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Cuatro días después

Miércoles 6:30 AM:

Una somnolienta Kendo se despertó por el sonido de su despertador. Soltó un leve gruñido de molestia, pero sabía que era necesario; tenía que asistir a clases. Suspiró con pesadez y se levantó de su cómoda cama. Estiró su cuerpo de manera leve durante unos minutos y luego se dispuso a ordenar un poco su cuarto.

Tras terminar con esa pequeña actividad diaria, se encaminó directo al baño. Tomó una buena ducha de agua fría mientras tarareaba una melodía sin sentido. No tenía relación con ninguna canción en particular, simplemente dejó que fluyera, disfrutando de cómo el agua recorría cada parte de su cuerpo, haciéndola sentir bastante cómoda.

Tardó unos 20 minutos en total en su rutina de aseo personal. Salió rápidamente del baño y se vistió con el uniforme de la academia. Se observó durante unos minutos en el espejo de cuerpo completo de su habitación.

Se sonrió a sí misma al notar que no había ningún problema y salió tranquilamente de su habitación. Observó el pasillo algo solitario dentro del área de las chicas y soltó un suspiro de alivio; al menos por el momento, no tendría que responder preguntas. Con ese pensamiento en mente, se encaminó directo a la cocina.

Bajó las escaleras con tranquilidad y, al llegar a la planta baja, se topó con una sonriente Ibara, quien la saludó de manera animada.

Ibara: Buenos días, Kaichō. ¿Qué tal le va? —le dedicó una sonrisa tranquila, la cual Kendo correspondió con el mismo entusiasmo.

Kendo: Buenos días, Ibara. Bastante bien, es una mañana bastante tranquila. ¿Tú qué tal? —preguntó de vuelta al notar que la chica la seguía hasta la cocina.

Al llegar a su primera parada del día, Kendo tomó una manzana del frutero y le dio una ligera mordida.

Ibara: Bastante bien. El Señor nos ha permitido disfrutar de este nuevo día —respondió con calma, pero sin perder la oportunidad de lanzar una pregunta rápida—. El chico de anoche... ¿era su novio, Kaichō?

Ante aquella pregunta tan inesperada, Kendo casi se atraganta con la manzana que estaba disfrutando. En su mente, soltó una ligera carcajada momentánea; sabía que algo así sucedería tarde o temprano, pero no esperaba que viniera de alguien como Ibara. No pertenecía a su círculo cercano de amigas, pero no podía culparla. Era bastante inocente y solía ser muy directa con lo que pensaba, además de que siempre buscaba ayudar a los demás.

Kendo: Para nada, es un amigo que hice anoche.

Ibara: Entiendo. ¿También es un aspirante a héroe?

Kendo: No, no lo es. Es simplemente un civil bastante curioso.

Tras esa pequeña conversación, Kendo señaló que lo mejor era dirigirse directamente a la academia. Ibara asintió en respuesta; si seguían conversando, posiblemente se les haría tarde. Ambas se despidieron y Kendo salió de los dormitorios, encaminándose hacia la academia mientras disfrutaba del tranquilo y solitario camino, como ya era costumbre.

Kendo: Aquí vamos otra vez... —suspiró con pesadez, aceptando su destino.

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Miércoles 7:30 AM

Los pasos de Lancelot no hacían sonido alguno mientras se movía por el denso bosque. Caminaba tranquilamente, sintiendo el frío aire de la mañana acariciar su rostro. Momentos de soledad y tranquilidad como estos eran muy preciados para él, pero su paz se vio interrumpida tras caminar unos metros.

Luego de unos minutos, observó en un claro cómo un venado bebía agua de un pequeño estanque natural. Alrededor de él, algunos conejos saltaban con total libertad, ajenos a su presencia.

Lancelot: ("Tu madre ama el sabor del venado, caza uno bueno, enano") —recordó el encargo de su padre la noche anterior al llegar a casa y soltó un suspiro pesado antes de tomar su arco y tres flechas de sus muñequeras, las cuales crecieron de golpe hasta alcanzar un tamaño considerable.

Lancelot: Necesitaré más flechas...—susurró antes de impulsarse con un salto hasta una rama a diez metros del suelo. Su movimiento fue limpio y silencioso, similar al de un ninja. Desde su nueva posición, volvió a enfocar su vista en el venado, tensó el arco y, tras un instante de precisión absoluta, soltó la cuerda y disparó.

