Capítulo 10: Johari
Capítulo 10: Johari
Sergio se quedó atónito al ver la escena, nada más y nada menos que Lena recargada en la espalda del chico de los jitomates. Lut siempre le había parecido un chico un tanto... raro, disperso sobre todo, quizás por ese motivo había abandonado la universidad y ahora se dedicaba a la plantación.
Se aclaró la garganta buscando interrumpir. Al escucharlo, Lena se puso de pie cual resorte, Lut la imitó. El muchacho recogió sus cosas, y se marchó no sin antes despedirse con una sonrisa para todos. No habían pasado ni diez segundos cuando Lut volvió corriendo por los jitomates y se marchó con la cara de un color similar a la frutaba que cultivaba.
—¿Qué voy a hacer con él? —musitó Sergio restregándose las arrugas.
Pocos minutos después las cámaras de seguridad captaron un grupo acercándose.
—Han llegado.
Ed la guió a la parte trasera de la estancia y le pidió que esperara afuera del centro de control. Ella obedeció a regañadientes, ¿por qué la había llevado si no estaría presente?
Una vez rodeó la estructura alcanzó a ver el grupo de representantes arremolinarse frente a la puerta, la información de cada uno se desplegó para Lena de inmediato. Todos iban vestidos formalmente para la ocasión, incluso su gesto serio combinaba a la perfección. Entonces Lena notó que uno de ellos le hacía señas con las cejas, como si quisiera comunicarse por de medio un lenguaje extraterrestre.
Lena miró a su alrededor y luego se señaló a sí misma. El hombre de piel oscura asintió sonriendo. Acto seguido, ella se acercó a paso inseguro, pues los demás representantes ya habían entrado en el centro de control.
—¡Hola, Lena! Soy Johari, tu representante y consejero personal —se presentó abriendo los brazos.
Era la persona más oscura que había visto en su vida, y sus ojos eran de un azul similar al mar que se extendía detrás de él. No era atractivo, pero había algo en su hablar que hipnotizaba, quizás era esa energía que transmitía al moverse...
—Un gusto —dijo al tiempo que estrechaba su mano.
—Luego de que termine esta reunión podemos ir a tomarnos unos tragos, ¿qué te parece? Ya sabes, para conocernos mejor.
La gran sonrisa de Johari se contagió en Lena. ¿Acaso así de geniales eran todos los representantes? Supuso que no.
—Suena perfecto.
Él se despidió con un último guiño antes de entrar en el centro. Segundos después ella seguía sonriendo, aunque su gesto se disipó paulatinamente conforme se giró hacia el mar. Agradeció que los destellos de luz ya no la obligaran a entrecerrar los ojos, porque de esa forma podía contemplar el movimiento de las olas cuando lamían la arena, se acercó a orilla y retiró sus zapatos. El agua jugó entre sus pies antes retroceder nuevamente, causando que se hundiera unos centímetros en la granulada blancura. La espuma que surgía del choque conseguía relajarla luego de un largo día... después de haber roto varias costillas.
El ambiente salado era algo que los extranjeros mencionaban al visitar Zanzibar, pero ella no lo distinguía de otros olores; sin embargo, desde su cirugía, el aroma era más claro que nunca. El mismo viento transportaba esa esencia.
A lo lejos alcanzó a ver una silueta marcada por la luz detrás de ella, ésta se remontaba en olas sobre una tabla. Al acercar la mirada reparó en que era el chico silla... ¿cómo había dicho que se llamaba? Algo así como Lucrecio.
El muchacho de los tomates se agachó sobre su larga plataforma al surcar una pequeña ola. Lena definió un poco más la mirada, tenía un torso corto y larguiruchas piernas. Notó que no era musculoso como había imaginado, y su alborotado cabello largo se le pagaba al cuello.
Se reprimió a sí misma cuando notó lo que estaba haciendo. No debía fijarse en hombres, ni siquiera para hacerse una idea de cómo eran.
Recuerda por qué estás aquí, se repitió una y otra vez. Entonces la imagen de Marcus entró a su mente de lleno. Sacudió su cabeza para despegar sus pensamientos, por lo menos pensar en él ya no le provocaba escalofríos de cuerpo entero.
Media hora después los representantes, además de Sergio y Ed salieron a la playa a paso calmado. El grupo estaba conformado por una mujer pelirroja y alta; un hombre de aspecto musculoso y competitivo, por no mencionar a una mujer asiática y la caderona representante de Latinoamérica. Al final venía Johari acompañado de un señor de gesto tímido.
Seis continentes, seis representantes.
—Dentro de un mes viajarás a París para reunirte con los otros humanos biónicos —dijo Johari apenas llegó —. Tendrás la oportunidad de conocerlos y compartir conocimientos.
