Capítulo XX: Deseo de Poder
Sentía el sabor a sangre en su boca, sentía como esta comenzaba a fluir fuera de su cuerpo, pero en lugar de sentirse más ligera se sentía mucho más pesada. Comenzó a sentir como el aire abandonaba sus pulmones y comenzaban a llenarse de algo desconocido, pero no era algo bueno, al contrario, era algo mucho peor. Su cuerpo finalmente dejó de pelear y se dejó llevar por la oscuridad, eso iba a quitarle muchos problemas de encima si lo hacía.
De pronto sintió como el oxígeno volvía a sus pulmones y comenzó a respirar con mucha más fuerza, tratando de recuperar todo el aire que le había sido robado hace poco. Al fin había acabado la tortura, al fin estaba a salvo.
-¿Listos para el siguiente juego? - Escuchó una voz masculina llamar su atención y pronto notó como frente a ella estaba su mejor amigo de la infancia, igual de herido y maltratado que ella.
-Kyo... - Trató de llamarlo, pero su voz no salía, ya no tenía fuerzas como para hablar, mucho menos como para analizar lo que estaba pasando.
-Hora del show - Un ruido metálico se dejó escuchar y pronto el adulto que había hablado antes la tomó del cabello para que lo viese a los ojos - Observa a tu amigo fijamente cielo, puede ser la última vez que lo hagas.
Sintió su cuerpo temblar al notar como un hombre levantaba un bate de metal contra el azabache, dispuesto a matarlo, o al menos a romper todos sus huesos. El pánico se apoderó de ella, pero, aunque estaba recuperando la fuerza para gritar, parecía como si tuviese metal ardiente bajando por su garganta.
No podía hablar, no podía gritar el nombre de su amigo, no podía pedir ayuda.
Todo era totalmente inútil.
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La castaña se levantó de golpe de su cama, respiraba con fuerza, como si el aire no hubiese estado llegando a sus pulmones hasta ese momento. Una vez se sintió un poco mejor cubrió sus ojos con ambas manos y se dejó caer de vuelta en el colchón.
Aquello había sido horrible, aún sentía el calor en su cuello y el dolor por el agua que había entrado a sus pulmones. El miedo de ver al Hibari siendo golpeado sin piedad una y otra vez hasta casi la muerte tampoco se había ido, aunque se había reducido ligeramente gracias a su despertar.
Tsuna observó hacia su ventana notando como todavía no había salido el sol, aún estaba bastante oscuro, pero no planeaba volver a dormir luego de lo que había visto en sus sueños. Mentiría si negase que estaba aterrada de que ahora que estaba ligada a la mafia ese escenario ocurriera de una manera aún más fatídica.
Cerró los ojos con total cansancio y luego los abrió sabiendo que si hacía lo que pensaba era tomar una decisión definitiva, si decidía tener más poder para proteger a quienes ama también estaría renunciando a una vida normal. Aunque si era sincera nunca había tenido una vida normal.
Estaba decidida, le pediría a Reborn que le disparase y quitase el sello de sus llamas de una vez por todas.
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-No - La castaña frunció el ceño al escuchar aquella palabra salir de los labios de su tutor.
-¿Qué? ¿Qué quieres decir con "no"? - El de patillas rizadas ignoró a su alumna y tomó un sorbo de su café.
-Lo que escuchaste Dame-Tsuna - Un suspiro abandonó los labios de la joven debido a la nueva negativa del contrario - No voy a dispararte.
-¿Por qué no? - El arcobaleno siguió tomando su bebida con total normalidad mientras que por dentro se preguntaba qué había picado a su alumna para tomar aquella decisión - ¿No se supone que ese es tu deber como mi tutor?
-Lo es - El ceño de la menor se frunció al no entender el problema que había con su petición - Pero no te dispararé sin que tengas una última voluntad tan fuerte como para revivir.
-¿Qué? - Otro sorbo fue dado al café por el bebé y este finalmente se resignó a que no estaría en paz hasta que la niña no entendiese la situación.
-La bala de la última voluntad es como cualquier otra a menos que tengas un último deseo antes de morir - Los ojos caramelo se abrieron con sorpresa mientras se alejaba de la puerta y regresaba a la mesa de la que apenas se había levantado - No puedo dispararte justo ahora que no tienes uno.
-Entonces ¿Qué debo hacer? - Reborn observó a su alumna y decidió encogerse ligeramente de hombros mientras notaba que pronto se acabaría su expreso.