Las tres flechas surcaron el aire con una velocidad abrumadora, cerrando la distancia en un abrir y cerrar de ojos. El pobre animal ni siquiera lo vio venir. Cabeza, cuello, corazón... los proyectiles atravesaron cada punto de forma simultánea. El venado cayó sin vida en el estanque, su reflejo distorsionado por el agua teñida de rojo.

Lancelot: Tiene un tamaño bastante decente...—murmuró, observando su caza. Pesaba aproximadamente unos 185 kg bastante bien para un Ciervo rojo adulto-

Esperó unos minutos a que la sangre dejara de brotar y luego, con un solo tirón, sacó el cuerpo del agua. Lo cargó sobre sus hombros con facilidad y sacó su celular, tecleando rápidamente un mensaje.

Lancelot:
"Gawain, envíame a casa. Ya terminé el encargo de mi padre."

Dos minutos después, la respuesta llegó.

Gawain:
"Eres un zorro bastante molesto. Por cierto, saldremos este sábado, ¿te apuntas?"

Lancelot:
"Ya tengo planes para el sábado."

La respuesta tomó por sorpresa a Gawain, pero no insistió más. En su lugar, activó el hechizo.

El cuerpo de Lancelot brilló por un instante y, en un parpadeo, desapareció del bosque junto con el venado. Al siguiente segundo, ya se encontraba en la sala principal de su casa.

Lancelot: 

"Gracias."

Le agradeció por el transporte y no esperó respuesta de parte de Gawain. Directamente guardó su celular en el bolsillo de su pantalón.

???: ¡Fuaaa! No se ve nada mal, enano. Tiene un buen tamaño. Pásamelo y ve a ducharte, apestas —rodó los ojos al escuchar la voz de su padre detrás de él—.

Sin siquiera voltearse, lanzó el venado hacia atrás como si de un peluche gigante se tratase, pero no escuchó cuando cayó al suelo. Intrigado, se dio media vuelta y observó a su padre.


Tenía una sonrisa divertida adornando su rostro, y a palabras de Lancelot, debía admitir que ya sabía por qué su madre lo eligió. Medía 2.10 m de altura y pesaba 94 kg de puro músculo. Aquella cicatriz que se extendía desde su cuello hasta su rostro le daba un toque bastante inusual y atrayente. Incluso su tía Jericho solía molestarlo diciendo que su buen parecido lo había heredado directamente de su padre.

Tras unos segundos, notó que el venado literalmente había desaparecido. ¿Lo había llevado a la cocina? Probablemente. Su padre era el único que conocía con una velocidad y fuerza capaz de hacer algo similar en un intervalo de tiempo tan corto.

Lancelot: Entendido, bajaré en unos 45 minutos para el desayuno... Saldré el sábado a las 5:00 —informó rápidamente, consiguiendo que su padre alzara una ceja—.

Ban: Bien, con dar el aviso es suficiente, pero también avísale a tu madre. Sabes que suele preocuparse sin razón —dijo Ban, observando cómo su hijo asentía antes de subir las escaleras—. ¿A este qué le pasa? Por lo general, avisa justo en el momento en que va a salir...

Ban no le dio muchas vueltas al asunto y se encaminó directamente a la cocina. Su esposa bajaría igualmente en unos 45 minutos, lista para el desayuno.

Por otra parte, Lancelot llegó a su habitación y, acatando la orden de su padre, entró directamente al baño. Se duchó durante unos 20 minutos, disfrutando del agua fría recorriendo su cuerpo. Se rió un poco; era extraño cuánto le gustaba el agua fría por las mañanas. La mayoría de las personas la preferían caliente, ya que ayudaba a relajar los músculos, pero él solo sentía esa sensación con el agua fría.

Soltó un suspiro y salió de la ducha. Se cambió tras unos minutos y, al salir de su cuarto, bajó nuevamente a la planta baja, donde recibió un cálido abrazo de golpe. Lo devolvió sin dudar y, al separarse, pudo observar a su madre.

Vestía un hermoso vestido negro con detalles en rojo, el cual solo adornaba con una cálida sonrisa dirigida directamente a su querido hijo. A diferencia de su padre, su madre era una pequeña y hermosa mujer , de apenas 1.50 m de altura y 38 kg de peso. No era tan burlona como su esposo, pero sí muy alegre y lo quería con todo su corazón.

