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Capítulo 13: Conóceme.

Puedo sentir el frio viento golpear suavemente contra mi piel. Para cualquiera, necesitaría una manta para cubrirme porque la temperatura es muy baja. Pero para mí, es exactamente lo que necesito para mantenerme en la tierra y cuerda en estos momentos.

Al ver el cuerpo de Drea Brown todo dentro de mí dio vueltas. No solo tenía un corte profundo en la garganta, sino que también tenía varias puñaladas en la espalda. Por más que intente, no puedo quitarme esa imagen de la cabeza y hace que me sienta indispuesta.

Por el rabillo de mi ojo puedo ver a una persona acercarse a mí. Giro solo un poco mi cabeza para ver quién es. Al identificar a mi acompañante, vuelvo a ver al frente.

No siento ganas de escapar. Hay cosas más importantes ocurriendo. Nuestro beso no es el fin del mundo.

—Drea Brown está muerta —dice.

—Lo sé —asiento elevando mis cejas.

—Vomitaste en los zapatos de Ross.

—Lo sé.

—Nos besamos.

Me giro para verlo. Rhett mantiene la vista en el césped mojado frente a nosotros. No lo dice como algo malo. Ni siquiera parece estar diciéndomelo a mí. Es como si estuviera hablando consigo mismo en voz alta. Vuelvo a mi posición inicial.

—Lo sé.

Aprieto mis labios, recordando aquel beso. Fue hace solo unas horas, pero por todas las cosas que pasaron luego, pareciera que fue hace días.

Rhett niega con la cabeza, como si saliera del trance de sus pensamientos y se diera cuenta de que está sentado junto a mí. Puedo ver por el rabillo de mi ojo que me observa durante unos segundos, antes de bajar la mirada, aún en mi dirección.

—Charlotte es mi novia —murmura— Ross es tu novio...

—Ross no es mi novio —volteo, sintiendo la necesidad de aclararlo.

Los ojos cafés de Rhett me observan fijamente, como si intentaran descifrar algo y la respuesta estuviera en mi rostro. Remojo mis labios, sintiéndome nerviosa por su silencio. Mal movimiento. Su vista se posa en mis labios y los míos de forma automática se posan en los suyos. Estamos bastante alejados de la cafetería y todo el escandalo a su alrededor, así que podemos escuchar tranquilamente la respiración de ambos.

Sus labios se abren lentamente y elevo mi vista, apenada porque me haya descubierto.

—Charlotte es mi novia —vuelve a repetir— Y Ross está enamorado de ti.

—Lo sé —asiento bajando la mirada.

—Y es mi mejor amigo —agrega casi con pesar.

—Lo sé.

Mi repetida respuesta apenas se escucha.

—No podemos hacerlo otra vez.

—No lo haremos.

Ninguno de los dos vuelve a hablar, tampoco busco continuar la conversación. Me pongo de pie, dando por finalizada la conversación.

—Espera...

Su brazo se estira y me sostiene suavemente por la muñeca. Mis ojos van hacia esa parte de mi cuerpo. Siento un cosquilleo dentro de mí.

—Sin contacto físico —digo, soltándome de su agarre.

—Hecho —asiente nervioso.

Algo dentro de mí sospecha que no fui la única en sentir el cosquilleo.

Se pone de pie muy cerca de mí. Por lo cual ambos damos un paso hacia atrás. Todo está tan raro.

—Hay algo más que tengo que decirte —mete la mano en el bolsillo de su jean y saca un sobre blanco doblado a la mitad para que pueda entrar. Me lo tiende— Ábrelo.

Lo tomo extrañada. Desdoblo el sobre con cuidado y saco la carta que tiene dentro. Al ver la forma en la que está escrita; esos recortes de revistas que conozco muy bien y con los cuales no tengo buena experiencia. Trago nerviosa antes de comenzar a leer.

Diste un paso en falso, Rhett. Pensaba que Heaven te había contado las reglas del juego, me equivoqué. Otro error como este y el secreto de tu amiguita se divulgara, y no seré yo quien pierda.

Sin autoridades, sin directora, solo nosotros.

¡Que gane el mejor!

Atentamente, el mejor.

—Firmó como "el mejor" —digo ignorando que le mencionó mi secreto a Rhett— ¡Eso significa que es hombre! —Rhett frunce el ceño— Es una pista. Un avance.

Intento cambiar de tema para que no se centre en mi secreto.

—Sí, solo hay trescientos hombres en Saint Rose —dice sarcástico, encogiéndose de hombros— Será sencillo.

—Esto apesta —espeto entredientes doblando la carta al formar un puño.

—No quiero saber tu secreto —me advierte. Le miro agradecida— Pero, ¿Puedes decirme quién lo sabe? Quizás allí encontremos al culpable...

