sasuke seguía con su mirada fija en él en su asiento. No se había movido. Naruto se relajó y sus latidos volvieron a la normalidad.
- ¿Estás bien? – preguntó Sasuke.
¡Una maldita leyenda! Eso es lo que eran las sirenas y tritones de cola negra. Eran puras leyendas para asustar a los niños y obligarles a portarse bien. No abandonar Náutica sin supervisión adulta, irse pronto a dormir o hacer caso a sus padres. Así es como lo tomó Naruto siempre. Esas criaturas no existían. Sonrió entonces al darse cuenta de la idiotez que acababa de pensar.
En el mundo humano recurrían al "hombre del saco", por ejemplo, que se llevaba a los niños que no se portaban bien. Ellos tenían su propio hombre del saco, llamado "las sirenas de cola negra". Mitos que no existían.
- Sí – sonrió Naruto –. Estoy perfectamente.
- ¿No has podido dormirte?
- No, pero te he visto dormir a ti. Hasta pareces agradable cuando cierras los ojos.
- ¡Qué halago! – sonrió Sasuke con cierta prepotencia.
¡Imposible! Fue lo que pensó Naruto. Un chico tan sincero y de buen corazón como Sasuke no podía ser una criatura monstruosa como contaban las leyendas. Se reprendió mentalmente al haber pensado semejante cosa. Sasuke sería incapaz de hacer daño a alguien.
- ¿Alguna vez has escuchado el mito sobre las sirenas de cola negra? – preguntó Naruto.
Sasuke se tensó unos segundos al darse cuenta de lo que estaba pensando el rubio. ¿Y si había descubierto su secreto? Si era así, estaba en peligro.
- ¿Sirenas de cola negra? – preguntó Sasuke intentando fingir incertidumbre.
- Sí. Escuché hace mucho tiempo algo sobre ellas, claro que todo es un mito – sonrió –. Mi padre siempre me decía que las sirenas de cola negra eran la especie más atractiva de todas, pero la más peligrosa también. Sus armas de seducción hacían caer rendidos a todas las que serían sus víctimas.
- Supongo que no son bien recibidas.
- Sólo es una leyenda – susurró Naruto.
- Toda leyenda tiene algo de verdad en ella – susurró Sasuke cabizbajo. Naruto apenas pudo escuchar su murmullo.
- Mi padre siempre me repetía que debía mantenerme alejado de las sirenas de cola negra y si veía una, salir nadando antes de caer en su embrujo. Dicen que sus cánticos son los más hermosos de todos, pero si eres cautivado por ellos, estás perdido. ¿Tú lo habías escuchado?
- Algo oí.
- Es una estupidez – sonrió Naruto – por un momento había pensado en ello al ver tu don, pero estoy completamente convencido de que las sirenas de cola negra no existen. Sólo son un truco de los adultos para que seamos buenos.
- Es posible – susurró Sasuke.
No era capaz de contarle la verdad. Sabía que debería hacerlo, pero... contar su secreto le pondría en peligro. ¿Qué ocurriría si Naruto se enterase que también podían devolver vida a costa de la suya propia? ¿Le atraparía para mantenerse joven? ¿Para ayudar a familiares enfermos o moribundos? Era lo que hacían casi todas las sirenas con ellos. Así su especie estaba desapareciendo lentamente. Se extinguían.
Sasuke miró hacia la ventanilla de nuevo. El autobús se movía ahora por la carretera cercana a la costa. Veía el mar. En ese momento, un pensamiento aterrador surcó su mente. ¿Qué función tenían ellos en el océano? Quizá extinguirse no sería tan malo después de todo.
- Naruto, si esas sirenas y tritones de cola negra existieran, ¿cuál crees que sería su función?
- ¿Función?
- Sí, ya sabes, ¿por qué existirían criaturas tan perversas que quitan vida?
- Mmmm – dejó escapar Naruto ese sonido como si pensase en algo –. No estoy seguro, pero pensaré en ello. Tampoco es que crea que todo ser vivo necesite una función, pero...
- Piénsalo bien. Las lombrices ayudan a la tierra, la tierra hace crecer la vegetación, la vegetación ayuda con el oxígeno... todo tiene una función. Entonces... ¿Por qué existirían ellas?
- No lo sé, Sasuke.
Sin más que poder decir, Naruto observó los ojos tristes de Sasuke antes de que volviera a mirar la ventanilla y el mar.
- ¿Cuál crees tú que es su función? – preguntó Naruto – bueno... en caso de que existieran, me refiero.
- Creo que sólo son monstruos que no deberían existir.
¡Monstruos! Esa palabra no le gustó a Naruto. En la naturaleza siempre había cazadores y presas, las sirenas de cola negra eran cazadoras natas pero ni por un segundo, las llegó a considerar monstruos. Tenía que pensar algo que decirle a Sasuke, una función real.
¡Pensar no era lo suyo! Pero desde que tomaron la carretera de la costa hasta llegar a la universidad, Naruto no dejó de darle vueltas a la idea de para qué podrían servir esas sirenas que todos consideraban malas por naturaleza.
Como por instinto, al bajar del autobús, Naruto tomó su bolsa, la colgó en su hombro y caminó con lentitud al lado de Sasuke. Los dos vivían en la misma dirección, así que se acompañaron el camino. Extrañamente, pese a que Naruto no callaba ni bajo el agua, ese paseo fue tremendamente silencioso. Naruto no habló de nada.
