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27

Berlín

Jungkook camina tranquilamente hacia el gimnasio, cuando está por cruzar la puerta para entrar una rubia despeinada lo detiene.

—Sube al auto —le pide la alemana.

Los ojos de Jeon se ensanchan, lo único que tiene claro de Rosalina es que está loca.

—¿Por qué eres tan mal educada? Al menos deberías saludar antes de pedirme que entre a un automóvil contigo de manera descortés —habla el pelinegro, mientras guarda sus auriculares en un bolsillo pequeño de su mochila.

—Deberías sentirte afortunado de que una chica como yo te pida que subas a su automóvil —replica con rapidez y astucia la rubia, haciéndole recordar a Jimin por unos breves segundos. —Solo acompáñame —insiste.

Jeon ve hacia todos lados, la mira y asiente para luego seguirla. Se quita la mochila, entra al auto y luego se coloca el cinturón, percatándose que la rubia lo mira indignada.

—Más vale prevenir —bromea.

—Sí, muy chistoso —masculla Rosalina mientras pone en marcha el vehículo.

Aproximadamente treinta minutos después ambos bajan del auto, Jungkook ve el edificio y gracias a las enormes ventanas de vidrio reconoce que es un gimnasio.

—¿Por qué me traes aquí? —indaga, siguiendo los pasos de la rubia.

—Este gimnasio es lo que tú necesitas. Además de una buena paliza mía —bromea.

—Ya en serio, ¿qué hacemos aquí? —pregunta de nuevo ahora con rostro serio.

—Este…

—Rosalina, tu padre está en el octágono —le informa uno de los instructores del gimnasio.

El rubio mira con brevedad a Jeon, sonríe al reconocerlo, pero se aleja al ver la mirada molesta de la chica.

—¿Tu padre? ¿Octágono? 

—Solo sígueme, mira y luego pregunta todo lo que quieras —objeta Rosalina.

Jungkook se queda en silencio, tiene la opción de salir del lugar, pero no conoce este lado de la ciudad así que, opta por continuar siguiendo a la chica. Cruzan una doble puerta, recorren un pasillo y ven mucho espacio y algunos objetos por doquier.

—Rosalina, vienes tarde —alza la voz un hombre de tez blanquecina, cabello rubio y altura prominente. 

Sale del octágono y camina hasta la chica la cual se encuentra de pie junto a Jeon.

—Entra al octágono —le ordena.

La chica se retira el pantalón deportivo holgado y la camisa quedando en lycra corta y un crop top. Se deshace de sus zapatillas y a toda prisa entra al octágono.

—Soy el padre de Rosalina. Johann Müller —se presenta el hombre cuando está al lado del pelinegro.

—Un gusto señor —es lo único que dice Jungkook.

—¿Acaso no tienes nombre? —lo interroga el alemán.

—Bueno, supongo que Rosalina ya le hablo de mí. Intuyo que sabe quién soy —responde a la defensiva.

—Te aconsejo que supongas que no tengo idea de quién eres. Si estás aquí es porque quieres empezar de cero y para eso debes suponer que nadie en Alemania te conoce por tu pasado solo por el presente.

Dicho eso Johann se acerca al octágono, su hija práctica con un chico joven un par de llaves, el señor Müller le pide a su hija que se detenga, pero ella lo ignora y continúa jugueteando con el pupilo de su padre.

—Basta, Rosalina —exhorta a su hija al verla que no se detiene.

—Pero papá —se queja con voz cansina.

—Jamal, ve a ducharte —le ordena al chico. 

Jamal sale del octágono y deja sola a la chica.

—Limpia el sudor y luego recoge las toallas sucias.

La rubia ve a su padre, suspira molesta y luego se dispone a hacer lo que le ha ordenado.

Johann regresa dónde Jeon se encuentra, se para de nuevo a su lado y se queda en absoluto silencio.

—Soy Jungkook Jeon —articula el pelinegro—. Yo solía….

—No me interesa tu pasado, Jungkook. Estoy interesado en tu presente, en lo que quieres hacer ahora —lo interrumpe el rubio. —¿Quieres entrar al octágono? —inquiere, curioso.

Jeon ve el lugar del que Rosalina sale, inhala profundo, saca el aire por la boca, hace el intento de responder, pero en su lugar niega un par de veces como respuesta.

—Está bien que no quieras hacerlo ahora, sé que lo harás pronto.

—¿Por qué está bien que no quiera hacerlo? ¿Cómo sabe que lo haré pronto? —lo interroga Jungkook.

—Que no lo hagas está bien, no puedes forzarte a hacer algo que no quieres. Lo harás cuando estés listo. Y sé que lo harás pronto porque me tendrás aquí apoyándote.

—¿Y qué si no vuelvo a desear pelear de nuevo? —susurra el pelinegro.

—Lo harás, hijo. El simple hecho de que te preocupe no desear volver a pelear es una buena señal. Solo necesitas descansar y despejar tu mente y decidir volver a empezar —acota con parsimonia, Johann—. ¿Te veré mañana?

El pelinegro lo ve y duda, ha pagado dinero por adelantado en el gimnasio que conoció a Rosalina.

—Ya sé que vas a otro gimnasio, pero puedes hacer lo mismo que hacías allá. No importa si solo quieres sentarte en una sudorosa banca —menciona entre risas.

La seriedad de Jeon se disipa y sonríe ante el comentario del alemán.

—Johann, tienes una llamada —le hace saber alguien.

—Hasta mañana, hijo —se despide el rubio.