—Nadie lo sabe —le interrumpo, llevando mis manos detrás de mi cabeza y entrelazándolas— Ni siquiera estaba en Saint Rose cuando ocurrió. Nadie podría saberlo.

—Bueno al parecer esta persona sí —señala la carta que hice bolita en el césped— De saber que te metería en problemas, no hubiera enviado la carta.

Aprieto mis labios, pensando cómo demonios alguien de aquí puede saber mi secreto. La única persona que lo sabe es Crystal y jamás diría algo. No solo porque soy su hermana, sino porque ambas salimos perdiendo si esto llega a saberse.

—La carta fue anónima porque no quería meterte en problemas en primer lugar —Rhett prosigue— Creí que el asesino no sabría que fuimos nosotros. Al parecer me equivoqué...

—Bueno, está cosa es omnipresente —le digo con una sonrisa forzada. Poso mis manos sobre mi cintura— Seguramente está escuchándonos ahora —agrego pensativa— ¡Eres una perra!

Rhett frunce el ceño unos segundos, posiblemente pensando que estoy loca, pero finalmente parece dejar de interesarle mi estado mental porque deja de verme de esa forma.

—Escucha, tomé decisiones estúpidas. Entre ellas enviar esa carta... —Me siento un poco mal al pensar que nuestro beso está dentro de ese conjunto de malas decisiones— Por mi culpa Stella ha desaparecido y posiblemente también que Drea esté muerta...

—No sólo tú tomaste decisiones estúpidas. Yo también las tomé —interrumpo elevando mis cejas. Si Rhett se siente dolido con mis palabras como yo con las suyas, no lo demuestra— Te grité y culpe por qué el FBI me interrogara.

—En realidad eso sí es mi culpa —señala la carta que está hecha una bolita en el césped bajo nosotros.

—En parte tu culpa —digo haciendo una mueca divertida. Rhett sonríe desganado— Y es mi culpa haber sacado conclusiones antes de hablar contigo —agrego encogiéndome de hombros.

Rhett baja la mirada y aprieta sus labios. Verlo tan apenado, sintiéndose culpable por la muerte de Drea y Stella hace que sienta unas inmensas ganas de abrazarlo para que se sienta mejor. Pero no puedo hacer eso.

—Podemos ser culpables de muchas cosas —hablo recordando el secreto que me perseguirá por siempre y de nuestro beso en el armario del conserje— Pero no somos culpables de los asesinatos. No de esto.

Rhett asiente con la cabeza, teniendo en cuenta mis palabras, pero sospecho que no lo ayudaron como me gustaría.

—¿Seguimos siendo un equipo? —me pregunta, arqueando una ceja.

Suspiro cruzándome de brazos y pienso en mi respuesta. Finalmente llego a una peligrosa conclusión que siento que no ayudará a estabilizar mis sentimientos hacía Rhett, ni hará las cosas más sencillas.

—Sí, seguimos siendo un equipo.

Con estas palabras si logro mi objetivo anterior. Verlo sonreír hace que sienta ganas de hacerlo también, pero me abstengo, bajando la mirada.

Este ha sido un día agotador. Fue extremadamente largo y todo lo que pasó no hizo el día más agradable. Quizás sólo necesito dormir y pensar esto con claridad. Quizás las palabras de Ian están influyendo en mí. Quizás todo esto sea sólo confusión momentánea. Quizás...

El puño de Rhett frente a mí me saca dé mis pensamientos. Los cuales me confundían más que ayudarme a resolver mis dudas.

Le miro divertida, comprendiendo que pretende. Choco mi puño con el de él. Nos reímos por lo que acabamos de hacer. Finalmente cuando las risas cesan, nuevamente volvemos al silencio inicial y eso nos lleva, inevitablemente a recordar nuestro beso.

Por lo menos en mi caso.

—Por cierto, ¿Qué te dijo la señorita Jazmín? —me pregunta haciendo una mueca divertida.

Al parecer no sólo yo pensaba en el beso.

—No quieres saber —le digo sonriendo.

Alguien carraspea, llamando nuestra atención.

Crystal se encuentra abrazándose a sí misma y por la mirada que tiene sospecho que lleva aquí más tiempo del que me gustaría.

—¿Interrumpo? —pregunta fingiendo seriedad. Reconozco que está luchando por retener una pequeña sonrisa.

Ignorando la pregunta de mi hermana, me inclino sutilmente para tomar el papel que arroje al césped y guardarlo en el bolsillo de mi pantalón. Lo último que necesitamos es que alguien lo encuentre.

—No, yo ya me iba —dice sonriéndole cortésmente. Crystal asiente manteniendo su semblante serio— Debo buscar a mi novia. No he hablado con ella.

—¿Aun no? —pregunto, sorprendida.