- ¿Sabes? Yo tuve un accidente hace mucho tiempo – sonrió Naruto – estuve a punto de morir, pero recuerdo que alguien me salvó. No pude verle y durante muchos años, creí que sólo fue un sueño, una visión borrosa creada por el golpe, pero cuanto más pienso en el accidente, más creo que vi algo. Seguramente creerás que estoy loco – rió antes de llevar su mano a la parte de atrás de la cabeza y rascarse el cabello inocentemente – pero me pareció que era un tritón. Era atractivo y su cola era oscura.
- ¿Vas a decirme ahora que crees que las sirenas de cola negra existen? – sonrió Sasuke demostrando cierta incredulidad.
- No, sólo digo que tenía la cola oscura, quizá azul oscuro. Quizá fuiste tú – sonrió Naruto, dejando entrever sus dudas.
- ¿Cómo podría yo salvarte? No tengo un don curativo, Naruto.
- Eso no lo sé, pero cuando te beso... me haces recordar ese beso. Ha sido el único que he dado en mi vida, exceptuando los de la azotea, así que créeme... que recuerdo bien la sensación.
- Yo creo que te confundes. Era tu primer beso y te morías, ¿no? Tus recuerdos no pueden ser demasiado fiables. Además, ¿por qué te salvaría yo?
- No sé, quizá porque te gustaba – sonrió Naruto.
- Tienes demasiadas estrellitas de mar en tu cabeza – sonrió Sasuke.
Puede que Sasuke no le confirmase nada, pero algo le decía a Naruto, que no se estaba equivocando. Ese chico le recordaba demasiado al tritón que le salvó la vida.
- Nunca hablamos de ti – se quejó Naruto –. ¿Tienes hermanos?
- Tengo un hermano mayor.
- ¡Qué suerte! Seguro te contó cosas sobre su peregrinación y ya venías preparado para ella.
- La verdad es que no. La peregrinación de cada uno es individual y única, no se habla sobre las peregrinaciones de los demás hasta que ya has pasado la tuya.
- Yo soy hijo único y es un rollo. Ser el único heredero me genera más presión y agobio. Todo recae sobre mí y ni siquiera tengo a alguien con quien compartir mis pensamientos o poder jugar. Rara vez me dejan salir del palacio si no es con un séquito de guardaespaldas. Es un aburrimiento.
- Debe ser duro criarse así, tan vigilado. Pero ahora puedes hacer lo que quieras.
- Sólo tengo este año antes de volver a Náutica para volver a ser el príncipe restringido de movilidad.
- Entonces... no deberías enamorarte de mí – sonrió Sasuke en forma de broma –. Cuando pase el año, tú y yo no volveremos a vernos nunca.
- Si lo dices así, suena muy mal y deprimente. Yo no quiero perder tu amistad. Te mandaré cartas.
- ¿Cartas? – preguntó Sasuke con una risa incrédula –. ¿En el océano?
- Bueno... ya me entiendes, caballitos de mar que te lleven mis mensajes.
- Claro... si tú lo dices.
Los caballitos de mar jamás llegarían a su destino. ¿Qué ser vivo se acercaría a un cola negra para entregar mensajes sabiendo que podría ser devorado? Claro que Naruto no podía saberlo. Sasuke, en cambio, tenía muy claro que una vez el año finalizase, todo lo que compartirían en tierra firme, se quedaría en un bonito recuerdo para el resto de su vida. Jamás volverían a reencontrarse. Enamorarse de una sirena de otro color de cola no era buena idea, aunque aún podría ser salvable, pero enamorarse del príncipe de Náutica... era un suicidio.
- ¿Y tus padres?
- Sólo tengo padre. Mi madre murió al darme a luz.
- Lo siento. ¿Estaba enferma?
Para las sirenas y tritones corrientes, no cabía la posibilidad de morir por un embarazo, porque se reproducían por huevos. Los depositaban en un bancal de arena y el macho los fertilizaba pasando por encima, pero las colas negras eran diferentes. Dar a luz como los delfines les ponía en serios riesgos y más sabiendo que daban la mitad de su energía vital al bebé. Tener dos hijos suponía la muerte de la madre inminente. Pero eso, tampoco se lo podía explicar a Naruto.
- Algo así.
El resto del camino, ambos volvieron al silencio sepulcral.
- Yo me desvío aquí – comentó Sasuke para dirigirse hacia su casa. Naruto aún debía continuar un poco más, así que sólo asintió con la cabeza dando por entendido que se separaban ahí.
Sasuke se giró, dio cuatro pasos y entonces, se detuvo al escuchar la melodiosa voz de Naruto.
- Sasuke... su función es regular la vida marina – sonrió Naruto – controlan que ninguna especie se reproduzca más de lo que debería y velan por los intereses del mar. Los humanos recorren nuestras aguas como si fueran suyas, vierten sus residuos en nuestros territorios, matan especies, cambian el hábitat y nadie hace nada para evitarlo. Puede que no cambie mucho uno o dos marineros desaparecidos, pero son un mito que mantiene alerta a los marineros y les recuerda que hay criaturas que siguen custodiando las aguas. Creo que a su manera, las sirenas de cola negra matan para alimentarse y mantienen el equilibrio a la vez que intentan proteger a las criaturas del océano. Como un león que se alimenta de gacelas. Es parte del ecosistema. – Naruto miró el rostro atónito y sorprendido de Sasuke –. ¿Qué? ¿Ha sido muy cursi?
- Para nada – sonrió Sasuke –. Gracias.
Quizá Naruto jamás llegase a entender aquel "gracias", pero para Sasuke, fue importante escuchar esas palabras de su parte. "Como el ecosistema", los protectores del océano, eran palabras hermosas para referirse a criaturas malvadas tal y como las consideraban. Saber que Naruto no le trataba como un monstruo le alegraba.
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