Elaine: ¡Lance! Ya estás de regreso, no te sentí en casa esta mañana. —Extrañada, observó a su hijo, y sus ojos brillaron durante un segundo—. Ya veo, fuiste por algo de venado. Gracias, Lance, es mi favorito.

Lancelot: No tienes que agradecerme, más bien agradécele al viejo. Siempre está buscando la forma de hacerte feliz.

Su madre sonrió dulcemente en su dirección, consiguiendo que se avergonzara un poco.

Elaine: (Es idéntico a ti, Ban...) —soltó una ligera risilla y negó con la cabeza—. Mejor vayamos a la cocina, tu padre ya debe tener listo el desayuno... Ah, y si vas el sábado a esa escuela de héroes, no salgas sin tu arco o flechas. La seguridad de esa academia no es de las mejores que digamos.

Lancelot se quedó parado durante unos segundos y suspiró. Al igual que él, su madre podía leer la mente, aunque ella prefería llamarlo "leer el corazón de las personas". Era una habilidad que él había heredado directamente de ella. ¿Qué tanto había descubierto? No le dio mucha importancia y se encaminó a la cocina.

Al llegar, observó a sus padres conversando felizmente y sonrió. Se sentó a la mesa y disfrutó del exquisito desayuno que su padre había preparado, comiendo en calma dentro de aquel cómodo ambiente.

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Kendo: Vamos, ni siquiera estoy usando mi don. ¿Alguien quiere intentarlo?

Eran aproximadamente las 4:30 PM, y el cuerpo magullado de Awase yacía completamente lleno de moretones en el suelo tras un sparring con Kendo. Más de uno se atrevió a decir que tal vez le había roto un hueso, pero ¿qué esperaban? Su kaichō era de las más fuertes de la Clase B, no había posibilidad de que terminara bien parado.

Setsuna: Lo mejor será que tomemos un descanso, kaichō.

Kendo asintió, algo decepcionada. Quería seguir puliendo sus técnicas, pero al parecer no podría. Le gustaría un entrenamiento conjunto con la Clase A, sería divertido pelear con el chico de la cola, según tenía entendido, también usaba artes marciales.

Kendo: Supongo que tienes razón, Set...

Ella le tomó la palabra y se encaminó a un lugar un poco apartado, donde estaban sus demás amigas. Al llegar, se dio cuenta de algo.

Kendo: Oh no...

Reiko: Oh, sí... Estuviste escapando de nosotras durante todo el día, pero ya no más. —Sonrió con suficiencia—. Tenemos unas cuantas preguntas para ti, kaichō.

Al escuchar eso, Kendo se resignó a su destino. Rodó los ojos y contestó tranquilamente cada pregunta de sus amigas sobre la noche anterior. Debía admitir que el interrogatorio no fue tan malo, ya que al final se convirtió en una ligera y divertida charla entre amigas.

Yui: No esperaba que fueras de las que aceptan citas improvisadas, kaichō. —Comentó con su habitual tono estoico—.

Kendo: Estoy segura de que no fue una cita. Él es alguien bastante curioso.

Reiko: Lo imaginamos, no siempre se te ve tan feliz por las noches. —Sonrió al notar cómo las mejillas de su amiga adoptaban un ligero tono carmín, avergonzada—.

Kendo: Jejeje, fue una noche bastante cómoda.

Setsuna: ¡Jajajaja, ya lo creemos! Además, ¿alguien más lo vio bien o fui solo yo? Estaba bastante bueno. ¡Quién te viera, kaichō! Nosotras sufriendo aquí en la academia y tú en los brazos de ese chico... —Endulzó su voz para molestar a su amiga, provocando las risas del grupo. Como respuesta, recibió un ligero golpe en el hombro de la pelinaranja—. No parece ser un mal chico.

Kendo: Aún tengo que conocerlo mejor... El tiempo me dirá si Lancelot es un buen chico, Set, solo el tiempo lo dirá.

Ella asintió, estando de acuerdo, y se levantaron para seguir entrenando. Vlad había vuelto al área de entrenamiento y no les gustaría que las viera charlando en vez de entrenar.

