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0·Capitulo único: [flores].

Estaba escuchando la costa del silencio al escribir esto, es un one-shot único, es decir que no hay continuación, espero les guste y les haga sentir emociones.

Juan príncipe de las margaritas.
Spreen príncipe de las rosas.

Ambos príncipes estaban en guerra.

Una batalla por el jardín.
Una batalla por el aquel trozo de tierra que separa a ambos reinos.
Una batalla por algo que no querían, pero los ancianos de sus reinos codician.

Ninguno de los dos deseaba aquel poco espacio que les separaba, más su poca experiencia en batalla a logrado la muerte de inocentes.

El derrame de sangre fue inminente, el conflicto entre ambos reinos, hizo que aquel hermoso valle, se sumiera en el caos.

La hierba manchada de sangre, y el cielo teñido de rojo.

El príncipe Juan, cansado de ver cómo su gente moría, decidió por primera vez el mismo, en enviar una delegación al reino de las rosas.

El enviado sería, el mismo, arreglaría las cosas de frente y no temeria a los colores brillantes de las rosas. El, es una margarita y aún que le pisoteen se vera igual de hermosa.

Fue un viaje corto, no más de 3 días, pero la bruma era palpable en el transcurso del viaje. Las pocas flores sobrevivientes de su última batalla ya han dejado de luchar por mantener sus pétalos y sus raíces se han secado, no queda nada de ellas. El aspecto de las flores le da una sensación de melancolía al camino y la tierra ya hace dura bajo la sangre de los combatientes de hace unos días, tal vista sólo le permite pasar saliva a su ya seca garganta.

Al llegar al reino de las rosas, las cosas no se vieron como el imaginaba, Juan penso de manera errónea, por que a pesar de que se pueden ver a simple vista las calles repletas de rosas de colores vibrantes adornando cada esquina, como si quisieran esconder eso que se huele en el aire. La melancolía, su reino se veía de cierta manera igual, sólo que sin rosas y más margaritas.

Le recibieron las miradas de desaprobación y reproche de los ciudadanos, pues así como no lo parece, fue el reino de las margaritas quien inició la batalla que se cobró la vida de miles, inesperado si se les permitiera opinar que; el chico de mirada calma y de pequeña estatura fue el que inició la desgracia no parecia ser capas ni de tocar a una mosca, pero que pueden hacer, si sólo pueden ondear la capa de su Rey y pensar en que harían si fueran el.

El odio era lo mucho y poco que se podía rescatar de las miradas sombrías del pueblo de las rosas y todas eran dirigidas al pequeño Rey Juan. Que podía hacer el, Si todo lo que han hecho es manipularle y empujarle a tirones para iniciar una guerra desde que inició su soberanía, no se le puede culpar, no del todo.

Todo fue culpa de su inutilidad y su poca experiencia para gobernar, que ahora todas estas personas le miran con dolor.

Su andar es pesado, como si en sus hombros cargase todo la culpa de los últimos acontecimientos, es escoltado por un par de guardias de su reino que rechinar los dientes por tener que caminar varios metros hasta llegar al castillo principal debido a las calles angostas y abarrotadas de personas que les prohibían el paso en carruaje.

-lamento que tengan que escoltarme.-pronunció con voz firme y respeto por quienes tienen que seguirle por voluntad propia, más la pena seguía ahí.

Los guardias se estremecieron de pies a cabeza, pues era la primera vez que escuchaban la voz de su gobernante, tan llena de paz. De forma inconsistente se miraban los unos a los otros con la cuestión de no saber que hicieron mal, por que su Rey se les disculpaba.

Un valiente hablo de manera inconsciente.

-no es algo por lo que su Majestad deba lamentarse.-hablo con un inesplicable temblor en sus manos, tragó duro bajo la mirada de sus compañeros y volvio hablar.-hacemos esto por que estamos orgullosos de servir a su Majestad, muchos se negaron a partir en este viaje debido a que no se sentian suficientes para protegerle, que nosotros estemos aquí ya es un honor, tan solo seguirle el paso es suficiente.

