
9. Zombi Scarlett
Entro a la tienda de vídeo arrastrando los pies al caminar con gran pesar. Resoplo cada tres pasos porque quiero hacer notar mi gran molestia por lo que me acababa de suceder. No hay cosa peor que vayas bastante motivada a ver Netflix y te salga el anuncio de que tu cuenta ha sido vencida y debes actualizar la forma de pago.
¡Maldito karma! No sé qué te he hecho, pero no merezco tal maldad.
Antes de eso había tenido planeado pasar la noche viendo Netflix. Un plan completamente hundido porque ahora debo esperar a que mi padre se digne en pagarla. Esto es estúpido porque no quiso que utilice su tarjeta de crédito, pero me ha dado dinero efectivo para pagar la renta de las películas.
¿Lógica? Ninguna.
Ruedo los ojos y meto las manos en el bolsillo de mi sudadera.
Tengo puesto un pantalón de hacer ejercicio —aunque nunca lo hago, solo los tengo porque son más cómodos para dormir—, y una sudadera. Mi cabello se encuentra recogido en un moño desordenado, tanto que se ven muchos nudos en él, y parezco que he probado todas las drogas del mundo con este aspecto.
¿Lo mejor de todo? No me interesa. No es como si estuviera buscando a alguien con quién ligar.
Acomodo mis audífonos en mis oídos, mientras sigo escuchando canciones de una de mis bandas favoritas, Fall Out Boy. Camino con lentitud mirando las estanterías llenas de películas cuyos nombres ni reconozco. Trato de concentrarme en la música, tarareando un poco la melodía de la canción para distraerme de los escalofríos que me produce este lugar.
No se encuentra ni una sola persona a mi alrededor. Está completamente desierto y eso lo hace ver escalofriante porque las luces se prenden y apagan solas. Parece película de terror si me preguntan.
Sacudo mi cabeza, decidiendo ignorar por completo ese detalle y comienzo a enfocarme en encontrar una película que rentar.
Paso las películas de Star Wars, sin prestarle mucho interés y continúo mi búsqueda. Agarro Edward Scissorhands y sigo mirando, dando vueltas casi en círculos. Es cuando veo al final de la tienda las películas de Piratas del Caribe y casi corro para cogerlas.
Dios, amo estas películas.
Jack, te amo. Perdón, Capitán Jack Sparrow, me corrijo en mi mente.
De repente me quitan los audífonos, dejo caer una de las películas y me giro solo para ver a Jackson Whittemore mirándome. Sostiene mis audífonos, de los cuales puedo escuchar la música a distancia.
Mi mamá tiene razón. Me voy a quedar sorda si sigo escuchando la música a ese volumen, pero es que no hay mejor forma de escuchar la voz de Patrick, la batería de Andy, el bajo de Pete y la guitarra de Joe. Tanta perfección junta merece ser escuchada a gran volumen.
—¿Dónde está The Notebook? —pregunta con su habitual tono de inepto.
Le arrebato mis audífonos de mala gana. ¿Quién rayos se cree para quitarme los audífonos? ¿Brendon Urie? Lo miro con los ojos entrecerrados.
Quiero matarlo.
—¿Se supone que sepa dónde se encuentra? —Inquiero, arqueando una ceja—. Pregúntale a alguien que trabaje aquí.
—Eres una chica, ustedes ven ese tipo de películas. Además, no hay nadie aquí —dice.
Creo que me acaba de dar un tic en el ojo por ese comentario. Ahora sí quiero matarlo, golpearlo y ver si de esa forma se le quita un poco la estupidez con la que vive a diario.
—Ese fue el comentario más sexista que he escuchado en mi vida.
Resoplo y me giro para recoger la película que dejé caer cuando Jackson me quitó los audífonos. Levanto un poco la mirada y a lo lejos, detrás de unos estantes, soy capaz de ver los pies de una persona justo al lado de una escalera.
Me quedo en una pieza sin moverme.
—¿Qué pasa, Brann?
—¿Esos son... pies? —cuestiono en voz baja, aunque la pregunta va más dirigida hacia mi propia persona.
Jackson lleva su mirada hacia donde estoy mirando y hunde el entrecejo. Entonces, antes de que pueda detenerlo, Jackson se acerca con lentitud hacia ese lugar.
Me doy una bofetada mental porque es un tonto.
Cualquier persona que ha visto suficientes películas debe saber que este es el momento en el que debemos correr por nuestras vidas. Estoy tentada a hacerlo, pero no lo hago. Me quedo en el lugar, sintiendo un nudo en mi estómago que me dice que algo malo está por pasar.
