
El Museo del Espacio.
El Museo del Espacio es el museo en el que se exponen los artefactos antiguos encontrados en la superficie lunar. Es, en este sentido, un museo sorprendente, un museo de la tecnología del pasado de la Luna. Gamboa no pudo evitar sentir una especie de escalofrío al cruzar su puerta, sorprendiéndose al descubrir que estaba nervioso. Trabajar en esta institución era el sueño de cualquier arqueólogo, por la posibilidad de acceder a piezas de un valor incalculable.
Por suerte, no tuvieron que esperar haciendo cola: la mayoría de los turistas aún estaban admirando la Avenida de Dioscórides. Al entrar, la inteligencia artificial empezó a hablarles por el intercomunicador:
Bienvenidos al Museo del Espacio.
Este museo tiene como misión conservar y exponer el conjunto de las colecciones de piezas arqueológicas descubiertas en la superficie lunar y pertenecientes a los distintos pueblos que, a lo largo de la historia, han viajado a la Luna.
Aquello era el vestíbulo. El acceso era gratuito y no dejaron nada en consigna. No había aparentemente ningún control de acceso en la entrada. No era necesario en una base tan controlada como La Ciudad de la Luna.
Desde los tiempos más remotos, la Luna ha sido objeto de fascinación. Nuestro satélite natural se mostró desafiante en el cielo de la Tierra durante miles y miles de años hasta que, hace tan solo unos siglos, pudo ser alcanzada. En este museo descubriréis las tecnologías que distintas civilizaciones han desarrollado en su esfuerzo por conquistar este astro.
Sofía estaba tensa. Algo le pasaba y Gamboa se interesó por ella:
—En el Museo Arqueológico de Arecibo todo fue fácil —dijo—. Era un museo más pequeño y un poco abandonado. Pero esto es distinto. Aunque no parece haber mucha seguridad, aquí hay demasiada gente. Cuando lleguemos al lugar donde está la placa, ¿cómo vamos a cogerla?. Es una pieza muy valiosa. Además, hay muchísimas cámaras.
La respuesta de Gamboa no fue muy tranquilizadora.
—No sé. Improvisaremos algo.
Se apresuraron a entrar en la primera sala del museo. La Sala Rusa. En ella se observaban una gran profusión de artefactos que habían sido recuperados. Sin duda eran muy antiguos, pero a Gamboa le impresionaron por lo diferentes que eran de los hallazgos que él solía estudiar. No en vano su área de trabajo solía ser México y Puerto Rico, lugares en los que había muchos restos del periodo arcaico, pero con una factura de origen americano, decididamente distinta de ésta tecnología rusa.
Edad Arcaica. El periodo arcaico se extiende durante los siglos XX y XXI, del que datan los artefactos más antiguos encontrados en la Luna. Son originarios de un antiguo país de la Tierra llamado Rusia, hoy desaparecido.
Gamboa miró a su derecha. Se exponía un artefacto desvencijado. Más que restaurado se diría que había sido reconstruido. Era obvio que no estaba entero. La inteligencia artificial se activó en el intercomunicador de Gamboa cuando detectó que miraba a la pieza arqueológica.
A la derecha de la sala pueden admirar el Luna 2. El primer objeto construido por el ser humano que alcanzó la Luna. El artefacto impactó en la superficie de forma violenta y ha sido reconstruido parcialmente. Los análisis realizados permiten datarlo del año 1959. Tiene, por tanto, una antigüedad de casi 800 años.
Fue descubierto de manera fortuita por un rover robótico de prospección geológica cuando atravesaba una zona entre el cráter Archimedes y el cráter Autolycus.
Admirando la pieza junto a él estaba Castillo. Llevaba puesta una chaqueta que abultaba en el lugar del pecho donde solía llevar el arma de energía. Normalmente el bulto que hacía el arma era discreto, pero esta vez no. Esta vez era demasiado obvio. Adivinando su sorpresa, el teniente susurró discretamente:
—Es que hoy he traído la grande, por si es útil. ¿Qué vamos a hacer cuando veamos la placa, Gamboa?
Y a Gamboa se le heló la sangre en las venas al pensar lo que Castillo podría hacer con su poderosa arma de energía en esta instalación repleta de frágiles piezas arqueológicas de valor incalculable...
