Scott y yo nos tiramos al suelo, escondiéndonos detrás de una estatua en medio del cementerio, pasando desapercibidos por la sombra de los árboles que nos permite ocultarnos. El lugar está lleno hasta más no poder, pero principalmente fuera de las vallas donde muchos reporteros con grandes cámaras se encuentran intentando de interrogar a los Argent y tomarles muchas fotos para escribir un buen artículo sobre la familia de la asesina. Todos quieren ser los primeros en tener la noticia que estará en primera plana.
No puedo evitar sentir pena por Allison, ella no se merece que las personas la juzguen por lo que no es. Quizá Kate era una asesina a lo grande, pero Allison no. Muchas personas se encuentran agobiándola en la escuela, esperando que en algún momento estalle y nos asesine a todos de la misma forma en la que Kate lo hizo, sin saber que ambas son personas completamente diferentes.
Desde mi posición, puedo ver que un señor de cabello blanco —lo que queda de su cabello lo es—, entra al lugar donde no estaba rodeado por vallas, junto a otros dos. Entonces se detiene, quitándole la cámara a un chico —creo que es Matt, de mi curso— que ha cruzado las vallas. Rompe su tarjeta de memoria y le devuelve la cámara, para luego continuar su camino y abrazar al señor Argent y a la sargento que Allison tiene por madre. A mi amiga no la saluda, sino que se queda de pie y supongo que no se conocen.
— ¿Quién es ese?
Me sobresalto al escuchar la voz de Stiles a mi lado. ¿Qué demonios está haciendo él aquí? ¿No que tenía detención? Bueno, conociendo a Stiles, es capaz de haberse escapado, pero, ¿cómo? ¿Acaso no tenía detención con Harris? Escaparse de él es imposible.
Alejo las preguntas curiosas de mi mente y me recuerdo a mí misma a dónde la curiosidad me ha llevado. De repente Allison mira hacia donde nosotros nos encontramos y el señor también lo hace. Con rapidez, nos ocultamos detrás de la estatua para que no nos vean y nos saquen a patadas de aquí.
— Definitivamente es un Argent —dice Scott.
Hago una mueca porque ya lo suponía, bueno, es un poco obvio porque no están dejando pasar a nadie que no es de la familia y eso se resume a cuatro personas. Además, abrazó a los Argent como si fueran familia. Son pequeños datos que te demostraban la verdad. Sin embargo, eso no quita que sea incómodo que Beacon Hills se esté llenando de cazadores de hombres lobos.
Volvemos a mirar por los lados de la estatua para que no nos viéramos demasiado. Allison nos mira y sonríe levemente cuando Scott la saluda con su mano, brindándole su apoyo desde nuestra posición.
— Tal vez solo están aquí por el funeral y son de la parte no-cazadores. Podría haber Argents no cazadores, ¿no? —Stiles trata de verlo de un lado optimista, aunque falla completamente.
Resoplo, negando.
Claramente no eran no-cazadores. Por favor, sabemos que los Argent sin cazadores desde jóvenes. Inclusive Allison también lo sería ahora que conocía la verdad sobre los hombres lobos. Lo de cazadores lo llevaban en la sangre, yo misma he podido ver cómo Allison maneja el arco con suma destreza. Sin duda sería excelente como cazadora, siempre y cuando no se enfoque en cazarnos.
Y ya me incluyo en el mismo círculo de las presas siendo cazadas por los Argent porque, aunque no me agrade la idea, tengo mucha probabilidad de convertirme en mujer lobo o... en algo más.
— Sé lo que son —anuncia Scott.
— Son refuerzos —completo por él.
Scott asiente, dándome la razón en lo que digo.
De repente lo agarran a él y a Stiles de sus abrigos y los levantan del suelo. Giro para ver a la persona y le sonrío inocentemente al señor Stilinski. Él no se ve muy contento porque somos unos adolescentes que habíamos burlado la seguridad que estaba rodeando el funeral.
No fue difícil de hecho. Debería mejorar sus medidas de seguridad si no quiere que unos adolescentes terminen metiéndose en los lugares que él debe proteger. Solo digo.
— Increíble —masculla y se le cae la corbata del cuello, casi haciéndome reír por su forma tan abrupta de atraparnos con las manos en la masa—. Agarra mi corbata —le ordena a su hijo.
— La tengo, lo siento —murmura Stiles agachándose para coger la corbata que yace en el suelo.
Me pongo de pie, un tanto incómoda con la situación y sacudo mi pantalón que se ha llenado de rastros de hojas secas. De alguna manera, siempre nos descubren cuando hacemos cosas así, por lo que no me sorprende mucho que Stilinski nos esté mirando de esa forma.
Nuestras cualidades de Sherlock están fallando demasiado. Eventualmente, todos nos estamos convirtiendo en un Stiles, alias Sherlock Barato.
— Y tú, ¿no se supone que estés en reposo? —me pregunta el sheriff, acusándome con una ceja arqueada.
Hago una mueca, ladeando mi cabeza sin saber cómo responderle. ¿Cómo decirle que yo ya no tenía herida porque posiblemente me convirtiera en mujer lobo durante la luna llena, la cual sería muy pronto de hecho? El señor Stilinski hace un movimiento con su cabeza indicándome que también lo siguiera fuera de allí.
Y así es como Stiles, Scott y yo terminamos dentro de la patrulla junto al señor Stilinski. Él se encuentra sentado en el asiento del piloto mientras que nosotros tres estamos en los asientos traseros como si fuéramos criminales a punto de ir a la cárcel. Durante el camino a la patrulla Stilinski me dio un sermón sobre cómo yo no debería de andar correteando por Beacon Hills luego de haber tenido aquel ataque y, sobretodo, luego de acabar de salir del hospital.
— 4-1-5 Adam —escucho del radio de policía.
— No he copiado eso, ¿has dicho 4-1-5 Adam?
Miro a Stiles buscando una explicación a eso. El Sherlock barato sabe todos los códigos que utilizan. Yo todavía no logro aprendérmelos por completo.
— Alboroto en un vehículo —susurra en respuesta.
— Iban por la víctima de un ataque cardíaco, ya había fallecido, pero de camino al hospital les golpeó algo.
Frunzo mi ceño sin comprender y veo que Stiles y Scott hacen lo mismo. Presto más atención a lo que el policía al otro lado del radio dice porque puede ser algo importante. Algo referente al mundo sobrenatural.
— ¿Golpeó la ambulancia? —pregunta el señor Stilinski.
Cuando dije que podía ser algo importante me refería a que podía ser Lydia en caso de que estuviera convertida y desorientada. Después de todo, ella también ha sido mordida por Peter y se había escapado del hospital. No le guardo rencor a Lydia por haber sido, de un modo u otro, la causante de que ambas termináramos en el hospital. Si ella no hubiera salido a buscar a Jackson y yo no hubiera ido a buscarla, Peter no nos habría mordido en el campo de Lacrosse. Pero eso ya no importa.
— Copia eso. Ahora mismo estoy en frente. Algo entró por la parte trasera, hay sangre por todas partes y me refiero a todas partes —dice la voz a través del radio.
— ¿Cuál es tu posición?
— En la ruta 5. Lo juro, nunca he visto algo igual.
Le hago señas a Stiles y a Scott para que abran las puertas. Tenemos que llegar a la ruta 5 antes que los demás. Ellos comprenden mis señas y salimos de la patrulla antes de que el señor Stilinski pueda dirigirse hacia nosotros.
* * *
Para cuando llegamos a la ruta 5 estaba oscuro. La ambulancia se ve desde lejos por sus luces brillantes en medio de los árboles por los que tuvimos que caminar para pasar desapercibidos. Cuando estamos lo suficientemente cerca, nos tiramos al suelo para ocultarnos en caso de que vayan a descubrirnos por enésima vez.
— ¿Qué demonios está haciendo Lydia? —pregunta Stiles.
Yo no estoy muy segura de que sea Lydia por el simple hecho de que yo sané antes que ella. Eso significaba que fácilmente podría haber sido yo la que hizo todo eso y no lo hice. Algo no me cuadra del todo a decir verdad. Si yo sané antes que Lydia, ¿no se suponía que eso me hiciera a mí más probable a convertirme?
Dentro de la ambulancia está un hombre en una camilla lleno de sangre. Es algo tormentoso de ver, pero a estas alturas ya he visto cosas peores. No me quitará el sueño esa escena.
— No lo sé —responde Scott.
— ¿Qué te detuvo de hacer eso? ¿Allison?
Niego con mi cabeza, pero no para rechazar la idea de que fue Allison quien controló a Scott de matar a todo el mundo, sino porque no creo que Lydia haya perdido el control en un modo lobuno.
— No creo que sea Lydia —les digo, pero no me toman mucho en consideración, sino que Scott captura el olor para rastrearla.
Demonios. Scarlett la invisible me dicen desde este momento, pienso rodando los ojos con exasperación.
Scott se va a poner de pie cuando Stiles lo detiene, agarrándolo por la camisa. Yo estuve muy cerca de hacerlo. ¡Me dejaría sola con Stiles! No quiero estar sola con Stiles Stilinski.
— Solo...necesito que la encuentres —pide Stiles—. Por favor, solo...solo encuéntrala.
Aprieto mis labios en una fina línea cuando lo escucho decir eso. Scott me mira, pero yo me giro para que no vea mi expresión dolorida y molesta. No sé ni cómo luce mi rostro en estos momentos exactamente, solo sabía que podía reflejar de todo menos felicidad porque si muestra la mezcla de emociones negativas que estoy sintiendo, estoy perdida. Miro a Scott de reojo, él espera que yo acceda a lo que Stiles le pide y yo simplemente asiento con un movimiento de cabeza porque no me queda más remedio.
— Lo haré —asegura antes de marcharse.
De nuevo siento como si las palabras de Stiles fueran balas y me hubieran atravesado completamente. No es un sentimiento que me agrade porque duele y no físicamente. Dios, me he vuelto patética. Stiles había elegido a Lydia en el campo de lacrosse, eligió a Lydia en el hospital y una vez más, la eligió a ella.
Siempre fue Lydia y siempre lo será.
Antes de que lo supiéramos, el señor Stilinski nos encuentra de nuevo y Stiles fue quien tuvo que decir una nueva mentira. Eso hasta que capto algo moviéndose a unos metros de la ambulancia. Era el mismo cabello pelirrojo —rubio fresa, como me corregiría Stiles— de Lydia... De hecho, es ella y sigue estando desnuda.
Casi pude ver los ojos de Stiles salirse de su rostro al verla. Siento ganas de taparle los ojos para que no vea a la pobre chica en todo su esplendor.
— ¡Lydia! —exclama Stiles y veo su rostro iluminarse completamente.
Sacudo mi cabeza, apartando cualquier sentimiento fuerte que quisiera invadirme. Solo siento que la temperatura aumenta considerablemente, pero de nuevo, solo soy yo porque los demás no lo sienten.
— Bueno, ¿alguien va a traerme un abrigo? —pregunta Lydia.
Soy yo la que se quita el abrigo para cubrirla porque los demás se han quedado paralizados al ver a Lydia. Claro, como eran hombres no pueden ver a la pobre muchacha indefensa. Además, yo tampoco tengo frío, casi me encuentro sudando a decir verdad.
— Ahí tienes —murmuro, luego de haberle pasado el abrigo por los hombros a Lydia. Ella me sonríe débilmente—. ¿Estás bien?
Lydia asiente, pero noto que se ve demasiado confundida. Tiene varias hojas en el cabello y se le ve la suciedad adherida en la piel. Después de todo, ella ha pasado bastante tiempo corriendo por el bosque desnuda. Me pregunto qué fue eso que la impulsó a escapar, pero no pronuncio las palabras porque no quiero incomodarla mis preguntas.
— Gracias —susurra en un hilo de voz, sus mejillas de encuentran sonrojadas por el frío.
Fuerzo una sonrisa que espero que no se vea demasiado falsa. No quiero que piense que no me importa su bienestar porque sí me importa. Solo me molesta que todos se preocupen más por ella que por mí porque ambas pasamos por lo mismo. Sin embargo, a todos les interesa más la reina Lydia Martin que Scarlett Brann la ex-reportera del periódico escolar.
— De nada —murmuro, tratando de sonar convincente.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro