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Capítulo 20: La decisión

¿Quieres que te cuente un secreto? Lamentarse después de tomar una decisión apresurada es igual de común que el virus de la gripe.

JTP.

☆☆☆

Aunque no lo creas los seres humanos somos personas indecisas, dudosas y algo desconfiadas, y es el ser así uno de los factores que provoca que el arrepentimiento sea parte de nosotros después de hacer una elección.

¿Dudas de mi teoría?

Entonces déjame ponerte un ejemplo: Un día sales de compras, supongamos que quieres comprar unos zapatos nuevos, y te diriges a un centro comercial; cuando entras vas a una de las tiendas pero no encuentras ese calzado que tanto anhelas, así que te diriges a otra tienda pero pasa lo mismo y vas a otra y paso lo mismo y así pasas el día. Al llegar la hora de cerrar solo te quedan dos tiendas por visitar y con la esperanza de no irte con las manos vacías entras a la penúltima tienda y encuentras esos zapatos pero hay un problema, cuestan más de lo que pensaste, así que tienes varias opciones:

Ir a la última tienda y ver si puedes encontrar el mismo calzado a un precio más bajo... arriesgarte a ir a la última tienda pero no encontrar nada y volver y encontrar la tienda cerrada o llevarte los zapatos de esa tienda a un precio más elevado y quedarte con la duda de si podías encontrar algo mejor.

Comienzas a analizar esas opciones y te decides por la primera.

Cuando entras a la última tienda, recorres todo el local pero no encuentras ni el mismo calzado ni algo que te satisfaga y como previste cuando vuelves a la anterior ya han cerrado y debes irte a casa con las manos vacias. Y es en este punto donde comienzas los lamentos y las suposiciones:

Si me hubiese llevado de mi instinto... Si hubiese comprado los zapatos...

Pero ese hubiese ya no es y nunca será y esto es algo que muchas veces nos cuesta asimilar.

Por esto deberíamos pensar bien en las decisiones que tomamos para que como yo, no te lamentes y no supongas lo que ya no puede ser.

☆☆☆

Flash Forward

Mi madre estaba entusiasmada al oír que su amiga Alice estaba de vuelta en Nashville y como predije dijo que iría al día siguiente para invitarlos a cenar.

Tuve que romper su burbuja y decirle que no iba a poder ser debido a que su vuelo salía a las 7:00 a.m. pero que les mandaba saludos y que esperaba que el postre fuera de su agrado. Como supuse se entristeció al saber que no podría verlos pero eso no impidió que me hicieran un montón de preguntas.

Para cuando pude volver a mi habitación ya casi era media noche. Tomé una ducha y mientras lo hacía pensaba en un regalo de despedida para los Williams y después de mucho pensar se me ocurrió una idea.

Me puse mi pijama y busque en mi álbum y efectivamente encontré varias de nuestras fotos de cuando estaba pequeña. Elegí una donde estábamos los cuatro en el Zoo y tomé uno de los cuadros de fotos que mi mamá me compró para poner las fotos de mis 15.

Y si, aunque suene raro mi mamá y mi tía se encargaron de celebrar mis 15 primavera y mis dulces 16. Lo de los 15 es una tradición latinoamericana que no es común aquí en Estados Unidos pero aun así mi madre no quiso que me perdiera esa experiencia.

Pero continuando con la historia... coloqué la foto en el portarretratos, busqué papel de regalo y una bolsa de obsequios bonita, de color rojo y le hice una pequeña carta a cada uno.

Al finalizar le escribí a John para saber a qué hora iba a llevar a sus padres al aeropuerto y me respondió que a las 6:15 más o menos estarían de camino, así que coloqué una alarma para las 5 A.M. y me fui a dormir esperando que todo saliera bien.

Y sobre todo con las ansias de ver esos ojos y esa sonrisa que me tenía en las nubes.

Fin del Flash Forward

●●●

18 de enero del 2016.

4:59 a.m.

Abro los ojos y me levanto deprisa pensando que me he quedado dormida, pero respiro tranquila al saber que me he levantado antes que la alarma sonara. Me entro a bañar ansiosa y luego de unos cuantos minutos salgo y me alisto en tiempo record. Tomo mi mochila, junto con mi uniforme de trabajo, el cual está colocado en una bolsa de color negra. Lo adentro en mi mochila y me aseguro de tener todo lo necesario. Ya lista la coloco en mis hombros y tomo la bolsa con el regalo en mis manos.

Antes de salir les dejo una nota a cada una de las mujeres con las que vivo y rápido me encamino a la casa del pelinegro. Corro hasta estar frente a la puerta y cuando llego me detengo un momento a descansar.

Mi resistencia es una mierda.

Debo empezar a hacer ejercicio.

Levanto la mano para tocar el timbre pero la puerta se abre dejándome ver a Jack con las maletas en mano.

—Mia —dice sorprendido—. que bueno verte pero, ¿qué haces aquí?

—Tío —digo a modo de saludo e inmediatamente le doy un abrazo. El suelta las maletas en acto reflejo y me abraza—. Me alegra saber que llegué a tiempo —digo ya cuando me suelta.

—Cariño, ¿Quién está en... —la pregunta de tía Alice queda inconclusa y resuelta cuando me ve—. ¿Mia?  —cuestiona sorprendida.

Me acerco y la abrazo al igual que con tío Jack.

Esta vez es John quien se acerca y dice mi nombre con una cara de sorpresa.

Tres por uno, siempre es un éxito.

—Vine a despedirlos. No quise que se fueran si un obsequio de mi parte.

—¡Awww cariño, no debiste molestarte! —Alice responde mirándome dulcemente.

—Nunca será una molestia —levanto la bolsa de color rojo que contiene el pequeño regalo y se lo entrego en sus manos.

Ella le pasa su cartera a John y toma la bolsa con sumo cuidado.

—Como no tuve tiempo de comprarles un presente les hice algo para que me recuerden —explico mientras sonrío avergonzada.

Jack se acerca a su esposa mientras mira con curiosidad la bolsa. Ella saca el cuadro con nuestra foto con los pequeños diálogos en forma de nube que les agregue y sonríe.

—Es hermoso mi niña, muchas gracias —se acerca y me da un beso en la frente.

—Esto definitivamente estará en nuestra casa —responde tío Jack—. Aun no puedo creer lo rápido que has crecido.

—Me siento ignorado. A mí nunca me das esos elogios padre —el pelinegro se cruza de brazos fingiendo estar indignado.

—No te preocupes, tú también estás en la foto.

