Stella en multimedia! :)
Al día siguiente, la noche anterior parece no haber existido. Por lo menos para Lia.
Lia se encuentra sentada derecha en la misma mesa de siempre. A unos metros puedo ver a Tanner sentado con unas personas que no conozco, viéndola con desesperación. Ella no parece prestarle atención a su espectador o simplemente lo está ignorando. Opto más por la segunda opción.
La última vez que nos vimos fue hace cuarenta minutos, cuando decidimos volver de la cabaña donde pasamos la noche charlamos con Ian y Ross. Sin embargo, al verme acercarme con mi café, sonríe como si fuera la primera vez que me ve en el día. Lia usualmente es encantadora y simpática, pero dudo que haber estado sin dormir no tenga efecto alguno en ella.
Apenas me siento frente a ella, me susurra:
—¿Crees que haya creído que estoy feliz?
Y como creí. Lia está consciente de los ojos suplicantes de Tanner y todo esto es solo actuación. Me siento aliviada al saber que una noche en vela la afecta como al resto de los mortales.
Apoyo mi codo sobre la mesa mientras asiento. Lia continúa con su lectura, manteniendo su sonrisa. Poso mi cabeza en una de mis manos y frunzo el ceño.
—Creo que debes dejar de sonreír —Ella me observa con una sonrisa confusa— Comenzarías a dar miedo —me encojo de hombros.
Charlotte se sienta junto a mí, murmurando un buen días apagado. En cuanto deja la bandeja sobre la mesa, comienza a cortar sus waffles y observa a Lia.
—¿Por qué sonríes así? —le pregunta, haciendo una mueca— Das miedo.
—Te lo dije —digo, elevando mis cejas.
Lia deja de sonreír, poniendo una mueca en su lugar.
—Drea y Stella terminaron frente a mi habitación. Fue... muy dramático para mi gusto —Charlotte ladea la cabeza, mirando un punto fijo en la mesa y luego vuelve a centrarse en su desayuno.
—Debería comenzar a salir con Drea. Somos las novias engañadas —suelta Lia, encogiéndose de hombros. Frunce el ceño— Pero hay un problema...
—¿Cuál? —le pregunta Charlotte con la boca llena.
—No me interesan las chicas —replica Lia con pesar.
—Qué lástima. Hubieran hecho linda pareja.
—Sí —asiente Lia, suspirando.
Puedo ver a Rhett caminando en nuestra dirección. Él no nota que lo estoy viendo hasta que levanta la mirada de su celular y entonces vuelvo a ver mi café. Presto atención a mi caliente bebida, rogando internamente que siga caminando y nosotras no seamos su destino.
Para mi mala suerte, Rhett se sienta junto a Lia.
—Buenos días —nos saluda con una estúpida sonrisa en su rostro.
Me abstengo de rodar mis ojos.
—Nos vemos luego.
Lia y Charlotte me sonríen sin tener interés en mi repentina partida. Pero puedo sentir la mirada confusa de Rhett a medida que me pongo de pie.
No tengo ganas de estar cerca de Rhett. Lo que hizo ayer estuvo mal. Este es mi problema. Yo estuve en esto primero. No digo que yo ordeno todo lo que hay que hacer para llevar a cabo la investigación, pero si me niego a hacer alguna cosa con respecto a esto, obviamente tengo razones bastante válidas para hacerlo. Él ni siquiera se interesó en preguntarme cuales eran o por qué creía necesario esperar un poco más. No. Rhett simplemente me dio un ultimátum y nadie hace eso. No a mí y mucho menos él.
Lamentablemente me encuentro con Crystal. Mi mañana no puede estar mejor.
—Hey, ¿Qué castigo te toca hoy? —me pregunta sonriendo.
Mierda. Olvidé por completo los castigos. Hoy debía buscar alguna prueba que corroboré la teoría de que Stella es la asesina. Los castigos usualmente nos lleva toda la tarde realizarlos. Mi plan era ir a su habitación cuando ella esté en su práctica de vóley, pero ahora eso cambió. No puedo entrar a su habitación de noche, es imposible porque se encontrará allí.
Jazmín está en la maquina expendedora a unos metros, charlando con otro profesor. Sostiene su café mientras me observa con curiosidad. Le saludo con una leve sonrisa antes de volver a mi hermana.