-Tendrás que tener un deseo superior a tu propia vida - La Sawada solo bajó la mirada y regresó a la puerta para observar que tuviese todo lo de su salida listo - Hasta entonces seguiremos igual.
-Entiendo - El silencio se mantuvo en la habitación por varios segundos, pues el adulto estaba disfrutando su bebida mientras que la joven trataba de entender lo que su tutor le había dicho - Debo irme ya, le prometí a Kyoko y a Hana que estudiaríamos hoy.
-De acuerdo - El bebé la observó fijamente unos segundos debido a que sabía que la menor le estaba mintiendo, pero no se lo dejó ver.
-Nos vemos luego Reborn - La chica terminó de colocarse sus zapatos y salió corriendo de su hogar lo más rápido que podía, aunque sabía que eso no detendría a su tutor.
El cabello castaño de la menor se removía con el fuerte aire que había fuera de su casa, pero eso no le importaba en lo más mínimo a ella. Siempre había sido alguien que amaba el viento chocar contra su rostro, pues la hacía sentir completamente libre.
Comenzó a correr a un paso tranquilo para que nadie se fijase demasiado en su existencia, aunque eso obviamente no iba a ser posible, sobre todo cuando su carrera la llevó al encuentro con la mano derecha del prefecto demonio. Se detuvo rápidamente frente a él y tomó algo de aire para quitarse el agotamiento del cuerpo, luego observó fijamente al mayor y sonrió con dulzura.
-Es bueno verte Kusakabe-san - La chica hizo un rápido chequeo para ver si el muchacho llevaba alguna cosa importante, pero no notó nada fuera de lugar.
-Lo mismo digo Tsuna-san - El joven de tupé de época retro abrió la puerta de la cafetería y le dio paso a la menor - Será mejor entrar o Kyo-san podrá vernos.
-Tienes razón - Ambos entraron a la cafetería favorita del comité de disciplina y se sentaron en una mesa que estuviese lo suficientemente lejos para que no les escucharan - ¿Hay nueva información?
-De acuerdo a algunos miembros del comité, una mujer ha estado rondando el área poco después de que enviaran el sobre - Un suspiró salió de los labios del adolescente mayor - Traté de retratarla lo mejor posible y buscarla dentro de los archivos de la ciudad, pero no hay nada.
Así que es un agente fantasma - La castaña mantuvo su mirada en la ventana tratando de no sonar preocupada.
-Exactamente -El joven sacó un dibujo de su abrigo y se lo dio a la chica - Este es el retrato que hice con las descripciones que me dieron y todos concordaron que se parecía bastante.
-... - La menor observó la imagen en silencio, tratando de encontrar el rostro de esa mujer en sus recuerdos. Se le hacía familiar de alguna manera, pero no podía recordar por qué.
-¿Tsuna-san? - Los ojos azules mostraron preocupación ante el silencio que había generado su acompañante.
-No logro reconocerla - La fémina dio un golpe suave a la mesa y suspiró - Creí que al verla podría identificarla como alguien que conocí cuando estuve en Italia o alguien que trabajaba para ese sujeto, pero no logro ubicarla en mi memoria.
-Ya veo - Una sonrisa de tranquilidad apareció en los labios del mayor - Eso podría ser algo bueno, puede que solo conozca a Kyo-san y la amenaza no sea para usted.
-Eso es lo que me preocupa Kusakabe - Tsuna desacomodó su cabello mientras miraba los menús que habían dejado abandonados en la mesa desde que entraron - No la reconozco, pero mi intuición no me deja de decir que es peligrosa. Si es una amenaza para Hibari y no para mí, entonces puede que él esté metido en un problema muy serio.
-¿Quiere que investigue más a fondo para ver si logro rastrearla? - Justo en ese momento la camarera les llevó los pedidos que hacían usualmente y les sonrió antes de irse.
-Trata de encontrar todo lo que puedas saber de ella - La Sawada observó su taza de té y frunció el ceño - Tenemos que asegurarnos de que no sea una amenaza para él.
-Entendido - El segundo al mando del comité disciplinario observó de nuevo con preocupación a la chica - Tsuna-san ¿Qué hará con respecto al otro asunto?
-No lo sé - La castaña suspiró nuevamente sintiéndose derrotada al recordar todo el tema de Chrome y Mukuro - Es algo que probablemente tenga que solucionar antes de que arreglemos esto.
-¿Está segura? - El varón le observó seriamente - Creo que sería mejor que se centre en un problema a la vez.