—¿En serio? —se acerca.

—Sí, es cierto —afirma su madre—. Eras adorable.

—¿Y ahora no lo soy? —bromea.

—Sabes que para mí siempre lo serás. ¿Qué opinas tú Mia?

—¿Yo? —me señalo a mí misma mientras pregunto estúpidamente.

¿Y a mí porqué me tienen que meter al medio?

Miro por auto reflejo a John y él se pasa las manos por el pelo y me guiña un ojo en una forma sexy.

Me la pones difícil Williams.

—Yo... yo —balbuceo sin saber que decir—... creo que es hora de que se vayan o si no perderán su avión —desvío el tema.

—Tienes razón —afirma Jack mientras mira su reloj—. Ya es hora de irnos, querida ¿tienes todo lo que necesitas?

—Supongo que sí —le responde mientras mira las maletas.

—Yo debería irme, aún es temprano para ir al instituto así que volveré a casa.

—¿Por qué no vas con nosotros? —propone Alice.

—¿De verdad?

—Sí, ya que estás aquí podemos conversar de camino al aeropuerto, además como John es tu transporte escolar supongo que puede llevarte después de dejarnos ahí.

—Por mí no hay problema.

—Entonces andando —afirma el pelinegro mientras entra las maletas en la parte trasera del jeep.

Al entrar todos en el vehículo la tía Alice me hace una pregunta:

—¿Y qué tal se ha comportado nuestro hijo desde que volvió?

¿Qué les puedo decir?

Imágenes de algunas escenas no aptas para menores de 18 años, que John y yo hemos hecho, llegan a mi mente como si de un flash se tratara y no puedo evitar sonrojarme.

Definitivamente no creo que necesiten saber.

El recién nombrado y yo nos miramos por el retrovisor y mientras me sostiene por unos segundos la mirada dice:

—Creo que mi comportamiento ha sido muy bueno y placentero, ¿verdad Rojiza?

Lo dice de manera inocente pero conozco el doble sentido que ocultan sus palabras.

Lo fulmino con la mirada y aparto la vista para posarla en la tía Alice, la cual está sentada a mi lado en el asiento trasero.

—Supongo que podría portarse mejor, pero ya saben cómo es —me encojo de hombros inocente.

Sus padres ríen cómplices.

—Ni te lo imaginas —la voz del tío Jack desde el asiento del copiloto inunda mis oídos.

Comienza a relatar una historia de ellos al llegar a España y no puedo evitar usar mi imaginación.

•••

—Y cuando subió las escaleras terminó...

El pelinegro interrumpe el relato de su padre.

—Muy interesante la historia, pero ya llegamos.

Veo por la ventana el lugar y efectivamente estamos en el Aeropuerto Internacional de Nashville.

—Eso fue rápido —comenta su madre.

John aparca el vehículo y nos desmontamos. Dejo mi mochila para poder ayudarlos con su equipaje, y nos acercamos a la zona pública, entrando en el vestíbulo donde nos despedimos por última vez.

—¿De verdad no se pueden quedar? —pregunto melancólica.

Alice se acerca y me envuelve en un abrazo.

—Nos encantaría pero los compromisos nos llaman —se excusa.

—Pero no te preocupes, sabemos que John no te dejará sola —me consuela Jack.

Me consta.

—Espero que tengan un buen viaje —me despido—. Los quiero mucho.

—Nosotros a ti.

Me alejo y le permito a John despedirse de sus padres.

Antes de marcharnos Alice me llama. Me acerco a ella, su esposo y su hijo nos dan privacidad.

—¿Puedes hacerme un favor? —Asiento—. Cuida a John por mí, ¿sí? Estos años no han sido nada fáciles para él, pero si algo tengo muy en claro es que te quiere y anoche pude darme cuenta de que tú también lo quieres.

Abro la boca para replicar pero me lo impide.

—No tienes que responderme, lo veo en tus ojos y aunque amaría que fueras mi yerna no quiero que te sientas presionada, solo quiero que lo pienses —me da un último abrazo para luego susurrarme—: sé que tú eres lo que él necesita para mejorar.

"Eres lo que él necesita para mejorar"

Esas palabras me son familiar.

¿Qué querrá decir?

Se separa de mí y camina hasta donde se encuentra su marido y su unigénito.

—Cuídense —les dice John a sus progenitores.

—Ustedes igual.

Dan media vuelta y caminan hasta desaparecer por una de las puertas.

—Creo que es hora de irnos —comento mientras los veo marcharse.

—Sí —acepta y volvemos al jeep.

—Fue muy lindo poder despedirme de ellos —digo una vez que estoy acomodada en el asiento del copiloto—. Aunque me entristece que hayan tenido que irse tan pronto.

—A mi igual —se sincera y me pasa mi mochila—. Pero ahora tienes su número así que podrás hablar con ellos cuando quieras.

Asiento en respuesta y lo observo mientras pone el vehículo en movimiento.

—¿Por qué me miras así?

—¿Cómo? —replico sin apartar mis ojos de su cara.

—Como lo estás haciendo ahora.

—No lo sé —respondo honesta al cabo de unos segundos.

—¿Y te gusta lo que ves? —pregunta pícaramente.

Me rio levemente pero no respondo. Giro mi cabeza y me quedo observando por la ventana mientras en mi mente se repiten una y otra vez las palabras de Alice Williams.

¿Qué debería hacer?

Analizo una y otra vez mis opciones hasta que siento como aparca en el estacionamiento del instituto.

¿Tanto tiempo he estado sumergida en mis pensamientos?

—Gracias —le digo y coloco mi mochila en mi hombro.

—¿Por qué estas así? —me cuestiona—. ¿Qué fue lo que te dijo mi madre para que te pusiera tan pensativa?

—No es nada.

—Si no me dices no pienso dejarte salir.

Le da a un botón y al instante escucho como el seguro se coloca en todas las puertas.

—Mejor hablémoslo más tarde en tu casa, no quiero llegar tarde a clases.

—¿Segura?

—Sí, hay algunas cosas que quiero decirte —respondo decidida.

—Está bien. Nos vemos a la hora de salida.

—No —le corrijo—. Hoy me toca ir a la cafetería pero yo te escribo para que pases por mí.

—Está bien —acepta y le quita el seguro a las puertas—. Ya te puedes ir.

Me acerco y le doy un beso en la mejilla.

—Nos vemos más tarde.

Me sonríe y asiente.

Salgo y me dirijo a la entrada. Al poner un pie dentro la primera persona con la que me topo es con Luis.

