Tema: Decidiste dejarme/ by Camila.
Cuando le pedí a Camilo que me acompañara a leer las cartas jamás creí que cambiarían mis intensiones. Hasta ayer pretendía buscar a mi padre para reclamarle que poco antes que mi madre muriera fue hasta casa buscando sabe Dios qué, pero ahora pretendía que me explicara todo. Quiero saber porqué me mintió, porqué desapareció, porqué no volvió. Necesito que sepa cuanto lo necesité, todo lo que lloré al esperarlo y él nunca llegaba. Tiene que ser consciente de que por más que tuve a la mejor madre del mundo muy en el fondo y aunque no quisiera admitirlo, siempre necesite un papá que me celara, que amenazara a los chicos que se me acercaban, que discutiera conmigo por no dejarme ir a bailar. Quiero reclamarle cada lágrima que derrame por su ausencia, quiero que sepa que despertó en mi sentimientos horribles, quiero gritarle en la cara que aún dudo si merece mi perdón.
Confirmé si la dirección que aparecía en sus cartas era la misma en la que vive ahora y así es. Me armé de valor y aunque demoré más de una semana en sentirme preparada para verlo me encuentro rumbo a su casa. No le avisé nada ya que pretendía ver su reacción al presentarme allí de sorpresa.
No puedo evitar sentirme muy ansiosa. Me muevo una y otra vez en mi asiento mientras Camilo acaricia mi pierna intentando calmarme. No me habla y se lo agradezco con mis sonrisas nerviosas. En este tiempo ha aprendido a conocerme y es como sin leyera mi mirada, sabe lo que pienso y lo que siento. Él ve mi alma no tengo dudas.
Llegamos a la dirección indicada. La casa era hermosa y se veía acogedora. Dos ventanales daban al frente con cortinas blancas de encaje, puerta de madera, color mostaza en sus paredes y los zócalos blancos. Un hermoso jardín repleto de coloridas flores y un gran árbol para la sombra.
De repente mi corazón se dutuvo. Allí estaba él tal como lo recordaba, solo que algunas hebras platinadas cubren su cabello y algunas arrugas adornan su rostro pero por el resto no ha cambiado en nada. Juega con una niña que no pasa de los 7 años y un chico de unos 10 años lee un libro con una mujer notablemente más joven que mi padre, sentados en un sillón de jardín.
Tengo frente a mis ojos la familia que siempre anhelé y jamás tuve. Toco la cadena de mi mamá que llevo puesta <<perdón ma por tener estos pensamientos cuando hiciste todo por mi>>, pensé.
Una lágrima rodó por mi mejilla.
—Adela, amor...
—Me siento tan mal. Primero porque esa familia él nunca me la dio y siempre la deseé. Y después por tener estos pensamientos, porque creo que al sentirme así no estoy valorando todo lo que mi mamá hizo por mi.
—No debes sentirte así amor, es normal tener esos sueños y con eso no traicionas a tu mamá. ¿Crees qué ella sería capaz de enojarse contigo?, porque yo lo dudo. Ni antes estando aquí ni ahora que ya no está. Así que para de atormentante.
—No sé como lo haces pero siempre logras calmarme y centrarme.
—Solo existo para hacerte sentir bien— besó mi frente.
—Ya es hora de ir a enfrentarlo —dije decidida.
—Yo te espero aquí por cualquier cosa, ¿de acuerdo?
Asentí y bajé del auto. Me dirigí a paso lento pero firme hacia la entrada de la casa y me paré frente al cerco de madera.
—Buenas tardes — dije lo más tranquila que pude, cosa que me costó.
La mujer y el niño me miraron con curiosidad y ella me dedicó una dulce sonrisa con un gesto interrogante. Él al oírme detuvo su juego y me observó mientras la niña aún se carcageaba a consecuencia de las cosquillas que había recibido por largo rato.
Mi padre me miraba a los ojos serio y pestañó varias veces como queriendo asegurarse de que no está soñando.
—¿Adela? — preguntó más sorprendido que emocionado.
—La misma —respondí con tono seco.
Los niños observaban si entender nada y la mujer frunció el ceño.
—Niños vayan a jugar a la sala por favor — les dijo la mujer yellos obedecieron— ¿Conoces a esta muchacha Orlando?
—Sí Vanessa. Ella...ella es...es mi hija.
—¿Perdón? ¿Cómo que tu hija? No comprendo —preguntó la mujer notoriamente sorprendida. Yo sólo observaba atónita la situación.
—Es hija de mi primer matrimonio — él parecía inmune a mi presencia.
—Genial, si me dijiste que estuviste casado pero nunca que tuvieras una hija.
