
IV
—Imagino que muchos de los que están aquí saben lo mínimo o quizás nada de nuestra historia, pero no los culpo, ser parte de nuestro pacífico pueblo no es lo que se les asignó al nacer —explica el rey de Atlantis—. Así que aquí les va una pequeña clase de historia. Hace muchos años, exactamente en el gobierno del quinto rey de Atlantis, una fuerza muy poderosa atacó la pequeña Atlantis de ese entonces y casi la destruye si no fuera porque el rey pudo matarlo a tiempo. Esa fuerza, era un humano, pero no uno cualquiera, era uno que obtuvo el poder de una criatura mitológica muy poco conocida por la humanidad actual, el Perro Eléctrico, esta criatura fue dotando de sus habilidades a diversos humanos a través del tiempo. Es así como cada que un ser eléctrico era elegido, el rey y su ejército correspondiente a cada época, iban en su caza y lo mataban para asegurar la supervivencia de Atlantis. Explicado esto, vamos al grano. Hoy nos toca a nosotros acabar con uno de los seres eléctricos, recién obtuvo sus poderes así que será fácil matarlo, la desventaja que tendríamos es que está en una ciudad rodeada de uno de nuestros mares secos, desiertos cómo les llaman en la superficie.
—Cómo siempre, una parte del ejército se quedará aquí —ordena la general.
—Pues claro, no podemos dejar el reino sin defensas —acepta Kranin y se dirige hacia su transporte.
En algún lugar del cielo de Chile, Jet privado de la familia Silva
—Desearía ser tan millonario como tu —dice Diego mientras toma coca~cola en una copa—. Asi podria viajar rápido a todas partes.
—Creeme que con esto hay que hacer mucho trámite —revela la cruda verdad Eduardo a Diego—. Además... Tu tienes supervelocidad y con ese pequeño convenio que tienes con el Coronel y director de la D.I.S.H, no creo que no puedas ir a donde quieras si ya se las arregló para que termines los estudios con puntaje perfecto.
—¿Tu como sabes eso? —pregunta Diego.
—Ya te dije, tengo contactos, pero tranquilo, aunque sepan tu identidad no están interesados en ti en lo más mínimo —responde Eduardo.
—bueno... —termina dudoso Diego y cambia de tema—. Cuando lleguemos tendremos que entrenar.
—Puedo entrenar solo, se lo suficiente como para dominar mis poderes en poco tiempo —se niega Eduardo.
—Eso es cierto —acepta Diego.
—Aunque pensándolo mejor, entrenaré contigo —cambia de opinión Eduardo luego de recordar algo.
—Fue un cambio de opinión bastante repentino —nota Diego—. ¿A qué se debe?.
—Solo... tú tienes poderes así que si me pasa algo podrías volver a llevarme a la clínica —se inventa Eduardo para luego cambiar de tema—. Ya estamos llegando.
—¿Que clase de motores usa esta cosa? —se pregunta Diego—. Deberíamos haber tardado 45 minutos mas o menos.
—Cosas de Ricos —responde Eduardo mientras el avión aterriza—. Pensé que ese tal Rise tenía aviones super avanzados.
—A ver, que tenga un pequeño convenio con el y su pequeña y recién fundada división no significa que conozca todo lo que hacen —aclara Diego y se para del asiento—. ¿Puedo llevarme algunas bebidas?.
—Soy un dios generoso, comparto lo que tengo —contesta Eduardo.
—Gracias —gratifica Diego suponiendo que es un si y agarra algunas bebidas para luego bajarse del avión.
—Pediré un Taxi —avisa Eduardo y junto con Diego bajan del avión.
Costa a unos kilómetros de Antofagasta
—Tenemos dos opciones —analiza la general Atlanteana viendo que ya no les queda mar para llegar cortamente a Calama—, bueno... en realidad tres.
—¿Cuáles serían? —duda Kranin.