Las tres encontramos a Drea y las más afectadas por ello son Lia y Charlotte. Después de todo, ellas eran sus amigas. Me sorprende que no haya ido primero a averiguar por el estado su amiga y su novia.

—No, estaba buscándote —contesta inmediatamente.

Aprieto mis labios para no sonreír. Crystal nos observa atentamente.

—Pero ya te encontré, así que ahora voy con... los demás —añade desconcertado— Nos vemos luego, Heaven. Con permiso, señorita Nova.

—¡Adiós, Rhett! —exclama Crystal.

Espera que Rhett esté lo suficientemente lejos para comenzar a sonreír de forma espeluznante.

—¿Rhett y tú? —me pregunta con una mezcla de sorpresa y diversión.

—¿No oíste? Fue a buscar a su novia —frunzo el ceño ante la curiosidad de mi hermana.

—Pero te buscó a te primero —canturrea viéndome con picaría.

—Porque somos amigos —replico indignada— Y he descubierto cada cuerpo en Saint Rose.

Tampoco necesito que Crystal sepa del beso. No dejará de molestarme por ello.

—¡Oh, pobre Drea! Me caía tan bien. Sigo sin creer que haya pasado. La directora Monroe les notificó a los padres llorando. Estaba tan devastada.

Asiento sin decir nada. Crystal deja de verse afligida para arquear una ceja en mi dirección.

—¿Necesitas un abrazo o algo? —pregunta desconcertada.

Crystal y yo hemos sido criadas por dos personas que son muy buenas en su trabajo, pero regulares en lo que a ser padres respecta.

Su único propósito en la vida parece ser su profesión y por lo cual jamás dejaban de ejercerla. Nos enseñaron a no vernos vulnerables. Cualquier signo de debilidad puede ser utilizado en nuestra contra. Debes debatir, incluso si no sabes de lo que estás hablando, debes verte como si lo supieras. Nos criaron para ganar un caso judicial, básicamente.

Siempre estuvieron muy ocupados para tratar nuestros problemas, pero el tiempo era infinito para el de los demás. Así que mi hermana y yo no hemos tenido la atención emocional que un niño necesita para crecer.

Por ese motivo somos conservadoras cuando de sentimientos se trata. No solemos hablar sobre lo que sentimos con facilidad y mucho menos con cualquier persona. A menos que alguna haya asesinado a alguien.

—No —me encojo de hombros.

—Sólo vine a ver como estabas —sonríe levemente— Me alegra que estés bien.

—A mí también —asiento, pensando si en realidad lo estoy.

(...)

El día transcurrió dolorosamente lento.

No dormí desde que descubrimos el cuerpo, por alguna razón, la muerte de Drea me afectó mucho más que las anteriores. Quizás porque la conocí más tiempo que a Zack y a Lucy. Cada vez que intentaba cerrar mis ojos, su cuerpo ensangrentado venía a mi mente y recordaba lo difíciles que fueron sus últimas horas de vida, sufriendo por Stella, sin saber que no tendría otra oportunidad para verla.

Estuve muy ocupada acompañando a Lia durante todo el día. Su única amiga cercana que quería a Drea tanto como ella es Charlotte, pero estaba consolándose con Rhett, así que a mí me tocó suplirla. Al enterarme con quién estaba, no pude abstenerme de sentir celos, pero rápidamente los deje en segundo plano cuando Lia comenzó a llorar entre mis brazos.

Luego agradecí que Ian viniera para tomar mi lugar. Escuchar a Lia llorar no es precisamente lo que mi desganado ánimo necesita. Además, ya no sabía cómo consolarla. Utilicé todas las palabras de aliento que pude y aunque Lia me dijo que con mi presencia ayudaba mucho, yo sentía la necesidad de decir algo.

Ross estuvo con Tanner. Al parecer estás dos pérdidas, los unieron nuevamente. El primero decidió olvidar el rencor que le tenía al segundo al darse cuenta de que lo único que tenemos asegurado es el presente y que el futuro es incierto. No me opuse a ello, después de todo, son amigos. Además, quizás Ross vuelva con información que pueda ayudar a mi investigación.

Al no tener con quién ir gracias a que mis escasos conocidos están ocupados y no tener nada de qué hablar con mi hermana, decidí tomar una placentera siesta en mi habitación. La cual duró menos de lo que pensé, pero me sirvió para sentirme más relajada y menos tensa, pero mi ánimo no mejoró.

Ahora estoy acostada con la llave que entré debajo de la cama de Stella en mis manos, preguntándome que abrirá. Seguramente debe ser algo en su habitación, pero está cerrada y está en el tercer piso, eso me impide entrar por su ventana.

Dos golpes en la puerta hacen que deje de mirar la llave entre mis dedos. La vuelvo a guardar dentro de la funda de mi almohada y me dispongo a ver quién necesita mi presencia.

