Amber.
Cuando me levanto y me miro en el espejo, una sensación de asco se extiende por cada célula de mi cuerpo obligándome a apartar la mirada. Tengo la cara pálida y unas bolsas oscuras bajo los ojos. Los recuerdos de lo que ese guardia me hizo a penas me dejaron dormir. Tengo tanto odio...cuando me meto en la tina en el extremo del cuarto, el agua caliente cubre mi desnudez causándome cierto dolor en las zonas más afectadas por el crimen.
Una lágrima me cae por la mejilla, luego otra y otra...y de repente todos los recuerdos inundan mi mente, el dolor, la impotencia...antes de que pueda pensar en ello estoy rompiendo en llanto.
De repente la puerta del cuarto se abre y entra Damon, lo veo a través de la cortina y distingo su silueta alta y atlética.
—¿Amber?¿Estás ahí? He tocado, pero como no has respondido...
Me paso las manos por el pelo húmedo, aturdida.
—No te he oído, perdón ... Estoy...estoy en la tina....¿Me das cinco minutos para ...secarme y vestirme, por favor?—debe ver que mi murmullo es casi una súplica porque me dice que sí y se sienta en el sofá de la habitación, dándole la espalda a la tina.
No sé por qué lo hace, después de todo, ayer me vio desnuda. No me he permitido pensar en ello, pero la manera en la que me ayudó y consoló después de lo sucedido fue...algo que jamás pensé esperar de él. Ahora entiendo muchas cosas, y una de ellas es que Damon Subak es como una cebolla, tiene capas que lentamente debes ir quitando para ver sus verdaderos colores.
Tal vez por eso alguien tan... transparente como Darikson Harries se enamoró de él.
Salgo y me seco con una toalla antes de envolver mi cuerpo en una bata gruesa de baño. Me siento en la cama y observo a Damon, seria.
—¿Qué necesitas...decirme?—pregunto.
Él me escruta.
—¿Quién te ha hecho...esto? ¿Sabes que puedes denunciarle, verdad?
Trago saliva.
<<No puedo, ha sido orden del rey. Haga lo que haga convencerá a todos de que no me crean>>
—No es nada, Damon...en serio...yo...—se echa hacia delante con gesto tenso.
—No oses decir eso, Amber. Lamento ser tan crudo, pero te han violado y esas marcas de tu cuerpo son el testimonio claro de eso—dos lágrimas gruesas corren por mis mejillas ante la cruda verdad—. Puedo intentar ayudarte, pero necesito al menos un nombre o...algo en lo que pueda....
Y ya está, me desplomo.
Lloro.
Damon cierra los ojos y toma una fuerte bocanada de aire.
—Entiendo que no quieras... denunciarlo...porque la verdad es que parece que debe ser alguien importante si te ...hizo eso en el castillo y salió impune—medita y toma aire —. Si no supiera de su obsesión con mi prima diría que fue Guillermo, pero sé que no fue él y...—se queda callado—¿No fue él, verdad?
—No.—sollozo— Damon,prométeme que no se lo dirás a nadie...
Él suspira.
—Lo prometo, Amber.
Trago saliva.
—Fue uno de los ... guardias, por orden de Guillermo.
Se levanta como un resorte del sofá haciéndome levantarme también , asustada de su reacción.
—¿Qué? Ah, no...Ahora sí ese hijo de perra va a ver de lo que soy capaz y ...—lo sujeto del pecho.
—Damon, basta. No puedes hacer nada , ya todo está hecho.
Él suelta una risa amarga.
—Voy a cortarle la polla al gilipollas del guardia y voy a destruir al monstruo de Guillermo...eso no está hecho aún, ¿No?
Suspiro.
—Damon, es en serio. No quiero problemas, Guillermo me odia...y yo lo provoqué. Fue culpa mía y...
Me callo cuando Damon pone su palma en mi boca, cerrándola.
—No oses volver a decir que esto ha sido culpa tuya, Amber Diangell...Sin importar lo que le hayas dicho o hecho , no le daba derecho alguno de dejar que algo así sucediera.—su mano abandona mi boca dejándome algo aturdida—Ponte tu ropa de entrenamiento, hoy la clase será práctica.
Cuando acaricia la espada en su cinturón lo tomo de la mano.
—Damon—advierto.
Él me mira, enojado.