—Ya luego te explico, Vanessa— le dijo de mala manera.
—Pasa cariño— me dijo ella abriendo el portón y dándome paso— ven, sientate. Y tú Orlando ven aquí también, me debes una buena explicación pero primero lo primero. Si ella está aquí es por algo importante, lo digo porque en los trece años que llevamos juntos es la primera vez que viene así que los dejo solos — me dedicó una sonrisa y se marchó.
—Eres una mujer hermosa —dijo después de varios minutos.
—Gracias —respondí seca.
—¿Cómo has estado? Cuentame de tu vida.
—¿De verdad me preguntas eso? Eres un caradura — dije furiosa y negando con la cabeza.
—No me digas así hija.
—¿Por qué te olvidaste de mi? ¿Tan poco me querías?
—Yo no te olvidé, te envié varias cartas y tú no las respondiste.
—Fuiste un cobarde, no luchaste por mí, no volviste, no insististe, no me buscaste. Te fuiste a lo sencillo, refugiándote en un par de cartas en lugar de dar la cara. Yo merecía que volvieras por mí, yo merecía que insistieras, yo merecía mucho más.
—No iba a andar de rogón, no era mi estilo. Tal vez ahora si viviera la misma situación con Gabriel o con Martina haría las cosas diferentes. Pero tú eras igual a tu madre, dramática, llorona, complicada...y veo que no has cambiado.
No quería llorar pero me estaba costando un mundo no hacerlo. Él quiere más a sus otro hijos de lo que alguna vez me quiso a mi. Esto es doloroso y humillante, así que le cambié el tema.
—¿Para qué fuiste a casa?¿Para qué volviste?
—Bien, hablemos de eso entonces. Si estás aquí es porque Perla ya se murió. La fabrica en la que trabajaba cerró, necesito dinero y como la casa era de ambos quería venderle mi parte, pero ahora es mas sencillo podemos venderla a un tercero y vamos 50-50. Me imagino que no será muy lindo para ti vivir allí igual, digo, por los recuerdos y esas cosas.
—¿Cómo te atreves? Eres un miserable —deseaba tanto darle una buena bofetada.
—No me hables así, soy tu padre
—¿Padre? No, tú no eres nada para mí y mucho menos mi padre. Me abandonaste.
—¿Otra vez con eso niña? Tú no quisiste verme ese día que fui a explicarte todo y tampoco respondiste mis cartas. No me dejaste acercarme. Así que ya termina el melodrama.
Y te confieso que las cartas eran solo un pretexto, también por la casa, pensando en que en un futuro podría necesitarla, pero no funcionaron.
—No lo puedo creer. ¿Es en serio? Me ocultarse por años que te habías vuelto a casar, no me dijiste que tendría un hermano, pasabas meses enteros sin ir a verme y cuando lo hacías debía conformarme con unas horas. Tenía once años y me sentaba cada maldito fin de semana a esperarte y lloraba porque nunca llegabas. Necesité un papá miles de veces, soñé durante años con tener una familia, veía a los otros niños con ambos padres en las fiestas del colegio y tú no estabas, cada día del padre me encerraba en mi cuarto a llorar por no tener a quien darle el regalo que hacíamos junto con las maestras...¿y tú dices que no me abandonaste? Llego aquí creyendo que tal vez podríamos intentar construir una relación, tratar de llevarnos bien, pero te encuentro feliz con tu familia, jugando con tu hija como nunca lo hiciste conmigo, riendo cómplice y como si fuera poco ellos no saben que existo. Al final mi prima Clara siempre tuvo razón, tu nunca nos quisiste. Tendré que llamarla para agradecerle que me haya abierto los ojos — me puse en pié llorando de rabia sin ser capaz de seguir conteniéndome — te diré dos cosas, primero gracias por haberte ido porque tuve a la mejor madre del mundo y a pesar de que por momentos te necesité ella fue mi mundo, y hoy se que si te hubieras quedado mi vida no hubiera sido ni la mitad de feliz de lo que fui. Y segundo ni sueñes con que voy a vender mi casa, en ese lugar fui inmensamente feliz, yo te compraré tu parte. Mandaré un abogado, no quiero volver a verte la cara en mi vida.
Iba saliendo y giré sobre mis talones para agregar algo, no deseaba quedarme con nada dentro.
—Una última cosa. De los tres el único que salió perdiendo fuiste tú porque nosotras fuimos felices aunque no estuvieras allí, en cambio tú nunca sabrás lo que te perdiste al dejarnos.
Sin esperar respuesta me marché. Subí al auto temblando de rabia.
—Mi vida, ya, tranquila — Camilo me abrazó con fuerza— vamos a casa a que te des un baño y te calmes.
