
22. Un nuevo alfa
𝙎𝙩𝙞𝙡𝙚𝙨
Salgo del ascensor casi corriendo para ver cómo se encuentran, pero mi padre me detiene a mitad del camino.
La verdad era que no me molesta mucho que me retuviera porque estoy demasiado cansado como para seguir corriendo. Me retiene con fuerzas, haciéndome retroceder unos centímetros. Puedo ver a Lydia a través del cristal por donde Jackson la mira. Su madre está junto a ella y puedo ver que la tienen con oxígeno.
¿Dónde tienen a Scarlett?, es el primer pensamiento que cruza mi mente.
—¿Sabes qué? Qué bien que estamos en un hospital porque voy a matarte —dice mi padre.
—Lo siento —musito sin saber qué decir—. Perdí las llaves de mi Jeep y tuve que correr hasta aquí.
No es del todo mentira porque sí tuve que correr hasta el hospital. ¿Lo peor de todo? ¡Yo no era del tipo que hacía maratones! La verdad era que ni siquiera sabía cómo estaba en el equipo de Lacrosse porque mi cantidad de actividad física se resumía al entrenamiento.
—¡Stiles, no me importa! —grita. Está realmente fuera de sus casillas, yo también lo estaría de estar en su lugar porque ahora mismo tenía dos adolescentes de la misma escuela a las que encontraron casi desangrándose en el campo donde yo jugaba.
Cada vez que lo pensaba sonaba mil veces peor. ¿Cómo iba a poder vivir con ello? Peter claramente las había utilizado para llegar a mí. Utilizó a la chica de la cual estaba enamorado y a mi mejor amiga como carnada para poder convencerme.
Fue un juego sucio, sí.
—¿Va a estar bien? —pregunto, señalando el lugar donde mantenían a Lydia con mi mentón.
Papá voltea a verla y suspira.
—No lo saben. Parcialmente porque no saben qué ha pasado. Ambas perdieron mucha sangre, pero hay algo más.
Mi respiración está agitada. No estaban mejorando y eso podía significar que no estaban respondiendo a la mordida de la forma en la que deberían. Por mi mente pasa lo peor.
—¿A qué te refieres? —pregunté.
—Los médicos dicen que está teniendo una reacción alérgica su cuerpo no deja de entrar en shock, al menos Lydia —aclara.
Me paralizo un segundo.
—¿Qué sucede con Scarlett?
Noto que mi voz suena más desesperada de lo que planeo en un instante. Fue un impulso que la pregunta saliera de mis labios antes de que pudiera retenerla.
—No sé mucho sobre ella, Stiles. Los médicos no tienen una respuesta clara sobre lo que sucede con Scarlett —responde a mi pregunta. Me quedo callado—. ¿Viste algo? ¿Tienes idea de quién o qué las atacó?
Oh, sí, Peter Hale quien se convierte en un hombre lobo de ojos rojos y de paso es un alfa.
Relamo mis labios.
—No, no tengo idea —miento.
Mentir se está haciendo usual desde que Scott se convirtió en un hombre lobo y lo andaba ayudando con todo este lío. Es ya rutina hacerlo, aunque no es el acto más honesto de mi parte teniendo en cuenta que las vidas de Scarlett y Lydia estaban en juego.
—¿Y Scott?
La pregunta me toma por sorpresa.
—¿A qué te refieres? ¿Qué con él? ¿No está aquí? —interrogo con confusión.
—Le he estado llamando al teléfono y no me ha respondido.
Miro a Jackson buscando alguna respuesta y él encoge los hombros con simpleza, aunque su expresión denota su confusión. Él es lo suficientemente idiota como para no darse cuenta de que es su culpa que Scott no esté aquí.
—Sí y no vas a obtener una —susurro recordando que el teléfono de Scott estaba en el mismo lugar que Derek Hale, al que todavía consideraban el asesino de Beacon Hills.
◎
Estuve persiguiendo a mi padre durante varios minutos por el hospital en busca de alguna respuesta. Tengo que sacarle más información para poder atar los últimos cabos de este rompecabezas que es más grande que yo. Si Scarlett estuviera aquí probablemente ya lo habría logrado, ella es mejor Sherlock que yo.
—Stiles, ve a esperar con tus amigos —ordena mi padre.
Niego.
No puedo esperar con ellos o terminaré volviéndome loco. Todavía tengo presente en mi mente el recuerdo de Scarlett gritando hasta desmayarse justo al lado de Lydia, ambas sangrando luego de haber sido atacadas por Peter. Si me siento probablemente solo me lamentaré.
—Mira, sabes que tiene algo que ver con Derek Hale —trato de decirle.
