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Capítulo 9

Edith no se fue del hospital hasta casi la medianoche. Al entrar por la puerta de la casa de Jennie, ella la estaba esperando. Edith se sintió como una colegiala a la cual Jennie estaba cuidando.

—Hola—dijo Edith con la voz baja.

— ¿Cómo está? —Preguntó Jennie—. Charles y yo dudamos en ir a visitarlo.

—Él está bien. Lo van a hacer pasar la noche allí para observarlo.

— ¿Cómo están las cosas entre ustedes?

—Realmente no lo sé—Edith se encogió de hombros. Nunca había estado tan confundida por su comportamiento—. Le dije de regresar a casa con él y me dijo que no quiere que regrese hasta que no me pueda imaginar siquiera pasar un día sin él y no a causa de un tornado.

— ¡Eso sí parece un hombre con la cabeza sobre los hombros! —dijo Jennie mientras seguía a Edith a su habitación.

Edith se desplomó en la cama. Había tenido una tarde agotadora, emocional y físicamente.

— ¿Estarás bien? —Jennie cerró la puerta.

—Sí. Tan solo estoy cansada.

—No iras a vomitar o algo así, ¿verdad? Te ves muy pálida.

—No. Es como te dije, estoy cansada—Edith se sentó, y Jennie lo hizo al pie de la cama—. Ha sido un día agobiante. Primero, Nathan y yo tuvimos una discusión, luego el tornado...

Los cálidos ojos grises de Jennie se mantuvieron calmados, imparciales, al igual que desde el principio de todo esto.

— ¿Crees que estuve mal dejando esa carta y no diciéndole a Nathan que estoy embarazada? —por alguna razón, Edith sintió que debía aclarar estos temas con Jennie. Su hermana no había dicho nada sobre ellos dos.

— ¿Qué crees tú?

—Que sí—Edith suspiró y se cruzó de piernas. Finalmente le dijo a Jennie lo que no le había dicho a Nathan en el hospital—. Pero, Jennie, estuve tan cansada de que no me prestara atención, y estoy cansada de preocuparme si voy a hacerlo enfadar—dijo Edith desesperada—. No confiaba en él antes, pero luego de cómo se puso hoy, no confío. No importa como actuó en el hospital. ¿Cómo sé que la próxima vez que lo vea no volverá a enloquecer? Nathan tuvo razón al decir que el tornado no se llevó nuestros problemas.

— ¿Estás pensando en divorciarte de él? —cada palabra de Jennie parecía estar envuelta de preocupación.

Divorcio.

La palabra sonaba como anuncio con campanas. En lo profundo de su corazón, Edith sabía que no quería el divorcio. No quería se otra estadística. Además, cuanto más leía la biblia, cuanto más oraba, más pensaba en que Dios no aprobaría su divorcio. Quizá si Nathan fuese un impenitente pecador... pero a pesar de sus errores, Edith sabía, sin lugar a dudar, que él le había sido fiel. Nathan Bloom no era un Don Juan

— ¿Y? —Jennie parecía estar verdaderamente preocupada.

—No. No hay divorcio. Pude haberlo pensando unas semanas atrás, pero no ahora—Edith tragó saliva—. Cuanto más oro, cuanto más veo que... que...

— ¿Que qué? ¿Qué quizá Nathan tenía razón? ¿Qué quizá ambos tenían la culpa de sus problemas maritales?

—Oh Jennie—Edith lloriqueó—, Nathan están tan distinto en el hospital esta tarde. No sé si el tornado lo traumatizó, o qué. Pero estoy muy confundida, pensé que estaría feliz al decirle de regresar a casa con él, y luego él dijo lo que dijo acerca de esperar. Nunca estuve tan impactada en mi vida. Nathan nunca, nunca, ha tenido esa clase de paciencia. ¿Qué le ha ocurrido? Me pregunto si siquiera sabía lo que decía.

—Ah, me parece a mí, que sabía perfectamente lo que estaba diciendo. Creo que tan solo necesitó un tornado para poner en claro sus prioridades, eso es todo.

— ¿Qué crees que deba hacer, entonces?

—Pensé que jamás lo preguntarías—dijo Jennie apresuradamente.

Edith la golpeó con una almohada.

— ¡No nos pongamos violentas! —dijo Jennie bromeando, tirándole la almohada a Edith.

— ¡Sé que mamá y tú han estado ansiosas por decirme qué hacer!

—Pero no dijimos ni una palabra—dijo Jennie, agitando un dedo.

—Sí, lo sé. Gracias por mantenerte a un lado. Creo que necesité este tiempo para pensar y resolver algunas cosas por mí misma.

—Pero ahora...

—Ahora creo estar lista para escuchar. O, a lo mejor, necesito escuchar. Pero para serte sincera, no sé cómo crees que me puedas ayudar con Nathan. Después de todo, te casaste con "el marido perfecto". Tu matrimonio parece celestial.

— ¡Sí, luego de dieciocho años de dura labor!

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Quiere decir que más de una vez pensé en tirar a Charles, su bola de boliche, su computadora y todas sus medias sucias por la ventana.

Edith quedó boquiabierta.

— ¡No! ¿De veras? ¿Hablar del mismo Charles Stennet que yo conozco?

—Sí, efectivamente. Ese hombre alto, delgado. El mismo con quien desayunamos esta mañana.

— ¿Cuál es tu problema? ¡El hombre es perfecto!

—Discúlpame—dijo Jennie con tono de burla, de estar ofendida—. Soy yo quien es perfecta en este matrimonio.

—Sí, claro. Crecí junto a ti, ¿recuerdas? —Edith reflexionó sobre las muchas ocasiones en que las tendencias exigentes de Jennie la habían sacado de quicio. Pero esas mismas tendencias la habían convertido en una dinámica maestra.