Lo miro y lo ignoro, pasando de largo por su lado.

—Mia —escucho a mis espaldas.

No tengo ganas de discutir.

Sigo caminando como si no fuese conmigo, y entro al salón de clases. Saludo a mis compañeros y tiro mi mochila en la silla de al lado mientras me recuesto en mi asiento y cierro los ojos.

—¿Por qué esa cara de culo? —la voz de Mey inunda mis oídos.

—Porque hoy es lunes —comento sin abrir los ojos.

—Nunca te había visto así solo por ser inicio de semana.

—Hay una primera vez para todo.

—Creo que esto tiene que ver con problemas del corazón —toma asiento a mi lado y la miro aun con la cabeza recostada en la mesa—. Déjame adivinar, ¿se trata de cierto pelinegro llamado John?

—Si —afirmo sin querer mentir.

—¿Arruinó tu cita?

Niego con la cabeza.

—A decir verdad se portó muy bien —reconozco.

—¿Entonces?

Suspiro.

—Volví a ver a sus padres —confieso.

—¿Y eso que tiene de malo?

—Nada, pero estoy algo confundida en estos momentos.

—Y si no me cuentas que pasó exactamente también me vas a confundir a mí —expresa divertida.

Abro la boca para contestar pero el sonido típico del acto de la bandera nos interrumpe y decidimos salir posponiendo nuestra charla. Luego de unos minutos entramos nuevamente, nos sentamos y empiezo a contarle todo.

Flash Forward

Para nuestra conveniencia la maestra que nos tocaba durante las dos primeras horas de la mañana no pudo asistir por problemas de salud y eso me permitió decirle todo lo que le había obviado a Mey con lujos de detalles, incluyendo la decisión que había tomado.

No omití nada. Y le recalqué que Yenna era la parte esencial que complicaba mi postura y cómo ese hecho me hacía sentir, y para mi sorpresa su forma de ver la situación fue algo diferente de lo que yo esperaba.

Tanto así que me hizo pensar que mi decisión era la correcta.

Fin del Flash Forward

La miro perpleja.

—¿De verdad? ¿Crees que deba decirle?

—Estoy segura —acomoda su larga cabellera—. Así que hoy cuando hables con el deberías hacerlo.

Pongo una mueca.

—Realmente aún tengo mis dudas.

—Haz lo que te dije y veras como se disipan.

—Espero que tengas razón —me coloco un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Créeme, presiento que es lo correcto.

Asiento y el timbre suena.

—¿Nos vamos? —Kate se acerca a nosotras mientras suelta un bostezo.

—Al parecer hubo alguien que aprovechó estas dos horas —digo y suelto un bostezo mientras ella se frota los ojos—. No hagas eso, sabes que se pega.

Esta vez Mey es la que bosteza.

—No entiendo como rayos es que eso siempre pasa —dice mientras con una mano se tapa la boca y vuelve a bostezar.

—Si el dinero se pegara de esa manera fuera un éxito —la voz de Matilda irrumpe y volteo para mirarla.

Ella se adentra al aula junto con Lexy la cual está posada a su lado dándonos una sonrisa.

—Tu solo piensas en dinero —la regaña.

—¿Qué te puedo decir? Es un factor motivacional —se encoje de hombros divertida.

—Trol de Frozen, pelinegra ¿qué hacen aquí? —las miro extrañada.

—Estamos en el curso de al lado y pedimos un permiso para ir al baño ya que sonó el timbre, y cuando pasamos las vimos así que entramos a saludar —responde Lexy y mira como algunos de mis compañeros salen del aula junto con sus pertenencias—. ¿Ya se van?

—Sip —responde Mey en español remarcando la "P"—. Ya pasaron nuestras horas de clase.

—¿La profesora no vino? —cuestiona la enana cuando mira el escritorio vacío.

—No, y gracias a Dios porque no hice la tarea que nos dejó —la alvina suelta un suspiro de alivio.

—¿Qué les tocaba?

—Teníamos que copiar 500 términos culinarios —le explico y señalo a Kate—. Y esta señorita se pasó las dos horas de clase durmiendo en vez de adelantar la tarea, sabiendo que mañana nos tocan dos horas más con la profesora.

—Pobre alma en desgracia —canta Mati imitando a Úrsula de La sirenita.

Todas, menos Kate, reimos.

—Pero tengo a dos buenas amigas que me van a ayudar con eso, ¿verdad? —dice y pasa un brazo por el hombro de Mey y el otro por el mío.

—Conmigo no cuentes —mi prima retira su brazo—. A mí todavía me faltan cien.

Ella hace una mueca y luego me mira con ojos suplicantes.

—¡Ah no! —exclamo—. No me vengas con cara de perrito degollado.

Lexi y Mati se rien.

—Tanto negar para terminar ayudándola —se burla la pelinegra.

—Te conocemos Mia, sabemos que al final vas a ceder —concuerda la rubia.

—Lo siento pero esta vez no puedo —me excuso—. Tengo que trabajar después de clases.

—¿Trabajar? ¿Desde cuando trabajas?

El timbre indicando el final de los cinco minutos del cambio de horario suena. Miro el aula y está completamente vacía.

Que extraño, los chicos no se van tan rápido a menos que...

—¿Qué nos toca ahora? —ignoro la pregunta de Lexi y me dirijo a Mey.

Mi prima mira en su horario y abre los ojos como platos.

—Español.

—¡Mierda! —exclamamos Kate y yo al mismo tiempo.

Las tres tomamos nuestras mochilas y salimos corriendo del aula.

—Hablamos luego —les grito mientras cruzamos la cancha a toda prisa.

Después de correr como si nuestra vida dependiera de eso, subimos y bajamos las escaleras de un tirón, y entramos al aula unos segundos antes de que el profesor la cerrara en nuestras narices. Con la respiración acelerada tomamos asiento en nuestra butaca correspondiente, nos damos una mirada cómplice y abrimos el libro en la página 56.

¡Gracias Diosito!

El profesor entra y se sienta encima del escritorio mientras sostiene en su mano el listado de clases.

Todos estamos en absoluto silencio.

—Almonts Willy —llama el profesor.

—Presente —responde el morocho en español mientras levanta la mano.

¿Les había comentado que en esta clase solo se habla español?

Sí, en momentos como este es que le doy gracias a Dios por mis raíces.

—¿Cuál fue el tema que tratamos la semana pasada?

El recién nombrado abre el cuaderno para responder pero el profesor hace un gesto en desaprobación.

—De memoria Willy.

Suspira.

¡Estamos jodidos!