—No sé. El conserje nos lo dice cuando lo vemos —me encojo de hombros— Asumo que quiere sorprendernos —agrego, sarcástica.
—Ya veo... —me dice, apenada— Pensé que quizás podrías ir a hablar con Jazmín. Quizás te sientas lista para charlar sobre...
Lo tengo.
—Sí —le interrumpo con rapidez.
—¿Sí? —repite Crystal, confundida con mi respuesta.
—Sí.
—¿T-te sientes lista? ¿En serio? —a medida que mi respuesta es procesada por su cerebro, una sonrisa se expande por sus labios— Eso es genial —elevo mis cejas mientras sonrío falsamente— Le diré a Jazmín que mañana irás con ella.
—¡Espera! —le detengo, tirando de su brazo— Mañana quizás no me sienta lista. Es decir, ya sabes. Quizás mañana pierda el interés para... hablarlo... ya sabes —balbuceo esperando que mi hermana me crea.
Crystal frunce el ceño, pensativa.
—Tienes razón —me dice, con la mirada en el piso— Hablaré con Jessie. Creo que no le importará que faltes hoy al castigo.
—¡Perfecto! —exclamo.
Crystal me sonríe una vez más antes de irse, pero vuelvo a detenerla.
—Ah y —ella voltea a verme— Recuérdale que fui quién encontró los cuerpos de Zack y Lucy. Necesito terapia —me encojo de hombros.
Crystal asiente con la cabeza, pensando en mis palabras. En cuanto voltea y comienza a alejarse, vuelvo a sonreír.
Sí, quizás esté mal que me esté aprovechando de mis traumas, pero no se me ocurre otra forma de evitar el castigo. Mentirle a Crystal y decirle que estoy lista para abrirme con alguien parece ser la única solución en estos momentos.
(...)
—¿Crees que funcione? —me pregunta Ian, caminando a mi lado.
—Tú sabes mentir. Le mentiste a la directora Monroe —me encojo de hombros, recordando su excusa de la calculadora— Podrás con la señorita Donnet.
Ian ladea su cabeza, inseguro.
—Lo haré —asiente finalmente.
Sonrío al obtener la respuesta que buscaba.
Mi plan está completo. Con Ian ayudándome a escapar de Jazmín, podré infiltrarme en la habitación de Stella y buscar pruebas más concretas que demuestren que es culpable. En otro escenario, quizás podría resultar todo lo contrario y su inocencia nos haga volver al inicio.
Las clases ya finalizaron por hoy, así que caminamos junto a los demás estudiantes que quieren irse a hacer cualquier otra cosa. Pero nosotros dos debemos permanecer aquí porque mi sesión con Jazmín inicia enseguida e Ian pensará en cómo sacarme de allí.
A lo lejos puedo ver a Rhett charlando animadamente con Lia frente a su casillero. Mi sonrisa rápidamente se desvanece y aprieto los labios. La rubia es la primera en notarnos o bueno, a Ian.
—¡Ian! ¿Listo para irnos? —exclama Lia a medida que nos acercamos.
Miro a Ian disimuladamente y carraspeo.
—No vayas a fallarme —murmuro.
Ian abre la boca sin saber que decirle a Lia y sé que por dentro está odiándome por hacerlo cancelar la cita con la chica que le gusta, pero lo superará.
Le sonrío malévolamente antes de ir en dirección a la oficina de Jazmín. Puedo ver de reojo que Rhett me mira, quizás está confundido porque no fui hacía él. No le avisé que faltaría al castigo de hoy. En realidad, no le hablo desde ayer y no pienso hacerlo hasta que se disculpe por ser un idiota.
Jazmín ya me está esperando, recostada en el umbral de la puerta, como si estuviera sorprendida por verme. Quizás no creía que vendría. Desde que llegó a Saint Rose ha estado insistiendo en hablar conmigo, pero siempre paso de ella.
No me malentiendan, quiero a Jazmín como persona y seguramente es una excelente profesional. Simplemente no me siento lista para hablar sobre mis sentimientos con nadie. Ahora me está viendo porque no tengo otra opción.
—Adelante, Heaven. Te esperaba —me dice con una sonrisa.
Me adentro a su oficina sintiendo como un aroma agradable se infiltra en mis fosas nasales. Creo que son frutos rojos o algo parecido. Es un aroma frutal. Estoy muy segura. Quizás le pregunte por la fragancia mientras espero que Ian haga su aparición.
—Entonces, Heaven, ¿Cómo ha estado todo? —me pregunta una vez que estamos sentadas a cada lado de su escritorio— Veo que ya has hecho amigos.
—Nunca tuve problemas para relacionarme —contesto sonriendo— Soy bastante social —agrego, asintiendo con la cabeza.
Los ojos marrones de Jazmín me observan fijamente desde su lugar, por más que tiene una mirada agradable y cálida, no puedo evitar sentirme nerviosa al estar sentada aquí.
—¿Por qué me miras? ¿Dije algo malo? —cruzo mis piernas, acomodándome en mi lugar.
Mi pregunta hace reír a Jazmín.
—Heaven, tranquila —dice suavemente— Te miro porque estoy escuchándote. Para establecer una conversación se necesita hacer contacto visual.
—No siempre —contradigo, moviendo un pie levemente— A veces, puedes escuchar sin verme. Los seres humanos no oímos con los ojos.
La mirada de Jazmín va hasta mi pie inquieto.
—¿Te tranquilizaría que no te mire? —me pregunta arqueando una ceja.
Frunzo el ceño.
—Estoy tranquila —digo con seguridad.
—Y eso está bien. Este es tu espacio, ¿sí? Tú puedes decir o hacer lo que quieras. Queda entre nosotras dos.
—No tengo nada para decir o hacer —me encojo de hombros.
Ahora cambio mis piernas de posición, comenzando a mover el otro pie. Cruzo mis brazos, esperando que Ian interrumpa en cualquier momento esto.
—Podrías contarme como va todo aquí en Saint Rose —se encoje de hombros, manteniendo su sonrisa— Si echas de menos Los Ángeles, qué clase te gusta más... —hace una pausa—... lo que quieras. Este es tu espacio —vuelve a repetir.
Miro el reloj que está en la pared. Hace diez minutos estoy aquí. ¿Por qué siento que estuve más de dos horas?
—¿Qué fragancia es? —le pregunto tras unos segundos de silencio.
—Té verde y verbena —contesta, recostándose en su silla de cuero.
Bueno, no eran frutas como pensaba.
—Delicioso, ¿No es así?
—Ajá —asiento, volviendo a ver el reloj en la pared.
Comienzo a sentirme algo acalorada y siento picazón en mi nuca. Al llevar mi mano allí, no puedo evitar sentir esa parte algo húmeda. Estoy sudando. ¿Desde cuándo empezó a hacer tanto calor aquí?
Me saco el bléiser, sintiendo la mirada de Jazmín sobre mí.
Estoy harta de que me mire y espere que le diga algo. Sé que estoy aquí porque supuestamente quise hablar con ella, pero es estresante que esté viéndome. Por más que ella no esté presionándome verbalmente, siento que sus ojos me observan de forma suplicante para que le cuente algo de mi intimidad y eso me hace enojar.
—Esto es estúpido, ¿sí? —Suelto, moviendo mi mano frente a mi rostro para dejar de sentir tanto calor— Hay personas que mueren y no solo aquí, sino en todo el mundo.
Jazmín no responde a eso, solo sigue observándome. Me abstengo de rodar los ojos. No está entendiendo que quiero decirle.
—No veo cómo hablar —con mi dedo índice nos señalo a ambas— Vaya salvar a las personas que están muriendo.
Jazmín asiente con la cabeza. Aprieto mis labios.
—No veo como contarte mis problemas va a ayudar a los demás. No salvaré a una persona que sufre cáncer, ni a un niño que pasa hambre, ni a la próxima víctima del asesino. ¡No salvaré a nadie! —finalizo enojada.
Jazmín coloca sus codos sobre el escritorio y ladea su cabeza.
—¿Sientes que tienes que salvar a los demás? —me pregunta con tranquilidad en su voz.
¿Acaso no está escuchándome?
—Eso no fue lo que dije —entrecierro mis ojos, frunciendo el ceño.
—Dijiste que hablarme sobre tus problemas, no salvara a los demás —asiento con la cabeza— ¿Sientes que tienes que salvar a alguien? ¿Te sientes de alguna forma responsable por las muertes de Zack y Lucy? ¿Sientes que debías salvarlos?
Frunzo el ceño.
—Ni siquiera los conocía bien —espeto, molesta— A lo que voy es... ¿Quién gana si te cuento mis problemas?
—Tú ganas —contesta.
—No, no gano —niego.
Jazmín me escucha con atención, pero parece confundida por mi respuesta, así que decido profundizar más utilizando una metáfora.
—Supongamos que a un chico le roban el celular, entonces viene y te cuenta lo que pasó. ¿Mágicamente su celular va a volver? ¿El ladrón va a ser castigado por eso? —pregunto sarcásticamente— Claro que no.
—Pero me contó como se sintió, que significa para él haber perdido su celular. Se desahogó, eso es lo que cambia. Al reprimir sentimientos solemos... —
—¡Nada cambia! —le interrumpo, enojada— ¡No tiene su celular! ¡Perdió miles de fotos, perdió contactos, mensajes importantes! ¡Fue robado! ¡Y el ladrón seguirá suelto! ¡Todo seguirá igual! —exclamo— Perdió su celular... —finalizo bajando la voz, percatándome de que estoy gritándole a Jazmín.
Jazmín no parece sentirse ofendida por el tono de mi voz y mucho menos por el volumen. Sin embargo, yo me encuentro totalmente apenada y confundida por mis palabras. Pensé que esta sería solo una sesión estúpida, donde podría fingir sentimientos para que mi hermana pueda sentirse tranquila. Ciertamente resultó todo lo contrario y reaccione de formas que no entiendo.
En ese momento llaman a la puerta y Jazmín me indica que la disculpe con una sonrisa. Al librarme de sus ojos, suelto un suspiro, sintiéndome más aliviada.
—Señorita Donnet, ¿Podría hablar con usted unos minutos? Es importante.
Al escuchar la voz de Ian del otro lado, me pongo de pie y tomo mi bléiser. Ya no siento calor, es más, el frio volvió a apoderarse de mi cuerpo. Miro el reloj de la pared. Entré hace veinte minutos. Dios. Siento que fue el doble de tiempo.
—¿Sabe qué? Yo ya me voy. Fue una charla muy... —entrecierro los ojos, esperando encontrar una palabra que describa mi exabrupto—... reveladora.
—Heaven, no hemos... —
—¡Lamento haberle gritado! —exclamo yéndome de allí lo más rápido que puedo.
(...)
Al salir del instituto, me topé con V, quién estaba yendo a su práctica de vóley. Me contó que Stella y Drea se encontraran por primera vez desde que terminaron, que la cancha será como ir un campo de batalla debido a estas dos y otras cosas que, sinceramente, no me interesan.
Pero por primera vez, me alegre de que V no pueda guardarse nada. Me acaba de decir que Stella ya no está en su habitación y puedo entrar tranquilamente. Sin haberse dado cuenta, me ayudo hoy.
Afortunadamente, nadie me siguió y los dormitorios parecen estar vacíos. Bueno, obviamente no lo están, pero no ver a nadie caminando por los pasillos hace que se sienta desolado. Como si estuviera en un hotel abandonado.
Al ver a una chica salir de su habitación, le sonrío como si la conociera y ella responde de la misma forma, solo que antes me mira raro. Cuando está fuera de mi vista, hago una mueca. Ni siquiera la conozco. ¿Me habré visto muy sospechosa?
Me adentro en la habitación de Stella con rapidez, recostándome mi espalda en la puerta al lograr esto. Desde la sesión con Jazmín, me encuentro nerviosa. Quizás son consecuencias de no haber dormido. Cierro mis ojos, tomándome un momento para calmarme.
—Hola, compañera.
Me sobresalto al escuchar otra voz. Miro hacía mi derecha, asustada. Rhett está sentado en la cama de Stella, viéndome con diversión.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto, intentando calmar mi respiración.
—Te vi salir del Instituto mientras llevaba bolsas de basura y asumí que vendrías aquí. Cuando V te entretuvo, aproveche para entrar—me contesta, entrecerrando un poco los ojos— Charlotte va a la misma clase que Stella, así que sólo uní todo.
Aunque no esperaba la compañía de Rhett, espero que tenerla me sirva de algo más que para estorbarme.
—Me das miedo.
Rhett toma mis palabras como un cumplido y comienza a buscar.
—Está prohibido que los chicos vengan a los dormitorios femeninos —suelto comenzando a buscar entre las cosas que están sobre su escritorio.
—También está prohibido asesinar gente, pero bueno.
Aprieto mis labios.