Asentí débilmente y nos marchamos.
Ya en la cama, luego de un baño con sales, un té relajante y dulces masajes que mi amado me dio me sentía mucho mejor. Todo ese peso que cargaba en mi espalda se había desvanecido, fue como quitarme una gran mochila y aunque fue un momento horrible me sirvió para acabar con esta parte tan dolorosa de mi vida. Orlando Gonzales ya no existía para mi.
—Mañana hablaremos con un amigo mío que es abogado para que haga todos los trámites, le ofreceremos una alta suma de dinero así no se opondrá, yo me haré cargo de eso y por el resto no te preocupes, estuviste bien.
—Gracias mi amor. Pero no es necesario que lo hagas, yo tengo ahorros y también el dinero que me dejó mi madre.
—De ninguna manera. Ese dinero es para ti, no tienes nada de que preocuparte.
—Pero...
—Ningún pero. Tómalo como un regalo que deseo hacerte. ¿No vas a rechazar mi regalo, verdad?
—Bien... —dije poniendo mis ojos en blanco.
—Adela, ¿ya sabes que harás de ahora en adelante?
—Por lo pronto renunciar formalmente a <<Divas>> y luego no sé, retomar la facultad supongo. También aceptaré tu propuesta para trabajar contigo.
—Me agradan mucho tus planes. —sonrió ampliamente—¿Pero te gustaría hacer un viaje antes de eso? Tú y yo solos, elige el destino que quieras. Podría ser una pre-luna de miel.
—¡Me encanta la idea! —Sonreí por primera vez en el día.
—Que bien. —también sonrió.
—Pero antes tengo varias cosas que hacer aquí.
—Por el club no te preocupes, yo hablo con Benjamín.
—No, eso tengo que hacerlo yo, es lo que corresponde. Camilo, ¿de dónde conoces a Benja? O sea se que son amigos pero son de mundos tan diferentes.
Noté que se tensó ante mi pregunta y eso me alarmó.
—Cuando volvamos del viaje te lo contaré, te lo prometo.
—Bueno — dije no muy convencida— pero hablaré yo con él y eso no está en discusión— asintió. También debo hablar con Pablo y Luna.
—¿Tus amigos que estuvieron cuando pasó lo de mi tía?
—Si, verás —no me sentía cómoda, pero debía contárselo — Pablo y yo fuimos novios por mucho tiempo. Yo le terminé cuando después de un tiempo de trabajar en <<Divas>> me di cuenta de que él no merecía que siguiera engañándolo así. Luna es mi mejor amiga desde que tengo uso de razón, es mi hermana. Hace poco ella vino a casa y compartimos una merienda junto con mi mamá, hacía un par de meses que no la veía y fue genial, pero ese día me confesó que ella y Pablo comenzaron una relación amorosa. Yo reaccioné muy mal, le hable de mala manera y ya no volvimos a hablar del tema, incluso no volvimos a vernos hasta que ocurrió lo de mi mamá.
—¿Te dan celos? — noté miedo y enojo en su voz— digo, el que estén juntos.
—No, no son celos, sólo me era difícil imaginarme a mi ex y a mi mejor amiga juntos. Pero hacen una linda pareja y se nota que se quieren mucho. Merecen ser felices y por más que estén juntos sé que Luna no será completamente feliz hasta que yo les de mi visto bueno. Eso es todo.
—Me parece bien — habló ya más relajado.
—Muero de sueño.
—También yo.
—Descansa mi Oasis. Te amo.
—Y yo a ti mi estrella. Dulces sueños.
Cinco días pasaron y ya sólo faltaban un par de firmas para que la casa fuera totalmente mía. Hablé con Benjamín, quien no me hizo problemas. Sé que Camilo tiene algo que ver con eso. Ya hablaré de eso con ese tramposito.
Mi dinero lo colocamos en la cuenta corriente de Camilo y cerré la mía aconsejados por el abogado, ya que según él mi padre podría reclamar parte del dinero que mamá me dejó, ya que ellos nunca terminaron de firmar el divorcio, detalle que yo desconocía. Con su nueva mujer no estaba casado, tenía firmada la unión conyugal. Es impresionante como siempre uno se entera de algo nuevo.
Camilo se encuentra ahora hablando con sus padres por insistencia de Margot y yo me encuentro viendo la tele, aunque los nervios no dejan que me concentre en porqué Rachael está enfadada con Ross.
Mi nerviosismo es por dos asuntos, el primero, mañana hablaré con Luna y Pablo.
El segundo, la caja rosa y blanca que tengo a mi lado que tiene el poder para cambiarlo todo.
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