Juan devolvió la mirada a aquel que hablo y le dedico una dulce sonrisa que les transmitió calma por un momento.

Las paredes manchadas de pintura y los niños que dibujan en ellas, todos con pequeñas coronas de flores sobre sus cabecillas les dan la bienvenida al imponente castillo frente a ellos, cada rincón y pequeño detalle fueron pensados para que irradiara felicidad, armonia y un sin fin de sensaciones alegres.

Imaginarse que en un lugar tan luminoso de alegría vive aquel apodado la espada de las rosas o el soberano de las espinas.

Uno de los guardias tocó la imponente puerta con decoraciones de oro y a los segundos el chirrido de la misma abriéndose resono en sus sistemas, tomando una formación de defensa al recordar que están en el territorio del enemigo y no pueden desproteger a su Rey, este sólo pudo observar su devoción y sostuvo una sonrisa.

Los pasos de varias personas les sorprendieron, tanto sirvientes como guardias formaban dos filas al rededor del ancho camino que lleva a la entrada principal, lo más sorprendente era verles usar adornos en forma de rosas como bordados sobre sus vestimentas o pequeños broches.

Todo estaba en silencio, como si estuvieran en un tipo de pausa, no movían ni un cabello, hasta que la puerta del castillo abrió. Una cabellera azabache y unas pequeñas orejas que se mecian sobre el viento, su rostro perfilado y candente al visto, sus ropajes informales remarcan sus músculos, tal vestimenta sólo sebería como una obra de arte en alguien con ese cuerpo y rostro, la corona hecha de oro blanco decorada con rosas recién cortadas es fascinante y los pequeños de ropas blancas pulcras que le acompañan son muy tiernos.

Juan intento disimular a su manera lo intimidado que se sentía frente a su contrincante.

El joven Rey Spreen analizó cada centímetro del chico frente a el, noto su nerviosismo y se mofo de burla en su interior, cambiando su rostro a uno más alegre soltando una sonrisa de lado a lado mostrando sus colmillos por un instante, los sirvientes inclinaron sus cabezas y no las levantaron desde que el paso el umbral de la puerta.

-Bienvenido al Reino de las rosas.-mencionó con calma y se separó un poco del camino principal invitandole a pasar.-adelante.

-es un gusto igualmente.- forzó una sonrisa que nadie noto pues su aura sólo irradiaba felicidad.

Los guardias intentaron seguirles más los sirvientes se los impidieron, los primeros exclamaban permiso para pasar y proteger a su Rey más los segundos se les adelantaron negándoles cualquier paso.

-por que no les dejan pasar?.-hablo Juan en un murmullo con el ceño levemente fruncido y su voz lo suficientemente alta como para que el oso le escuchaste.

-perdón por eso, pero nadie que no sean estos niños y tu por el momento, puede adentrarse en mi castillo.-no había lamento en sus palabras elocuentes y los pequeños susurraba entre ellos con felicidad que eran importantes para su Rey.

Juan le miro incrédulo por sus palabras y sólo les dedico una mirada de soslayo a sus guardias, levantó la mano y les hablo.

-estaré bien, no se preocupen sólo dejen que los guien.

Uno de ellos estaba por protestar cuando Juan hablo nuevamente.

-es una orden.

Entonces ninguno pudo hablar y sólo les quedo acatar órdenes.

Spreen sonrío y le dio el pase a Juan, este último solo puede quedarse embobado con la belleza de tal construcción, si por fuera era semejante a un cuento de hadas por dentro era el espacio infinito.

Cuadros de las anteriores generaciones adornan los primeros pasillos, cada cuadro de los miembros de la realeza como familia e individuales, la belleza del hombre que camina a un lado suyo viene de las antiguas generaciones. Las paredes, techos y ventanales le dan la bienvenida a la vía Láctea y aún sin fin de constelaciones. Los niños corren por un camino diferente perdiéndose de la vista de los mayores soltado risillas por lo bajo.

El oso al notar el rostro lleno de incognitas del más bajo decide hablarle.

-adelante, pregunte lo que quiera.-alentó el azabache al castaño dedicándole una sonrisa.

-perdon, no quería verme como un entrometido.-susurro el de lentes.

-sha, no pasa naa', pero enserio podes preguntar lo que se le apetezca, intentaré responderle si no es muy difícil.

-ya que insiste, por que no hay sirvientes ni guardias aquí adentro?.-pregunto girando su cabeza al azabache.

-porque me incomoda y no me siento listo como para compartir este espacio, siguiente pregunta.-respondió entre cerrando el ceño.

-por que me trata con tanta amabilidad? Se supone que estamos en guerra y debemos odiarnos a muerte y... Ni siquiera debería dejarme pasar.

-me odia hasta la muerte?

-N-no claro que no.

-y si quien desidia iniciar una delegación hubiese sido yo, no me dejaría pasar a su reino?.

-Ah? No, lo traria como si fueses un importante visitante, por que..?.

-porque pregunto eso? Pues si eso es lo que supone me hace creer que lo piensa en serio y definitivamente le sacaría si fuese así.-sonrió al ver el leve temblor en el de lentes.

-oh, entiendo.-respondió bajando la mirada por unos segundos y luego volviendo a la altura de un inicio, intento no tartamudear, pero teniendo tal presencia frente suyo no ayuda mucho.-no pienso de tal manera tan errónea, le pido me disculpe si eso es lo que pareció.

Spreen no pudo evitar dejar escapar una leve risa que le hizo achicar los ojos entre cerrandolos, Juan sintió una leve corriendo en sus palmas, guardandolas por reflejo detrás suyo apoyándolas en su espalda.

-no hay de que preocuparse, estoy seguro de que dice la verdad, no deberíamos quedarnos hablando en este lugar, ha venido por una razón y entre más rápido lo solucionemos mejor.-Juan se dedica a asentir.-sigame.

Después de caminar un poco más llegan finalmente a una puerta de abeto con decoraciones de osos y una resplandeciente manilla de plata, que al ser abierta da paso a un despacho bien decorado, un piso de manera refinada, muebles de alta calidad y con suficiente espacio como para hacer una fiesta con todos los nobles y ninguno se sentiria sofocado.

Spreen se acerca a la mesa y toma la silla detrás del escritorio procediendo a sentarse e invita a Juan a hacer lo mismo en la silla frente a el, cosa que acepta casi de inmediato.

-que es lo que tiene en mente su Majestad Juan para detener esta guerra?.-inquiere de manera directa Spreen, el nombrado no puede evitar temblar ante la pronunciación de su nombre.

-no tengo un plan en si, sólo necesito, necesitamos acabar con esta guerra. Tengo en mente cambiar a los sabios que impulsan el caos, pero necesito de su ayuda.

-eso está más que claro y intentaré ayudarle si es que firma un tratado de paz con el Reino de Las Rosas y dejeme decirle que tengo igual un plan, no está muy detallado pero es suficiente por el momento creo yo.

-estoy dispuesto a firmar y escuchar lo que tiene que decir.

-me parece correcto, el Reino de Las Rosas celebrará una pequeña cena pasado mañana debido al Festival de las Rosas que es el día continuó a la cena, no habrá muchas personas sólo Reyes que disfrutan sus vacaciones y de turistear por The Rouss en esta época y alguno que otro líder importante, durante esa cena podríamos tomarnos unos minutos y hacerles ver que tenemos una buena relación y que en realidad no estamos más en un conflicto.

-no está mal, pero como demostrariamos eso?

-vamo', su Majestad Juan no creo que no sepa a que me refiero.-inquiere con una sonrisa Spreen mientras se levanta de su silla y se acerca a Juan.-fácilmente podríamos tener una agradable conversación y tal vez nos ocupemo' preparando una boda, no le parece?.- termina de hablar soltando sus últimas palabras cerca del oído del castaño sacándole un suspiro.