-Supongo que eso sería correcto, pero... - Los ojos caramelo de la menor se cerraron dejando entrever su preocupación - Cuando trató de olvidar por un momento ese asunto, la voz de Chrome resuena en mis oídos con sus súplicas para que le ayude.
-¿No cree que podría preguntarle a su hermana mayor o a su amigo italiano? - El mayor comenzó a nombrar personas tratando de recordar las personas que la joven alguna vez había mencionado - Quizá ellos le puedan ayudar a tomar una decisión.
-Diana no puede saberlo o Reborn le sacará esa información de inmediato - La joven rodó los ojos divertida ante la mención de su hermana mayor - Y ese demente de cabello blanco es caso perdido a menos que le ofrezca algo de valor o le deje cortejarme.
-¿Y alguno de sus hermanos menores? - El de peinado retro esperó que eso le diese alguna idea a su acompañante.
-No, Em y los niños no tendrían ese tipo de información - La joven supuso que Fuuta podría haberle ayudado antes, pero ahora era inútil preguntar - Y también es caso perdido preguntarle a Fon o a Mammon, ambos verían la manera de oponerse a la idea.
-¿Así que no hay forma de obtener más información? - El muchacho se sintió exhausto al pensar que todas sus ideas ya habían sido pensadas por la chica - ¿Su tutor?
-Podría preguntarle a Reborn de manera sutil - La fémina entrecerró los ojos sintiendo el posible entrenamiento que le daría el bebé - Podría tratar de matarme, pero supongo que le gustará la idea de que sepa más sobre el mundo de la mafia.
-... - La mano derecha de Hibari notó como el semblante de la chica había vuelto a cambiar - ¿Tsuna-san?
-¡Perdón! Es solo que... - La castaña tocó su rostro sintiendo su cabeza pesar - Siento que realmente debería hablar sobre esto con Kyoya.
-¿Sobre el muchacho? - Kusakabe estaba seguro de que eso sería una pésima idea.
-Sobre la mafia - La joven le dio un trago a su bebida y exhaló lentamente - Quiero decir, tú lo sabes y los chicos que se juntan conmigo lo saben, aún si Yamamoto-kun lo cree un juego. Pero él fue mi primer amigo y no le he dicho nada.
-Bueno, es cierto que ustedes no han arreglado las cosas - El adolescente trató de no suspirar mientras bebía su café - Un mes es mucho tiempo. Creo que jamás los había visto tan distantes desde aquel día.
-Supongo que no - La chica bajó la mirada sintiendo la nostalgia inundar su ser al recordar su primera separación con el mayor - Me es raro tratarlo como un desconocido frente a otros alumnos, pero cuando estamos solos o con los miembros del comité lo puedo tutear y tratar como un igual.
-Debe entenderlo Tsuna-san - Los ojos azules mostraron preocupación al notar a la muchacha tan apagada - Kyo-san se ha hecho mucha mala fama y ha conseguido mucha gente que no le aprecia, si los vieran demasiado unidos podrían usarle en su contra.
-Bueno Kusakabe - La heredera de Vongola sonrió con tristeza - Parece que ambos estamos en la misma situación.
Ambos jóvenes se quedaron un momento en silencio mientras bebían lo que habían ordenado. Ninguno quería decir nada para no incomodar más la situación, pero los dos sabían que lo dicho por el mayor era cierto, y que la castaña debía hablar pronto con el prefecto.
-Debo irme - La castaña terminó su té y le sonrió al mayor - Pensaré en cómo solucionar todas estas cosas después, mantenme informada si encuentras algo más.
-Lo haré Tsuna-san - El miembro del Comité de Disciplina asintió con la cabeza - Y por favor, piense en cómo arreglar las cosas con Kyo-san.
-De acuerdo - La joven se levantó de su asiento y asintió - Pero no te prometo que él quiera arreglarlas.
La chica se despidió del mayor con una sonrisa y caminó hasta salir de la cafetería para finalmente irse a casa. Debía estar preparada para todo, porque su tutor era demasiado tramposo y siempre trataba de ponerla en una posición incómoda con tal de vengarse de ella por mentirle.
Estaba pensando en esa idea cuando una conocida cabellera azabache apareció en su camino, dejándola completamente fría. Había aprovechado salir ese día a esa hora porque el joven iba a tener que solucionar algunos conflictos en los límites de la ciudad y tardaría en volver. Pero vaya sorpresa, estaba equivocada.
-Hibari - Tsuna sintió que el aire abandonaba sus pulmones al verlo frente a ella.