La Luna era un lugar donde no había violencia y por eso la seguridad del museo parecía escasa. Los únicos delitos en la Luna eran hurtos y atracos sin uso de la fuerza perpetrados por personas enganchadas a sustancias adictivas. Para ellos era inconcebible la agresividad explícita. Era por eso por lo que el terrible y cruel asesinato de D'Arcangelo había suscitado tanto escándalo.
Al volverse a la izquierda de la sala encontraron una sonda en forma de esfera. En la parte superior se abrían lo que podrían ser como cuatro pétalos. La pequeña esfera, en la que asomaban algunas antenas primitivas, no pesaría mucho más de cien kilos terrestres.
A la izquierda de la sala pueden admirar el Luna 9. Ha sido datado de 1966, lo que lo convierte en el artefacto más antiguo del que se sabe con seguridad que aterrizó de forma suave en la superficie de nuestra Luna.
Al alunizar, el aterrizador esférico fue expulsado de la sonda lunar. Esta se destruyó violentamente, pero el aterrizador-esfera rebotó y rodó por el suelo hasta estabilizarse. Entonces se abrieron los cuatro pétalos para capturar imágenes que fueron retransmitidas a la Tierra.
El sentimiento de interés que Gamboa experimentaba por esa rara pieza arqueológica, se esfumó cuando pensó que no sabía qué iba a hacer al encontrar la placa del Apolo XI. Llevaba varios días deseando que llegase el momento y ahora se daba cuenta de que no había previsto nada. Después de todo, lo suyo era la Arqueología: estas otras cosas nunca se le habían dado bien.
El siguiente aparato parecía más sofisticado y más grande. Sus prominentes cuatro patas revelaban que obviamente era un lander, diseñado para aterrizar suavemente. Se adivinaban numerosos depósitos de combustible de metal en forma de esfera. Un largo brazo sobresalía del dispositivo, quizás para tomar muestras del suelo lunar.
A la derecha de la sala pueden admirar el Luna 16, de 1970. Los análisis muestran que la sonda robótica tomó muestras del suelo para intentar enviarlas de vuelta a la Tierra. Es posible observar que falta la parte superior de la sonda, que se supone volvió a la Tierra.
Encontrado al norte de Mare Fecunditatis por holoimágenes de un satélite, en el año 2413.
—El Apolo XI llegó en 1969, un año antes. Los rusos perdieron la carrera espacial por poner un ser humano en la Luna, y fue así cómo comprendieron que aquella remota fase de la historia requería robots. Los humanos no eran tan útiles durante este periodo de exploración —dijo Gamboa, que al lado de Sofía admiraba la pieza arqueológica.
La última sonda que contemplaron era quizá la más sorprendente. Primero, por el tamaño. Aquello superaba la tonelada de peso en la Tierra. Y segundo, porque el artefacto no tenía patas, sino ocho ruedas. Era un rover, un vehículo destinado a recorrer la superficie de un astro. El primero de la historia de la astronáutica.
A la izquierda de la sala pueden admirar el Lunokhod 1, encontrado cerca de Mare Imbrium. Disponía tanto de baterías alimentadas por un panel solar que se desplegaba durante el día, como de fuentes de energía de radioisótopos que permitían mantener la temperatura operacional durante la larga noche lunar.
Fue el primer rover enviado a la Luna del que se tenga noticia. Lanzado en 1970, recorrió más de 10 kilómetros por la superficie lunar.
—Estos dispositivos rusos —dijo Gamboa— asentaron los fundamentos de las sondas automáticas que durante siglos, incluyendo la Edad Robótica, se enviaron a los astros: artefactos que tomaban muestras y volvían a la Tierra; rovers que pululaban por la mayoría de los astros del sistema solar. Es verdad, indios y pakistaníes —después de la Edad del Ocaso, ya en la Edad Robótica— también utilizaron dirigibles y drones mucho más sofisticados para el estudio de los cuerpos con atmósfera, como Venus y Titán; y minisubmarinos para los mares internos de Europa, Ganímedes y Encélado; pero el concepto era el mismo: eran robots.
Al finalizar la Sala Rusa llegaba la Sala Americana, donde debía estar lo que buscaban. Solo entonces Gamboa empezó a pensar seriamente en el tema:
¿Cómo iban a obtener la placa del Apolo XI, una de las piezas más valoradas del museo?
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