Lo veo inclinarse para buscar debajo de la cama de Stella y decido continuar en el escritorio. Recuerdo alguna de las notas que me entregó, todas tenían trozos de letras o palabras de revistas, quizás tiene algo de eso aquí.
Stella es bastante ordenada, así que intento buscar sin alterar el orden de las cosas. Por más que reviso en cada rincón posible del escritorio, no encuentro nada que la haga ver culpable.
—¿Nada? —me pregunta Rhett.
—Nada —le contesto sin voltear.
Rhett va al baño y me siento en la cama de Stella, pensando en cómo estamos infringiendo la privacidad de alguien en vano. Esto es estúpido y una pérdida de tiempo. Claramente sólo fueron coincidencias las pruebas que teníamos, las cuales no son suficientes para entregarla de todas formas. Volvemos al comienzo.
Escucho algo que parecen sollozos lejanos. Comienzo a prestar más atención, buscando su proveniencia y entonces Rhett sale del baño, escuchando lo mismo que yo. Nos miramos unos segundos, como si tuviéramos la respuesta que buscamos y finalmente lo entendemos.
—Al armario —ordenamos al mismo tiempo.
Los armarios de Saint Rose son bastante grandes. Lo cual es raro teniendo en cuenta que esto es un internado y la prenda que más utilizamos es el uniforme. Escasas veces tenemos la oportunidad de vestir nuestra ropa normal, así que no comprendo por qué tanto espacio. Aunque Stella parece haber traído todas sus prendas.
Segundos después de entrar a nuestro escondite, la dueña de la habitación atraviesa el umbral de la puerta y cierra dando un portazo. Trago duramente, comenzando a ponerme nerviosa.
El armario tiene pequeñas aberturas que nos permite ver que pasa fuera, así que presenciamos como Stella se acerca al espejo y seca sus lágrimas mientras murmura algo que no logramos entender. Seguido de eso, prosigue quitándose el uniforme de entrenamiento. Miro de reojo a Rhett y él mantiene su vista en sus zapatillas.
Vuelvo a centrarme en Stella, quién ya está en ropa interior y me preocupo al verla acercarse al armario. Cuando siento que puedo escupir un pulmón de los nervios, gracias al cielo, su celular suena llamando su atención.
—¿Estás demente? ¿Cómo se te ocurre...? —contesta enojada, dándonos la espalda— ¿Y qué crees que sucederá? —exclama— Estás completamente demente.
Rhett me mira con confusión pero a medida que van pasando los segundos, su rostro es más bien de horror. Traga duramente sin saber que decirme. Frunzo el ceño, volteando para ver qué está viendo con tanto miedo y veo que es un celular.
Está sobre una repisa junto a unos auriculares. No comprendo el porqué de su reacción, así que sólo vuelvo a centrarme en Stella. No vuelve a decir ninguna palabra, pero deja en claro que lo que escuchó del otro lado no es de su agrado en lo más mínimo. Cuelga, lanzando su celular a su cama con furia y se adentra en el baño.
Rhett estira su brazo para tomar el celular y guardarlo con rapidez en el bolsillo de sus vaqueros. En cuanto escuchamos el agua de la ducha caer, él abre con cuidado el armario.
Lanzo su celular a su cama, pero no lo veo, así que decido buscar debajo. Estiro mi mano para tomarlo.
—¿Qué haces? —susurra Rhett.
Pero lo ignoro, intentando alcanzar el celular. Para ello tengo que meterme debajo de la cama, básicamente, pero finalmente lo logro. Me fijo en las llamadas recientes, con la esperanza de saber quién la llamó, pero me frustro al encontrar que es un número privado.
—¡Dios! ¿Todo me va a salir mal hoy? —escuchamos que exclama desde el baño.
Al escuchar la cortina del baño correrse con fuerza, comprendemos que va a salir. Le hago una seña con la mano a Rhett para que se vaya y antes de cerrar la puerta, me da una mirada de preocupación.
Me escondo debajo de la cama de Stella, agradeciendo que su edredón este de mi lado. Es bastante largo, hasta llegar al piso, por eso no podría verme. A menos que quiera buscar su celular. Cruzo mis dedos para que no sea el caso.
Para mi suerte los pasos de Stella se alejan de la cama y por sus insultos, puedo adivinar que se olvidó de que hoy comienza su periodo.