Jennie se rió.

—Sé que lo encuentras difícil de creer, pero hace cinco años Charles me dijo que estaba convencido de que yo no moriría de muerte natural.

— ¿Por qué?

—Él dijo que algún día irritaría tanto a alguien que simplemente me matarían.

— ¿Tú? —Edith simuló quedar sin aliento—. ¿La señora perfección?

—Sí, sí, lo sé, lo sé. Es difícil de creer, pero Charles me dijo esas palabras.

Un afable silencio se apoderó de ambas.

— ¿Qué estás diciendo entonces? —preguntó Edith, segura de la intención de Jennie.

—Digo que el matrimonio requiere arduo trabajo. El desafío no es enamorarse y crear un romance con tu marido antes de casarte. Casi todos pueden hacer eso. El desafío es mantener el romance vivo luego de saber todo lo que hay que saber de él.

Jennie se quedó pensativa y luego se mordió la uña del dedo pulgar.

—Para serte sincera, he llegado también a otras conclusiones. Creo que toda pareja que ha estado junta cierta cantidad de tiempo, ha hecho una de dos cosas: ha ocultado muchas cosas bajo la alfombra con todo el dolor que eso lleva, o ha sido abierta y honesta entre sí y tiene un matrimonio saludable.

Miró a Edith a los ojos.

—Sabes, porque una pareja esté casada treinta o cuarenta años no significa que tengan un matrimonio saludable. Mucha gente suele confundir un matrimonio saludable. Mucha gente suele confundir un matrimonio duradero con una buena relación. Pero, Edith, he llegado a una conclusión.

Como siempre, Edith estaba sorprendida de la sabiduría de Jennie.

>>Mucha gente guarda muchas cosas bajo la alfombra y eso forma un montículo de cosas entre ambos; y luego de hacerlo por veinte años o más, me temo que el montículo se queda con uno, de alguna manera. Para entonces es tan grande que ni el marido ni la mujer quieren escarbarlo. Es como si hubiese una montaña de problemas entre los dos y, como es tan alta, no puede verse el uno al otro.

Edith, nerviosa, tomó la almohada.

—He estado casada tan solo cuatro años, pero lo he estado. Mejor dicho, lo estoy

—Bueno, ya que estamos siendo completamente sinceras, yo también he estado ahí. Un día, cuando los niños estaban en el jardín de infantes, decidí que si quería que ellos tuviesen matrimonios saludables, iba a tener que trabajar duro para vivir así frente a ellos.

— ¿Papá y mamá no tienen un verdadero matrimonio saludable, verdad? —Edith estaba anonadada al haberlo notado.

—No, no lo tienen. Tienen una montaña de cosas acumuladas entre ellos. Supongo que tú y yo—Jennie señaló a Edith, luego a sí misma—hemos seguido sus pasos. Hemos abordado el matrimonio de la misma manera que ellos: quedémonos en silencio encubando resentimiento. No discutamos nuestros problemas o nuestros verdaderos sentimientos. Solo vayamos a la iglesia aparentando que todo está bien. Para serte sincera, no recuerdo a mamá o a papá decirme estas cosas, pero las vivieron. Todavía las viven, y es mucho más fuerte que cualquier palabra.

Edith se mordió el labio inferior.

—Pero he intentado durante meses hablar con Nathan y él, simplemente, no me escuchó.

—Parece que ahora está listo para escuchar. A veces...—Jennie apoyó su mano en el hombro de Edith—, tienes que seguir intentando hasta que él esté listo. Por más que deteste admitirlo, ha habido veces en las que Charles ha tenido que seguir intentando hasta que yo estuviese lista.

—entonces, ¿ahora crees que como Nathan está listo para escuchar tengo que llamarlo, pedirle que me perdones, y volver con él?

Jennie rió.

— ¿Cuán grande es ese montículo bajo la alfombra?

—Parece ser el monte Everest.

—Se necesita mucho valor pero quizá tengas que empezar a sacar esos problemas de debajo de la alfombra de uno en uno y hablar sobre ellos—con calca—hasta sentirte en paz para charlar el siguiente. Entonces—se encogió de hombros—, llamarás a Nathan y le dirás que no puedes pasar un solo día sin él.

— ¿En verdad lo crees?

—Lo sé. He estado ahí. Solo espera. Serás felizmente sorprendida.

Luego de un largo momento de silencio, Jennie se puso de pue y se encaminó hacia la puerta.

—El pastel de chocolate que preparaste, me está llamando—dijo Jennie mirando por sobre su hombre; luego sus ojos se abrieron con algo parecido al terror—. Acabo de darme cuenta que si tú y Nathan resuelven sus problemas, em quedaré sin cocinera. ¡Me has malcriado tanto que es probable que tenga que contratar a alguien para que te suplante!

—No te apresures—dijo Edith—. Todavía estamos muy lejos de donde están tú y Charles.

Esa noche Edith comenzó a escribir su primera carta para Nathan. Él respondió. Ella escribió otra. También lo hizo él. Una y otra vez. Los dos meses siguientes, por medio de cartas y llamado telefónicos, gradualmente sacaron un tema de debajo de la alfombra, lo desmenuzaron, buscaron perdón en Dios y en ellos mismos, y siguiente al tema siguiente. Lentamente, Edith comenzó a despertar sentimientos muy dentro de ella que la asombraron encontrarlos.

Ella necesitaba a Nathan.

Su tiempo de oración diaria, el cual comenzócomo un desesperado intento de comprender la voluntad de Dios para con suproblemático matrimonio, se tornó en un tiempo de alabanza y adoración. Muypronto, Edith comenzó a interceder por su marido de manera renovada y poderosa.En ese momento, sus sentimientos para con Nathan sufrieron una transformaciónradical.    

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