—Hablamos acerca de las condicionales.

—Bien. ¿Y cuántos tipos hay?

—Tres —se rasca la nuca.

—¿Y cuáles son esas? —se quita los lentes y los coloca en su bolsillo.

—La cero, la simple y la compuesta —responde inseguro y mira la cara del maestro.

Este tiene una mirada inexpresiva. Baja la cabeza y vuelve a mirar la lista.

—Evans —pronuncia y mi corazón empieza a latir más a prisa—, Mey.

—Presente —mi prima levanta la mano.

—¿Está usted de acuerdo con lo que dijo su compañero?

Ella mira a Willy y después al profesor.

—Si —contesta dudosa.

—¿Podría usted acercarse a la pizarra y explicarnos el tiempo verbal y la formula correcta para emplear cada una de esas condicionales?

Lo mira desconcertada mientras exclama una maldición por lo bajo, luego asiente de manera sonriente y se levanta. Toma con su mano derecha el marcador que le extiende y mira la enorme pizarra de color blanco mientras da un largo suspiro.

¡Que Diosito te acompañe!

—La condicional cero es la que expresa condiciones reales, probables o posibles de que algo suceda. Esto quiere decir que, si se cumple una condición, se abre la posibilidad de que otro suceso se concrete. Su fórmula es la siguiente...

Se gira y escribe en la pizarra:

Condicional cero:

Si + presente del indicativo + futuro / presente / imperativo.

La simple expresa condiciones improbables, imaginarias o imposibles, con baja o nula posibilidad de que ocurran. Su formula es...

Vuelve a escribir en la pizarra al lado de la fórmula anterior:

Condicional Simple:

Si + pretérito imperfecto del subjuntivo / imperativo + condicional simple.

—La compuesta expresa condiciones irreales o imposibles. Existen dos casos: cuando la oración es negativa, expresan que una situación o escenario ha tenido lugar en el pasado, pero cuando la oración es afirmativa, significa que la situación o escenario no ha tenido lugar en el pasado. Su fórmula es la siguiente...

Se da la vuelta una vez más para escribir en la pizarra:

Condicional compuesta:

Si + pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo + condicional compuesto.

—Davidson Jessica.

—Presente —la castaña levanta la mano.

—¿Puedes acercarte a la pizarra, y dar 5 ejemplos de las dos primeras condicionales, usando las fórmulas que nos acaba de dar la señorita Evans y de la compuesta puede dar 3 ejemplos de cuando es negativa y tres de cuando es positiva?

—Sí maestro.

Se levanta y la pelinegra le pasa el marcador.

—Puede sentarse señorita Evans.

Mi prima asiente y vuelve a su lugar.

—Bien hecho —le susurro dándole ánimos.

Me mira y me sonríe.

—Gracias.

●●●

—Esa fue demasiada adrenalina para mi cuerpo —dice Kate mientras se lleva una mano al pecho—. Aun siento mi corazón latir de manera acelerada.

Caminamos despacio rumbo a la cafetería.

—Esa ha sido la hora más larga de toda mi vida —se queja la india.

Nos colocamos en la fila.

—Y que lo digas, siempre que nos toca clases con Austin me siento como en un campo de guerra —afirmo—, esperando el disparo.

Flash Forward

Podrá escucharse exagerado pero ese hombre nos trataba como si fuésemos soldados del ejército y él nuestro coronel...

No podías llegar ni un segundo tarde porque te dejaba fuera y eso significaba 10 puntos menos en tu calificación. No podías hablar, ni siquiera moverte de manera brusca. Y lo peor de todo eran sus pases de lista; cada vez que pasaba la asistencia hacía un examen oral y hay de ti que no supieras la respuesta.

Pero volviendo al tema...

Con respecto a Mati y Lexi, a la hora del almuerzo les conté todo acerca de mi nuevo empleo para que así me dejaran tranquila. Luego de un día completamente estresante con las clases llegó la hora de volver a casa, o en mi caso comenzar mi jornada laboral.

Para ser honestas de camino a la cafetería estaba nerviosa. Por las clases no había pensado mucho ya que tenía la mente ocupada, pero inmediatamente me subí en el autobús todas las dudas e inquietudes se instalaron en mi pecho.

Realmente estaba dudosa y en el trascurso de ese día lo pensé una y otra vez porque no quería que mis emociones tomaran poder sobre mis acciones, sin embargo debo admitir que la ayuda de cierto pelirrojo que se había convertido en un hermano mayor fue, aunque algo problemática, muy efectiva en ese momento.

Fin del Flash Forward

—Latina —saluda Lucas una vez entro al local.

—¡Lucas! —exclamo al verlo frente a mí—. Que bueno verte.

—Lo mismo digo —se acerca y me abraza—. ¿Qué tal el instituto?

—Un poco estresante —me sincero—. Pero ya sabes cómo son los lunes —me encojo de hombros.

—Dímelo a mí —se ríe y nos encaminamos a la barra—. Aún es temprano para tu turno, ¿te apetece algo antes de empezar?

—A decir verdad, sí —afirmo mientras tomo asiento en uno de los taburetes y él se adentra en el bar—. Necesito una dosis de chocolate —sonrío.

—¿Comida o bebida?

—Comida. Con una porción de selva negra está bien.

—Buena elección. Ya le digo yo a Ámbar que te lo sirva.

—Está bien. Gracias.

Él se dirige a la cocina y yo me detengo a observar el lugar.

Solo hay dos chicas hablando en una de las mesas de la esquina derecha. Todo está en suma tranquilad. De fondo, a un bajo volumen, suena un instrumental de Jazz y por un momento me siento relajada.

—¡Aquí tienes! —la voz del mexicano inunda mis oídos y dirijo mi vista hacia él.

—Gracias —respondo y tomo el plato, con la porción del bizcocho, que me ofrece.

Tomo un bocado e instintivamente me siento en el paraíso.

—Necesito aprender a hacer uno de estos —con la cuchara señalo el postre.

—Cuando pases por la cocina no creo que Ámbar tenga inconveniente alguno con enseñarte.

—¿De verdad?

—Completamente —asiente.

Tomo otro bocado.

—¿Siempre son así los lunes? —me mira sin entender, así que con mi mano izquierda hago énfasis en el local—. Me refiero a que si siempre hay tan pocas personas.

—Eso lo dices porque te fuiste temprano ayer —se ríe—. Pero si, los lunes no hay mucha clientela después de las 3 de la tarde —explica—. Generalmente los días de semana está lleno en las mañanas y desde el viernes hasta el domingo los clientes son nocturnos.