Trato de correr tras él, pero me detengo en seco, al igual que Jackson cuando vemos lo que se oculta detrás del estante. Apenad puedo soltar un jadeo de sorpresa.
El cadáver de un hombre —que al parecer trabajaba en la tienda de vídeos—se encuentra en medio de un gran charco de sangre. Lo han asesinado. De eso no cabe duda.
¿Por qué siempre soy yo la que encuentra los muertos?
Esto ya no me está gustando. Primero me pasó el día antes de comenzar las clases con la mitad del cadáver de la hermana de Derek. Ya siento que estoy tan acostumbrada a ver cadáveres que no me produce aquel terror de antes, ahora solo me quedo parada mirándolos con el rostro impasible.
Al contrario de mí, Jackson no está para nada acostumbrado a esto y lo espanta a tal grado que se echa hacia atrás por la sorpresa de ver a un cadáver. Choca con la escalera que se encuentra detrás de él. Esto hace que se caiga junto a una de las luces y la electricidad se vuelve inestable.
—¿Qué has hecho, Jackson? —pregunto, mi tono es más de reproche que de histeria. De eso estoy segura.
—¡Nada!
Retrocedo lentamente. El corazón me late fuertemente, martilleando dentro de mi caja torácica, como si quisiera salirse de mi pecho. Las manos me tiemblan y mi respiración se ha vuelto irregular. Dejo las películas en uno de los estantes y algunas caen al suelo, pero no me importa.
El sentimiento de que algo malo estaba por suceder se estaba haciendo más fuerte que nunca.
La electricidad se corta por completo y trago en seco.
Sal de ahí, Scarlett, ordena mi subconsciente tratando de hacerme reaccionar. Sin embargo, me quedo paralizada nuevamente al escuchar un ruido que desconozco. No ha sido Jackson y tampoco yo, lo que me deja saber que no nos encontramos solos en la tienda.
Entonces los veo. Son los mismos ojos rojos que vi la noche que Scott fue mordido. El pánico me invade el cuerpo entero y el recuerdo del terror que sentí esa noche se encuentra presente en estos momentos. Me quedo sin poder moverme, solo mirando los ojos rojos.
Estoy frente a frente con el alfa.
El primer pensamiento que cruza mi mente es que voy a morir de forma triste, dolorosa y que Jackson es mi única compañía en estos momentos. ¿Puedo morir de peor forma? El segundo pensamiento que tengo es correr y esconderme.
Le hago caso a mi segundo pensamiento cuando puedo reaccionar, aunque es demasiado tarde. Para el tiempo en el que mis piernas deciden responder a mis órdenes, el alfa me ha agarrado de un brazo, clavando sus garras en mi piel. Dejo salir un gemido por el ardor y dolor que me provoca.
De alguna manera, logro zafarme de su agarre y choco con uno de los estantes, tumbando una gran cantidad de películas. Tropiezo con ellas, cayendo al suelo de rodillas, mis manos se apoyan en el suelo para evitar que mi rostro impacte la superficie. Es ahí cuando logro ver la manga rasgada y ensangrentada de lo brazo derecho.
El alfa deja de prestarme atención y continúa su camino por la tienda, alejándose de mí. Aprovecho ese momento para acuclillarme detrás del estante, presiono mi herida con mi mano izquierda y mis ojos se empañan por las lágrimas. Miedo y dolor físico es todo lo que puedo sentir en estos momentos.
El alfa ya ha matado a muchísimas personas. ¿Qué lo detiene de girar y matarme a mí en este preciso momento? Nada. Exactamente nada y eso es lo que más me espanta. Las personas que no tienen algo que perder son las más peligrosas.
Me sobresalto cuando varios estantes comienzan a caer al otro lado de la tienda y me arrastro un poco para poder ver lo que sucede.
Jackson está atrapado entre los estantes y solo se puede ver la mitad de su cuerpo. Luce atemorizado mientras el alfa lo rodea con lentitud. Se acerca a Jackson, mirando su cuello. Entonces aúlla con fuerza y se aleja con rapidez, rompiendo el cristal de la tienda como vía de escape. Es tan rápido que apenas tengo tiempo de reaccionar.
¿Qué demonios acababa de ocurrir?
◎
Los paramédicos se encuentran vendando mi herida en la ambulancia. Todavía me duele bastante, pero han asegurado que es superficial, por lo que no debo preocuparme. Apenas son unos rasguños comparado a lo que el alfa podría lograr con sus enormes garras. Lo único que me preocupa en este momento es lo que diré cuando me toque ofrecer mi declaración. También lo que Jackson diga.
