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Capítulo 4

Siempre sucede en una biblioteca

¿Has visto esas historias de amor en dónde los protagonistas están en una biblioteca y se conocen porque ambos deciden leer el mismo libro? Entonces sus dedos se tocan y una chispa aparece para recorrer sus cuerpos, se miran y sienten como si se hubiesen conocido antes, quizás en esta o en otra vida, y deciden hablar, pero lo hacen al mismo tiempo entonces chocan y se ríen, y lo vuelven a hacer, para chocar y reírse nuevamente.

Esas historias de amor son falsas.

No suceden en la vida real tal cual aparecen en las películas. En la vida real no te encuentras al amor de tu vida en una biblioteca, quizás lo conozcas porque estudiaron juntos toda sus vidas, eran vecinos, conocidos de algún amigo o incluso en una aplicación de citas. A lo que vengo es que, el amor parece improbable cuando te encuentras en una biblioteca, todos parecen estar metidos en sus propios asuntos como para darse cuenta de lo que el otro está haciendo.

Las probabilidades de conocer a alguien de causalidad, de un choque entre ambos, de una mirada que se encuentra...son escasas.

Pero aun así, Ava estaba ese día en la biblioteca.

Estaba terminando un proyecto en el ordenador y tenía el libro de Joanne Jones en la mesa para su vista. Aunque no sabía qué más quería, leer el libro o leer lo que ese chico tenía que decir sobre él.

Se había quedado hasta tarde leyendo sus apuntes y pensando en las posibilidades de conocerlo en algún momento. Se imaginó a ella misma en una comedia romántica, si las cosas fueran tal cuál en las películas, se habría encontrado al chico ese día, quizás sentado a unas mesas frente a ella leyendo quizás su libro favorito.

Miró hacia el frente, no había nadie. Solo pudo observar como a dos mesas de ella se encontraba un grupo de adolescentes que parecía estar estudiando. Regresó su mirada al proyecto que debía entregar, últimamente las cosas que hacía no le estaban causando mucha emoción, como si existiera una brecha o una esquina rota en el cuadrado de relación que tenía con su trabajo.

Pattie le envió un mensaje, quería verla más tarde en su casa ya que había preparado lasagna. Pattie y ella se conocían desde la universidad, habían estudiado carreras diferentes pero ambas pertenecían a la misma actividad extracurricular. Solían reunirse cada fin de semana para debatir libros y diferentes temas sociales, de ahí se hicieron cercana y se volvió su mejor amiga. A esa edad le parecía muy difícil hacer amigos, no entendía cómo las demás personas podían lograrlo tan rápido.

Estaba tan concentrada en su proyecto y perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta como a una mesa de ella, justo al frente, se había sentado un chico. Vestía una chaqueta de jean y unos lentes de lectura, que llevaba en la mano nada más ni nada menos que una nueva edición de "El mundo luego de ti".

Benjamín no se percató de ella al instante, y aunque fuera así no se habría dado cuenta que era la chica que estaba buscando. Pero le había dicho a Piero que solo le causaba curiosidad, parecía como si su mente giraba en torno a saber cómo era ella. ¿Estaría leyendo el libro en ese momento? ¿Le estaría gustando?

Miró por un momento al frente y se percató de la chica que estaba ahí. Su cabello rojizo le llamó la atención, aunque ella tenía la cabeza gacha por lo que no pudo verla realmente. Sólo se concentró en su libro y se dedicó a leerlo una vez más.

Esa edición la había adquirido por internet. Era una edición con la cubierta diseñada por la misma escritora, así que le daba un toque más especial para él. Sacó de su mochila su cartuchera y sus resaltadores y post its. Ya se sabía el libro de memoria, pero siempre le gustaba escribir cómo se sentía al leerlo.

«Pensé que ese día, justo antes de marcharte, sería el día más feliz, pero ahora solo veo caos en mí. Es como si todo cambiara de un segundo a otro, ya nada podría hacerme feliz como tú lo hacías.»

—Joanne nos dice que la felicidad es efímera. Pero, ¿qué es la felicidad realmente? ¿Podremos alcanzar esa felicidad?—se dijo a sí mismo mientras escribía en letras pequeñas sobre el post it.

Había leído mucho sobre psicología, quizás porque necesitaba entender muchas cosas sobre él y sobre lo que sucedía a su alrededor. Había conocido una vez a alguien que se veía feliz, parecía tenerlo todo: chicas, amigos, lujos. Todo lo que él tenía, Benjamín lo quería. Quería ser igual de feliz pero al final supo que no podía, esas cosas que tenía esa persona no era lo que lo hacían feliz, era más bien cómo se sentía respecto a sí mismo.

Luego de ese día, cuando su mundo se acabó y sus amigos se alejaron, se dio cuenta que la felicidad estaba en ser uno mismo. Aunque descubrirlo no fue tan sencillo

Pasó mucho tiempo analizando su comportamiento, conociéndose a sí mismo y explorando muchos hobbies para darse cuenta que realmente todo había sido su culpa. Era difícil a veces poder darse cuenta de ello, nadie nunca querría admitir que el error era suyo, pero él lo hizo y a partir de ahí, se prometió no volverlo a cometer.

Miró nuevamente a la chica que tenía al frente. Por un momento ella levantó su cabeza y sintió como si ya lo conociera. Pero estaba seguro que nunca la había visto, ¿o quizás sí? ¿Podía tener la certeza de no conocerla? Había visto muchos rostros en esa biblioteca, quizás ella era como él y solía visitarla seguidamente para poder concentrarse. Pero algo le decía que no era así, que no era de ahí que la conocía.

A Benjamín se le hacían un poco aburridas las películas románticas, aunque sin saberlo, parecía estar metido en una en ese momento. ¿Qué podía hacer ahora?

En las películas románticas el chico se levanta de su puesto y se acerca a ella para hablar. Le da su número de teléfono y la invita a un café para poder conocerla mejor. La chica acepta y le dice que siente cómo si lo conociera de antes, como si fuese el destino encontrarlo ahí, como si las estrellas se hubiesen alineado para tenerlos a ambos en el momento y en el tiempo correcto.

Pero esto no era una película romántica y él no era capaz de acercarse a ninguna desconocida para hablar con ella y coquetear. Ya no podía hacerlo, había perdido el toque desde esa última vez que sintió que había fallado.

Por eso recogió sus cosas y se marchó del lugar, sin saber que en esa biblioteca, había encontrado a la chica que tanto estaba buscando.

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