El resto se quedó platicando alejados de ellos. Sólo Ed dirigía ocasionales miradas a Lena.
—Parece importante.
—Es importante, pero no te preocupes; me tienes aquí para resolver cualquier cosa que pueda surgir —musitó con las manos en sus bolsillos —. Por ahora tenemos que renovar tu vestimenta... sí, ya sé a dónde recurrir —mencionó mirándola de arriba abajo —. ¿Quién te dio ese saco?
—Ed.
Johari hizo una expresión asqueada y la guió a la salida de la playa. No se opuso en lo absoluto, él parecía digno de su confianza... pero antes de que pudieran abordar a un choche, la voz del científico los detuvo. Su tono teñido de preocupación los hizo voltear.
—Por favor, Jo... sé cuidadoso.
Su representante trató de infundir ánimos con una sonrisa ladeada. Posteriormente abrió la puerta para que Lena entrara y se dirigió a su asiento. Una vez dentro, ella se despidió de Ed agitando la mano. Tenía el aspecto angustiado de un padre que ve marcharse a su pequeña junto a un mal partido.
(...)
—Imagínate en ese conjunto —dijo Johari sosteniéndola por los hombros frente al aparador de una tienda.
Lena torció la boca estudiando la ropa. Se suponía que tenía que lucir bien para la junta, pero... ¿de verdad era tan necesario comprar ropa? Lo que ya tenía en su armario podría funcionar.
Estaban en una plaza comercial al aire libre, los locales eran en su mayoría circulares. En forma de huevo según su madre; de ellos salía y entraban plantas trepadoras que daban un aire más fresco a todo. El lugar era alumbrado por sencillas lámparas colgantes de luz cálida. Justo en medio de la plaza estaban mesas y sillones donde algunas personas se sentaban a contemplar la noche, de modo que las cosas estaban sumidas en un tranquilo silencio, a excepción del interior de las tiendas. Uno que otro transeúnte se limitaba a mirarla de reojo, pues desde hacía varios años las leyes que protegían a figuras públicas se habían vuelto muy duras. Su madre de vez en cuando comentaba la poca privacidad que habían tenido de los famosos de su época...
—Ven, entremos a probártelo.
Por dentro el local era de madera reciclada, una especie de corcho quizás, en general el diseño era sencillo y limpio. La música de fondo amenizaba la estancia, por no mencionar ese olor a nuevo que se respiraba. Johari no perdió tiempo y le tendió el conjunto; éste era un pantalón de cuero sintético y una blusa de botones azul grisácea, además de una chaqueta oscura.
—Es el típico estilo de chica mala...
—Vele el lado positivo, así nadie se meterá contigo a simple vista.
La mala noticia era que la tienda estaba a explotar de gente, y no quería sacar a un cliente de los probadores con tal de poder probarse la ropa. Así que se retiró el saco, Jo lo tomó, extrañado. Luego se quitó la camisa sin dudarlo siquiera, quedando en sostén. Lena resopló y se echó los mechones de oscuro cabello hacia atrás. Procedió a bajarse el pantalón.
Para ese entonces las personas ya miraban en su dirección
Cuando se hubo puesto todo el conjunto, una empleada se acercó a ella.
—Disculpe... ¿puedo ayudarle en algo? —inquirió evitando mirarla.
Detrás de Lena, Johari aguantaba la risa.
—Sí, ¿tendrá una camisa similar a ésta pero en blanco?
—Eh... —musitó la chica cuando Lena volvió a quedar en brasier.
Johari le tendió otra blusa, la cual se probó ahí mismo. Como su representante podía aconsejarle algo más de pudor, pero... le resultaba divertido ver la expresión alarmada de la gente cuando veían pasar por ahí al humano biónico en ropa interior. Lo que más impresionaba eran las aleaciones de metal que salían de su columna, básicamente eran pequeños recubrimientos expuestos sobre la piel. A través de la ropa se notaban, aunque verlos sin nada encima daba escalofríos.
—No me convence
Se dirigieron a otros maniquíes al ver que la empleada no respondía. Una vez más, Lena volvió a desvestirse casi por completo. Así tres veces más hasta que el gerente de la tienda se presentó ante ella.
—Señorita, le voy a pedir que se retire de la tienda; está incomodando a mis clientes.
Lena miró alrededor. Efectivamente la gente tenía su atención puesta en ella. En ese momento reparó en lo que acababa de hacer. La gente no solía cambiarse de ropa en público; y sin embargo, ¡le había parecido normal diez minutos atrás!
—Claro, lo siento —musitó mientras recapitulaba sus actos.
Fue ahí cuando la espléndida sonrisa de Johari se borró de su oscura cara; algo andaba mal con esa chica. Parecía como si acabara de despertar de un trance.
Debía hablar con Ed cuanto antes.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro