Capítulo 5: ¿Mi amor?
Marcus siempre había sido el tipo de chico que te hacía sentir especial con su sonrisa. Quizás tuviera ese gesto con todos, pero cuando le sonreía a Lena, era diferente. Parecía prometerle el mundo entero con una sola de sus palabras.
Y esos ojos grisáceos que la miraban como si todo estuviera bien... Lena había llegado a pensar que si metía la pata con él (mejor dicho, si él metía otra cosa en ella) y quedaba embarazada, no habría problema, pues el apoyo que le daba era incondicional. En aquellos días, formar una familia a su lado no le había parecido mala idea.
Algunas veces, cuando cerraban los ojos por la noche, todavía podía sentir la tupida barba del chico cosquilleándole el rostro, además de su cálida presencia. Había estado segura de que él era el indicado, quien le sanaría del todo el corazón.
Marcus sabía cuando estaba baja de ánimos, y si Lena intentaban ocultarle sus sentimientos para no preocuparlo, él terminaba averiguándolo. Era un chico tenaz con iniciativa propia.
Por esa razón supo que se plantaría en su casa a pesar haberle respondido al texto con un tajante "No"
(...)
Su mano tembló sobre la perilla vertical de la puerta. Tal vez todavía estaba a tiempo de fingir que no estaba en casa, negó con la cabeza y después de unos segundos, salió.
Marcus la miró desde el camino de entrada con una media sonrisa, llevaba un ramo de orquídeas blancas, aquellas que tanto gustaban a Lena. Entonces cientos de recuerdos se arremolinaron en su cabeza: su primer beso, el olor de la fragancia masculina, su marcada clavícula. Los moretones que le había dejado en el cuello luego de una sesión de besos... por no mencionar esa reciente estrellada de botella en su ventana.
Esta vez se obligó a desechar los pensamientos de inmediato, quizás porque no podía permitirse mostrase débil e insegura ante él.
—Hola —dijo acercándose un poco a ella.
—¿Qué quieres?
La expresión relajada del chico se tornó seria, sus cejas pobladas se fruncieron y los músculos del cuello se le tensaron. Era mucho más alto que ella, y delgado cual palo, pero la simetría de su rostro hipnotizaba tanto a hombres como mujeres.
—Yo... quería pedirte perdón —musitó tendiéndole las flores.
Se encontraban a varios metros de distancia, de modo que el gesto era con la intención de que ella se aproximara.
Lena no se movió ni un centímetro, por lo que él bajó las flores, incómodo, y las acomodó en el césped que limitaba el camino hacia la puerta.
—Creí que tenías un poco más de dignidad. ¿No te da pena venir después de lo que me hiciste? Descarado...
Las palabras se trabaron en la boca de Marcus.
—Vete de aquí —añadió cruzándose de brazos.
—No, escucha, mi amor...
Lena abrió los ojos de par en par. ¿Había escuchado bien?
—¿Mi amor? —gruñó.
—Lena, discúlpame por favor.
—El perdón te lo di hace mucho, pero tus actos no se olvidan.
Marcus tragó saliva, después se acercó a ella hasta poder alcanzarle le mejilla con el dorso de su mano. Lena apartó el rostro con los ojos apretados al sentir el contacto, fue cuestión de segundos para que las lágrimas comenzaran formarse. Se suponía que ni siquiera iba a dejarlo entrar en su espacio personal.
—Ya es demasiado tarde.
—¿De qué hablas? —formuló él agachando la cabeza para mirarla.
Tenerlo tan cerca revivía sensaciones que creyó haber perdido. Pero no, se había prometido hacía mucho no caer en la tentación que él le inspiraba.
—Firmé con el gobierno, pronto seré mitad máquina.
Notó que Marcus pausó su respiración unos segundos.
—Es broma.
—La próxima vez que me veas seré diferente. Pero para ser sincera... espero no volver a verte.
Fue entonces que del transparente balcón encima de ellos salió Elijah. Tan quitado de la pena que iba en pijama, pero no llevaba... calzones. Sus holgadas bermudas dejaban muy poco a la imaginación.
—¡Elijah! —exclamó Lena mirando a otro lado apenas se dio cuenta de ese detalle...
Para su sorpresa, Marcus soltó una carcajada. Su hermano se recargó en el delgado barandal mientras le dedicaba una cínica sonrisa.
Que ellos dos estuvieran cerca le traía el peor de sus recuerdos antes de la boda, aquel que la había hecho cancelarla.
—¿Acaso no te gusta lo que ves? —formuló, en parte mirando a Marcus con segundas intenciones.
—Eres asqueroso —espetó cubriéndose los ojos.
—Sólo es tu hermano —añadió Marcus alzándose de hombros.
Lena levantó la mirada con la lentitud de un robot y la posó en el rostro de él. Su mente ya había ingeniado miles de frases para matarle su tonto comentario, pero prefirió tragarse sus palabras; ya no quería más problemas. Aparentemente su furioso gesto había bastado para intimidarlo.
Después le dio la espalda a Marcus y entró a su casa.
(...)
Las pruebas dieron inicio el viernes de esa misma semana. Analizaron cada uno de sus órganos y llegaron a la conclusión de que Lena estaba en óptimas condiciones para proceder. Varias veces tuvo que saltarse clases con tal de atender a las pruebas, incluso sus notas bajaron unas cuantas décimas.
Midieron sus resistencia física y se encargaron de mejorarla al máximo. También cambiaron su régimen alimenticio y le pidieron que se abstuviera de relaciones sexuales por todo un mes.
"Si, claro, como si tuviera con quien" había pensado.
Las cosas iban de maravilla, sobre todo porque cada prueba superada la acercaba todavía más a su meta. Hasta el momento no le habían permitido conocer a las otras dos personas que también buscaban el metal en su piel.
Sus amigos la respaldaban, aunque tenían sus dudas sobre si era lo correcto. De todas formas, un mes después ya no podía retroceder. Conforme pasaba el tiempo se daba cuenta de que eso era lo que quería, la gente del gobierno se había encargo de sembrar en ella un patriotismo por la humanidad. Ahora estaba dispuesta a arriesgar su cuerpo por un civil común y corriente.
Pasadas las semanas se enteró por palabras de un científico que un participante había sido descartado debido a problemas genéticos.
—Parece que tus diecinueve años son prometedores para convertirte en el humano biónico —dijo el científico mientras preparaba la jeringa que inyectaría en Lena.
Ese hombre canoso de nombre Edmundo se había convertido para ella en una especie de protector. Encontraba en él algo que su persona había estado buscando inconscientemente por mucho años. Él era quien llevaba a cabo la mayoría de los estudios.
—Lena, apostaría mi puesto a que tú tendrás el honor de volverte biónica —musitó dando leves golpes a la jeringa.
Ella se limitó a asentir con un aire determinado, seguro que así sería. Estaba lista para eso y más.
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