Elevo la mirada, esperando que encuentre la dichosa caja de tampones de la que tanto está hablando y pueda salir de aquí. Me sorprendo al encontrar una pequeña bolsita negra. Se encuentra entre el colchón y la cama. La tomo sin hacer mucho esfuerzo y puedo sentir que el material es de terciopelo. Quizás es una vieja bolsa de alguna pieza de joyería. Pero definitivamente lo que tiene dentro no es un collar, parece ser una llave.
Cuando Stella finalmente se mete nuevamente en el baño dando un portazo, me apresuro a salir de su habitación de una vez por todas.
Para mi suerte, en los pasillos no hay nadie, así que camino hasta mi habitación que está unas puertas más adelante. Rhett ya se encuentra esperándome allí. Está caminando de un lado a otro, preocupado. Cuando me ve, suelta un suspiro de alivio.
Antes de que pueda comentarle sobre lo que yo encontré suelta:
—Es el celular de Zack.
Aprieto la llave entre mis manos.
—¿Estás seguro? —asiente con la cabeza, elevando sus cejas— ¿Qué tan seguro? —insisto.
—Cien por ciento seguro —contesta y remoja sus labios— Voy a ver si...
Al verificar que su celular tiene batería, sonríe victorioso. Remojo mis labios, nerviosa, me acerco a él.
—Revisa los mensajes —ordeno, recordando que Rhett se enteró de todo esto por mi conversación con Lucy.
Rhett me hace caso y a diferencia del historial de Lucy, que sólo contaba con mi chat, Zack mantiene sus conversaciones intactas. La última fue con Stella y es de la noche en que murió.
Stella: ¿Ya todos se fueron? ¿Seguro?
Zack: Ross se fue con V, así que estoy solo.
Hago una mueca.
—¿Ross y V? —suelto en voz alta.
—¿En serio solo te fijas en eso? —me pregunta Rhett de mala gana.
Seguimos leyendo.
Stella: Estoy en camino. Necesitamos hablar.
—Me incomoda leer esto —finalizo con suspiro.
Zack: No van a hacerme cambiar de opinión. Así que no lo intentes.
Stella: No vale la pena seguir mortificándote por eso.
Zack: ¿No vale la pena? Hablamos de Savannah, tu mejor amiga, Stella.
Stella: Pero Savannah ya no está y sé que a ella no le gustaría que te metieras en problemas.
Allí finaliza la conversación. A las dos de la madrugada. Bajo la mirada pensando en cómo podemos proseguir ahora.
—Debemos ir con la directora Monroe —me dice elevando sus cejas.
Niego con la cabeza.
—No podemos ir con la directora Monroe.
—¿Con quién vamos, entonces? ¿Tú hermana?
Elevo la mirada, frunciendo el ceño.
—Deja a Crystal fuera de esto —espeto. Rhett frunce el ceño— No iremos con nadie. No aún...
—Estás bromeando, ¿Verdad? —me interrumpe con una sonrisa falsa en el rostro. No contesto, sólo me dedico a pensar en cómo explicárselo— Heaven, dime que esto es una broma.
—No es una broma. No iremos con nadie —contesto— Creo que esto no es suficiente. Lo siento.
—¡No pudieron encontrar su celular! —exclama, viéndome enojado— ¿Cómo explicas que ella lo tenga y además, está conversación? —me pregunta.
Muerdo mis labios, pensando en alguna respuesta, pero nada viene a mi mente.
—Stella es tu amiga, no puedes acusarla así cómo así.
Hablo con seguridad, mientras asiento con la cabeza, esperando que él crea que tengo razón. Sin embargo, Rhett me observa como si hubiera perdido la cabeza.
—Stella no es mi amiga.
Suspiro.
— Debemos hablar con ella —propongo, pero al ver su expresión, decido corregirme— Yo hablaré con Stella.
Rhett frunce el ceño.
—No vas a acercarte a Stella —réplica como si fuera lo más obvio del mundo— No... —hace una pausa. Sus facciones se suavizan— No quiero que te haga daño.
Sus palabras me toman por sorpresa y por su expresión, puedo suponer que a él también. Puedo sentir un cosquilleo dentro, lo cual me hace sentir extraña de una buena manera. Decido guardar mi sonreír.
—Hablaré con la directora Monroe —dice nuevamente con tranquilidad. Mi ceño se frunce al instante. Él ladea la cabeza— No permitiré que siga asesinando a mis amigos.