—Odio que los hombres nos creamos con derecho de hacer estas cosas y salir impunes, Amber —lo dice bajo, serio—. Si tengo que rebanar en pedazos a un gilipollas para dar escarmiento a varios de ellos... Bien, lo hago. Pero se acabaron las injusticias. —una ligera sonrisa tira de sus labios—Una vez alguien me dijo que un pequeño cambio puede originar muchos —se me empañan los ojos—, tal vez nos toque ser quienes desenvainemos la espada primero.
Sonrío entre lágrimas.
—¿En serio vamos a asesinar gente en mi octava clase?—susurro.
Él sonríe.
—Digamos que es una... lección importante, para la vida. Sobre todo aprender a matar capullos machistas y depravados.
Trato de seguirle el juego, pero mi sonrisa flaquea. Él lo nota y cierra los ojos, arrepentido de sus palabras, y me pone la mano en el brazo.
—Joder, Amber...no quería...—lo callo , interrumpiéndolo.
—No...no has dicho nada malo—aseguro—. Es que estoy... demasiado sensible, es todo. Los recuerdos, las... sensaciones...esas cosas horribles que sentí en ese momento están en mi cabeza como si estuvieran martillándome, Damon. Trato con todas mis jodidas fuerzas de no pensar en ello...pero sigue ahí —y empiezo a llorar.
De repente , contra todo pronóstico, Damon Subak me abraza. Es algo seco, pero sé que sus intenciones son buenas y me dejo rodear por sus brazos entrenados y su aroma masculino.
Veo su espalda a través del espejo y cierro los ojos , intentando con todas mis fuerzas sentirme segura.
Y los vuelvo a abrir , sorprendida, cuando lo consigo.
•••••••••
Antonella.
Me paso el cepillo de peinar por el cabello alisándolo ligeramente pero sin quitar mis ondas naturales. Suspiro. El castillo lleva días siendo poseedor de un ambiente...que considero lúgubre y hostil. Espero que sean solo imaginaciones mías. Entonces recuerdo algo...hay algo que puedo hacer. Hay una forma en la que puedo quitarme de encima algunos problemas. Dolerá en el corazón, pero...no hay más soluciones.
Suspiro.
De repente, tal y como esperaba, la puerta se abre. Guillermo entra, alto e imponente como siempre. Su corona está en su cabeza, brillante y ostentosa. Me limito a saludarlo con un movimiento de cabeza.
—Hey, princesa...¿Está todo...bien?—pregunta , cauteloso.
Trago saliva , lista para ceñirme al guión que llevo dos noches preparando en mi cabeza.
—Sí...eh... Guillermo, quería ...bueno...—sacudo la cabeza , no sé por qué tartamudeo de repente—Estoy... dispuesta a todo contigo, si me haces un favor.
Él levanta una ceja.
—¿Disculpa? Princesa, lamento romper tus ilusiones, pero yo no soy Marcos . No caigo en chantajes.
Cierro los ojos.
—Si dejas libre a Damon, Amber y Marcos, me casaré contigo.
Mis palabras flotan en el aire varios segundos.
De repente Guillermo da un paso al frente.
—¿Sin trabas?
Asiento.
—Sin trabas—concedo—. Seremos esa...familia que tanto quieres, pero no lo haré con mis amigos y mi primo como rehenes para tu... entretenimiento.
Él traga saliva.
—¿Lo harás...de verdad?
Por primera vez en mucho lo veo entre nervioso y esperanzado. Es una faceta suya que me resultó tierna en un pasado.
—Sí, —me levanto y me acerco a él, peligrosamente. —Después de todo...—comienzo a susurrar bajando el tono de voz a uno más sensual y atrevido. Él tensa los brazos cuando me pongo de puntillas y muerdo su mentón. —Soy toda suya, mi rey.
A penas me da tiempo procesarlo cuando su mano envuelve mi pelo en un puño y nuestras bocas colisionan. Es un mar de pasión, agresividad y...placer. Su lengua atrapa la mía y sus dientes se cierran entorno a mi labio inferior, jalándolo. Un gemido escapa de lo profundo de mi garganta. Su mano baja hasta mi trasero y lo aprieta pegándome a la naciente erección en sus pantalones.
Abro la boca dejando que su lengua baile con la mía y en el momento en el caigo con la espalda en la cama sé que estoy perdida.
Porque , por más que lo intente, Guillermo James no me va a dejar irme de su vida de ninguna forma.
No me va a dejar escapar.
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