Las caricias cesaron y vestirse era lo más importante en aquella oficina. Todo lo que resta del día hasta el amanecer se fundieron el uno en el otro, en aquel espacio. Sus gemidos y suspiros de placer con una pizca de algo más desaparecieron en las paredes que impedían el paso de estos al otro lado, después de vestirse, se tomaron unos segundos para apreciar al otro y con una mirada cargada del disfrute, dándole entender al otro de que a disfrutado lo sucedido, decidieron salir juntos tomando el camino al jardín.

El jardín como todo el Reino estaba repleto de rosas de colores inimaginables. Uno junto al otro se paseaban y hablaban de banalidades. Sus ropas eran bastantes parecidas a las de ayer, sólo el día de hoy Juan no llevaba su corona y se sentía un poco desprotegido de que su rango como parte de la realeza no se pudiese ver a simple vista con un objeto, mientras el contrario le observaba como llevaba haciendo desde esa mañana intentado capturar para si mismo cada pequeño detalle del más bajo.

-Queres que le haga una corona de rosas?.-pregunto con calma Spreen

-eh?.

-que si quieré una corona de rosas, no son muy difíciles.

-oh, esta bien mientras no sea una molestia.

-no lo es, venga conmigo.-dijo Spreen tomando de la muñeca a Juan con muy poca fuerza, el agarre era tan leve que si el castaño no hacia el amago de querer seguir con el contacto entre manos estas se hubieran soltado, el de lentes tomó con fuerza dos dedos del mayor y el contrario con un poco de sorpresa le sujeto con un poco mas de firmeza.

Le llevo a un campo abierto, repleto de aquellas flores que caracterizan el Reino.

Le empujó con delicadeza igualmente el más bajo cayó de lleno sobre un montón de flores despeinando en el proceso sus mechones, soltando pequeñas risas. Spreen ayudaba a que Juan de incorporarse de nuevo sobre la tierra, pero por un pequeño descuido resbalaron callendo uno en sima del otro.

-puedo decirle algo un poco loco, su Majestad Spreen?.-inquirió soltando una risa nasal y curvo levemente hacia arriba las comisuras de sus labios formando una pequeña pero notoria sonrisa como su sonrojo.

-Mhmm.

-me gusta, no, quiero decir si, ósea estoy enamorado de usted.-termina de contar el de lentes con el rostro ligeramente sonrojado y el oso solo se dedicaba a sonreirle.

-ya lo sabía y le digo lo mismo, Yo también le amo con todo mi corazón.-termino de decir con la sonrisa más brillante que Juan alla visto, puso la corona de flores que unos minutos atrás le estaba haciendo, sobre su cabello.-se que es demasiado apresurado, pero le gustaría unificar reinos? Quiero decir se convertiría en mi Rey de las rosas y margaritas?.

-jaja, por su puesto.

En aquel basto jardin, las rosas y margaritas conviven juntas después de decidir plantar sus semillas y hechar raíces en donde alguna vez lucharon, después de todo; el Rey Spreen de las rosas y el Rey Juan de las margaritas no pudieron ocultar su amor y como si de una profecía se tratase los capullos de flores que cargaban juntos se convirtieron en una razón más para prevalecer unidos y unificar reinos.

Las rosas tienen miedo a lastimar con sus espinas.
Las margaritas temen ser lastimadas.
Las rosas protegeran con sus espinas.
Las margaritas destruirán el miedo a lastimar.

[=Espero se hayan divertido al leer esto.

No se esperaban este final cierto? La verdad es que me lo e pensado bastante durante todo este tiempo que no e puesto ni una pizca de empeño en escribir.

Me a gustado y a ustedes?
Admito que llore un poquito por lo mega soft que estuvo, ustedes no?

Realmente necesito sus comentarios para vivir.

Mi hermosa y preciosa gente bonita espero que todos ustedes estén bien, recuerden que desde una pequeña ciudad del Norte de México yo les quiero a todos y cada uno de ustedes, les mando un abrazo y muchos besitos a mi gente, se les quiero un monton.

2748 palabras sin contar estas.

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