Es fácil poner todo sobre Derek porque de una forma u otra ya lo estaban buscando, ¿no? Aunque que lo estén buscando es mi culpa y la de Scott de cierto modo, pero no importa. El punto era que necesitaban culpar a alguien y Derek parecía una buena opción.
—¿Qué? Pensé que habías dicho que ustedes apenas lo conocían.
Diablos.
—De acuerdo, puede que lo conozcamos un poco mejor —menciono.
Papá me agarra el cuello como si se tratara de algún cachorro bebé. Cabe mencionar que duele que haga eso.
—Te das cuenta de que me eligen para hacer este trabajo, ¿verdad?
—Y si te ayudo a solucionar esto, te van a reelegir —trato de hacerle ver un lado positivo a la situación—. ¿Tengo razón? Papá, vamos.
Él resoplo moviendo su cabeza en gestos negativos. —¿Sabes? Esas chicas no tienen nada que ver con el caso del incendio provocado.
—¿Desde cuándo decidiste que fue provocado? —cuestiono.
Hasta donde tengo entendido todos pensaban que había sido accidental o algo así.
—Desde que tenemos un testigo y no, no voy a decirte quién es, pero sí. Sabemos que es un incendio provocado. Y que probablemente fue organizado por una mujer joven —explica.
Tengo una ligera idea de quién podía ser, pero claro eran solo sospechas sin evidencia.
—¿Qué mujer joven?
—Si lo supiera, ya estuviera en la cárcel —replica.
Y en eso tiene mucha razón.
—¿Era joven allá o joven ahora? —pregunto.
Su teléfono comienza a sonar.
—Probablemente tenga cerca de treinta años. Tengo que tomar esta llamada —dice.
Cada vez las sospechas se convierten en realidad.
—¿No sabes su nombre?
Ahí comienza a decirme que no lo sabía porque si lo supiera ella ya estaría en la cárcel. Mi padre solo podía decirme que la mujer tenía un colgante distintivo. ¿Qué rayos era un colgante? Fue lo primero que se me ocurrió preguntar. Aparentemente eso terminó siendo un collar.
—¿Puedo contestar el teléfono?
—Sí —pronuncio.
Paso las manos por mi corto cabello para descargar mi frustración y es cuando todas las sospechas se confirmaron al caer en cuenta de que yo conocía lo que era el colgante del que mi padre hablaba. Era precisamente el colgante que Allison llevaba puesto, aquel que pertenecía a su familia.
◎
—¿Adónde vas?
Volteo un segundo para ver que Jackson me está siguiendo. Con la persona que menos quiero hablar es con ese idiota. Si él hubiera estado en el gimnasio, Lydia no habría tenido que salir a buscarlo y Scarlett no la hubiera perseguido para evitar que algo le pasara. En resumen, no estaría en el hospital esperando noticias que probablemente me abrumarían.
Si sanan se convertirán y si no lo hacen, morirían. ¿Por qué tiene que ser tan complicado?
—A encontrar a Scott —respondo.
—No tienes un auto —observa.
No me digas, genio.
—Ya lo sé, gracias —digo con evidente sarcasmo.
—Yo conduzco. Vamos —coloca una mano sobre mi hombro y se la aparto de un manotazo.
—Solo porque te sientes culpable de repente no lo hace correcto, ¿vale? La mitad de esto sigue siendo tu culpa —acuso.
Es completamente cierto lo que le dije. Él fue quien abrió la boca diciéndole al padre de Allison que Scott era el beta que estaban buscando.
—Yo tengo un auto y tú no —puntualiza—. ¿Quieres mi ayuda o no?
Evalúo mis opciones y veo que, lamentablemente, Jackson es todo lo que tengo en estos momentos. Necesitaba a Scarlett, ella de seguro tendría un buen plan o algo, aunque probablemente ella sugeriría que robáramos uno de los autos del estacionamiento. Siempre con las ideas más locas del universo, pero aun así siendo tan especial como siempre lo ha sido.
—De acuerdo, ¿trajiste el Porsche? —pregunto.
—Sí —musita Jackson sacando las llaves de su bolsillo.
Se las arrebato de la mano.
—Bien, yo conduzco.
Cuando me giro, me topo con alguien que no quiero ver. El señor Argent está justo frente a nosotros con otros dos más, seguramente otros cazadores.
—Chicos, me preguntaba si podrían decirme dónde está Scott McCall —habla.
—Scott McCall...no lo he visto desde el baile —respondo. Era completamente cierto porque había estado con Peter todo ese tiempo—. ¿Y tú, Jackson?
Jackson comienza a titubear y maldigo en mi interior. Por personas como él era que siempre terminamos en problemas. Los hombres que están con Argent nos arrojan dentro de una habitación y él cierra la puerta detrás de sí. Cuando saliéramos de esa iba a matar a Jackson.