—Todo listo —avisa el paramédico y me ofrece una sonrisa reconfortante—. Solo cambia las vendas cada cierta hora y procura que las heridas sanen apropiadamente. No dejes que se te infecte.
—Gracias —murmuro, estremeciéndome un poco por el frío.
Había tenido que quitarme la sudadera ensangrentada y desgarrada por obra del alfa. Los paramédicos se encargaron de deshacerse de ella. Es una lástima porque era mi sudadera favorita. Ahora no solo tengo dolor en el brazo, sino que tengo frío por la delgada tela de la camisa que llevo puesta.
¿Quién tiene mala suerte? Yo.
Logro divisar a Jackson con Lydia en la otra ambulancia. Aprovechados, pienso de forma automática. Yo soy la que fui atacada por el maldito alfa, la prueba está en mi brazo.
¡Lydia ni siquiera estaba dentro de la tienda!
—¿Scarlett? ¡Dios, Scarlett! —escucho la voz de Stiles.
Levanto mi vista y lo veo caminando hacia mí de forma apresurada. No me había percatado de que el sheriff había llegado y con él, su hijo. Sin embargo, ver a Stiles es la cosa más gratificante de toda la noche. En medio de este caos, ver un rostro conocido me resulta como un alivio.
Me pongo de pie, corro hacia él y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. Parece sorprendido por mi repentina muestra de afecto porque, siendo sincera, no soy la persona más cariñosa del universo. ¿La más odiosa? Quizá. No obstante, lo único que necesito es el apoyo de alguien conocido y esa persona es Stiles, quien termina siendo mi salvador en tiempos como estos.
Stiles me responde el abrazo en cuanto sale de su pequeño trance de asombro y retengo las ganas de echarme a llorar. En su lugar, dejo que me envuelva con su calidez. Jamás me he sentido tan a gusto con un abrazo.
—¿Estás bien? ¿Qué sucedió? —pregunta en voz baja.
—El alfa estaba aquí —aviso en un susurro apenas audible.
Stiles se aparta de mí unos centímetros y me mira con preocupación.
—¿A qué te refieres? ¿Él estaba aquí? ¿Sabes quién es? Oh, Dios. —Mira mi brazo vendado—. ¿Te vas a convertir tú también?
—Sí, estaba aquí. No, no sé quién pueda ser, es muy difícil reconocerlo cuando ni siquiera parece humano —respondo sus preguntas en orden—. Y no, es un rasguño, ni que fuera zombi.
Stiles suspira aliviado y yo tiemblo de frío. Quiero pasarme las manos por los brazos para generar calor, pero no puedo. Solo en un brazo y no funcionaría muy bien que digamos.
—¿Tienes frío? —pregunta.
Asiento lentamente y vuelvo a temblar.
—Mi sudadera quedó hecha un desastre —explico.
Stiles se quita su chaqueta y me la pasa por los hombros, abrigándome. La realidad es que me sorprende demasiado este acto de su parte. En especial cuando pasa sus manos por mis brazos, brindándome calidez.
—Gracias —murmura—. Stiles, ¿qué haré cuando vengan a interrogarme? No puedo decirles que un alfa me atacó. Me tacharían de loca, mentirosa y quizás hasta me acusen de haber asesinado al empleado.
—Diles que fue un león de montaña. Eso es lo que se le ha estado diciendo a la policía desde el principio —dice, sonriéndome un poco para tranquilizarme. Luego su expresión cambia a una de preocupación—. ¿Estás segura de que estás bien?
Encojo mis hombros sin dar una respuesta concreta. Todavía no logro reaccionar con todo lo que sucedió hoy.
Stiles me abraza nuevamente y yo apoyo mi cabeza en su hombro.
Toda la situación apesta.
Miro a mi alrededor y veo que mi padre ha llegado con cara de preocupación. Me alejo de Stiles y camino hacia mi padre.
—¿Estás bien? Dios, tu brazo.
Con rapidez, mi padre me examina para asegurarse de que estoy bien.
—Estoy bien —aseguro—. Solo quiero irme a casa.
Él asiente, mira al sheriff Stilinski y le hace una seña que no comprendo. Mi padre me rodea con su brazo y me conduce hacia el carro para llevarme a casa.
Entro al vehículo y cuando arrancamos me di cuenta de que todavía traigo puesta la chaqueta de Stiles. Alcanzo mi teléfono y pienso en enviarle un mensaje cuando me llega uno de él.
De: Sherlock Barato.
Quédate con la chaqueta, la necesitas más que yo.
Una sonrisa se asoma en mi rostro sin siquiera poder evitarla.
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