—Hey... —me saluda con la escasa alegría que aun contiene luego de haber pasado la tarde con Lia— ¿Puedo pasar?

Me hago a un lado para dejar entrar a Ian. Cierro la puerta detrás de mí, mientras lo veo acostarse en mi cama. Él mira el techo con tristeza, ignorando mi presencia. Voy a acostarme a su lado, para la suerte de mi comodidad, Ian no ocupa mucho lugar así que puedo acostarme sin cuidado.

—Ver a Lia tan destrozada hace que me sienta mal porque no puedo ayudarla —suelta sin separar la mirada del techo— Quiero abrazarla y prometerle que todo va a estar bien aunque sepa que no es así.

—Lo hubieras hecho.

—Y entonces quedaría como un tonto —dice— Sigue enamorada de Tanner.

Aprieto mis labios, sin saber que decir. Pero Ian continúa.

—Jamás pensé decir esto y menos a ti —giro mi rostro para verle. No me había percatado de lo largas que son sus pestañas hasta ahora— Pero tengo miedo. Temo ser el próximo.

Vuelvo mi vista al techo, pensando en las palabras de Ian y sintiéndome inevitable asustada por ello.

—No serás el próximo —le aseguro sin tener certeza de ello, pero con la seguridad de que me esforzare para que no pase— ¿Y por qué no me lo dirías a mí? —añado, extrañada.

—Porque nunca tienes miedo —abro mi boca para negar eso, pero se apresura a agregar: — O nunca lo demuestras.

—Lo segundo, obviamente. ¿Crees que no tengo sentimientos? —pregunto divertida.

—Dije que nunca tienes miedo, no mencioné tus sentimientos. Los cuales obviamente tienes —replica serio— Es decir, estás teniendo un debate interno por Rhett y Ross. Eso me recuerda que no respondiste mi pregunta, ¿Quién besa mejor?

—Voy a echarte de mi habitación —le digo sonriendo.

Ambos nos reímos un poco y luego volvemos a quedar en silencio, mirando el techo de la habitación.

—Es estremecedor pensar que está era la habitación de Savannah Jones —dice rompiendo nuestro silencio.

—No pienso en eso a menudo —contesto frunciendo el ceño.

Savannah no pasa por mi mente la mayor parte del tiempo. A menos que alguien la mencioné. Lo cual es genial porque no querrías pensar todo el tiempo en la difunta dueña anterior de la habitación en la que estás.

—¿Crees que esté sea el mismo colchón que utilizó? —le miro con el ceño fruncido y lo encuentro sonriendo.

Entiendo. Pretende asustarme.

—Sí, creo que voy a echarte —digo haciéndolo reír.

Nuevamente escucho dos golpes en la puerta. Ian y yo nos miramos extrañados. Me pongo de pie mientras él se reincorpora en la cama. Admito que teniendo en cuenta el tema del que estábamos hablando, abrir la puerta me asusta un poco.

Los fantasmas no existen, me repito antes de abrirla.

Al ver quién es hubiera preferido que sea el fantasma de Savannah.

—¿Puedo ayudarte en algo? —pregunto sonriendo extrañada.

—Quise pasar a ver cómo estabas —espeta Rhett, guardando sus manos en sus bolsillos— ¿Vine en un mal momento? ¿Está Ross?

Me río ante su preocupación.

—No, estoy con...

—Conmigo —me interrumpe Ian apareciendo junto a mí— Pero pueden besarse, si quieren. Puedo irme.

Rhett me observa con una mezcla entre estupefacto y afligido, lo cual nos hace reír a Ian y a mí.

—Rhett no me veas asustado. Creo que me estás confundiendo con V —le dice Ian fingiendo estar ofendido por la mirada del pelirrojo— Su secreto está a salvo conmigo.

Ian vuelve a acostarse y Rhett me observa preocupado.

—¿En serio le dijiste? —me pregunta dudando de la confidencialidad de Ian.

—¡Si Ross no fuera el afectado, le hubieras contado! —exclama Ian.

Me encojo de hombros con una pequeña sonrisa. La expresión de Rhett se suaviza. Nos quedamos viéndonos en silencio.

—¿Cómo está Charlotte? —pregunto.

—Bien. Ella está mejor —asiento con una sonrisa.

—Me alegro mucho, de verdad. Sufrió mucho con todo esto.

Rhett me da la razón y nuevamente volvemos a quedar en silencio.

—Mejor me voy. Ya se hizo tarde... —alarga, dispuesto a comenzar a caminar.

—Te acompañamos —interrumpo sus pasos— Si esperas a que me coloque mis zapatos.

Ian menciona que se va al baño y puedo comprender que lo hace para darnos privacidad, pero sé que estará recostado en la puerta, escuchando.