—Ya veo, supongo que deben tener mucho trabajo —tomo otro bocado.

—De cierto modo, pero después de un tiempo te acostumbras a ver muchas personas de aquí para allá.

Asiento y le doy el último bocado a mi postre.

—Mia —Ethan se acerca, me da un corto abrazo y toma asiento a mi lado—. ¿Cómo estás?

—Mejor ahora que ya comí —ellos ríen—. ¿Qué hay de ti?

Un cliente llega.

Lucas se disculpa con nosotros y se va a atenderlo.

-—Todo bien, esperando impaciente a que mi nueva hermana llegara a trabajar.

—¿Me extrañabas? —me burlo.

—Más bien quiero pedirte un favor —me mira apenado.

—¿De qué se trata?

—¿Vamos a mi oficina?

—Tu eres el jefe —me encojo de hombros y acepto.

Coloco mi mochila en mi hombro y nos dirigimos a su oficia. Abre la puerta y por primera vez me adentro en ella. Abro la boca sorprendida al ver lo linda, y espaciosa que es.

Las paredes son de un color blanco, exceptuando la del fondo que es de color gris, la cual hace juego con la alfombra blanca con el borde de color rojo que hay colocada al frente, y encima de esta un escritorio del mismo color, rojo, con una silla a juego. Al frente del escritorio hay dos sillones pequeños del mismo color. A su derecha hay una ventana con un enorme marco de color negro. En la parte izquierda hay un pequeño bar con una barra roja con dos taburetes a juego y al lado de estas una pared delgada que divide dos sofás de terciopelo rojo y en el centro una mesa redonda de color blanco. En el otro fondo hay una puerta. En las paredes hay colgadas varias fotografías y cuadros de algunas pinturas.

Cuando termino de hacer mi tour con los ojos, me doy cuenta de que está sentado frente a su escritorio mirándome con una sonrisa.

—Bonita, ¿cierto?

—Si —acepto—. Y muy roja —añado con una sonrisa y me acerco a él.

—¿Qué puedo decir? —abre los brazos para luego encogerse de hombros—: soy amante a ese color, no por nada me tocó ser pelirrojo.

—Ya lo veo —me rio y tomo asiento en frente suyo—. ¿Y qué es eso que necesitas?

—Me gustaría escuchar tu opinión.

—¿Acerca de?

Coloco mi mochila en el sillón de al lado y me recuesto esperando su respuesta.

¡Que cómodos son estos muebles!

—Alguien especial para mí cumple años a finales de este mes y quiero prepararle una sorpresa —explica.

—¿Alguien especial? —inquiero mientras alzo mis cejas de manera picara.

—Sí —afirma.

—Cuando me dijiste que te recordaba a alguien especial —comento y me enderezo—, hablamos de la misma persona, ¿verdad? ¿Es una chica?

Asiente y en sus labios aparece una sonrisa.

—Con que es así —murmuro sorprendida y no puedo evitar sonreír mientras me recuesto nuevamente—. Te gusta, ¿cierto?

—¿Por qué lo dices? —me imita.

—Por como sonríes cuando solo la he mencionado, de seguro estabas pensando en ella.

—Sí. Es cierto —acepta si dar muchas vueltas—. Pero no vinimos a hablar de eso.

—¡Que aguafiestas! —bufo y me cruzo de brazos.

—Te lo contare cuando tú me cuentes porque traes esa cara de preocupación.

Pestañeo sorprendida.

—¿A qué te refieres?

—Estaba afuera cuando llegaste y te vi. Caminabas absorta en tus pensamientos y tu cara no reflejaba esa sonrisa que siempre traes. ¿Hay algo que te preocupa?

No sé por qué pero me niego a mentirle.

—Sí —respondo con un suspiro de manera ahogada y me reclino hacia adelante.

—¿Por qué no me lo cuentas? Soy bueno para aconsejar.

—No quiero abrumarte con mis problemas, además es una tontería.

—Para eso estamos los hermanos, ¿no? —me sonríe—. ¿Qué opinas si hoy nos quedamos charlando acerca de esa tontería y no trabajas?

—¿Hablas en serio? Pero es mi primer día —lo miro sorprendida.

Él no me responde, se levanta y abre la puerta. Llama a un tal Harrys y un hombre de mediana estatura, de tez india y con una escoba en la mano se le acerca.

—Mia y yo estaremos en mi oficina, que nadie nos moleste a menos que sea de suma importancia, ¿de acuerdo?

El asiente y se marcha. Ethan cierra la puerta nuevamente.

—¿Te acabas de sonrojar? —me pregunta cuando vuelve a sentarse frente a mí.

—No puedo creer que le hayas dicho eso, ¿no sabes que se puede malinterpretar?

Me mira por un momento y chasquea la lengua.

—Tienes razón, pero es la única forma de que no nos interrumpan —le resta importancia—. No te preocupes y ahora sí cuéntame ¿cuál es esa tontería en la que piensas tanto?

Suspiro.

—Me gusta John y yo le gusto a él.

Suelta una carcajada.

—¿Ese es el problema?

—Es que a mi prima también le gusta —coloco mis hombros en su escritorio y dejo caer mi cabeza en mis manos. Observo el brillante color rojo mientras continuo explicando—, y me pidió que le ayudara a conquistarlo.

—Comprendo, y supongo que no quieres lastimar sus sentimientos —su voz es calmada.

—Exacto, pero lo peor del caso es que cada vez que estoy con él me olvido de todo lo demás y termino haciendo cosas que si Yenna supiera no me volvería a hablar —carraspeo—. Realmente no quería enamorarme de él.

Suspiro levemente.

—Es tan contradictorio —refunfuño mientras me enderezo—. Me confunde completamente con sus emociones y sus acciones y lo peor de todo es que eso no evita que quiera estar cerca de él y que mi corazón lata más a prisa cuando me dice palabras bonitas —la cara sonriente del pelinegro se refleja en mis pensamientos—. Y detesto estar en una situación donde tengo que escoger en si lastimarla para estar con John o dejarlo estar.

Paso mis manos por mi cabellera y lo miro a los ojos.

—¿Por qué los hombres son tan buenos con las palabras? —resoplo—. Si ese idiota no hubiese abierto su boca para confesarme sus sentimientos y decirme todo lo que me ha dicho hasta ahora, tal vez mi corazón seguiría intacto.

Ethan me mira con una sonrisa plasmada en el rostro.

—¿Por qué sonríes?