-Parece que aprendiste bien a mentir cuando te fuiste a Italia - El tono de voz del mayor se escuchaba más cruel y molesto de lo usual.
-¿Qué quieres decir? - La Sawada frunció el ceño confundida ante las palabras de su amigo de infancia.
-¿Crees que no me iba a enterar? - El azabache se cruzó de brazos tratando de no sacar sus tonfas y golpear a la chica.
-¿Enterarte de qué? - La joven se mordió la lengua tratando de no revelar nada de la situación con Mukuro.
-Enserio me crees idiota Sawada - Hibari sacó una de sus tonfas y le pegó con fuerza a una pared cercana - ¿Crees que tu forma de esconder el tema era buena?
-¿Esconder el...? - La castaña se quedó en silencio automáticamente - ¿Qué tema?
-... - El muchacho solo mostró el árbol genealógico que Reborn le había mostrado a ella poco después de llegar.
-Kyoya... - Los ojos caramelo de la joven mostraron su sorpresa al ver tal documento en las manos ajenas.
-Dijimos que no más mentiras y no más secretos - Los ojos plateados del chico dejaron ver lo herido que se sentía ante aquel secreto - Pero te empeñas en ocultarlo todo Sawada.
-No, no es lo que crees - La futura mafiosa negó rápidamente con la cabeza. Esta no era la forma en la que imaginaba que todo se desenvolvería - Yo iba a decirte y...
-¿Y luego me harías participar en tu circo? - Hibari apretó con más fuerza los mangos de sus tonfas - No lo haré.
-Kyoya - La voz de la menor se quebró y sintió un nudo en la garganta ante lo que estaba escuchando. El mayor no podía referirse a lo que ella creía que se refería.
-Puedes quedarte con tu circo y tus mentiras - El mayor dejó caer el árbol genealógico de la contraria y se dio la vuelta - Me niego a tratar con alguien que no confía en mí.
La chica se quedó callada observando como aquel que había sido su mejor amigo por tantos años ahora la abandonaba. Lo había logrado, había hecho que se sintiese suficientemente herido como para que le dejase atrás.
Su cuerpo en automático tomó el papel para luego dirigirse inmediatamente a su hogar y cerró la puerta dando un portazo. Su madre y los niños le observaron asustados, pero ella solo tenía su mente en una persona, el bebé que tomaba su café con toda la tranquilidad del mundo, como si no hubiese hecho nada malo.
-¿Sabes lo que provocaste? - La voz de la castaña se elevó mientras caminaba directamente hacia su tutor - ¡No volverá a hablarme!
-Tsuna, tranquila cariño - Nana observó preocupada a la joven y le hizo un movimiento a los menores para que se fueran a otra habitación.
-Nuestras peleas jamás habían llegado a este punto - La morena hacía oídos sordos a la voz de su madre, solo estaba enfocada en la molestia que sentía contra el de patillas rizadas - Ni siquiera la que me hizo irme a Italia fue así. Después del incidente en la escuela sentí como si el tiempo no hubiese pasado en nuestra relación, todo estaba bien de nuevo. Pero vienes con tu estúpida idea de mafia y arruinas mi paz, destruyes mi tranquilidad y alejas de mi lado a la única persona que me importa tanto como mi familia.
-Hija - Nana tomó de los hombros a su unigénita para tratar de que despertara de toda esa bruma de odio y furia que sentía contra el bebé.
-Así que felicidades Reborn - Tsuna se libró del agarre de su madre y se alejó de la mesa para caminar hacia las escaleras - Oficialmente Kyoya está molesto conmigo y no sé si esta vez podré arreglarlo. Todo porque has metido tu maldita existencia donde no debías y has arruinado mi amistad con él ¿Querías volverlo parte de la mafia? Esta era la peor forma de unirlo. Pero a ti no te importa el daño colateral que puedes causar, solo te importa tu jodido ego y poder decir que las cosas salieron como querías. Así que púdrete en el maldito infierno de una jodida vez.
La joven se fue hacia su habitación y una vez ahí se lanzó a la cama sintiendo como sus ojos comenzaban a humedecerse debido a lo ocurrido. Las palabras del Hibari ni siquiera habían sido tan fuertes como las de otras veces, la pelea parecía más una escena de celos que una verdadera discusión. Pero todo lo que se había implicado en esas pocas palabras había tirado abajo todas sus defensas.