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Una cansada Kendo se encontraba tirada en su habitación. Eran las 10:30 PM. Luego del entrenamiento, su día había dado un giro de 180 grados. Al llegar al edificio, tuvo que lidiar con los ataques de idiotez de Monoma y los gritos de Tetsutetsu; por lo menos, esta vez no fueron cosas de una escala mayor. Suspiró derrotada y notó que tenía un mensaje sin leer, enviado hace unos 10 minutos.

Lancelot:
"¿Cómo te va, superchica?"

Ella sonrió de lado al leer el mensaje.

Kendo:
"Bastante bien, zorro. ¿Tú qué te cuentas?"

Soltó su celular durante unos minutos y, al escucharlo sonar con la notificación de un nuevo mensaje, lo revisó.

Lancelot:
"No puedo quejarme, fue un buen día. ¿Ya te interrogaron?"

Kendo sonrió divertida. Durante unos 30 minutos, ambos hablaron sobre su día. Cabe decir que Kendo se sorprendió un poco al saber que él había ido de cacería por un encargo de su padre, aunque no lo demostró directamente. Fue una charla amena que concluyó con una divertida despedida por parte de ambos. No fue un mal día para ninguno.

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El sábado había llegado. Jueves y viernes fueron días muy monótonos, a palabras de Kendo, dedicados a clases regulares y horas haciendo tareas como una esclava. Sabía que la U.A., aparte de ser una de las mejores academias de héroes, era una de las mejores instituciones educativas de Japón, lo cual era una tortura. Prefería las tardes de entrenamiento, sin dudas.

Aun así, se encontraba algo nerviosa; ya eran las 4:55 PM y ella se encontraba en la sala recreativa. No había conversado con Lancelot desde hacía dos días, y, debido a su falta de tiempo, no había podido preguntarle si había pasado algo. Suspiro con pesadez y se acomodó mejor en el sillón de la recreativa.

"Ya estoy en la entrada."

Leyó la notificación del mensaje en su celular y se encaminó a la entrada de los dormitorios bajo la atenta mirada de sus compañeros. Él se encontraba de espaldas en una llamada. ¿Tal vez tuvo algún imprevisto? Tras unos segundos, se dejó apreciar de mejor manera.

Lancelot: Bien, veamos cómo es vivir en una súper academia. —Comentó divertido, y la pelinaranja solo negó con la cabeza.—

Kendo: ¿Sabes que podemos salir a cualquier otro sitio, verdad?

Lancelot: ¿No quieres que tus compañeros te avergüencen? —No era eso. Sabía lo molestos que podían llegar a ser los chicos de su salón, pero aun así, solo se hizo a un lado y le indicó que pasara.—

El interior era más común de lo que Lancelot esperaba. Aun así, se permitió ladear la cabeza al notar que prácticamente toda la sala lo miraba de manera extraña, con interés o simplemente ignorándolo, dirigiendo sus miradas a su arco y flechas. ¿El chico de la otra vez era un aspirante a héroe?

Lancelot: No, no soy un aspirante a héroe... solo vine algo preparado. Es una súper academia, después de todo, ¿no?

Kendo mostró una leve sorpresa en su rostro. Creyó que le había mentido la noche anterior, pero nuevamente respondió una de sus dudas sin problemas. Algo extrañada, miró las caras sorprendidas de sus compañeros. Al parecer, pensaban algo similar, pero él volvió a responder sin tener información de nada al respecto.

Kendo: ¿Acaso puedes leer la mente? —le preguntó mientras ambos caminaban directamente al sillón de la sala común y tomaban asiento.—

Lancelot: Algo parecido.

Aquello la sorprendió un poco. Los dones mentales eran muy raros; para interrogatorios, sería increíble.

Kendo: ¡Eso es sorprendente! ¿Entonces puedes saber si alguien te miente cuando te habla?

Él solo asintió en respuesta, pero su cómoda charla fue interrumpida.

Monoma: Cof, cof. ¿No nos presentarás a tu amigo, Kendo?

Al escuchar su voz, Kendo no tuvo otra opción que poner los ojos en blanco.

Kendo: ¡Oigan! —Los curiosos le prestaron atención.— Él es Lancelot, un amigo.

El rubio levantó la mano en señal de saludo, y ellos asintieron antes de volver a lo suyo.

Kendo: Listo, ahora vuelve a lo tuyo, Neito.

Monoma: Vamos, me da curiosidad conocer a tu amigo.

Algunos pusieron mala cara al escuchar su tono, más aún cuando usó su don.