—Estás equivocada —ignora mi pregunta—. No todos los hombres son buenos con las palabras, pero no nos cabe duda de que cuando realmente queremos algo debemos expresarlo.

Se reclina y da una vuelta en la silla.

—Realmente el medio para obtenerlo puede ser variado. Unos lo expresan con palabras, otros con acciones y otros con ambas, pero lo hacen.

—¿Y con eso viene el que sean tan contradictorios? —alzo una ceja.

—Ustedes nos vuelven así —se encoje de hombros y da otra vuelta—. ¿Quieres mi humilde opinión?

—No, pero no tengo de otra —bromeo.

Alza una ceja y me mira inquisitivamente.

—Haz lo que consideres correcto.

—Suena muy fácil pero es complicado.

—Mia, si esperas que te diga qué es lo correcto o qué debes hacer entonces te irás insatisfecha —me apunta con el dedo—. Tú eres quien mejor conoce tu situación —lo baja y coloca sus manos en las agarraderas de la silla—, y confío en que elegirás sabiamente, pero solo te pido una cosa y es que una vez que tomes la decisión y la ejecutes no te lamentes por ella.

—Ninguna de las dos opciones puede garantizarme eso.

—Claro que sí, solo tienes que hacerlo funcionar —se acomoda— miralo de esta manera —levanta sus manos—: aquí están tus dos finales. En este —agita levemente su mano derecha—, decides apartarte, como dices que él está enamorado de ti tal vez tú prima y él no terminen juntos entonces tú de igual manera te sentirás mal, él también y tal vez tu prima también —puntualiza—. Ahora aquí —agita su mano izquierda—, decides estar con John. Puede que tu prima se sienta mal al principio pero después lo superará, y si ambos en verdad se quieren puede que tengan un futuro juntos.

—¿Me estás sugiriendo que elija estar con él aun cuando eso pueda herir a Yenna?

—No, te estoy dando un ejemplo de cómo podrían ser los resultados de la decisión que tomes —me regala una sonrisa—, pero todo dependerá de ti. Solo quiero que por un momento dejes de pensar en los demás y te preguntes "¿Qué quiero?", Olvida los sentimientos de Yenna y John por un momento y concéntrate en tí —me mira fijamente—. ¿Lo quieres? 

Asiento.

—¿Te hace sonreír? ¿Te sientes feliz cuando estás con él?

Asiento nuevamente.

—¿Piensas en él y te imaginas un futuro a su lado?

Vuelvo a asentir.

—¿Te sientes enamorada?

—Más de lo que debería —afirmo en voz baja.

—Entonces es algo simple. Cómo alguien que ha vivido algunos años más que tú solo te diré lo siguiente: "la felicidad aveces debe obtenerse de maneras egoístas" —bajo la mirada y la subo nuevamente, sus ojos verdes me escudriñan—. No puedes hacer feliz a todos con tus decisiones, es imposible, pero si esa decisión es la correcta, no deberías limitar tú felicidad por algunos daños colaterales.

Me quedo sin decir nada por un momento, analizando sus palabras.

Ante mi silencio me sugiere:

—Si quieres puedes volver a casa, después de todo supongo que tienes mucho en que pensar.

—Me voy a encontrar con John esta noche —suelto sin pensar.

—Entonces deberías irte pronto, creo que tendrán mucho de qué hablar.

Tomo mi mochila y saco mi móvil para mirar la hora.

6:55 P.M

¡El tiempo vuela!

—¿Quieres que te lleve? —se ofrece.

—¿No tienes que volver a trabajar?

—Ventajas de ser el jefe —me guiña un ojo.

—Cierto —me rio levemente—. Todavía no puedo creer que siendo el dueño de este lugar prefieras hacer de mesero —menciono refiriéndome a esas veces en que lo he visto trabajando.

—Prefiero compartir con la clientela y aquí entre nos, es un método efectivo para enterarte de que les gusta y que no —me cuenta.

—Debo reconocer que es una buena estrategia —acepto—. Por cierto, no me has dicho que planeas exactamente para la chica que mencionaste, la que es especial...

—Lys.

—Lys —repito—. Bonito nombre. Pero aun no me has contado.

—Descuida, será en otra momento, por hoy creo que deberías concentrarte en tomar tu decisión.

Se levanta. Lo miro por un instante e imito su acción. Coloco mi mochila en mi hombro y nos encaminamos a la puerta.

—Es una chica suertuda.

—¿Eso crees? —toma el pomo—. A mí me parece que el suertudo soy yo por tenerla en mi vida.

—¡Por Dios Ethan, que cursi! —exclamo en broma cuando la abre.

—Pero así me quieres —dice y me da un beso en la frente.

Me rio y miro al frente y me encuentro con dos pares de ojos mirando la escena de manera curiosa.

Lucas y el tal Harrys están parados frente a nosotros.

Perfecto, otra malinterpretación.

—Me adelantaré —me dirijo al pelirrojo—. Quiero comprar unas galletas antes de irme.

—No te preocupes por el dinero. Pide lo que quieras, yo invito.

El mexicano y el señor a su lado pasan su vista de Ethan a mí como si fuese un partido de tenis.

No estás arreglando la situación Lee.

Asiento y le agradezco. A toda prisa me dirijo al bar y con la cabeza gacha vuelvo a sentarme frente a la barra. Coloco mi mochila en el taburete de al lado y segundos después tengo a Lucas frente a mí, silbando.

—Nunca me imaginé que el jefe y tu...

Dice en español dejando las palabras en el aire.

—¿Qué quieres decir? —cuestiono.

—¿Qué crees? No es de mi incumbencia pero realmente me sorprendió cuando Harrys me comentó que ibas a pasar toda la tarde en su oficina y que no quería que nadie los molestara, me dijo que querían privacidad y que al parecer iban muy en serio. Para ser honestos no le creí nada ya que es un chismoso en toda la regla pero al ver que pasaron dos horas y no salías empecé a pensar que tenía razón —me cuenta—. Pero en hora buena, hacen una pareja muy bonita.

Abro la boca para contradecirlo pero una voz a mis espaldas me interrumpe.

—¿Es eso cierto, Mia?

Me giro y me encuentro con el causante de mis dudas. Su cara refleja desconcierto, y decepción.

Lleva puesto unas zapatillas de deporte blancas, un pantalón jeen de color negro, un polo blanco y una chaqueta de mezclilla color azul. En sus manos lleva un ramo de rosas las cuales están siendo maltratadas por lo fuerte que las está apretando.

—¿Qué? No. —alza una ceja, incrédulo—. John, déjame explicarte, no es lo que...

