Capítulo 17
"Amores"
La primera vez que le gustó una chica fue en séptimo de secundaria. La chica era un año mayor que él y vestía siempre los mismos colores, eso hizo que Benjamín se obsesionara con la idea al punto de inventar teorías sobre por qué lo hacía. La razón fue la más obvia, le gustaba mucho ese color, pero él quería ver más allá de lo simple.
Dos años después llegó una nueva vecina a su edificio y quiso conocerla. Era hija de un embajador y se acababa de mudar a la ciudad, se le hacía inquietante poder saber sobre ella y buscó una forma casual de invitarla a salir. Logró hacerlo luego del tercer intento y estuvieron juntos por varios meses hasta que ella tuvo que volver a mudarse.
Luego de eso, llegó la universidad y las cosas se volvieron extrañas.
Ahí conoció un lado de él que no sabía que existía. Conoció la envidia, la ambición, el dolor y la soledad, pero también descubrió que las cosas iban más allá para él, supo cómo seguir adelante a pesar de todo lo que había ocurrido y se dio cuenta que quizás, eso era el punto de todo. La universidad nos presentaba un mundo diferente al que estábamos acostumbrados, pero nos ayudaba a crecer y a entender que las cosas no siempre salían como uno las quiere.
Benjamín tenía un máster en eso.
Cuando se quedó sin amigos, creyó que todo se había derrumbado pero descubrió que siempre iba a tener a alguien que lo apoyara y le dijera las cosas malas que había hecho. Piero fue una pieza clave para él y para su crecimiento, lo ayudó a tener la confianza en sí mismo nuevamente. Por eso lo ayudaba cada vez que podía, sabía que si fuese al revés, Piero haría lo mismo por él.
—Oye, acaba de llegar tu chica—escuchó a Piero susurrar a su lado. Levantó la mirada y se encontró con Ava.
Estaba sola y tenía atado su hermoso cabello rojo a un moño alto. Llevaba una bolsa de lado y unos lentes de sol en la cabeza, tenía un estilo un poco bohemio, cosa que le quedaba muy bien. Se veía bonita, siempre lo hacía, pero quizás había sido el momento exacto, porque sentía que deslumbraba al pasar.
Levantó su mano para saludarla y ella correspondió el saludo dándole una sonrisa. Le preguntó cómo estaba y ella le respondió que estaba un poco cansada.
—Debo escribir tantas cosas en el trabajo que creo que me volveré loca—le respondió.
—¿Escribir?—le preguntó—. ¿Trabajas como escritora?
Ava creía que él lo sabía, pero quizás no hablaba tanto sobre ella. Pensándolo bien, ella tampoco conocía mucho sobre el trabajo de Benjamín.
—Cerca, soy editora en una columna—respondió—, me dedico a escribir, sí, pero no sobre lo que quiero, más sobre lo que quieren los demás.
—¿Y qué quieren los demás?
—Una entrevista con Joanne Jones—le respondió revelando la razón por la cuál compraba tantos libros de Joanne. Creyó que, si Benjamín era B, podía decir algo más al respecto. Quizás un «he dejado mi libro favorito aquí a ver si lo leías».
—Vaya, suena muy interesante. ¿Cómo te va con ella? Imagino que por eso has estado viniendo seguido.
—Sí, por eso—le dijo. También lo hacía para poder verlo, pero no quería decirlo tan alto.
—¿Cuándo sale la entrevista?
—Debería salir este mes, pero todavía no lo hago. Es un poco complicado.
—¿Te apetece hablar de eso?
Realmente Benjamín le transmitía cierta paz y le gustaba poder hablar con él.
—¿Qué te parece si vamos a beber algo y te cuento?—se sorprendió a sí misma diciéndolo, no era de las que daba el primer paso, pero con él las cosas parecían ser distintas a todo lo que conocía.
Benjamín se mantuvo en silencio un momento, lo que para ella fueron minutos extensos, pero sonrió y le respondió que estaba encantado de ir con ella.
—Podemos ir al Dush—le propuso—, venden batidos, hay hamburguesas y también juegos de arcade.
—Sí, pero quizás por la hora sea mejor un café, ¿no crees?—miró la hora en su reloj, van a ser las tres de la tarde. ¿Has ido a La Clave de Sol?
El momento que no quería había sido ese. No quería ir a La Clave de Sol, la había estado esquivando por mucho tiempo porque no quería verlo. No sabía siquiera si seguía trabajando ahí, pero el miedo era más fuerte.
—¿La Clave de Sol?
—¡Sí! ¿Conoces el lugar? Es una cafetería muy linda, la novia de un amigo solía cantar ahí—le dijo—. A veces se presenta porque le gusta mucho el lugar.
Miró a Ava y notó su emoción por ir. No quería decirle que no, pero tampoco quería ir y enfrentarse a Evan Brown. ¿Qué podía hacer?
Pensó que quizás él no estuviera trabajando ahí, así como la novia del amigo de Ava. Quizás, y lo más obvio ahí era que, había abierto su propio consultorio psicológico y ya no tuviese tiempo de nada. Conociendo cómo era Evan Brown, no se habría quedado ahí, tenía todo para seguir por su cuenta y hacer más cosas que estar encerrado en una cafetería. Era cierto, no tenía que vivir con miedo a encontrarlo.
—Vale, podemos ir—le dijo—. Es una cita entonces.
La miró para conocer su reacción, ella sonrió y caminó hacia la puerta esperando que lo siguiera. Benjamín tomó sus cosas y le avisó a Piero que no estaría más por ese día, y así fue tras ella.