—Tratemos esto de nuevo. ¿Dónde está Scott McCall?
Al no escuchar respuesta alguna, el señor Argent me agarra de la camisa para estrellarme contra uno de los armarios que hay en la habitación.
—Déjame hacerte una pregunta, Stiles. ¿Alguna vez has visto un perro rabioso? —pregunta.
—No, pero podría ponerlo en mi lista de cosas por hacer si me dejaras ir —manifiesto con sarcasmo.
Él afloja su agarre.
—Bueno, yo sí y con lo único que puedo compararlo es con un amigo mío convirtiéndose en luna llena. ¿Quieres saber qué pasó?
Ladeo mi cabeza un poco.
—En realidad no, sin ofender tu habilidad para contar historias —respondo.
A él no parece afectarle mi respuesta porque sigue con ánimos de contarme esa historia.
—Trató de matarme y tuve que meterle una bala en la cabeza. —Toca mi frente al decirlo—. Y mientras estaba tumbado muriéndose seguía tratando de darme un zarpazo, seguía tratando de matarme como si fuera lo más importante que podría hacer con su último aliento. ¿Puedes imaginarte eso?
En realidad, ya yo soy capaz de notar por dónde él está tratando de llegar. Prácticamente infería que Scott llegaría a hacer eso en algún momento y que yo tendría que matarlo o que me mataría. No sé cuál de las dos versiones es peor.
Niego ante su pregunta.
—No y parece que necesitas ser un poco más selectivo con sus amigos.
Argent golpea el armario detrás de mí con su mano izquierda haciéndome sobresaltar con el estruendo que provoca.
—¿Scott trató de matarte en luna llena? ¿Tuviste que encerrarlo?
—Sí, tuve que esposarlo a un radiador —respondo.
—¿Por qué?
Él no llegaría al punto donde pensaba. Scott es mi mejor amigo y aunque tratara de matarme, se besara con Lydia y tuviera que encerrarlo en cada luna llena para evitar desastres, lo haría sin rechistar porque seguía siendo mi mejor amigo. Además, tenía a Scarlett ayudándome.
—¿Habrías preferido que lo encerrara en el sótano y hubiera quemado toda la casa? —espeto.
La expresión de él se transforma completamente y levanta su dedo índice antes de cerrar su mano en un puño, apartándose de mí. He tocado un nervio ahí, estoy seguro.
—Odio disipar un rumor popular, Stiles, pero nunca hicimos eso.
Él está muy seguro de ello. No puede estar más erróneo.
—Claro, Derek dijo que tenían un código. Supongo que nadie lo rompe nunca —comento.
Argent mira a los otros dos. Sigue teniendo una mano en mi hombro, pero su expresión ha cambiado completamente. No me miraba desde que dije lo del código. Era como si él mismo se hubiera puesto a unir las piezas.
—Nunca —asegura.
—¿Y si alguien lo hace? —pregunto.
—¿Alguien como quién?
—Tu hermana —respondo.
Argent aprieta su mandíbula, mirándome nuevamente. Lo he hecho dudar y sabe que en el fondo tengo toda la razón.
◎
Conduzco con rapidez de camino a la casa de los Hale. Amo la velocidad del Porsche, es completamente diferente a conducir mi Jeep. Obvio, no se podía comparar un Jeep con un Porsche, pero sigue siendo satisfactorio. Más aún cuando Jackson hace muecas extrañas cada vez que acelero y tomo las curvas demasiado cerradas a gran velocidad.
De una forma u otra tengo que descargar mi frustración. La velocidad y el auto de Jackson no me parecen una mala forma de hacerlo.
—Oye, oye, cuidado. Este no es exactamente un todoterreno —advierte Jackson.
—Sí, ¿lo pagaste tú? —pregunto, aunque ya sé la respuesta.
Jackson bufa.
—No.
—Entonces cállate —ordeno, moviendo la palanca de cambios con brusquedad y acelero.
Entre más rápido llegáramos, mejor. Hubiéramos llegado con el señor Argent, pero tuvimos que hacer una parada importante.
Al llegar, toco el claxon para llamar la atención de Scott y del alfa quienes pelean frente a la casa. Bajo del auto y le arrojo una bomba molotov que hicimos de la misma forma que en la noche de la escuela, solo que esta vez la hicimos bien.
Es una ventaja enorme ya saber cómo hacerla.
Lamentablemente, el alfa lo agarra antes de que se estrellara contra él. Cabe decir que se ve completamente horripilante en su forma completa de hombre lobo alfa.
—Maldición —murmuro.
—¡Allison! —Scott le lanza su arco a Allison y ella lanza la flecha antes de que Peter pudiera reaccionar.