—No estoy de acuerdo, Rhett.
—No te entiendo. Tú fuiste quién inició esto, ¿Y ahora no quieres terminarlo? ¿Quieres que la gente siga muriendo?
—¡Claro que no quiero eso! ¡Pero tampoco quiero que...! —me quedo en silencio, antes de hablar de más.
No puedo contarle a Rhett sobre el asunto que involucra a Crystal y la razón principal por la cual estoy dando tantas vueltas para revelar la verdadera identidad de Stella. Me frustra demasiado porque él no puede entenderme y no lo culpo por eso. Debo estar viéndome como una estúpida al dudar en estos momentos, pero prefiero que crea que estoy loca a tener que decirle mis verdaderos motivos.
Rhett espera a que prosiga.
—¿Somos un equipo? —pregunto, acercándome más a él.
—Claro que sí —me contesta, extrañado por mi pregunta.
Remojo mis labios.
—Entonces, por favor, esperemos un poco más.
Sonrío levemente, esperando que esto funcione. Rhett me mira seriamente, escaneado todo mi rostro, como si estuviera luchando internamente consigo mismo o como si buscará la respuesta en mis ojos. Al ver que tarda en contestar y que su expresión no cambia, mi sonrisa comienza a decaer.
—No somos un equipo —aclaro.
Bajo la mirada, sintiendo como mis ojos se humedecen y de pronto me siento mal al no recibir la respuesta que esperaba.
—No en esta ocasión —contesta tras tomar una bocanada de aire.
Veo a Rhett darme la espalda para irse.
—Si cruzas esa puerta no lo seremos en ninguna otra ocasión —le advierto con los ojos cristalizados.
Rhett sostiene el pomo de la puerta en una mano y con la otra guarda el celular en su bolsillo. Gira para verme apretando los labios.
—Lo lamento —me dice antes de abrir la puerta.
En cuanto la cierra, me siento en la cama y abro la palma de mi mano viendo la bolsa de terciopelo. La vacío, dejando caer una llave dorada. Hice bien al ocultarla de Rhett.
(...)
Camino buscando a Crystal, sintiéndome la peor hermana del mundo por haberla involucrado y haber ocasionado eso en primer lugar.
Lo que comenzó como una simple charla, terminó en la escena de una película de terror sangrienta y con restricción de edad. Porque sí, fue mi idea juntarnos para charla, no sé qué pensaba en esos momentos. Creí que quizás viéndolo sentirse mal por hacer lo que me hizo, me haría sentir mejor. Nuevamente, no sé qué pensaba, solo levanté el teléfono.
Pero estaba equivocada al pensar que tenía una pizca de humanidad para sentirse mal por haber abusado de mí. Él estaba igual que siempre, tenía un aire de superioridad y yo sentía que estaba orgulloso de lo que me había hecho. Solo fui a la cocina para buscarme algo de agua y termine acuchillándolo por la espalda.
Literalmente.
Desde la noche que puso sus manos sobre mí, deje de sentir mi cuerpo como algo mío. Pero esa noche, sentí que alguien más tomaba mi lugar y de repente, era sólo una espectadora.
Si pudiera volver el tiempo atrás, lo único que cambiaría es haber involucrado a Crystal. Su vida no puede irse al demonio por mi culpa.
¿Dónde diablos está ella?
Fui a su habitación y no estaba. Tampoco estaba con Matt. Preferí no ir a la habitación de Jazmín porque no tengo ganas de que ejerza su profesión conmigo. Así que no sé a dónde ir.
—Te estaba buscando... —miro a Ross de reojo— ¿Estás bien?
No lo pienso dos veces y voy a abrazarlo. Recuesto mi cabeza en su pecho, cerrando mis ojos. Ross no tarda en reaccionar, rodeándome con sus fuertes brazos. Suelto un leve suspiro de alivio al encontrar el consuelo que necesitaba. No hace que me sienta completamente bien, pero sí disminuye un poco la mala sensación que tengo dentro.
—Estoy aquí. Tranquila.
—¿Podemos ir a caminar? —le pregunto, separándome lo suficiente para verlo.
Ross sonríe.
Bajo mi mano, entrelazándola con la suya. A medida que nos alejamos puedo sentir que mi preocupación disminuye. Sé que cuando volvamos probablemente ya todo sea distinto, pero antes de afrontar las consecuencias, necesito despejarme una última vez.
