sesenta y cuatro
—Oh, miren, llegó la machorra.
Trató de ignorarlo.
—¡Asco!
No...
—Alejate, me pegaras alguna enfermedad.
No... No iba a llorar.
—Eres un asco.
Un nudo se formó en su garganta.
—Puuuuutaaaaaaa.
Sintió sus ojos picar.
—ME DAS ASCO, ¡ASQUEROSA!
Una lágrima cayó, pero a nadie le importó.
—Deberías de ir con un psiquiatra, estás loca.
Se sintió enferma, se odió, odió a la vida, odió a quien la hizo así, odió a su corazón, odió a su mente.
Ella simplemente odió ser lesbiana
Ya no podía más, se había sumergido en un túnel oscuro y frío, donde la tristeza y el odio a sí misma la cobijó. Pesaba, todos sus pensamientos pesaban.
Y entonces tuvo una idea.
...
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