Lancelot: Interesante. —Sus ojos recorrieron a cada persona en la habitación en un instante— ¿Son gemelos? No lo creo... eres una copiadora. Eso es interesante.

Monoma chasqueó la lengua. ¿Tan rápido se había dado cuenta? Aunque, claro, que Shishida tuviera su don activo no ayudaba.

Kendo: Monoma... —advirtió.

Monoma: Vamos, Kendo, solo quiero saludarlo.

Extendió su mano, esperando darle un buen apretón, o eso pensó, hasta que escuchó cómo el acompañante de su presidenta soltó una ligera carcajada y se levantó de su cómodo asiento.

Lancelot: Bien, ella me presentó, pero supongo que da igual. Mi nombre es Lancelot. —Igualmente, extendió la mano, pero Monoma no se atrevió a tomarla—. ¿Pasa algo?

Monoma sudó frío, al igual que Kendo y algunos de sus compañeros. Todos pensaron lo mismo una vez el rubio estuvo frente a la copia de la bestia de la Clase B: "No le des la mano, idiota". Y no era para menos. La presión ejercida por su cuerpo era extraña, era como si debieras bajar la cabeza y no hablar, como si estuvieras ante la autoridad de un rey.

Aunque, bueno... Monoma era Monoma. Y, a pesar de la alerta instintiva que le dio su cuerpo, rápidamente le dio la mano y apretó con todas sus fuerzas.

No pasó nada.

El chico frente a él simplemente le devolvió el saludo moviendo la mano de arriba abajo de manera divertida y, de paso, le regresó un poco el apretón, consiguiendo que Monoma retirara rápidamente su mano al sentir un dolor agudo... Casi se la fracturaba.

Monoma: Neito Monoma, un placer conocerte. —Comentó entre dientes, algo molesto. No esperaba que este sujeto fuera tan fuerte—.

Lancelot: Lo mismo digo. ¿Todos ustedes tienen dones igual de interesantes?

Preguntó al aire, y los chicos se miraron entre sí antes de literalmente arrastrarlo y comenzar a hablarle sobre sus dones.

Lancelot escuchó atentamente cada detalle mientras conversaban, mientras una medio molesta Kendo observaba cómo literalmente se había medio olvidado de ella. Aunque no podía culparlo, no era difícil emocionarse la primera vez que estabas en un lugar como la U.A.

Lancelot: No está mal la idea de ver una película... —susurró en su oído, estando detrás de ella—.

¿En qué momento se había movido? Peor aún, ¿cómo supo directamente lo que estaba a punto de sugerirle así como así? Debe tener cuidado con lo que piensa si puede leer la mente.

Kendo: Vamos a mi habitación.

Él solo asintió en respuesta y subieron las escaleras directo al área de las chicas.

Al llegar a su cuarto, Lancelot lo analizó. ¿Era bastante ella, por así decirlo? Era sencillo, pero no muy detallado. Las paredes eran blancas, las cortinas azuladas y había una pequeña ventana. La cama se encontraba al fondo de la habitación, apuntando directamente a una TV sobre un pequeño mini armario.

Sin esperar permiso, caminó directamente hasta la cama y se lanzó encima de ella.

Lancelot: Veamos qué hay en la TV. —Palmeó un lugar a su lado—.

Kendo: Espero algo bueno.

A pesar de la rara situación, le siguió el juego y tomó un lugar a su lado, recostando su cabeza sobre su hombro derecho mientras buscaban qué ver en la TV.

La situación era bastante rara. No encontraron algo bueno, así que terminaron viendo una clásica parodia, Scary Movie.

Pero lo que le extrañaba a Kendo era que, a mitad de la película, se sintió un poco incómoda, y Lancelot, en respuesta, simplemente la colocó entre sus piernas y dejó que ella se recostara contra su pecho.

¿Desde cuándo dejaba que los demás tomaran tantas libertades con ella?

¿Qué diría su abuelo si la viera?

Tras ese pensamiento, soltó una ligera risilla. Posiblemente intentaría matar al chico que ahora mismo tenía su mandíbula directamente sobre su cabello y que, de vez en cuando, soltaba una ligera risa por las escenas de la peli.

Ella no le dio más vueltas al asunto y se acomodó un poco mejor. De hecho, ni siquiera tuvo que pedirle que la abrazara. Que él pueda leer mentes es de gran ayuda, no hay problemas en la comunicación.

Soltó un cálido suspiro al sentir cómo los fuertes brazos de Lancelot la apresaban.

Lancelot: ¿Cómoda? —preguntó sin quitar la vista de la TV—.

Kendo: Se podría decir... —respondió con un tono un poco divertido. Disfrutó el pasar de las horas—.

Al terminar la peli, decidieron ver la segunda entrega, totalmente ajenos al mundo.

Fue una tarde cómoda para la imperativa Kendo, que, a pesar de que disfrutaba bastante de siempre estar haciendo algo, también disfrutó la tranquilidad de estar recostada viendo una película. Era muy cómodo.

Raro, pero no se quejaba.

Una vez terminó la segunda película, se estiró un poco, cruzó ambas piernas y luego dio un giro para escapar de los brazos de su compañero.

Kendo: ¿Leer la mente es tu don?

Preguntó al recordar que, en el apretón entre él y Monoma con el don de Shishida, su compañero perdió... cosa que no tenía lógica si su don era mental.

Lancelot: Mi don funciona con energía... La fuerza que tengo es totalmente natural, la heredé de mi viejo.

¿Qué tan fuerte podía ser un chef?

Kendo: Entiendo... —La verdad, no, pero no lo forzaría a responder—. Estas flechas son un lindo souvenir.

Lancelot: Jejeje, no lo son.

Sacó tres de ellas, las cuales se agrandaron ante los ojos de una sorprendida Kendo. Luego, al colocar la punta para guardarlas, se encogieron, quedando nuevamente en su muñequera.

Lancelot: Increíble, ¿no?

Kendo: Es fascinante. ¿Pierden peso?

Él asintió, y a ella le brillaron los ojos. Podría ser de gran ayuda para algunos héroes.

Kendo: ¿Cómo? Ni siquiera en nuestros talleres pueden crear algo similar.

Lancelot: Son un regalo de una de mis tías.

Indirectamente, no estaba mintiendo... solo no le dijo cómo se creaban. El principio para encoger objetos era bastante simple con algo de magia, pero claro, ella lo vería como si le creciera una segunda cabeza si le dijera algo así.

Lancelot: Debo irme, ya es algo tarde.

Kendo: Supongo que tienes razón... —Tomó su celular y se sorprendió al ver que ya eran casi las 8:00 PM—. Te acompaño a la puerta.

Lancelot: Tranquila, no es necesario.

Antes de que ella pudiera preguntar, él se acercó y le dio un rápido beso en la mejilla, consiguiendo que ella se sonrojara un poco.

Lancelot: Fue una buena tarde.

Ella observó cómo le sonrió con los ojos cerrados y, tras unos segundos, su cuerpo brilló y desapareció sin dejar rastro.

A los pocos segundos, su celular vibró con una notificación. Lo tomó y revisó el mensaje que acababa de llegar.

Lancelot:
"Ya estoy en casa. El don de una amiga me transportó. Espero que nos volvamos a ver, Kendo."

Ella analizó bien la situación y se dio cuenta de algo. No lo consideraba curioso, lo consideraba interesante. Después de haber presenciado cosas que no eran para nada normales, entendió que quería conocerlo mejor.

Ella no era de las personas que aceptaban la duda.

Kendo:
"Entiendo. Esta vez fuiste hábil, zorro. Aunque pensé que serías más astuto... debiste intentar un robo."

Apenas unos segundos después, recibió una respuesta.

Lancelot:
"Tal vez para la próxima... aunque ya no será un robo, ¿no crees?"

Kendo negó divertida y, con una ligera sonrisa, le deseó buenas noches antes de soltar su celular.

Se estiró en su cama y dejó escapar un leve susurro al aire:

Kendo: (Espero que nos volvamos a ver, zorro astuto)

Con ese pensamiento en mente, se levantó de su cama y salió de su habitación. Sus compañeras aún estaban despiertas y la noche era joven para una buena charla entre chicas.

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Hasta aquí el capítulo de hoy. ¡Espero que les haya gustado!

¿Qué les pareció el desarrollo de la relación entre Kendo y Lancelot? 🤔💭
¡No olviden dejar su estrellita ⭐ para apoyar la historia!

Sin más que decir, me despido. ¡Espero que hayan disfrutado del capítulo y nos vemos en la próxima! ✨

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