—La primera sería buscar el río que da con la ciudad, sin embargo, deberíamos nadar y luego caminar mucho ya que ese río no es muy profundo —enumera la general—. La segunda opción sería caminar recto hasta llegar a la ciudad, lo cual tardaría aún mas que la primera opción, y la tercera...
—Inundar todo hasta llegar allá —interrumpe Kranin.
—Si, esa sería la tercera opción, y también la menos cuidadosa —dice la general.
—Sus sistemas de defensa no son nada comparados con nuestra tecnología... no tendrán posibilidad —se confía el rey y toma su tridente.
Kranin pronuncia unas palabras en Atlanteano mientras mueve lento su tridente y este mismo se rodea de una energía celeste, la cual a la vez rodea el mar y provoca que este empiece a avanzar hacia la costa y sobrepasarla.
Regimiento de Santiago, Chile
En una sala de monitoreo, unos soldados notan a través de unas computadoras que el nivel del agua en cierta parte de la costa está subiendo y al parecer se dirige a un lugar en especifico.
—Envía la alerta arriba —pide uno de los soldados a su compañero mientras intenta averiguar por qué el agua parece dirigirse a una zona en especial.
Su compañero obedece y a través de su computadora, envía la alerta, la cual es recibida por muchos oficiales de los altos mandos del ejército y entre esos, el coronel Rise, quien mira asustado el computador sin poder creer lo que le estaban informando, es así que pone una cara seria y toma un arma de su escritorio para luego salir de su oficina y dirigirse a la sala de monitoreo.
En el regimiento de Calama, los soldados recogen rápidamente sus armas y se dirigen hacia unos vehículos blindados que los llevarán a zonas estratégicas de la ciudad por las sospechas de sus superiores de que algo va junto al agua.
—Confirmado señor, hay unas especies de transportes avanzando junto al agua —avisa un soldado.
—Preparense bien —ordena un sargento.
El agua se detiene en un punto y por tanto los vehiculos blindados junto con los soldados avanzan hasta que ven a Kranin salir imponentemente del agua con su tridente en la mano.
—Bajen sus armas, guerreros, nuestra pelea no es con ustedes —pide Kranin enterrando su tridente en el piso.
—¿De verdad? —duda el sargento—, porque su armamento y la manera en la que avanzaron hacia acá indica lo contrario.
—Solo venimos por uno de los suyos, un humano que es capaz de manipular la electricidad a voluntad —explica Kranin.
—No sabemos nada de eso, aquí solo hay un humano con supervelocidad, pero jamas lo hemos visto hacer nada con electricidad —responde el sargento.
—Tiene sentido que no sepan nada de eso ya que el humano obtuvo esos poderes hace poco —comprende Kranin—. Solicito permiso para poder andar con mis tropas en esta ciudad buscando a ese ser.
—Disculpe, ¿usted quien es? —duda el sargento.
—Mi nombre es Kranin, legitimo rey de Atlantis —contesta Kranin.
—Deme un segundo, majestad —solicita el sargento y se aleja un poco a contestar su telefono.
—¿Quién es? —pregunta el coronel Rise al sargento desde el telefono en Santiago.
—Se llama Kranin, dice que es el rey de Atlantis —contesta el sargento—. Y solicita permiso para poder andar por las calles de esta ciudad junto con sus tropas sin problema.
—Comunícanos con el alcalde y presidente —solicita el coronel Rise a su secretaria.
—Enseguida —obedece la secretaria.
—No tengo todo el día —se impacienta Kranin.
—Por favor, solo unos minutos mas —pide el sargento.
—No, necesito una respuesta ahora —se enfada Kranin.
—No hay tiempo, dile que si, pero que devuelva esa agua a su lugar —responde el coronel Rise y el sargento obedece.
—La devolveré cuando haya terminado la misión, pero no se preocupen, no inundare esta pusilga seca a la que llaman ciudad, aunque tal vez debería juzgando porque antes este desierto era mar —"alivia" Kranin asustando a los soldados—, pero no lo haré ya que no quiero un conflicto con ustedes.
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