La molotov explota haciendo que él estuviera cubierto en llamas comenzando desde su brazo. Entonces Jackson le tira la otra molotov y Scott lo patea antes de que Peter pueda lanzarse sobre Allison. Cuando las llamas se apagan podemos ver a un Peter en su forma humana con quemaduras de tercer grado antes de que caiga al suelo.
Luego de un momento excesivamente cursi entre Allison y Scott, vemos que Derek se estaba acercando a su tío que agonizaba en el suelo.
—¡Espera! —Grita Scott, mi amigo sonaba totalmente desesperado—. Dijiste que la cura viene de quien lo mordió. Derek, si haces eso estoy muerto. Su padre, su familia... ¿qué se supone que voy a hacer?
Pero al mismo tiempo que mi amigo le hablaba, pude ver que Peter también le estaba diciendo algo a Derek y lo estaba haciendo enojar. Así fue como con unas últimas palabras, Derek levanta su mano y corta la garganta de su tío con sus garras. Al levantarse todos pudimos ver sus ojos brillar de un color rojo.
—Ahora yo soy el alfa.
◎
Entro junto a Scott a la habitación de Lydia tratando de hacer el menor ruido posible. Se supone que ninguno de nosotros esté aquí metido porque ella sigue en la UCI, al igual que Scarlett. Sin embargo, decidimos ir con Lydia primero porque era la más cerca que nos quedaba.
Al entrar a la habitación, Scott y yo nos tiramos al suelo.
—Cierra la puerta.
Como yo soy quien está más cerca de la puerta comienzo a cerrarla con cuidado, pero esta emite un potente chirrido que se escucha seguramente en Marte. Scott hace muecas y yo también hasta que finalmente logro cerrar la puerta completamente.
—¿Qué? —pregunto.
Scott niega con la cabeza y se pone de pie para caminar hacia la camilla donde Lydia se encuentra. Ya no tenía oxígeno puesto, pero sus brazos seguían llenos de ronchas y moretones.
Es algo difícil de mirar.
Scott mueve su mano y levanta el camisón del hospital para ver la herida. En cambio, yo aparto la vista porque el lugar donde se encontraba su herida era peligrosamente prohibido de mirar. Además, esto diría si Lydia se convertiría en mujer lobo o no.
—¿Está completamente curada? —pregunto.
—No, para nada.
Rápidamente giro mi cabeza para mirar a Scott y luego a la herida.
—No lo entiendo, el médico dijo que ella estaría bien —comento.
Si no estaba curando y tampoco estaba empeorando en condición, entonces ¿qué estaba sucediendo?
—Sí, pero el mordisco no se está curando como me pasó a mí —observa Scott—. Lo que significa que no es mujer lobo.
Frunzo mi ceño y le notifico a Scott que debemos verificar a Scarlett también. Estoy tratando de asimilar todo lo que está sucediendo en ese momento. Espero que con Scarlett todo estuviera bien. Escuché que los médicos habían dicho que ella estaba mejorando bastante.
Salimos de la habitación y nos infiltramos en la de Scarlett. Esta vez es Scott quien cierra la puerta porque no piensa arriesgarse a mi forma única de cerrarlas. Por eso me refiero a que él puede cerrar las puertas sin que chirrearan como en película de terror.
Mientras Scott se encargaba del asunto de la puerta, yo me acerco a la cama de Scarlett. Se ve diferente, pálida, pero no tiene las ronchas y moretones que Lydia, aunque sí algunos rasguños en el área del cuello y brazos. Inclusive algunos parecían humanos, quizá Lydia cuando Peter las estaba atacando.
Lo siento, Scar.
—¿Quieres hacerlo tú? —pregunta Scott refiriéndose a ver la herida. Niego—. Entonces muévete, Stiles.
Asiento, cuando noto que me encuentro obstruyéndole el camino. Rápidamente me muevo y Scott se acerca para levantarle el camisón del hospital y ver su herida. Nuevamente aparto mi mirada para no ver nada inapropiado, aunque sé que Scott solo levantaría lo suficiente para ver la herida y nada más. Escucho un jadeo de sorpresa de su parte y volteo a ver.
Su herida está allí, no como la de Lydia, pero tampoco ha sanado como la de Scott.
—¿Esto es una conexión donde ambas no van a ser mujer lobo? —pregunto.
Scott hace una mueca de confusión.
—No lo sé, Stiles. La herida de Scarlett es diferente a la de Lydia. Está sanando más rápido de ella, pero no tanto como para ser mujer lobo.
Frunzo mi ceño.
—Si no son mujeres lobos y tampoco van a morir, ¿qué demonios son? —interrogo.
—No lo sé, pero estoy seguro de que no son de la misma clase —responde.
Y eso es algo en lo que ambos estamos de acuerdo.
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