—¿Puedo contarte algo extraño? —me pregunta tras unos minutos en silencio. Asiento con la cabeza— Hoy soñé con Savannah —me cuenta mientras caminamos.
—¿Ah, sí? —pregunto, sonriendo levemente.
Una vez soñé con mi abuelita y ella falleció hace unos años. No recuerdo nada de lo que hablamos, ni tampoco que hacíamos o donde nos encontrábamos, sólo recuerdo que estábamos juntas y eso fue suficiente para alegrarme.
—Sí, ustedes se conocían y se llevaban muy bien —le miro sorprendida. Ross asiente, riendo levemente— Te advertí que era extraño.
—No es extraño —me encojo de hombros— La extrañas. Es normal.
—La extraño todos los días —confiesa, suspirando— Lia más que nadie.
—Era su mejor amiga —ladeo la cabeza, pensando que la conversación se está tornando sentimental y apesto en aconsejar.
—Esto sonará feo —me advierte, haciendo una mueca— pero su muerte nos unió más.
Le miro elevando mis cejas porque ya no sé qué más decirle. Utilizaría el "Es normal", pero ya cumplió su función hace unos minutos.
—Lia y yo estamos en Saint Rose desde que somos pequeños, así que ya éramos unidos. Pero el perder a Savannah... —hace una pausa— Marcó un antes y un después.
—Es entendible —asiento— ¿Qué me dices de Stella? ¿Ellas eran amigas?
No puedo evitar preguntar al recordar la conversación que leí hace unas horas. Estuve pensando en qué podría abrir la puerta y no tengo la menor idea. Tampoco sé si indagar mucho porque... es una llave. Podría ser de cualquier cosa. Pero el lugar donde la tenía es lo que me impide descartarlo.
A Ross no le parece extraño que vaya a Stella y si le parece, sabe ocultarlo muy bien.
—Eran muy buenas amigas. Las tres eran un grupo; Lia, Savannah y Stella —me cuenta muy sumido en el tema— Luego a ambas les interesó Zack y, de repente, se detestaban.
—Pero... ¿Salió oficialmente con alguna? —le pregunto.
—Zack no quiso estar con ninguna por el bien de su amistad, pero poco después de que Savannah muriera ambos volvieron a estar juntos hasta... —se queda en silencio con la mirada baja—... que falleció —aprieta los labios.
—¿Y cuándo comenzó a salir con Drea, entonces? —pregunto, confundida.
—Hace un año —contesta, encogiéndose de hombros.
Ladeo la cabeza, pensando en la línea de tiempo y cuando comprendo, elevo mis cejas, sorprendida. Ross se ríe de mi expresión.
Pobre Drea. Stella le fue infiel con dos personas.
—Quiero a Stella, pero últimamente no la comprendo —prosigue, negando con la cabeza— Desde que Savannah falleció. Es otra.
—¿A que te refieres?
Sigo la conversación dispuesta a escucharlo. Cada cosa que diga sobre Stella llama mi atención y, hace que me sienta terrible al ocultar su secreto. A medida que caminamos lo que me cuenta Ross alimentan la teoría de que ella pueda ser la responsable de los homicidios. Lo cual significa que Rhett acertó al tomar la decisión de exponerla. No puedo evitar sentirme impotente al pensar esto último.
—Hace cosas que no son propias de ella. Stella siempre fue muy meticulosa a la hora de hacer amistades y decidir con quién mostrarse amigable. Pero ahora nadie parece importarle —explica su punto— La Stella de antes no le haría eso a Lia. Su amistad para ella lo era todo.
Antes de que pueda responder para continuar con este tema, el celular de Ross comienza a sonar. Se disculpa, alejándose para atender. Me quedo parada en mi lugar y sin poder evitarlo, reviso si tengo cobertura. Elevo mis cejas al ver que sí. Debemos estar cerca de la cabaña.
Ross se vuelve a mí sin decir una palabra.
—¿Está todo bien? —le pregunto, extrañada.
Niega con la cabeza con la mirada en sus pies, sin saber que responder.
—Ross, ¿Qué pasa? —insisto, teniendo una idea de que sucede.
—Es Stella.
¿Tienen alguna idea de qué decisión hablaba Zack? ¿Creen que la llave de Stella sea importante?
El sábado nuevo capítulo! Gracias por leer :)
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