Rhett acepta y se adentra a mi habitación mientras busco mis zapatillas negras. Cierra la puerta detrás de él, recostándose en ella mientras me inclino para buscar debajo de mi cama.

Al no encontrarlas allí, busco en el único lugar donde pueden estar si no es debajo de la cama; mi armario.

—¿Son tus padres? —me pregunta viendo la foto familiar que tengo sobre el escritorio.

Miro el cuadro con melancolía. Esa foto fue hace varios años, en vacaciones de invierno. Fuimos a esquiar por primera vez y mi padre me enseñó cómo hacerlo. Me caí varias veces y cuando duré derecha sólo dos segundos más que los intentos anteriores, mi madre y mi hermana festejaron mucho, animándome a no rendirme.

—Sí —asiento, volviendo al triste presente.

Encuentro las zapatillas y vuelvo a mi cama a colocármelas.

—Nunca hablas sobre tus padres —dice viendo la foto con una pequeña sonrisa.

—Abogados. Cincuenta, y cincuenta y dos años. Mi padre es castaño, aunque ahora sólo quedan pocos rastros de ello, es más gris que nada. Ojos verdes. Mi madre pelinegra gracias a la tintura, obviamente. Ojos avellana. De allí mis hermosos ojos —agrego burlona y parpadeo repetidas veces de forma coqueta. Rhett se ríe— ¿Algo más? ¿La estatura de cada uno?

—Creo que con eso me basta —contesta divertido dejando la foto en su lugar.

—¿Qué hay de los tuyos? —le pregunto, mientras amarro los cordones de un lado.

—Mi madre es doctora aquí. Cirujana en realidad, aunque hace mucho no ejerce. La describiría para ti, pero ya la conoces —se encoje de hombros sin perder la diversión.

Elizabeth Kingston es ciertamente hermosa para su edad y estoy segura de que en su juventud debió ser toda una rompe corazones, pero Rhett no heredó sus facciones suaves. Es decir, él es muy guapo, sobre todo viéndose cansado y con una vibra de tristeza, como ahora. Pero por más que encuentro cierto parecido en ellos, apuesto a que tiene más de su padre.

—¿Qué hay de tu padre? —le pregunto, comenzando con la otra zapatilla.

Su sonrisa se desvanece y mira fugazmente hacia la puerta del baño antes de volver a mí.

—Mi padre nos abandonó hace años —al instante me regaño mentalmente por haber preguntado— Desconozco su oficio actual y casi no lo recuerdo.

—Lo siento tanto, Rhett. No debí... —comienzo, apenada.

—No lo sientas —me interrumpe volviendo a sonreír— Él nos abandonó, no tú.

Sonrío levemente. Me pongo de pie una vez que ya termine de cambiar mis pantuflas por zapatillas. En ese momento, mi celular vibra en la mesa de noche, con un mensaje de Charlotte.

Heaven, ven a mi habitación. Tengo algo que puede interesarte.

—¡Ian, ya estoy...!

Ni siquiera termino de hablar e Ian sale del baño. Efectivamente, estaba escuchando y apuesto cualquier cosa a que luego querrá hablar sobre el padre de Rhett. Ian es básicamente la versión masculina de V, sólo que los chismes se los guarda para el mismo y a veces, para mí.

—No vi a V por ningún lado. Seguramente ella sabe los detalles morbosos que posiblemente necesitamos.

Agradezco la presencia de Ian. Si fuera por Rhett y por mí, hubiéramos caminado en silencio el largo recorrido hasta el primer piso.

—Quizás está llorando en su habitación —contesta Rhett— Era muy cercana a Drea y Stella.

—¿Cercana? Con sus suposiciones y opiniones sobre Stella estuvo haciendo llorar a Drea toda la tarde —digo yo.

—V es así. Tenías que haberla escuchado cuando falleció Savannah —el recuerdo lo hace negar con su cabeza— Sin embargo, ella quería mucho a Savannah —frunzo el ceño incrédula— Todos somos una familia.

—¡Oh, sí! Recuerdo que decía que Savannah se suicidó por quedar embarazada. Supuestamente sus padres no iban a dejar que aborte y mucho menos que dé en adopción al niño —cuenta Ian— Dijo que habló con ella horas antes y mencionó que su única alternativa era suicidarse. V pensó que bromeaba, por eso no le dio importancia.

—Eso no suena como ser una familia en lo absoluto —espeto haciendo una mueca.

—Hacemos cosas que lastiman al otro como lo de Stella y Tanner, a Lia y Drea —no puedo evitar recordar nuestro beso. Eso lastimara a Ross si se entera— Pero si Stella necesitaba la ayuda de Lia, ella la hubiera ayudado sin dudarlo —hace una pausa— Nos queremos y odiamos de vez en cuando, pero somos una familia.