Me interrumpe.

—No, mejor no digas nada —Suelta de manera casi inaudible y se marcha.

Reacciono segundo después y salgo del local detrás suyo. Puedo ver su jeep parqueado en la otra esquina de la calle pero él no se encuentra ahí.

—John —lo llamo pero no obtengo respuesta.

Camino alrededor y me dirijo a la esquina donde hablé con Ethan después de lo de Luis. Lo encuentro golpeando la pared una y otra vez con sus manos. Sus nudillos se empiezan a llenar de sangre pero eso no impide que siga golpeando el concreto sin parar.

—John —vuelvo a llamarlo y me acerco despacio.

—¡No te acerques! —me grita. Me detengo instintivamente—. Ahora mismo estoy muy molesto y no quiero escucharte.

—John, por favor —le suplico al ver como no se detiene—. Tenemos que hablar.

—No quiero hablar, no quiero escuchar cómo me dices que estás saliendo con ese tipo —otro golpe—. No quiero que me cuentes como estuvieron juntos en su oficina toda la tarde —otro golpe—. No quiero saber que hicieron —otro golpe.

—Es todo un malentendido, déjame...

Me detiene.

—No tienes por qué explicarme nada —se endereza—. Después de todo solo soy el mejor amigo que está enamorado de ti —su voz está quebrada.

Gira su cara y puedo ver algunas de sus lágrimas.

Se me encoje el corazón.

—Escúchame, entre Ethan y yo no pasó nada —le explico y me acerco. Tomo sus manos sin importar que están manchadas de sangre y las entrelazo, despacio, con las mías—. Solo somos amigos, hablo en serio.

Hago que me mire.

—¿De verdad? —pregunta como si fuera un niño pequeño.

—Te lo prometo —le sonrío y me confieso—. Eres un tonto, ¿cómo voy a querer estar con él si estoy enamorada de ti?

Me observa con sorpresa.

Sin pensarlo me acerco más y le doy un pequeño beso en los labios. Puedo sentir el sabor salado de sus lágrimas y algo dentro de mí se remueve.

—Creo que debemos irnos —digo cuando me separo—. Sera mejor seguir esta conversación en tu casa. Después de todo tenemos mucho de qué hablar y debo curarte esas manos.

Tomo su mano derecha y lo halo suavemente.

Vuelvo a mirar sus nudillos ensangrentados y no puedo evitar estar algo nerviosa y cautelosa por su reacción.

—Espérame en el Jeep, ¿sí? —le pido dulcemente—. Ahora vuelvo.

El asiente, nos soltamos y se encamina al vehículo.

Entro nuevamente en el local y miro alrededor.

¡Gracias a Dios no hay personas que pudieran ver nuestra escena!

Me siento nuevamente y tomo mi mochila. Lucas se acerca y me pide disculpas.

—Descuida, no fue tu culpa —me encojo de hombros y le regalo una sonrisa forzada—. ¿Me puedes traer una docena de galletas con chispas de chocolate y un pastel de selva negra de una libra?

—Enseguida y por cierto, Ethan quiere hablar contigo.

El recién nombrado aparece y el mexicano se pierde por la puerta de servicio.

—Supongo que lo viste todo.

Asiente.

—¿Pudiste hablar con él? —se sienta a mi lado.

—Sí, me está esperando en su vehículo.

—Lamento que tuvieras ese inconveniente pero ya le expliqué a Lucas que fue un malentendido y reprendí a Harrys por su lengua suelta. No te preocupes, no volverá a suceder —me consuela.

—Gracias.

Lucas llega con mi orden dentro de una caja de color blanco y detalles rojos con el logo del local y me la entrega.

—Aquí tienes.

—Gracias y según tengo entendido esto corre por la casa —respondo y me levanto colocando mi mochila en mi hombro derecho.

—Mia —me llama el pelirrojo cuando estoy a punto de girarme—. Suerte y espero que ya sepas qué hacer.

—Hablamos luego.

Salgo sin mirar atrás y me encamino al coche. Entro y me siento en el asiento de copiloto.

—¿Un regalo? —cuestiona de manera hostil.

—Una compra —corrijo—. Es para los dos, tenía pensado comprarte tus galletas favoritas para dártelas en tu casa pero creo que querrás algo dulce antes de llegar.

Miro nuevamente sus manos.

—¿Te duelen?

—Estoy acostumbrado —se encoje de hombros.

Lo miro confusa y algo sorprendida pero no comento nada.

—Deberíamos pasar por una farmacia, ¿o tienes alcohol, algodón y vendas en tu casa?

Asiente.

—Bien. ¿Qué tal si me dejas conducir a mí por esta vez? —coloco la caja frente a mí y la mochila a mi lado.

—¿Sabes conducir? —pregunta sorprendido.

—Sí. Saque mi licencia días después de cumplir los 18. Un obsequio por parte de mi madre —confieso—. ¿Te molesta?

Niega con la cabeza, abre la puerta y sale del jeep. Lo imito y cambiamos lugares.

—Puedes usar las servilletas que están dentro de la caja —me mira confundido—. Para que puedas ir comiendo de las galletas —le explico y enciendo el vehículo.

No dice nada y toma la caja. La abre y saca la funda con la docena de galletas. Desata el lazo, toma una de las servilletas y saca una. Sin pensarlo da un mordisco y sonrío al ver como la disfruta.

Tomo la palanca, y la muevo hasta marcar la D. Suelto el freno y despacio pongo mi pie en el acelerador. El coche se pone en marcha y nos dirigimos a casa del pelinegro.

Al llegar me estaciono frente a su casa. John no ha parado de mirarme todo el camino y al detenerme le devuelvo la mirada.

—¿Están buenas?

—Sí, gracias —responde sincero—. Me alegra que aun recuerdes que son mis favoritas —sonríe.

—Son muy pocas las cosas que he olvidado de ti pelinegro —reconozco—. ¿Entramos?

Asiente. Me pasa la caja y la mochila, la acomodo en mi hombro, salimos y nos dirigimos a la puerta de su casa.

—¿Las llaves están en tu bolsillo? —pregunto una vez nos detenemos.

—Sí. Pero no es nada, solo es un rasguño —le resta importancia.

Lo tomo del brazo impidiendo que entre su mano en el bolsillo de su pantalón.

—Yo lo hago por ti, ¿en qué bolsillo esta?

Me mira con sorpresa pero no me detiene.

—Derecho.

Deslizo mi mano libre por su bolsillo derecho, tomo las llaves y las saco.

Suelta un quejido casi inaudible.