—Hasta mañana, señor Müller —masculla Jungkook.

Jeon se queda pensativo, lleva su mirada al octágono y mientras lo mira fijamente su mente se queda totalmente en blanco. Pasa unos segundos en la misma posición hasta que siente un leve dolor en uno de sus brazos. Gira su rostro y nota a Rosalina a un costado sosteniendo una toalla mientras tiene una enorme sonrisa en su rostro.

—¿Por qué hiciste eso? —la cuestiona.

—Sube los brazos o soporta los golpes —parlotea de manera burlona, mientras enrolla la toalla y comienza a lanzarle golpes. 

—Para, Rosalina.

La rubia ríe de manera divertida y continúa atacando al pelinegro hasta que consigue lo que quiere. Hacer que Jeon alce sus brazos y se defienda de los golpes.

—Eso es. Cúbrete —parlotea orgullosa. —Ese es mi chico —agrega con voz cansada.

La chica se detiene y lleva con rapidez una de sus manos a su pecho.

—Mierda —farfulla, dejando de atacar a Jungkook—. Necesito sentarme o…

—¿Qué ocurre? ¿Estás bien? —la interrumpe el pelinegro.

—Yo…

Jeon se acerca a ella y la ayuda a acostarse sobre una alfombra.

—Rosalina, ¿qué debo hacer? Iré por tu padre —dice preocupado.

—No, no, solo quédate a mi lado —le pide la rubia, tomando una de las manos de Jungkook con fuerza. —Pasará pronto, solo no te muevas —le pide con voz cansina.

Luego de un par de minutos la rubia esboza una sonrisa, el pelinegro la mira extraño, pero luego le sonríe.

—¿Vas a decirme qué fue eso? —indaga Jungkook, mientras se acuesta al lado de ella.

—Sufro de arritmias cardíacas, mi corazón late rápido, fuerte o de forma irregular no es algo que pueda controlar. Pero está fue inofensiva y completamente mi culpa, no he dormido bien estos días. No le digas a papá.

—Eres muy extraña, te preocupa más que le diga a tu padre que tú enfermedad —farfulla de manera sarcástica él—. No le diré, pero asegúrate de dormir bien ahora y el resto de días.

Ambos permanecen en silencio viendo el techo del gimnasio, Jeon suspira ganándose la atención y curiosidad de la chica.

—¿Quién es la dueña de ese suspiro? —curiosea la rubia.

El pelinegro sonríe ladinamente y contesta—. Es él, es un chico.

Rosalina gira su rostro hacia la izquierda y ve a Jungkook, él sigue viendo el tejado de manera fija.

—¿Qué pasó con él? Con ustedes.

Jungkook carraspea su garganta y con mucho pesar decide comentar su situación amorosa con alguien.

—Llegué a Los Ángeles y un multimillonario me apadrinó, tiene un hijo, nos conocimos y empezamos a salir. Tenía una regla principal y esa era no tener una relación con su hijo y…

—La rompiste —interviene emocionada, Rosalina—. Disculpa, disculpa, continúa.

—Sí. Su padre, mi padrino lo descubrió.

—¿Y terminaron por qué él se los ordenó? —cuestiona con intriga.

—No, terminé con él porque fue el responsable de drogarme antes de la pelea, hizo lo que su padre le ordenó y me hizo quedar como un imbécil al depositar mi absoluta confianza en él. Debí…

—Espera, ¿crees que él lo hizo en serio? ¿Por qué creerías eso?

—Es su padre, Rosalina. Y es un chico mimado y consentido que siempre lo ha tenido todo. Es caprichoso y siempre supone cosas cuando no es así, es difícil de creer, pero es lo que es.

—Ok, lo tengo claro. Así mismo como tengo claro lo mucho que te gusta y quieres.

—No, ahora está en el pasado.

—No, no lo está, Jungkook —objeta la rubia. —El horrible suceso está en el pasado, pero el chico está en tu mente y corazón. Es normal, porque te enamoraste de él, pero una parte de ti no puede perdonarlo por haberte jodido la carrera y la vida junto a su padre, pero lo que sientes por él sigue ahí y lo sabes —expresa con mesura.

Jeon se queda en silencio reconsiderando cada una de las palabras dichas por Rosalina. Inhala profundo y luego susurra—. No creo poder perdonarlo.

—Tampoco creas poder olvidarlo y dejarlo de querer, Jungkook.

—No lo creo —replica el pelinegro, ganándose una mirada curiosa de la chica. —No creo ser capaz de sacarlo de mi mente y corazón. Está ahí, está justo donde tiene que estar y no está, y no creo ser capaz de fijar mis ojos en alguien más porque mi corazón lo eligió a él —se sincera Jeon.

—¿Crees que él esté… con alguien más? —duda la rubia.

—No lo sé, Rosalina —acota Jeon. —Lo único que deseo es que no se enamoré de alguien más —agrega en un murmullo mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

La chica toma asiento, se pone de pie y luego golpea una de las piernas del pelinegro.

—Arriba, de prisa —se dirige a él, mientras le extiende sus manos. —Iremos al restaurante de la abuela y luego pasearemos en su barco —le propone.

—¡¿Tu abuela tiene un barco?! —inquiere, impresionado Jungkook.

—Sí, y una moto acuática —responde Rosalina.

Cuando está de pie ve a la chica y se da cuenta que en un par de segundos, con un par de palabras le ha hecho olvidar lo que lo agobia. Sonríe y la sigue sin indagar más nada.

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