No discutimos más el tema de la familia trastornada que parece tener entre ellos y la lealtad que a mi parecer es inexistente. El silencio nos acompaña hasta llegar al primer piso donde la incomodidad nos estaba esperando.

—Ian, Heaven y... ¿Rhett?

Al escuchar la voz de Ross los tres volteamos a verlo.

—Ross, ¿Qué haces aquí? —pregunta Rhett sonriendo forzadamente.

—Vine a contarle a Lia mi encuentro con Tanner. Ella insistió en que le cuente —gira a verme a mí— Y ver cómo estabas.

—Sí, quisimos acompañar a Rhett hasta la salida —contesto— Él fue a verme en busca de un consejo. Quiere darle un regalo sorpresa a Charlotte, pero no sabe qué.

Puedo sentir que la mirada que me lanza Rhett es más de regaño que de agradecimiento. Después de todo, no hicimos nada malo esta vez, no hay por qué mentir. Pero la mentira sólo salió de mis labios.

Ian aprieta sus labios para reír, por suerte, Ross no puede ver ese gesto. Sólo tiene sus ojos en mí.

—Yo pensé lo mismo, así que compré un regalo para las tres. Charlotte y Lia ya tienen los suyos —Ross busca dentro su mochila y saca su mano con una caja de chocolates— Este es el tuyo.

Sonrío enternecida pensando en lo mal está mi alimentación. Ni siquiera desayuné esta mañana, almorcé muy poco, olvide de bajar a cenar por dormir y ahora lo primero que haré es comer estos chocolates.

—Oh, no debiste...

—Sí, debí, Novy —asiente al instante sonriéndome de forma encantadora— No puedo traerte un spa aquí, pero si puedo comprarte chocolates. Espero que ayuden por el momento.

Esta mañana al vernos me disculpe por haber vomitado sus zapatos y mencioné necesitar un spa.

—Eres genial —digo antes de abrazarlo.

Mis ojos se encuentran con los de Rhett y entonces mi sonrisa decae un poco. Me separo disimulando mi incomodidad con una sonrisa.

—En serio, lo aprecio mucho —le digo nuevamente a Ross.

Ross sonríe. Ambos nos quedamos viendo. Él como si nadie más estuviera alrededor y yo incomoda porque su mejor amigo, con quién me bese, está parado junto a nosotros.

Ian carraspea.

—Descansa —dice en cuanto nos separamos— Te quiero.

Sus últimas palabras me toman por sorpresa y de repente pierdo el habla. Ross me observa de la misma forma, como si sus propias palabras lo sorprendieran.

—Debemos irnos —espeta Rhett, tirando del hombro de Ross.

Ambos desaparecen rápidamente por la puerta. Ian sonríe divertido antes de seguirles. Me quedo allí para intentando comprender lo que acaba de pasar.

El guardia de seguridad de afuera me observa extrañado. Me doy la vuelta antes de que comience a pensar que soy sospechosa de algo cuando la realidad es que solamente estoy en shock.

¿Por qué no me siento feliz de que Ross me quiera? Es decir, no necesariamente debo sentirme plenamente feliz, pero ni siquiera siento agradecimiento. La verdad es que no hay rastro de algún sentimiento positivo dentro de mí en estos momentos.

Solo me siento triste y una mala persona por haber respondido el beso de su mejor amigo.

Al pasar frente a la habitación de V, no puedo evitar recordar lo que dijo Rhett sobre que son una familia. Ella estuvo diciendo cosas sobre Stella todo el día e incluso dijo que Drea me había acusado con el FBI. Esto último obviamente fue falso porque el asesino hizo eso y Drea murió. Claramente no era ella.

Aprieto mis labios mientras retrocedo para volver a su habitación. Golpeo suavemente mis nudillos sobre la puerta, esperando que esto no sea en vano.

Tras unos segundos de espera V abre la puerta y ni siquiera parece ella. Si bien sus ojos son achinados por genética, ahora lo están mucho más producto de llorar por horas. No tiene esa mirada de superioridad y maliciosa que usualmente la caracteriza, ahora parece totalmente desdichada e infeliz.

—¿Te perdiste? —me pregunta de mala gana con la voz congestionada.

Carraspeo retomando la compostura.

—No, yo... —V eleva sus cejas, esperando que prosiga—...quería saber cómo estabas.

Frunce el ceño.

—¿Por qué?

V no me lo está poniendo fácil.

—Porque quizás necesitas con quien hablar.

Tras decir eso espero que V cierre la puerta en mi cara o me diga que me meta en mis asuntos, pero me sorprendo al ver que su expresión de desdén y odio hacia mi persona, desaparece poco a poco, siendo reemplazado por la confusión.

—Drea Brown murió —murmura adentrándose en su habitación— Claro que no estoy bien.