...
En La Clave de Sol, las cosas parecían estar igual que siempre. Tenía casi dos años sin entrar pero el lugar mantenía el mismo aire de siempre; al fondo podía ver a un chico cantar una balada que no conocía y también cómo las personas estaban pasando un momento bonito. Se fijó en la caja y no estaba él, en su lugar había una chica más joven que parecía estar en secundaria.
Se sintió más tranquilo al ver que él no estaba ahí y pudo darse el lujo de disfrutar del ambiente del lugar por un momento. Ava caminó hacia la caja y saludó a la chica.
—Me das un latte macchiato y un pastel de chocolate—se giró al verlo—. ¿A ti qué te gusta?
—Lo mismo para mí—le dijo y sacó su billetera del bolsillo—. Yo pago hoy—le dijo a Ava y a la cajera tendiéndole la tarjeta.
Ava asintió y esperó que pagara para tomar una de las mesas alejadas del chico que cantaba.
—¿No quieres escuchar la música?
—Claro que sí, pero quiero poder hablar más contigo.
—También lo quiero—respondió él.
—¿De qué trabajas?
—Estoy en el área de Marketing y Ventas en una empresa que fabrica ropa deportiva—respondió.
—Vaya, no me lo había imaginado.
—¿Que tengo un trabajo aburrido?—se rio él. Ella negó por completo.
—No es eso, para nada. La verdad es que parece interesante, solo que no pensé que trabajabas en el área de ventas apoyando a tu amigo en la librería—le dijo—. Me refiero a que pensé que te gustaba otra cosa.
—Estudié economía en la Universidad—respondió como si eso le diese sentido a todo.
—Oh, claro—le dijo—. ¿Te gustaba mucho?
—Realmente lo estudié porque a mi papá le gustaba y quería que trabajara para él.
—¿Es ahí en donde trabajas?
—Para nada—respondió—, pero sí conseguí este trabajo gracias a él. No es algo que me sienta orgulloso, pero creo que es necesario que lo sepas.
—¿Necesario?
—No quiero darte una imagen equivocada de mí—le dijo. La mesera se acercó a ellos con sus cafés y se los dejó en la mesa. Benjamín le agradeció y continuó hablando—. A ver, me gusta más el marketing que las ventas a pesar que están vinculadas, también me gusta el verde, los libros y el fútbol. He tenido una sola relación en toda mi vida y unas cuentas no correspondidas, tengo pocos amigos y casi toda mi vida gira en torno a mi trabajo por lo mismo. Soy más del café que del té y prefiero el frío que el calor. ¿Y tú?
—Prefiero el café que el té, me gusta más el verano que el invierno y mi color favorito es el naranja. Mis mejores amigas son mi abuela y mi hermana, y obviamente Pattie. Tengo un perro, se llama Terry y ahora estoy trabajando en una columna sobre Joanne Jones, incluso cuando no es mi persona favorita.
—¿Por qué no es tu persona favorita?
—Bueno, no creo que sea la tuya tampoco—se rio.
—Claro—aceptó Benjamín—, pero no me tomé la molestia de aclararlo. ¿Pasó algo con ella?
—Salió con mi ex novio.
—Oh, esa es una razón aceptable—le dijo—. ¿Fue la razón por la cuál es tu ex novio ahora?
—No, terminamos mucho antes de que la conociera—le respondió—. Sólo que...—se mantuvo en silencio y lo miró, quizás podía contarle sobre eso, pero ¿y si la juzgaba? Benjamín no parecía de esas personas—. Solo que a veces me siento un poco celosa viendo lo que ella ha hecho y yo no. Es como una chica prodigio desde niña.
—No sabía eso de ella—respondió—. Pero de igual forma, todos tenemos formas diferentes de crecer y de tener éxito. Para mí es increíble que tengas un trabajo como editora, suena tan interesante y lo veo como un trabajo exitoso.
—¿Si lo crees?
—Claro, no tienes que compararte con Joanne Jones—le dijo—. ¿Quieres escribir libros?
—Quiero realmente hablar de todo—le dijo—, me gustaría tener mi propio espacio para poder hablar de todo lo que me gusta.
—Cómo tener un blog.
—Sí, justo así, pero mientras debo tener experiencia en muchas cosas.
Benjamín asintió y bebió de su café. Miró a Ava que estaba probando el pastel de chocolate y se sintió agusto con ese momento. Tenía mucho tiempo que no tenía una cita con alguien, y aunque eso había sido tan imprevisto le gustó poder estar con ella.
—Entonces te gusta el fútbol—le dijo ella, Benjamín asintió.
—Solía estar en el equipo de fútbol de la universidad, era uno de los delanteros pero luego me salí y ahora solo veo los partidos del Arsenal.
—¿Por qué te saliste?
—Tuve un problema con el equipo—respondió.
—¿Una pelea?
—Algo así—le dijo, no sabía si debía decirle, pero ella le había contado sobre Joanne Jones y no quería que pensara que no confiaba en ella—. Fue por una chica.
—¿Te gustaba?
—Es complicado de explicar—le dijo, Ava prefirió no preguntar más sobre eso. Sabía que cuando él estuviese más cómodo con el tema se lo diría.
Ella tomó su mano sobre la mesa haciendo que Benjamín mirara sus manos con las mejillas sonrosadas.
—Cuando te sientas cómodo, puedes decirlo. Por ahora, sólo tomemos del café y me cuentas un poco sobre los libros que te gustan. ¿Vale?
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