—¿Te están doliendo? —niega—. Déjame ver.

Agarro sus manos inmediatamente y las examino.

La sangre ya casi se ha secado por completo.

—No, no es eso. Pero gracias por preocuparte.

Me quita la llave de manera suave y abre la puerta.

—Yo iré a mi habitación un momento, me curo y vuelvo.

—Pero quiero ayudarte —me quejo.

—Soy estudiante de medicina, ¿lo olvidas? Puedo hacerlo con los ojos cerrados así que no te preocupes —trata de relajarme.

—Pero...

Cuando estoy por rechistar mi teléfono suena en mi mochila.

—Está bien pero si necesitas ayuda me avisas.

Coloco la caja en la mesa junto con mi mochila y busco mi celular. Cuando miro la pantalla lo primero que veo es una foto junto a mi progenitora y los botones de aceptar y rechazar.

Acepto la llamada.

—¿Mamá?

—Nana —responde—. ¿Estás en el trabajo?

—No, estoy en la casa de John, se lastimó y lo estoy ayudando a curarse.

—Pobrecito, ¿se encuentra bien? ¿Es muy grabe? ¿No deberían ir al hospital?

Sonrío al escuchar su tono de preocupación.

No cambiarás nunca madre.

Tomo asiento en uno de los muebles y respondo lo más calmada posible.

—Él está bien mamá, solo fue un pequeño golpe en las manos, así que no te preocupes.

Escucho como suelta un suspiro.

—Es un alivio escuchar eso.

Ruedo los ojos divertida.

—¿Qué sucede? ¿Pasa algo? —esta vez soy yo la que cuestiono, tratando de saber el motivo de su llamada.

—No ha pasado nada, te llamo para avisarte que saldré de la ciudad por un par de días.

—¿Tía Emma va contigo?

—No, ella se va a quedar con ustedes.

—¿Y ese viaje es por motivos de trabajo o...?

Dejo la frase en el aire esperando que entienda mi pregunta.

—Es por trabajo pero Alan también ira conmigo si eso es lo que quieres saber.

Ya veo.

—¿Y cuándo regresas?

—La semana que viene.

—¿Y ya le informaste a Emma y a Yenna?

—Sí, hable con ellas antes de llamarte.

—Está bien, entonces cuidate mucho.

—Tu igual, por cierto te avisaré cuando volvemos para que arregles una cena, Alan y yo debemos contarte algunas cosas.

—Sería bueno que lo hicieras madre —en mi tono de voz no puedo ocultar la decepción.

Siempre soy la última en enterarme.

—Así lo hare, descuida, te llamaré con tiempo. Te amo.

—Yo también —digo y cuelgo.

Suspiro y levanto la cabeza para encontrarme directamente con los ojos de John.

Se cambió de atuendo. Ahora lleva unos pantalones de chándal de color gris y el pecho descubierto.

¡Gracias Dios por permitirme admirar esos brazos y esos abdominales bien trabajados!

—¿Milagritos?

Asiento.

—¿Pasó algo? —toma asiento a mi lado.

Subo mi vista a sus ojos.

Concentración... concentración...

—No, solo me estaba informando que va a salir de la ciudad.

El asiente. Vuelvo mi mirada a sus manos y están vendadas.

—¿Seguro que no te duelen? Puedo ir a comprarte una pastilla para el dolor.

Se ríe y me mira de forma tierna.

—Creo que es la décima vez que te digo que estoy bien —ladea la cabeza—. Pero creo que si hay algo que me puede hacer sentir mejor.

—¿Qué tengo que hacer?

Se acerca.

—Todo depende de tu respuesta.

Lo miro confusa.

—¿Aun debo mantener mi promesa o puedes darme otra prórroga por hoy? —sonríe de manera sexy.

¿Qué voy a hacer contigo Williams?

Supongo que ya es hora de revelar mi decisión.

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Ciao mis bellos lectores.

¿Cómo están mis dulzuras? Espero que de maravilla. 😊

Mis dulzuras aquí está el capítulo 20 actualizado y completo. Tarde pero seguro. 😅

Debo admitir que este cap me sacó canas. 🤣 Pero pude organizar mejor mis ideas así que es un punto a favor. 😌

But anyway... 😌

Como ya les había dicho, con este cap entramos al desenlace de esta historia. ESTAMOS A LEY DE 7 CAPÍTULOS. 🤭

¡QUE EMOCIÓN! 😏🤭🤭🤭

Mi deseo es que para la próxima semana esta historia esté completamente terminada. 😌 Diosito, yo aquí otra vez... amparame para que no me prendan la leña si no logro cumplir mi objtivo. 🤣

Pero volviendo al meneo...

¿Qué les pareció el capítulo de hoy?

El comportamiento de John me desconcierta en algunas ocasiones. 😶🥴

¿Qué opinan de lo que pasó en la oficina?

¿Y qué opinan de Lys?

¿Ya no habrá trío con John, Ethan y Mia?

¿Cuál crees que sea la decisión que tomo nuestra protagonista?

¿Tuvo Alice algo que ver o fue Ethan quien la motivó?

¿Dónde andará Yenna estos días?

¿Luis ya estará listo para confesar toda la historia?

¿Qué es lo que Milagros y Alan tienen para decir?

¿Qué habrá pasado con Emma y Thomas?

¿En qué andará Mitchell?

¿Podrán Mia y John dejar tanto rodeo y pasar al fogueo?

Descubrelo en el próximo capítulo. 😏😅

Pero como los quiero aquí les dejo...

Adelanto del próximo capítulo:

(Amo mortificarlos x3😅)

—¿Debería parar ahora?

▪︎▪︎▪︎

—¿Entonces soñabas con esto? —lo agarra y toma una de mis manos...

▪︎▪︎▪︎

—Ahora son novios, ¿no es así?

▪︎▪︎▪︎

—¿Y cómo lo sobrellevas?

—¿La verdad? Me siento como una zorra traicionera...

▪︎▪︎▪︎

—Deja el suspenso y dilo. 

—A Luis con nada más ni nada menos que tu prima.

Si te gustó el cap no te olvides de votar 🌟 y dejar tu comentario, recuerda que tú opinión es importante para mi. 😊

Y no se les olvide pasar por Sin Censura para que se enteren de muchas cosillas que no te conté por aquí.

Los iloveo un montón mis dulzuras 🥰 y nos leemos en el próximo capítulo. 😁 (Me voy a ahora mismo a escribirlo). 😌😘😘😘

Att: J.T.P. 🍭🍬🍫

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