Tomo eso como una invitación a que haga lo mismo. V camina hasta su escritorio. Cierro la puerta detrás de mi mientras me dedico a observar las fotografías que tiene sobre su cama. Hay una cámara en una repisa junto a varios lentes. Le gusta tomar fotos.

Me intereso más en las fotografías que están en la cama. Hay varias donde están todos juntos —Rhett, Ross, Lia, Stella, Tanner, Savannah y ella— en el lago o en lo que parece ser la cabaña. Pero también hay algunas fotos en solitario de Stella y Drea.

Miro nuevamente a V, ella se encuentra observando lo mismo que yo. Dejo la caja de chocolates sobre su mesa de noche.

—Me gusta tomar fotografías. Stella y Drea abusaban de ello —me cuenta divertida viendo las fotos.

—No pensé que te afectaría —me arriesgo confesando, encogiéndome de hombros— Ya sabes, tú...

—Estuviste haciendo comentarios horribles su ex novia y posiblemente hiciste que sus últimas horas de vida fueran miserables... —me interrumpe con una sonrisa falsa— Sí, sé lo que hice.

Aprieto mis labios sin comprender por qué se siente mal entonces.

—Drea y yo solíamos ser las mejores amigas. Como Savannah y Lia. Éramos hermosas juntas y nuestra amistad era sana —me cuenta sonriendo tristemente— Pero entonces llegó Stella.

Frunzo el ceño.

—¿Stella las separó? —pregunto.

V se ríe secamente.

—Drea separó nuestra amistad —me dice borrando cualquier rastro de diversión— Todo por Stella.

—No entiendo. ¿Ella te cambió por Stella?

V me mira fijamente antes de continuar.

—Yo estaba enamorada de Stella. Drea también —responde fríamente— No iba a preferir a una chica antes que a mi mejor amiga. Le dije eso a Drea. Pero ella también debía renunciar a Stella, de lo contrario no sería justo...

Asiento con la cabeza, comprendiendo que quiere decir.

—Drea no renunció a estar con Stella —digo— La prefirió antes que tu amistad.

V asiente apretando sus labios. Me quedo viéndole sorprendida. Jamás hubiera esperado eso.

—El tiempo pasó y hablábamos sin problema. Éramos amigables, pero no amigas, no como antes por lo menos —se encoje de hombros— Pero jamás deje de quererla, incluso cuando la odiaba por preferir a Stella.

Estiro mi mano para tomar una fotografía. Está situada en una pared de enredaderas detrás del Instituto, justamente donde encontraron el cuerpo sin vida de Lucy Duncan.

Las modelos son Stella, Savannah y Drea. Se encuentran colocadas en el mismo orden. La primera saca la lengua divertida. La segunda sonríe sin separar los labios y eleva un poco los hombros. La última sonríe cerrando sus ojos, recostando la cabeza levemente junto a la segunda.

Me estremezco al pensar que las tres están muertas.

—Yo... —V habla otra vez—...no suelo abrirme con las personas. Hablar sobre mi misma con alguien me parece más una tortura que un placer. Me aterra decir cómo me siento por miedo a que lo utilicen en mi contra.

Dejo la fotografía en su lugar, encontrándome identificada con V.

—Claro que ayer estaba preocupada por la desaparición de Stella y ahora devastada por la muerte de Drea —espeta con los ojos cristalizados— Pero me escondía tras las bromas malignas y los chismes. Lo hago siempre. La última vez que me abrí, perdí a mi amiga y la chica que me gustaba.

V comienza a llorar y no soy la mejor compañía si de consolar de trata. Le paso la caja de pañuelos que estaba sobre su cama y acepta, haciendo un puchero mientras las lágrimas siguen deslizándose por sus mejillas.

Mi celular vibra dentro de mi bolsillo. Lo saco para leer el mensaje. Es de Charlotte.

Regalo de tu novio. ¡Te dije que iba a interesarte!

Seguido de eso, adjunta una foto de una botella de tequila. Al ver eso se me ocurre algo.

—Deja eso —le quito la caja de pañuelos que acabo de pasarle— Nos vamos.

V me observa confundida.

(...)

Lia y Charlotte no estuvieron en desacuerdo con mi idea de invitar a V. Es más, la recibieron con los brazos abiertos e inclusive agradecieron que estuviera aquí.

El regalo de Ross para Lia y Charlotte fue alcohol. Entonces ambas decidieron que debían compartirlo conmigo, después de todo, no todos descubren cada cuerpo sin vida de Saint Rose. Si supieran todo lo demás creo que hubieran dejado de beber y me regalarían las botellas.

El llanto predominó al principio aunque poco a poco —trago tras trago—, el ambiente se volvió más alegre. Me contaron historias graciosas sobre Drea. La que más me hizo reír fue cuando estaba en clases con una resaca terrible debido a una fiesta la noche anterior en la cabaña de Ross, sintió ganas de vomitar y no le dejaron salir del aula. Como no aguanto más, vomito en la mochila de Charlotte, que era la que estaba más cerca de ella.