Porque sus peleas eran siempre entre ellos, sin nadie que interviniera. Lo que hacían o no era descubierto por el otro o se lo decían a la cara. Nadie nunca había revelado que el otro guardara un secreto o que no estuviese haciendo algo que había prometido hacer. Eso significaría que no había suficiente confianza en su amistad como para decirle al otro la verdad, que no había confianza en compartir el secreto.
Reborn podía haberlo hecho con otra intención, principalmente la de unir al azabache a la famiglia. Pero había hecho todo al revés y ahora ella tenía miedo de que él la odiase. Kyoya había sido capaz de odiar a sus propios abuelos cuando ellos le mintieron sobre la muerte de sus padres. Si era así con su propia sangre ¿Qué pasaría entonces con ella?
Sintió su puerta ser abierta y un ligero peso en su cama, por lo que se sentó para ver a su tutor y que él terminara de una vez por todas con lo que quería hacer o decir. Había dicho demasiado cuando llegó y lo había insultado, así que la tortura que iba a sufrir era completamente válida y ella aceptaría cualquier cosa con la que él quisiera hacerle entrenar.
Sin embargo, vio como Leon se convertía en la siempre confiable arma del asesino y este no dudó en colocarle una bala algo extraña antes de dirigirla a su frente. Tsuna sabía que no le mataría, era la única heredera de la mafia a la cual él había jurado lealtad, pero aun así se sentía horrible el tener una pistola a tan poca distancia.
-¿Hay algo que desees hacer con todo tu corazón ahora mismo? - El bebé observó la mirada triste de su alumna, pero no mostró signo de arrepentimiento alguno.
-... - La castaña observó unos segundos al hitman antes de desviar su vista a la ventana sintiéndose completamente derrotada - Sí.
-¿Qué es? - Reborn mantuvo la pistola en posición y quitó el seguro de manera silenciosa aprovechando la distracción de la descendiente de Primo.
-Tengo que arreglar las cosas con Hibari-san... - El ceño de la Sawada se frunció al nombrar al adolescente de aquella forma, había comenzado a acostumbrarse a decirle Kyoya seguido otra vez y ahora había perdido de nuevo ese derecho - Y otras cosas.
-Bueno Dame-Tsuna - Al de patillas no le gustaba tanto aquella resolución tan vaga, pero si ayudaba a que la joven recuperara su ánimo y espíritu alegre, entonces no pondría queja alguna - Muere.
-¿Eh? - No hubo tiempo de alguna reacción o queja de parte de la menor, pues en cuanto regresó la mirada a su tutor la bala ya estaba dirigiéndose a su cráneo.
Lo que la chica sintió después del contacto con su frente fue un gran calor emanar de lo más profundo de su cuerpo, sentía como el fuego se creaba y comenzaba a quemarla desde lo más hondo de su alma. La reacción duró poco y pronto sintió que todo volvía a enfriarse en ella. Para cuando todo pasó su cuerpo cayó directamente contra el suelo mientras su mente comenzaba a nublarse.
"Mi última voluntad"
Los ojos caramelo de la joven comenzaron a oscurecerse ante la sensación de que la vida estaba abandonando su cuerpo. Si hubiese estado plenamente consciente se hubiese reído, porque esta situación era justamente la que había temido desde que el arcobaleno apareció en su vida.
Temía que la bala fallase en revivirla debido a que el bloqueo que le habían hecho a sus llamas estaba debilitándose, pero luego con la información que le había dado el día anterior su tutor su temor se volvió al hecho de que quizá la resolución que tuviese en el momento del disparo no fuese suficiente como para mantenerla en el mundo de los vivos.
"Kyoya, yo... tengo que proteger a mi familia de ese demente."
El adulto en cuerpo de bebé frunció el ceño al notar que el cuerpo de la joven no se movía ni emanaba alguna llama. Sus ojos se cerraron de inmediato y ocultó su mirada prontamente al suponer lo que había pasado.
El deseo de poder de Dame-Tsuna no había sido demasiado fuerte como para traerla de vuelta.
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¡Hola! ¿Qué tal todo con la cuarentena?
Yo estoy aprovechando a escribir los capítulos de las historias que aún tengo activas. Con suerte podré avanzar bastante en este tiempo. Eso si no me da otro bloqueo creativo.
Hace casi tres años estaba publicando un capítulo de esta historia sin saber qué diablos estaba haciendo realmente. Puedo decir que al menos sé a dónde quiero que vaya esta historia ahora.
Bueno, procedo a retirarme.
Nos leemos pronto.
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