Capitulo 4.
-Los árboles eran tan altos y frondosos que ni siquiera trepando podrías alcanzar a ver la copa, el castaño conforme avanzaba se moría más de los nervios, ya había caminado durante un largo rato y comenzaba a desanimarse pues no parecía haber nada a kilómetros a la redonda.
Como hacía cada 15 minutos revisaba el pequeño localizador que registraba sus pasos, gracias a la densidad de los árboles la señal se cortaba cada vez más seguido, el joven bufó y con el seño fruncido alzó su brazo lo más arriba que pudo para poder retomar la señal.
En un lugar inexplorado era muy peligroso no cuidar donde pones los pies, gracias a eso la suerte del ojiverde estaba a punto de cambiar, el camino fue cortado por un pequeño deslizamiento de tierra por el cuál cayó raspandose los codos, golpeándose las rodillas y la cabeza, vaya, ¿Podía ponerse peor? Se quedó recostado en el piso quejándose de su decisión de caminar solo, tratando de ignorar por completo al ardor en sus codos contó hasta tres y se levantó de golpe, los primeros segundos su cabeza dió vueltas y se quedó quieto tratando de no caer otra vez, el mareo pronto desapareció, con cuidado se sacudió la tierra de la ropa y ahora solo tenía que encontrar el pequeño aparato que se había escapado de sus manos, dio un vistazo al suelo alrededor suyo, las plantas frondosas no lo dejaban ver, soltó un suspiro algo irritado y comenzó a buscar metiendo sus manos entre los hierbajos frente a sus pies, por fin lo encontró, después de tomarlo sintió una extraña presencia, algo que inconcientemente lo llamaba a la distancia, levantó la mirada y buscó a su alrededor que era eso tan extraño, divisó entre los arboles grandes bloques de piedra cubiertos por musgo y más plantas, se emocionó muchísimo, pues sabía que esos bloques podían ser parte de una alguna construcción, guardó el aparato en su bolsillo y corrió hacia aquella dirección...
Las piedras eran parte de lo que parecía ser un puente, un puente que conducía a algo mucho más grande, una estructura oculta por la flora del lugar a lo largo de los años, no lo podía creer ¡Por fin lo había encontrado! El viejo puente lo llevó hasta dos grandes puertas de madera muy antiguas, una de ellas estaba entreabierta.
Con todas sus fuerzas empujó aquella puerta atascada por la que casi no cabía, encontrando dentro una gran habitación que parecía ser el gran salón de un antiguo castillo, estaba casi completamente vacío de no ser por una estatua que parecía ser diamante azul pulido, podría valer una fortuna por su tamaño, el ojiverde se acercó para verla mejor, la forma que tenía era muy peculiar, era una chica, tenía una mano arriba y la otra cerrada sobre su pecho, parecía desesperada, su mirada observaba un punto fijo en la habitación, una pequeña puerta en un rincón del gran salón que ni idea de a donde llevaba.
El castaño la miró de arriba a abajo mientras caminaba alrededor suyo, estaba boquiabierto, se preguntaba cuál había sido el motivo de su fabricación, el porque tenía esa forma tan particular, primero observó los detalles en su ropa, llevaba un largo vestido descubierto de los hombros decorado con la forma de pequeños diamantes por todas partes, pero siempre siguiendo un delicado patrón de tamaños...
Después se detuvo frente a ella para poder ver su rostro, contempló cada uno de los detalles, sin duda era la escultura más realista que había visto en su vida, el pensar que alguien hace décadas en el pasado pudo verse exactamente igual era sin duda increíble, de pronto, un impulso en su cuerpo le rogaba acariciar aquel rostro tan perfecto, contuvo la respiración mientras acercaba su mano, la parte exterior de sus dedos tocó dulcemente la mejilla de aquella chica, por alguna extraña razón, esta se sentía suave y a su vez, fría como el hielo...
Solo un par de segundos después una mancha blanca apareció y poco a poco comenzó a esparcirse por todo aquél rostro, ¿Qué estaba pasando? El joven dió dos pasos atrás asombrado, fue cuando entró en cuenta de lo que estaba pasando, parecía mágico, pequeñas partículas brillantes se desprendían de la mancha conforme ésta avanzaba, revelando que no, no se trataba de una estatua...
Estaba viva, era una chica real que estaba petrificada, parpadeó un par de veces recobrando la vista, sus ojos eran azules, claros y brillantes, su piel pálida era casi blanca, su cabello era rubio platinado, y por último, sobre tanta blancura resaltaron sus labios color rosa claro, al terminar de liberarse de su congelamiento cayó de rodillas al piso soltando un fuerte jadeo antes de comenzar a respirar agitadamente-
Hicc: Por todos los Dioses... -Exclamó con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que acababa de ver.
Aquella misteriosa chica tardó unos segundos en levantar la mirada, estaba asustada y a la vez muy confundida, trató de levantarse pero sus piernas no le permitieron mantenerse de pie, estaba a punto de caer nuevamente al suelo cuando él la sostuvo- ...Tranquila... -Dijo dulcemente para tratar de calmarla, ella tragó salía y lo miro fijamente, no lo conocía, ni siquiera tenía idea de donde estaba y el porque, o eso parecía cuando con todos sus esfuerzos se soltó del agarre del chico y salió corriendo hacia aquella puerta que señalaba cuando estaba petrificada, trató de abrirla pero al igual que la de la entrada estaba atascada, ella estaba tan desesperada por abrirla que comenzó a llorar y él muy preocupado se acercó para ayudarla-
Hicc: Espera.. Están atascadas... -Empujó la puerta con toda la fuerza de su cuerpo, abriéndola en seguida, detrás de él entró aquella platinada, solo para encontrar otro gran salón en ruinas, ella lo miró rápidamente y con ambas manos sobre su boca de nuevo se deshizo en lagrimas-
XX: No... -Continuó corriendo y él sin dudar la siguió, ¿Qué era lo que buscaba? ¿Por qué lloraba? Así recorrieron varias partes del castillo, todas estaban en peor condición que la anterior, subieron muchas escaleras hasta la planta más alta del castillo, ella entró a una antigua habitación, dentro había lo que parecía haber sido una cama y un gran ropero cubierto completamente por plantas, ahí fue cuando se detuvo en seco, no podía ver más, todo cuanto ella había conocido ya no existía, todo fue consumido por la naturaleza al pasar de los años-
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