
Día 2
Despertarme temprano era uno de mis peores defectos y, también estaba entre las cinco cosas más tristes de la vida para mí. Había tenido una noche terrible, por lo que me costó más trabajo de lo normal abrir los ojos. Aún sentía un frío que me calaba hasta la médula a pesar de ser pleno julio, pero en la sierra, el invierno parecía interminable.
Media hora después de que sonara la campana, nos reunimos todos en el salón, que resultaba también ser el comedor.
— ¿No dormiste bien? —Lo escuché decir.
Levanté la vista para encontrarme con ese par de ojos superazules que, bajo el sol de la mañana, parecían dos gotas de agua brillantes. Nos quedamos suspendidos en el infinito al mirarnos, llenándonos una vez más del otro.
—No, tuve frío toda la noche. Todavía estoy escarchada —dije, esbozando una sonrisa tímida.
Al parecer, "alguien" ha escuchado todas mi quejas a la anfitriona. Pensé. Nic hizo un gesto tierno, dándome la razón sobre el frío nocturno. Y con justa razón
¿Qué podía yo decirle? Él provenía de la Huasteca Potosina, específicamente de Ciudad Valles, un lugar conocido por volverse la sede del infierno. Así que, si alguien debió de sufrir los estragos del frío, ese debió ser él; la diferencia es que él dormía acompañado, mientras que yo había fallado en llevar otro kilo extra de abrigos.
—Podrías intentar ponerte calcetines —dijo con naturalidad, aunque por dentro yo me quería morir.
A mis 26 años, nunca había tenido novio, ni experimentado algún tipo de acercamiento romántico con un chico. Por lo tanto, el asunto de los calcetines me pareció la cosa más adorable y romántica del mundo.
Podrías dormir conmigo, sería más fácil. Deseé poder decirle. Sin embargo, la tensión repentina y genuina que surgió entre nosotros fue suficiente para que él entendiera lo que nuestros ojos expresaban. Mi creativa imaginación me transportó a una escena apasionante de nosotros, encerrados en mi habitación, arrancándonos la ropa con urgencia y besándonos increíblemente. Me detuve en cada detalle hasta que comencé a sentir un calor abrumador.
Con el temor de que se notara en mi rostro, alejé las últimas fantasías. Nos sonreímos ampliamente, y una vez que su novia apareció en el cuadro, nos pusimos en marcha, ya que teníamos que caminar un poco hasta llegar al lugar donde construiríamos un baño seco, para poner en práctica lo aprendido.
Durante el trayecto, estuve acompañada por un chico proveniente de Ecuador. Era bastante atractivo y un tanto más joven que yo. Aunque Nic no lo sabía, me encantó darme cuenta de como le afectaba mi cercanía con el chico
Nic interrumpió las conversaciones, con el pretexto de presentarnos el bambú con el que íbamos a trabajar. Nos dividió por equipos y explicó las tareas a realizar. Hizo un par de demostraciones y al terminar fue bastante curioso que se apresurara en separar los equipos y terminara yo en el suyo. Sonreí internamente.
Mientras mi compañera y yo trabajábamos en cortar los culmos, Nic me observó de cerca. Lamentablemente, él tenía que estar presente en cada equipo para supervisar y no podía estar conmigo todo el tiempo. Además, se esforzaba por moverse con discreción no levantar sospechas con su novia.
Minutos más tarde, se acercó cuando notó que mis dedos estaban en peligro debido a que no estaba utilizando correctamente las herramientas para cortar el bambú. Me explicó de nuevo. tocando mis manos y mis dedos con calma y ternura para ayudarme. Fui consciente de su contacto sutil pero poderoso. No hubo electricidad, solo una conexión natural, como un cielo lleno estrellas y nebulosas que me hizo desear aferrarme a sus manos, a él. Para siempre. También quise reírme de lo ridícula que era la situación, ya que nunca había creído que estas tonterías que a menudo veía en las películas ocurrieran en la vida real.
Horas después, me recosté pesadamente en el respaldo de la silla. Estaba tan rellena como un cerdo de Navidad, y me hizo gracia que la madre de la anfitriona me estuviera cerrando la boca por subestimar la comida vegana. En realidad, todo lo que habían cocinado desde mi llegada era una completa delicia que me provocaba ganas de llorar.
Me quedé flotando en una burbuja mental. Las conversaciones en la mesa iban y venían, pero estaba tan absorta por todo lo que había sucedido que no perdí de vista a Nic. Sin embargo, llegó un momento en que deseé no hacerlo. Miré disimuladamente hacia la mesa donde él charlaba con un matrimonio, ya que esa era la mesa de los mayores. Escuché con atención cuando mencionaron algo sobre las bodas espirituales. A pesar de no tener ni idea de lo que eso significaba, decidí agregar a mi lista de deseos la idea de tener una boda espiritual. Mientras imaginaba lo que estaban relatando, mi entusiasmo se desvaneció cuando escuché: «¿Cómo fue su boda?» dijo la mujer, mirando a Nic y a quien yo pensaba que era su "novia".
Nic tardó en responder. Su rostro se volvió discretamente hacia donde me encontraba, y de reojo estudió mi reacción. No pude siquiera escuchar lo que salió de su boca, ya que estaba tan acostumbrada a desilusiones amorosas que había aprendido a alimentarme de ellas como si fuera un vampiro cada vez que ocurrían. Esto hacía que la piel de mi corazón se volviera más gruesa con el tiempo. Tanto que, ya había perfeccionado mis actuaciones de desprecio e indiferencia. Así que, fingí que no me había dolido y puse mi mejor sonrisa, como si estuviera completamente absorta en la conversación de mis compañeras, y que él no existía más.
Minutos después, me retiré de la mesa y me escondí en la habitación, maldiciendo a todos los hombres que caminaban sobre la Tierra. Me pregunté una y otra vez por qué, sin comprender las razones detrás de la deslealtad de los hombres. Sabía que no tenía posibilidades con él, pero me atormentaba el por qué ese hombre sabiendo que no estaba disponible, había logrado encantarme, mirarme y hacerme sentir todo aquello que no podía explicar con palabras ni con mi propia vida.
Cerré la puerta con más fuerza de la necesaria y regresé por el pasillo hasta encontrarme con algunos chicos que estaban ayudando a colocar las sillas alrededor de la fogata. Nic permaneció en un rincón, estudiando mis movimientos y cuestionándome desde su sitio. Sabía lo que quería decir, no con palabras precisas, pero entendía y sentía como trataba de explicar algo. Sin embargo, no había nada que él tuviera que justificar. Tenía una vida ya establecida y nadie podía culparlo por ello. Yo llegué tarde y eso era lo que me enfurecía. Me enojaba sentir como si me hubiera traicionado. Me enojaba sentir dolor por algo que no existía.
El seguía de pie, dando la impresión de que esperaba el momento en que yo decidiera sentarme, para situarse a mi lado. Mientras tanto, llegaron las cervezas y comenzaron las risas y las bromas al repartirlas.
—Tu cerveza —Me dijo, ofreciéndomela. Sin embargo, me pareció que más bien buscaba una excusa para acercarse.
Agradecí con sencillez y di un paso atrás, fingiendo que no quería estorbar a quienes pasaban y al mismo tiempo lograba alejarme de él. Mis manos temblaban demasiado y mi corazón latía con fuerza.
—¿Vas a tomártela tú sola? —Quiso saber con una sonrisa pícara.
Se trataba de una caguama y sabía que no podría con un litro de cerveza, pero eso ya lo había acordado con alguien más. De manera puntual, el chico de Ecuador hizo su aparición, y en un abrir y cerrar de ojos, me volví pura dulzura.
—No. Él y yo vamos a compartirla —respondí con una encantadora sonrisa—. ¿Me ayudas? —dije, extendiendo la botella al chico de Ecuador para que, con toda su fuerza masculina y poderosa, destapara la cerveza.
Era perfectamente capaz de hacerlo yo misma. pero, aunque no era especialmente hábil en coquetear, sabía algunos trucos que hacían que los hombres se sintieran como superhéroes. Y eso quería restregárselo en la cara a Nic. Quería hacerle daño y me alegró darme cuenta de que lo había logrado. Sin embargo, seguía sintiendo su mirada fija en mí, como si me ordenara que escogiera un lugar de una puta vez y me sentara, para que él pudiera sentarse a mi lado.
Pero, muy a su pesar, permanecí de pie, desafiándolo. Finalmente, su esposa reapareció y se sentó, así que no le quedó más remedio que ocupar el asiento junto a ella. Me miró una última vez, suplicándome con sus ojos que me sentara a su lado. Esperé unos segundos, dejando los dos lugares junto a él, y luego me senté. Escuché un fuerte suspiro y vi como daba un largo trago a su cerveza.
Una mujer comenzó a cantar acompañada de su esposo, quien tocaba la guitarra. Cantaba de manera preciosa. Aunque no conocía la canción, cada palabra conmovió mi alma. Deseé poder grabarla para que su voz me acompañara siempre. Luego, un porro llegó hasta mis manos, ya que de pronto decidieron compartir marihuana y yo nunca la había probado. Por unos instantes, sentí la tentación de probarla, pero dudaba si ese era el lugar adecuado. Estaba lejos de casa y no conocía a nadie de allí. Además, no sabía cómo reaccionaría a las drogas, y si me volvía muy valiente, temía hacer alguna locura con ese pedazo de hombre que no dejaba de mirarme. Opté por ser aburridamente sensata y entregué el porro al chico de Ecuador. Él también lo rechazó y pasó al siguiente, hasta que llegó a Nic, quien le dio una calada y me miró a los ojos como si dijera: "Es una lástima que no quieras probarlo, podríamos habernos divertido juntos."
La siguiente hora la pasamos riéndonos. Había un chico con un sentido del humor extraordinario, capaz de hacernos retorcer de la risa incluso en medio de conversaciones interesantes. Luego de unos minutos, la anfitriona y su pareja marroquí se despidieron para ir a dormir, seguidos por un par de personas más que se retiraron, haciendo que agrupáramos las sillas y el círculo se redujera alrededor de la fogata.
Cada vez que alguien se íba, me di cuenta de que Nic me miraba, sus ojos parecían decir: "Quédate". Y, como una demente, permanecí hasta que solo quedamos cuatro personas.
Las conversaciones se volvían cada vez más interesantes. Mi cabeza estaba a punto de estallar solo de escucharlo. Sabía que no solo estaba aprendiendo mucho, sino que algo en mi interior se estaba abriendo como un capullo, y no entendía lo que estaba sucediendo. Miré las estrellas detrás de la cabeza de Nic y brillaban con una intensidad que nunca había visto. Me pareció que estaban contentas por alguna razón.
Mientras tanto, las llamas de la fogata comenzaron a crecer. Dos chicos se levantaron con la idea de caminar hacia la colina y ver las estrellas. Un sentimiento incómodo revoloteó en mi estómago, y supe que las llamas en realidad trataban de decirme algo. Sabía que quería quedarme hasta el final, sabía que eso era lo que él estaba esperando. Sin embargo, también sabía que estaba yendo demasiado lejos. Era consciente que quería saber si a él le estaba pasando lo mismo, y aunque temía no ser lo suficientemente fuerte para quedarme a solas con él y sin ceder a mis deseos, encontré cierta fortaleza en la idea de que no quería cometer un error tan grande. Ni él ni yo merecíamos eso, y mucho menos su esposa.
Aprovechando que Nic mencionó que necesitaba ir al baño, me puse de pie y salí corriendo hacia el pasillo. Me escondí en mi habitación con el corazón latiendo desbocado y me pregunté una y otra vez si había cometido un error al marcharme. Finalmente, me obligué a dormir, llenando mi mente con fantasías sobre lo que podría a ver sucedido si me hubiera quedado.
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