—Gracias a la maldita tuve que comprar una nueva mochila —dice Charlotte riéndose.

Todas nos encontramos algo ebrias. Usualmente no bebo, pero este día fue tan tediosamente largo y triste. Me siento agotada mental, física y emocionalmente. Aunque creo que ya me pase un poco...

—Creo que lo merecías —le dice Lia riéndose— Bebió de todo porque tú la retabas a hacerlo.

—¡Claro que no! Estábamos jugando. No le apunté con un arma —se defiende Charlotte riendo.

—¡Oh, por Dios! Esa fue la primera vez que Stella besó a Zack. Drea bebió por eso.

—¡Sí! Oh, Stella era... —Charlotte sonríe esperando que continúe. Lia finalmente sólo niega con la cabeza—... un poco mala.

—¿Un poco mala? —repite Charlotte— Era una completa perra.

V le da la razón mientras bebe un poco más de su vaso rojo.

—Sabes que no me gusta llamar a las personas por ningún apodo y mucho menos a las que ya no están —repone Lia aun riendo.

—Para Stella que la llamasen perra era un halago, Lia —le dice V.

—Eres tan aburrida y buena —le dice Charlotte divertida— Por eso Tanner te engañó con Stella. Era una perra, pero no era aburrida como tú.

Nuestras risas cesan y entonces, Charlotte parece darse cuenta de lo que dijo. Lia baja la mirada, apenada.

—Oh, por Dios. Lia, lo siento. Yo no quise...

Lia vuelve a levantar la cabeza sonriendo burlona. V y yo nos miramos con alivio de que Charlotte no la haya lastimado con lo que dijo.

—¿Crees que eso me dolió? Mi mejor amiga se suicidó y ni siquiera pude haberlo prevenido.

Por el alcohol encontramos muy gracioso lo que dijo Lia.

—Tengo algo mejor... —dice Charlotte— Mi hermano y mi mejor amiga fueron asesinados, ¡Y nadie sabe quién es el culpable!

Nos reímos más fuerte. Cubro mi boca intentado cesar mis risas o por lo menos bajar un poco el volumen, pero me es imposible.

—Mi madre falleció y mi padre me dejó con mi abuela —cuenta V, elevando su dedo índice y con su otra mano sostiene el vaso— Ella no me soporta y me envió a este internado donde todos mis amigos están muriendo poco a poco.

Elevo mis manos dando a entender que es mi turno. Lia y V me observan atentas mientras Charlotte les sirve —torpemente— más tequila.

—¡Abusaron de mí y nadie me creyó! —exclamo como si soltara una bomba.

Todas comenzamos a reírnos como si fuera el chiste más gracioso del mundo.

—Abusaron de mí —repito sintiendo como la realidad me golpea.

Es la primera vez que lo digo en voz alta.

El día que mis padres supieron que Chase había abusado de mí fue el mismo día que Crystal había ido por mí a la gasolinera. Ella estuvo conmigo todo el día escuchándome llorar, abrazándome y acariciando mi cabello hasta dormirme. Decidimos esperar a que nuestros padres lleguen de su viaje para decirles, lo cual era ese mismo día.

Cuando abrí mi boca para explicarles que había pasado, las palabras no me salían, sólo lágrimas de mis ojos. Entonces Crystal creyó oportuno decirlo. Jamás voy a olvidar cómo me miraron cuando volví a abrir mis ojos. Tampoco como no me creyeron, como insinuaron que quizás yo lo había consensuado, pero como estaba en una fiesta y ebria, lo había olvidado. Que arruinaría el futuro de un chico prometedor por el simple hecho de tener resaca y no recordar que acepté que tener relaciones con él.

—Y no me creyeron... —siento como mis ojos se llenan de lágrimas.

Todo este tiempo estuve caminando sobre el hielo, debajo de él estaban mis sentimientos, creí que cuando menos hablará sobre ellos, más resistente sería el hielo. Pero estuve tan equivocada. Cuando más pasaba el tiempo, el hielo se iba volviendo más fino, hasta finalmente romperse, haciéndome caer en el agua helada y ahogarme en los sentimientos que estuve intentando ocultar desde hace doce meses.

—Yo te creo —me dice V, rompiendo el silencio.

Sus palabras causan mucho más en mí de lo que alguna vez espere.

—Yo también te creo —ahora habla Charlotte.

Lia se estira para colocar su mano sobre la mía.

—Te creemos, Heaven. 

V en multimedia

Sábado de actualización! Tengo que admitir que estoy orgullosa de mi misma por actualizar a tiempo jaja :) 

Muchas confesiones para un capítulo! ¿Qué opinan?

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